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RASGOS COMUNES

La mayoría de estos pueblos tienen una cultura de selva tropical; habitan en casas plurifamiliares —malocas—, mantienen una economía de roza y quema itinerante, caza y pesca. Son, por lo general, localidades de carácter patrilineal y los hombres buscan esposas por fuera del grupo.

Tradicionalmente ha existido una división sexual de trabajo, en virtud de la cual los hombres asumen la tala del bosque, la caza y la pesca, y controlan la vida religiosa; el chamán es simultáneamente un intermediario entre la sociedad y los animales y tiene una función fundamental en las prácticas curativas puesto que, según su opinión, las enfermedades son causadas con mucha frecuencia por la comida.

Las mujeres tienen a su cargo las actividades agrícolas, la preparación y cocción de los alimentos, y la crianza de los hijos. Empero, existen notables diferencias en las formas de las casas colectivas nativas —malocas—, los tipos de organización social interna, los rituales y otros aspectos. Las malocas de los tucano, por ejemplo, son rectangulares, mientras que las del área huitoto son octogonales o circulares.

DE UNOS A OTROS

Entre las malocas de los huitoto se deben distinguir, además, aquellas denominadas muinane de las llamadas murui: tienen un simbolismo diferente y varían en algunas de las técnicas de tejido de sus techos o en los artefactos rituales que disponen. La organización social en el mismo grupo, establece jerarquías: distingue entre los ocupantes propios de la maloca y los trabajadores, huérfanos, que son los otros ocupantes. Pero la dirección de la comunidad está a cargo de un abuelo, cuyo poder se fundamenta en el conocimiento de la tradición y en el manejo de los principales instrumentos rituales de la maloca —los tambores, el gran palo dc danzar llamado yadi, etc...

Los aborígenes del Vaupés, a su vez, diferencian rangos y funciones: de capitán, de chamán, de kumú —sacerdote—, de cantor, de guerreros y de makú —sirviente. En Otros grupos sobresalen, además, los preparadores del tabaco o de la coca. Las distinciones sociales y rituales se expresan, con frecuencia, espacialmente: en el lugar que la gente ocupa dentro de la maloca. En la de los tanimuka —pobladores del río Mirití-Paraná— hay una parte femenina y otra masculina; en su eje occidental se localizan los invitados y en el otro costado, la gente de la maloca.

En general, los grupos indígenas forman sistemas más amplios basados en criterios de diferenciación cultural cuya comprensión es importante para entender la dinámica de la región.

CULTURA ECOLÓGICA

Los pueblos aborígenes de la Amazonia han desarrollado modelos ecológicos de aprovechamiento del medio. Tienen un sistema de agricultura itinerante en virtud del cual se tala y quema una parcela de bosque que oscila entre media y dos hectáreas; la quema permite acelerar el suministro de nutrientes a los sembrados. En una parcela se cultiva un número grande de especies alimenticias, colorantes o plantas medicinales. En ciertas zonas especialmente incineradas, se siembran plantas que requieren de particular atención —caso del tabaco. En medio de la diversidad de especies, predomina la yuca brava en la chagra o campo de cultivo. La coca, la piña y otros frutales se encuentran también relativamente esparcidos. Los indígenas prefieren cultivar diversas variedades de yuca amarga por su mayor productividad en almidón, si bien dispone de pequeñas cantidades de la dulce. Tanto ésta como la yuca brava, contienen dosis de ácido prúsico, aunque en cantidades distintas. Los procedimientos culinarios corrientes eliminan el ácido prúsico de la yuca dulce, pero en el caso de la brava se necesita extraerlo mediante procedimientos adicionales a través de la utilización de botas o matafríos con la yuca brava se prepara el casabe, pan indígena, común en toda la región.

En la chagra se siembran también diversas palmas y árboles frutales cuyo ciclo productivo puede abarcar varios años. A los dos o tres, cuando la producción de yuca empieza a declinar, se abandona parcialmente el cultivo. La vegetación secundaria invade entonces toda el área, generándose un bosque secundaño relativamente fácil de detectar. Con el crecimiento de esta selva y de los árboles frutales y palmas, se conforma un espacio multiestrata que da pie a una economía realmente agroforestal. En las tradiciones nativas se narra con frecuencia la distribución de los diversos productos y variedades animales entre los grupos humanos. Sí. Los indígenas poseen distintas variedades de una misma especie cultivada y en algunos casos se especializan en el cultivo de algunas de ellas, según los derechos ancestrales y su mitología. De esta forma, se conserva una diversidad genética entre las plantas cultivadas y se promueve la biodiversidad natural del bosque. En los rituales y otros intercambios se entregan semillas o esquejas que mantienen y enriquecen la variedad genética regional.

ECOSOFIA SOBRE LOS ANIMALES

Algo similar sucede con las prácticas de caza y pesca. De acuerdo con la tradición ancestral y las ideas sobre el territorio, se mantienen vínculos específicos con determinadas especies animales. La gente se clasifica, con frecuencia, sobre la base de modelos de especies animales y vegetales, desarrollándose cadenas de relaciones sociales análogas a las de los animales.

Esta ecosofía de las comunidades se presenta en una cadena que privilegia las nociones de predadores y consumidores. El jaguar es el predador por excelencia; le sigue el hombre que puede ser simultáneamente comida del jaguar y predador —cazador— de otros animales y plantas. En la cadena se encuentra finalmente el animal es particularmente el pez. Pero los peces son también una metáfora para nombrar al grupo de la esposa o a los cuñados; en otros términos: la alianza o unión de dos grupos a través del matrimonio de algunos de sus miembros, se piensa a través de modelos de la naturaleza.

Un gran mecanismo ecológico que regula y mantiene el medio ambiente, parece ser la cultura indígena. En el proceso se fomenta la biodiversidad pero también la socio-diversidad de los grupos humanos, desarrollándose mecanismos de diferenciación cultural compatibles con la naturaleza del ecosistema. Desde esa perspectiva, existía —y así persiste en ciertos casos— una intrincada relación entre los grupos nativos que viven en las cabeceras de los ríos, aquellos que habitan las áreas ribereñas y los que pueblan las zonas interribereñas.

La Amazonia en la nación SIEMPRE AHÍ

Los pueblos Indígenas mantienen diversos vínculos con la economía regional y nacional. No han estado aislados del resto del país.

EN EL ESPACIO COLONIAL

D esde el siglo XVI algunas culturas nativas del alto Caquetá-Putumayo se incorporaron a la economía colonial en calidad de indios encomendados. Se fundaron a finales de esa centuria los pueblos de Ecija de los Sucumbios, Mocoa, Simancas y Espíritu Santo del Caguán. La ciudad de Mocoa, en particular, constituyó el epicentro de la economía regional durante el siglo XVII, sobre la base de los diversos grupos encomendados y de una precaria minería de oro.

Ya en 1692, los misioneros franciscanos establecieron diversas aldeas en el río Putumayo, de manera que durante el siglo siguiente los aborígenes fueron miembros de las aldeas misioneras. Los franciscanos prosiguieron con sus planes: establecieron pueblos en el Caquetá y, en consecuencia, difundieron la siona como lengua general e impulsaron la reducción de los nativos en los pueblos de misión, modificando algunos patrones tradicionales de vivienda, formas de organización política y otras prácticas culturales —fomentaron la monogamia, los vestidos y la religión católica.

Con todo y esfuerzos, las misiones fracasaron. A finales del siglo XVIII, el Gran Territorio del Caquetá —como se denominaba a la región— retornó al aislamiento. Apenas subsistían dos pueblos de misión y un precario contacto con la zona andina, a través del camino de la Ceja de los Andaquíes. Entretanto, las agrupaciones étnicas localizadas en el oriente fueron víctimas de los traficantes portugueses de esclavos que ascendían por los ríos Negro, Caquetá y Putumayo, para rescatar —intercambiar— indígenas o capturarlos por la fuerza.  

Sí. El impacto por el costado portugués fue también considerable. Aunque la población nativa estaba protegida por la presencia de raudales en el Río Negro o en el Caquetá, muchos indígenas fueron desplazados a los arrailes —centros de esclavos portugueses— donde se recluían antes de ser vendidos en el bajo Amazonas o en el Río Negro. Así mismo, numerosos grupos —mirañas, yucunas, etc— fueron relocalizados a la parte media del río Amazonas — algunos a la población de Tefé.

LA EXPLOTACIÓN DEL CAUCHO

Al llegar la segunda mitad del siglo XIX, la región se convirtió en el centro de la extracción mundial de caucho. Hacia la Amazonia colombiana se desplazaron entonces desde el interior del país —sobre todo a partir de 1880— nuevos migrantes en busca inicialmente de quina y luego de caucho. La explotación se organizó en torno a los barrancones o campamentos de acopio del caucho silvestre. A menudo los nativos mantuvieron sus propios asentamientos mientras los caucheros los obligaban a trabajar en el marco de un sistema de endeude: les entregaban mercancías en forma adelantada, y los indígenas tenían la obligación de devolver el avance en caucho. En algunos casos se implantó un verdadero régimen de esclavitud, tal y como lo denunció J. E. Rivera, a propósito de la Casa Arana en el Putumayo.

La actividad extractiva entró en crisis a principios de la segunda década del siglo XX: bajaron los precios del caucho internacional y creció la competencia de la plantaciones asiáticas.


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