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(continuación
capítulo Vida y cultura...)
En
1978 la Anpac comenzó a elaborar proyectos de creación de equipos para pescar
con chinchorros. Para 1980, ya existían cuatro de estas unidades de producción
con 92 asociados. En 1981, aunando esfuerzos con el Plan de Padrinos, creó la
Sociedad Colectiva de Pescadores Artesanales. Esta empresa fue dueña de una
sede moderna para el procesamiento, refrigeración y venta de la captura lograda
por las unidades asociadas y otros pescadores. Otros programas de la Asociación
en Tumaco incluyeron la introducción de nuevos equipos y artes, la educación
de pescadores de otras localidades de la ensenada de Tumaco y la formación de
otras unidades de producción, como la de las recolectoras de las conchas de los
manglares.
A
ENTRADA y salida de aguas
Aquí
está el llano, escrito de ríos. El llano azul de ríos. Tierra casi toda aire
.Aquí está el llano extendido hasta el cielo. El llano sin principio ni fin
como los cuerpos. El llano que se prolonga de palmera en palmera como el mar de
ola en ola.
Aquí
está el llano empapado de sol como la mar de sal.
Aquí está la llanura y en la palma de su mano está la línea de la suerte de
mi
Patria. Esa línea es azul y se llama río Meta.
Aquí
está el llano, firmamento de tierra, patio de Colombia, lleno de naranjos. El
llano, el llano, el llano tan ancho como el día. Yo le canto de pie, a grito
herido y hasta enronquecer. En pie sobre mi arpa yo lo canto.
Alabanza
del Llano
Eduardo
Carranza (1913
-
1985)
Con
tres meses de verano y nueve de lluvias continuas, los Llanos Orientales de
Colombia han ocupado la mente y la pluma de multitud de escritores, al igual que
todas aquellas regiones del mundo alejadas de los centros urbanos y de comercio;
o aquellos ambientes agrestes y salvajes donde escasean las adecuadas vías de
comunicación y en las que el medio ambiente y el régimen de lluvias hacen difícil
viajar la mayor parte del año.
Las
estepas de Siberia, las inmensas tundras heladas de Alaska, el outback
de Australia, las pampas argentinas, el indomable oeste norteamericano, las
selvas del caudaloso Amazonas, han inspirado a novelistas, poetas y viajeros
quienes, colocando muchas veces algo de fantasía, recrean los hechos que ellos
vieron o escucharon.
La
literatura propia del Llano y sobre el Llano, manifiesta en sus mitos y leyendas
un acervo de incalculable valor poético y artístico. Acaso algunos de los
escritores que se han referido a nuestros Llanos Orientales nunca conocieron la
región: ¿leyeron a Alejandro von Humboldt y a La Condamine?; ¿conocieron los
escritos de los padres jesuitas José Guniilla yJuan Rivero?; ¿tuvieron tal vez
acceso a los mapas de fantasía, con eolos, rosas de los vientos y primates,
editados en Europa por las casas italianas y francesas?
Lo
fascinante para el viajero de hoy es recorrer los caminos y sabanas aledaños al
Orinoco, sus ríos y selvas, guiados de la mano por esos espíritus aventureros.
En
su tradición, los indígenas guahibo-sikuani, sáliba, cuiva y tunebo aún
conservan conocimientos acerca del entorno ecológico y geográfico; ellos saben
de los ciclos biológicos de especies animales y de la flora, y de las
propiedades medicinales de raíces y plantas; de astronomía; y poseen otros
valores culturales y lingüísticos que nuestros investigadores están
recopilando.
LA
MATA E’MONTE Y LA SABANA
Pa’l
venao la sabana,
pa’l
chigüiro el espinero pá la danta la montaña pa’l galápago el estero...
Los
Llanos de Colombia tienen aproximadamente unos 200 mil kilómetros cuadrados de
extensión. Un 80% de ellos son sabanas; el 8%, zona cordillerana o piedemonte,
y el 12%, bosques —de galería e interfluviales— con importantes recursos de
fauna y flora. Su límite hacia el sur es la divisoria de aguas que está en los
departamentos de Guainía, con el río Inírida, y de Guaviare, con los
afluentes del mismo río.
La
región piedemontana —una franja de unos 50 kilómetros de extensión a partir
de la cordillera— se hallaba antiguamente cubierta por bosques tropicales con
abundantes recursos de fauna, flora y maderas, hoy ampliamente sustituidos por
pastos artificiales y vegetación arbustiva.
Las
planicies son llanos bajos, inundables durante nueve meses del año, surcados de
bosques de galería o morichales —también llamados localmente matas
de monte, con nombres sugestivos según sus características: mata oscura, mata e’leche e’miet., mata del trompillo, mata e’guafa, etc..
La
cuenca ciel Orinoco en Colombia se define como aquella hoya hidrográfica que
recibe los numerosos afluentes que provienen de los Andes. Los ríos que
descienden de la Cordillera Oriental han representado una importante vía de
transporte y comunicación así corno la ruta de penetración y migración desde
tiempos antiguos. El Pauto, el Arauca, el Casanare, el Ariporo, el Cravo Norte y
el Cravo Sur, el Meta, el Ariari y sus afluentes, —entre Otros muchos— son
las arterias fluviales más importantes en la historia de la región.
Entre
los Parques Nacionales de la Orinoquía, donde el visitante puede encontrar,
además del hermoso paisaje, importantes recursos de fauna y flora, se pueden
señalar: el Parque de El Cocuy con 306 mil hectáreas; el de Pisba con 45 mil
hectáreas; la Sierra de La Macarena con 630 mil hectáreas; el Parque de los
Picachos con 439 mil hectáreas, el Tinigua con una extensión de 201 mil 875
hectáreas y el Parque El Tupano con 180 mil hectáreas, aproximadamente.
LOS
ANCESTROS
Un
paso a través de las años anteriores y siguientes a la llegada de los europeos
a los Llanos.
L
a
zona piedemontana de la Cordillera Oriental y las sabanas o Llanos del Orinoco,
cumplen un importante papel en el proceso de ocupación del medio tropical
suramericano: parecen que fueron un paso obligado de grupos migratorios que iban
de sur a norte y viceversa, así como ruta de migraciones desde los Andes hacia
el Oriente y también en sentido contrario.
En
el área actual del piedemonte de los departamentos de Casanare y Meta existen
interesantes hallazgos relacionados con los indígenas muisca y los guayupe.
Excavaciones
arqueológicas realizada en el sitio de Catanga —en Yopal, departamento de
Casanare— dieron como resultado una fecha cercana a los 310 años antes
del presente—esto es, 1671 años de nuestra era. En el hallazgo de, más o
menos, una docena de sitios, se encontraron localizados los yacimientos arqueológicos
de las partes altas. Algunas de las formas cerámicas reconstruidas se
identificaron como budares, lo que
permite deducir la existencia de la yuca como
parte de la subsistencia.
Otros
vestigios demuestran la presencia del hombre en las regiones de la Orinoquia:
son las pictografías y los petroglifos que se encuentran en algunas piedras y
abrigos rocosos a la orilla de la parte alta de los ríos Güéjar, Duda,
Guayabero, Guaviare, Alto Inírida, medio Orinoco y sus afluentes.
ASÍ
VIVÍAN
A
partir de algunas investigaciones arqueológicas se ha establecido que los achagua
de los siglos XVI y XVII consumían caimán, tortuga y cazaban el manatí;
cultivaban yuca, casabe, maíz, ají y el maíz de dos meses llamado mapito. Además poseían frutales como piña, palmas diversas, caña
de azúcar y achiote. Comerciaban yopo, sacaban fibras de la palma quitebe
para tejer y extraían fibras y frutas de otras palmas —abay y cunama.
Cazaban güíos, dantas, iguanas, babillas.
La
especialidad de los achagua era la elaboración de la quiripa
o quirnpa, moneda hecha a manera de sartas de conchas y utilizada para
el intercambio. La quiripa no
solamente tenía valor comercial: la posesión de cuentas de esas conchas
ensartadas era también símbolo de prestigio y riqueza. Los achagua obtenían
de los caribe hachas y otras herramientas en trueque por la moneda mencionada.
Entre
otros productos, los achagua comerciaban ollas de cerámica, pájaros, miel,
perros mudos y aceite de huevos de tortuga, productos que llegaban hasta muy
lejos: al altiplano de Bogotá donde los muisca; cultivaban y comerciaban el
barbasco —utilizado para paralizar los peces y poderlos agarrar entre canastos
o redes.
Los
pueblos indígenas cultivadores, especialmente los achagua, sáliba y otomaco,
junto con los jirara, betoi, guayupe, sae, ocupaban áreas del piedemonte y las
planicies aluviales de los ríos.
Particularmente
el piedemonte de Casanare y Arauca estaba habitado —en el momento de la
conquista europea— por grupos achagua, cusiana, tunebo, morcote, támara,
chiricoa. Ellos habían establecido relaciones de comercio con los muisca de los
Andes y con otras comunidades de las tierras bajas del Orinoco. En el piedemonte
del Meta habitaban guayupe, sae, cunimía, tinigua y guayabero.
OTRAS
ÉPOCAS
Con
la llegada de los conquistadores a los Llanos del Orinoco, penetraron la gripe,
la viruela, el sarampión —junto a otras enfermedades— y el sistema
esclavista.
Durante
los siglos XVI y XVII, el tráfico y la posesión de esclavos era común entre los
grupos nativos de la región, condición que aprovecharon los conquistadores
españoles y los comerciantes holandeses de esclavos de la Guayana, para comprar
esclavos indígenas.
En
medio de todo, los caribe incursionaron permanentemente por el Orinoco y sus
ataques continuaron aun después de la Conquista.
Durante
la Colonia, las dos ciudades más importantes del Llano fueron Santiago de las
Atalayas y San Juan de los Llanos, y el puerto más destacado, Sabana Alta o
Maravare que permitía el acceso desde el río Unete al Cusiana. La primera
localidad fue fundada por Pedro Daza, lugarteniente de Jiménez de Quesada en
1588 y elevada a la categoría de capital de la Provincia de los Llanos. Allí
tuvieron su sede la Gobernación de los Llanos y todas las autoridades
coloniales de la Provincia. Las ruinas de esta ciudad se hallan en la ribera
oriental del río Chiquito en las cercanías de Aguazul, departamento de
Casanare.
Santiago
de las Atalayas era también un importante centro ganadero y se encontraba en un
cruce de caminos a Tunja, Vélez y El Socorro. Más tarde, agobiada
aparentemente por epidemias y deslizamientos de tierra y por el abandono del
gobierno central, fue perdiendo importancia. Desapareció por completo después
de las guerras de Independencia en 1819.
Alrededor
existieron repartimentos de indios cusiana y achagua dedicados al concierto
agrario, a obras diversas y al cultivo e hilado de algodón.
EMPRESAS
MISIONERAS
Tras
el ingreso de los vacunos traídos por los primeros expedicionarios y por los
misioneros jesuitas, se desarrolló —en las regiones de San Martín y
Casanare— una clase de ganado conocido como Sanmartinero y Casanareño, fácilmente
identificable por su adaptabilidad a los largos inviernos y a las agudas épocas
de verano.
En
1622 el Presidente del Nuevo Reino dio a la Compañía de Jesús los territorios
de los Llanos para que estableciesen misiones. Fundados así, en hatos y
misiones, así como sobre las principales vías de comunicación del Llano, el
Meta y el Orinoco, los jesuitas emprendieron una importante actividad comercial
durante su permanencia.
Las
misiones del Meta producían alimentos, pero especialmente ganados que vendían
en los mercados de Tunja y Santa Fé; las del Orinoco producían frutos
tropicales como cacao, canela, vainilla, aceites, resinas, que se destinaban a
la exportación.
Las
principales haciendas de los jesuitas en los Llanos fueron la de Caribabare en
las cercanías del municipio de Paz de Ariporo y las de Tocaría, Cravo y Apiay.
Los jesuitas fundaron, a partir de 1624, las misiones en Chita, Támara, Pauto,
Morcote, San José de Pore, San José de Cravo, Santa Rosa de Chire; Moreno y
Nunchía en el piedemonte del actual departamento de Casanare; y de otras muy
importantes en Tame y Arauca.
En
tiempo e’ganadería
a mí es que me sobran bríos
no le temo a la muerte
*
para
tirámele a un río
ni
le temo a los caimanes así les oiga el ronquío...
Santos
Mojica
EL
HATO LLANER
O
L
a
presencia del caballo traído por los europeos transformó de manera profunda la
vida del indígena de los Llanos: se hizo jinete y aficionado a los equinos. El
dominio del caballo le permitió al aborigen organizar su propia subsistencia
alrededor del ganado vacuno, al que ahora podía cazar
y domesticaren un proceso aprendido en los hatos. Por ello se habla en la
literatura de indios vaqueros, ellos
son, pues, los llaneros y sus descendientes.
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