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(continuación
capítulo Mineros, Agricultores...)
Agricultura
y minería FAENAS INTERCALADAS
En
el Bebará aún se trabaja como siempre, no han llegado presiones que
desequilibren su economía.
E
n
algunas zonas del Patía, al sur de la costa pacífica, los esfuerzos modernizadores
de varias entidades gubernamentales han roto el trabajo que intercalaba
minería con agricultura, las faenas de grandes familias
en los cortes mineros y las redes de intercambio económico entre los
pobladores de la costa con los que habitan las riberas de los ríos (Hernando
Bravo y Jaime Arocha, 1990).
Allí,
con la introducción de motobombas y draguetas para aspirar el oro del lecho de
los ríos, la extracción minera aumentó. Sin embargo, la mayoría de lo
obtenido se invierte en combustible, en cubrir los créditos adquiridos por los
mineros en la compra de los aparatos mecánicos o en pagar los fletes de
alimentos llegados desde Esmeraldas (Ecuador). Ante las deudas, los antiguos
mineros-agricultores tuvieron que abandonar las parcelas de cultivo y dedicarse
a la minería.
De
otra parte, al intensificarse la producción se ha deteriorado el trabajo
familiar y se han creado nuevas asociaciones con capitalistas dueños de bombas
y draguetas. Por último, se han roto las redes económicas subregionales. Antes
la canoas bajaban de los ríos hacia la costa, cargadas de plátano, y de ésta
subían otras con pescado. Ahora con el abandono de las parcelas, este circuito
ha quedado interrumpido.
AQUÍ,
TODO LO MISMO
La
zona del Bebará parece haber escapado a esas presiones desestabilizadora
surgidas en el Patía. Pese a la introducción de motobombas, la mina de Los
Clímacos mantiene el trabajo parental y así cuente con agua para todo el año,
la familia continúa dedicándose a la siembra tradicional y de frutales cerca
de las viviendas Los bebaraseños opinan que el mineral no ha desplazado los
cultivos, ni ha propiciado el trabajo asalariado. Porque se está acabando;
dicen que no demora el día en el cual tengan que vivir tan sólo de la parcela
de cultivo, de los frutos de la selva y de la caza.
Pero
aunque el oro sea cada vez más escaso, la batea seguirá siendo la
reina. No faltarán las manos que la muevan a orillas de ríos, con bombas o
sin ellas y que muestren satisfacción cuando al final, su fondo deje brillar el
polvillo.
LAS
VACAS FANTASMAS
Una
tarde escuché a una madre que amenazaba a su hijo: -Si
no hace caso, la’ vaca se lo va a lleva’- Imaginé al coco
en forma de vaca raptando al niño.
En
las tierras bajas del Pacífico, al igual que en las llanuras amazónicas, la
introducción de ganado vacuno figura entre los programas gubernamentales de
colonización, reforma agraria y desarrollo, y forma parte de un ciclo cuyas
etapas resumió la Comisión de estudios sobre la violencia en Colombia:
apropiación de tierras pertenecientes a comunidades indígenas y negras que
aparecen clasificadas como baldías; tumba del monte y siembra con créditos otorgados por las
entidades que promueven la ampliación de la frontera agrícola; venta de las
mejoras al tendero
que fiaba; y agotamiento del suelo a medida que las lluvias
frecuentes lavan la capa fértil. Las deudas contraídas y la falta de capital
para invertir en agroquímicos, desembocan en el paso de la parcela a
terratenientes que sí tienen la manera de comprar semillas mejoradas,
plaguicidas, abonos y los servicios de un veterinario que vea de sus vacas.
El
bajo Atrato comienza a dar muestras de esta secuencia, conforme ha sucedido en
la zona del Urabá chocoano y del antioqueño. Algunos
habitantes de Bebará han tumbado monte, construido potreros y metido
ganado criollo; pero las reses no se han acostumbrado a los pastizales
fangosos, a las múltiples
enfermedades transmitidas por mosquitos, murciélagos y gusanos de los
lodazales. La tierra, como en el caso de las colonizaciones, ha perdido su
fertilidad y sólo falta que las deudas obliguen a vender y a irse del río.
Las
prácticas tradicionales —crianza de cerdos y de gallinas—son menos dañinas
para el medio ambiente. A diferencia de la vaca, el marrano no necesita de
espacios muy amplios y recicla los desperdicios vegetales y humanos. Las vacas
pues, no sólo encarnan fantasmas que asustan niños desobedientes, sino
monstruos que pueden venir a desplazar gente y destruir selva.
LA
CHURIMA
Un
día, después de conocer una mina, me ofrecieron un fruto largo y verde que por
dentro traía unas semillas negras, cubiertas de una capa blanca, jugosa y
dulce, similar al algodón.
—Es
guama—, dije; pero Chimbalo, uno de mis anfitriones, me contestó que era churima,
fruta parecida a la guama aunque más
pequeña, inconseguible en los árboles aledaños a la casa, pero sí en el
monte.
En
enero y febrero, los jóvenes salen a recolectar las mientras los adultos sacan
las redes para coger parte de la subienda de bocachicos, dentones, boquianchas y
lunarejos que vienen por el Atrato y entran hasta el medio Rehará. Por la misma
época, ante la cercanía de las lluvias, se comienzan a escucharlos machetes
rozando las parcelas para sembrar arroz, maíz o cana. Sólo algunos días
volverán a rugir las bombas de las minas o a mover la batea. El tiempo agrícola
está coordinado con el tiempo minero y el de lluvias. Hacia marzo, ya sembradas
las parcelas, la minería vuelve a ocupar la mayor parte del tiempo, alternada
con la pesca que se extenderá hasta mayo.
En
junio,julio y agosto, comienza la cosecha de maíz. Aunque se consigue durante
todo el año, en mayo el plátano es más fecundo. Los días de abundancia
coinciden con las fiestas religiosas, cuando hay puerco engordado con frutas y
desechos y excedentes de cosecha. Para el segundo semestre, hacia septiembre,
las minas vuelven a reactivarse hasta las fiestas de fin de año, cuando la
churima vuelve a aparecer en escena.
Gracias
a la churima y a otros frutos silvestres, y a las variadas actividades económicas,
los afrobebareños aseguran su futuro. Si alguna’eventualidad acaba con la
minería, está la agricultura. Si el río crece e inunda la parcela, hay otros
sitios donde se cogen maíz, frutas o arroz. Si alguien muere, otros familiares
le ayudan. Las diferentes redes productivas y parentales, les permiten ver el
futuro sin tanta preocupación.
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