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Los cabildos de las ciudades y villas fundadas en las
provincias étnicas del actual territorio santandereano se vieron envueltos,
frecuentemente, en largos y costosos pleitos por la posesión de los términos que
marcaban sus respectivas jurisdicciones. El primer pleito conocido enfrentó a los
cabildos de Vélez y Pamplona, entre 1552 y 1557, por la posesión del distrito minero del
río del Oro. Fue resuelto por medio de una conciliación que permitió a los encomenderos
de las dos ciudades enviar cuadrillas de sus indios a lavar las arenas del río mencionado
en busca de las codiciadas pepas de oro.
Pero el pleito más famoso y de mayor
trascendencia fue el que enfrentó al cabildo de la villa de San Gil con los feligreses de
la parroquia de Nuestra Señora del Socorro. En el curso del largo proceso judicial
(1711-1779) se levantaron muchos mapas por orden de las partes enfrentadas, interesadas en
no ceder un vara lineal a la otra.
Otros pleitos que también originaron
mapas fueron los que se siguieron en defensa de los resguardos de los pueblos de indios,
constantemente amenazados por los feligreses invasores de las parroquias circunvecinas.
Una vez que la visita de Moreno y Escandón suprimió buena parte de los pueblos de
indios, las tierras de los resguardos pasaron a la Corona. La Real Hacienda pasó entonces
a rematarlas entre los parroquianos interesados, previa diligencia judicial de medida y
parcelación.
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