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El extraordinario crecimiento poblacional registrado en
Santander durante el siglo XVIII estableció las condiciones para el auge de los
asentamientos concentrados. Este fenómeno de urbanización en solares y cuadras trazadas
por alarifes, cabuya en mano, tomó la forma administrativa de
parroquias
.
Autorizados por el arzobispo de Santafé y confirmados por el virrey, los vecindarios
campesinos iniciaron en este siglo una vida urbanizada que los puso en el camino de
aproximación a los viejos vecindarios de las primeras ciudades, villas y puertos
marítimos.
Un testimonio de esos poblamientos
concentrados alrededor de una plaza de mercado presidida por la iglesia parroquial son las
trazas parroquiales y de ciudades que fueron dibujadas para representar la ocupación de
los solares familiares.
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