2. ECONOMIA

Artífices y artificios seculares

 

Se estudia la economía colonial y su papel en la consolidación de la economía agraria y minería en la Gobernación de Popayán. Sus períodos de crisis y el surgimiento de una economía campesina que sirve de soporte a la vinculación Caucana en la economía colonial, mediante la exportación de productos de extradición durante el siglo XIX. La agroindustria definirá el perfil de la región durante el siglo XX.

Tejedor de ruanas de Cali. Acuarela de MM. Paz. Siglo XIX. B.N., Bogotá.

Alonso Valencia Llano: Profesor titular Universidad del Valle, Centro de investigaciones Históricas del Suroccidente. Jaime Eduardo Londoño: Directivo Centro de Investigaciones Históricas del Suroccidente colombiano - región. Edinson Granja Santibáñez: Profesor asistente Universidad del Valle, Centro de investigaciones Históricas del Suroccidente colombiano - región. 

 

Ciudades de la gobernación de Popayán Siglo XVI

 

En la Gobernación de Popayán
UNA ECONOMÍA EN CONVULSIÓN 

La especialización de subregiones y el desenlace de la mano de obra, marcaron la suerte de la región en los siglos coloniales. 

Los repartos de indios y de tierras —las encomiendas— entre los conquistadores, originaron una economía diferente a la indígena y dieron paso a la consolidación de las ciudades: es el tránsito de la sociedad de conquista a la sociedad colonial. Los encomenderos vivirían ahora del tributo y con la mano de obra necesaria para las mercedes de tierra y las minas. 

En Cali las encomiendas se situaron en la Cordillera Occidental, donde vivían los indígenas que sobrevivieron a la conquista: yanaconas, yumbo, los de Arroyohondo y Roldanillo —ocupaban los valles interandinos cercanos al Cauca—y los de Vijes, los imbanacos, piles, chamuyes, lilíes, jamundíes, gorrones —que se encontraban en las cordilleras. Estos indios se dedicaban principalmente al oficio de tamemes (cargueros), fuente de grandes ganancias para los encomenderos. 

En Cartago y Anserma ocurría algo diferente. Los indígenas eran numerosos, pero con las rebeliones y la guerra que libraban contra los invasores impidieron que los llevaran a las minas. Más al norte, en las villas de Caramanta y Arma, la ocupación española era mucho más precaria. Entretanto, la situación en los repartos de los altiplanos de Popayán y Pasto, variaba con respecto al resto de la Gobernación. Había más indios y no eran tan belicosos. En Pasto se organizaron en cuatro provincias: la de los pastos, de los abades, de los Quillacingas y la de Sibundoy. La población indígena de Popayán era menos numerosa que la de Pasto y relativamente pacífica. Pero en las ciudades vecinas de Almaguer, San Sebastián de La Plata, Timaná y Neiva, los indios crearon una frontera militar desde la cual enfrentaban a los españoles. 

FUENTE DE MANO DE OBRA 

No obstante la resistencia, la economía colonial seguía su curso. Cali lograba el acceso al puerto de Buenaventura por donde ingresaban las mercancías para la Gobernación y los indios fueron cargueros en ese tráfico. Además un gran número de aborígenes fue sacado de su natural y pobló las tierras adjudicadas a sus encomenderos: un uso nuevo de la encomienda utilizada ahora como fuente de mano de obra rural.

En efecto, ante la crisis demográfica indígena y la consiguiente baja rentabilidad de las encomiendas vinculadas a la tributación en especie, los encomenderos modificaron el rol de abastecedores de alimentos de los indígenas y tomaron ello mismos el control del proceso productivo. 

Esa modalidad de encomienda fue una experiencia importante en algunas conquistas tardías. La de Buga, por ejemplo: la provincia permanecía como una frontera que impedía la ocupación del valle. Hasta 1550 la región se encontraba dominada sólo en la banda occidental, la más angosta—con la ciudad de Cali—y en su extremo norte con Cartago que se localizaba donde es hoy la ciudad de Pereira; algo similar ocurría con Anserma situada en la Cordillera Occidental en el actual departamento de Caldas. Por tanto, todo el territorio de la banda oriental del río Cauca —la Otra Banda vista desde Cali—, permanecía como un frontera militar ocupada por indios pijaos, putimaes, paeces, chinches, capacaríes, augíes, anaponimas y los bugas, conocidos más tarde con los nombres genéricos de bugas y pijaos. 

Algunos vecinos de Cartago, capitaneados por Giraldo Gil de Estupiñán, fundaron en 1555 a Jerez de la Frontera, quemada por los indios. Fue entonces cuando en 1559, Rodrigo Díez de Fuenmayor fundó la ciudad de Buga en la parte alta de la Cordillera, trasladada a su sitio actual en 1569. Las encomiendas de Buga no siguieron, pues, el mismo proceso que las de Cali que pasaron del régimen de tributos en especie al de servicios personales. Los conquistadores de la Otra Banda, adscribieron sus indios a las tierras en un régimen de prestación personal, lo que los convirtió en mano de obra en las tierras de sus encomenderos. A ese proceso coadyuvó el hecho de que los indios pijaos y putimaes mantuvieron una guerra permanente contra los españoles y los indios sometidos, con lo cual éstos últimos sólo tuvieron seguridad habitando las estancias de sus encomenderos.

 

MERCEDES DE TIERRA  

La explotación de los territorios se hizo a través de mercedes de tierra otorgadas por Belalcázar en la década del 40. Se situaron en Yumbo, Ocache, Mulahaló y Vijes y algunos vecinos intentaron crear allí estancias de ganados —principalmente vacunos y caprinos— sin mucho éxito; encontraron obstáculos en la escasez de agua y en los constantes ataques de los indios gorrones. 

El resto de los territorios de Cali permanecía desocupado: los de la Otra Banda por ser una frontera militar y los de La Montaña por corresponder a territorio de comunidades indígenas; además, el número de españoles no era tan grande frente a la enorme disponibilidad de tierras. 

En 1568 algunos vecinos de Cali lograron que el cabildo de la ciudad les adjudicara mercedes de tierra de una legua cuadrada en el sitio conocido como Llanogrande, hoy Palmira. Las solicitudes se hicieron considerando los éxitos obtenidos con la fundación de Buga. Poco después hubo otros propietarios con vecindades en Cali y Buga con tierras otorgadas en compensación por sus servicios en la conquista de esta última ciudad. 

La adjudicación en los altiplanos ha sido poco estudiada. Se sabe que en Popayán, desde épocas muy tempranas del siglo XVI, se crearon estancias trabajadas con mano de obra indígena, en las que se aclimataron con gran éxito cereales europeos y especies ganaderas y caballares. En Pasto, los españoles desalojaron las comunidades indígenas situadas cerca a la ciudad y cultivaron trigo y cebada en lotes cuya extensión oscilaba entre una y quince cuadras. Las fértiles tierras de estas dos ciudades estuvieron siempre dedicadas a la agricultura. 

Acerca del reparto de tierras en Cartago y Anserma también hay pocos datos. La zona, con una abundante producción aurífera, no parece seguir un proceso similar al de Cali, Buga, Popayán o Pasto donde las explotaciones agropecuarias se impusieron como medio de desarrollo económico. Se sabe que luego de la fundación de ambas ciudades, Jorge Robledo repartió tierras para estancias y que se hicieron algunos intentos por establecer otras de ganados mayores sin resultados aparentes. Las ciudades entonces tuvieran que vivir a expensas de las comunidades indígenas y de los suministros que llegaban de Cali y Buga. 

 

PECUALIARIDAD AGROPECUARIA  

Unido al proceso de acaparamiento de las tierras, marchó pues, en el valle del Cauca, el de la conversión de los indios en mano de obra. Ahí surgieron las estancias, de la transformación de la frontera militar en frontera agraria. En ellas se aprovechaba el latifundio de frontera mediante la explotación rústica de ganado cimarrón, de yegüerizos dedicados principalmente a la obtención de mulas, de piaras de cerdos semisalvajes y, en contados sitos, de la explotación de caprinos que consumían las gramíneas nativas. En relación con especies vegetales, los estancieros explotaron en primer lugar la caña de azúcar para la obtención de mieles y la destilación de aguardiente; también cultivaron el maíz. Pero la mayor transformación fue el control de la producción en manos de los europeos. 

En los altiplanos, Popayán y Pasto, el asunto fue un poco diferente. Los indios se mantuvieron por mucho tiempo adscritos al pago de tributos en especie, a pesar de que algunos encomenderos construyeron estancias para el cultivo de cereales europeos en lotes de pan sembrar

Al calor de las estancias se establecieron circuitos comerciales importantes tanto con los distritos mineros de la Gobernación como con el exterior. El principal producto agrícola fue la miel, exportada a lugares distantes como Panamá; también las especies animales fueron de gran rendimiento económico: los mercados de carne cecina —salada—eran los distritos mineros, y, ocasionalmente, algunas manadas de animales eran llevadas a Ibarra, Quito, Antioquia y los valles de Neiva. Las regiones mineras constituyeron también mercado para los equinos, principalmente el mular, utilizado para el transporte de mercancías por los fragosos caminos de las vertientes andinas.

 

DISTRITOS MINEROS  

Una tendencia a la especialización económica vivió desde el siglo XVI la Gobernación de Popayán: economía agropecuaria en el valle y los altiplanos del sur, y extracción de oro en minas de veta y aluvión en las ciudades situadas al norte —como Anserma, Cartago. Se pudo establecer así una economía complementaria que permitió crear circuitos comerciales dinamizadores de la economía regional. 

Las fronteras agrarias y mineras se fueron ampliando sucesivamente. Las minas de Anserma, descubiertas en 1540, se convirtieron, junto con las de Cartago y Arma, en las más productivas aun con las frecuentes rebeliones de aborígenes durante los siglos XVI y XVII. La permanente ampliación de la frontera condujo a la fundación de Toro en 1573, en territorio chocoano, La nueva ciudad no se pudo sostener ante la belicosidad indígena y se trasladó al sitio actual en 1587. Empero, la primera fundación mostró la abundancia del oro allí existente, y la necesidad de conquistar el Chocó, territorio ocupado tan sólo desde finales del siglo XVII. 

La extracción de oro influyó en la forma en que se avaluaron los tributos indígenas. El visitador Tomás López, por ejemplo, permitió que, aunque tasaran en especie, pagaran en oro, buscando abolir los servicios personales. Sin embargo, habida cuenta de la necesidad de mano de obra para la producción aurífera, se impuso finalmente el tributo en indios de minas. En la ciudad de Cali se encontraron, en 1560, 320 indios en las minas, cuya producción permitió que se estableciera allí una Casa de Fundición.

En Cartago y Anserma la tasación de tributos en servicios personales en las minas fue más expresa: se señalaron 610 y 615 indios, respectivamente, número que se incrementó en ambas ciudades por estar situadas en el distrito minero más importante de la Gobernación: en Cartago se abrió otra casa de fundición. 

 

DESANGRE Y PALIATIVOS  

La extinción de la población aborigen en el Valle y en los distritos mineros del norte, fue uno de los problemas del desarrollo de la economía en la gobernación de Popayán. La crisis tiene diferentes causas: se mencionan el ataque continuo, de las comunidades no sometidas, a las estancias, el arrasamiento de los indios sublevados, las formas de explotación y la falta de defensas orgánicas contra enfermedades desconocidas. Los principales argumentos de los españoles eran las guerras intertribales —con el canibalismo como explicación de fondo— y las epidemias. 

El visitador García de Valverde expuso sin embargo una opinión contraria en 1564: denunció ante la Corte que la causa de la mortalidad indígena era el trabajo para los españoles. 

Aunque los datos no son absolutamente seguros, presentan la profundidad de la crisis en el período comprendido entre 1559 y 1582. En Pasto, de los 23 mil 634 indios que tasó López quedaban 8 mil; en Popayán había 4 mil 500 de 8 mil 659; en Cali de 30 mil sobrevivían 2 mil. La situación fue mucho más dramática en los distritos mineros: de 20 mil familias existentes en Cartago en 1540, se contaban 1500 para 1582; y en Anserma durante el mismo período las familias se redujeron de 40 mil a 800. 

La solución al problema de la mano de obra estaba en la incorporación de los habitantes de las zonas de frontera, empresa bastante difícil por la fuerte resistencia indígena que duró en algunos sitios del valle hasta bien entrado el siglo XVII. 

El paliativo consistió ahora —fines del siglo XVI— en vincular a la población flotante de indios y mestizos mediante conciertos. Conocidos como forasteros, unos y otros llegaban de sitios como el Nuevo Reino, Pasto o Antioquia y fueron atraídos a través del adelanto de salarios en dinero, en ropa y alimentos; eran obligados a trabajar por contrato cuyo cumplimiento vigilaban las autoridades. Su presencia fue importante. Empero, el desarrollo de la Gobernación exigía mayor cantidad de trabajo y resistencia superior frente a las duras condiciones laborales del siglo XVI. Los esclavos negros fueron el remedio. Su rendimiento era comprobado, así que la necesidad de introducirlos se hizo más patente a raíz de las prohibiciones acerca del servicio personal indígena en las minas. 

Las soluciones parciales coincidieron con la disminución de la producción aurífera. Todos los sectores económicos complementarios se vieron afectados por ella, particularmente al agropecuario del Valle cuyos mercados más importantes se cerraron. Los vecinos entonces exigieron que el Estado colonial enfrentara la crisis mediante la importación masiva de esclavos que serian vendidos a los mineros con ciertas facilidades para el pago. Hubo pues préstamos para financiar la compra de negros y licencias para su importación: Fray Jerónimo de Escobar encontró en Anserma, en 1580, mil negros esclavos, número que continuó creciendo a lo largo de los siglos XVII y XVIII. La esclavitud se convirtió en la relación de trabajo característica del Valle del Cauca y de los distritos mineros de la Gobernación. 

Crisis demográfica, aislamiento geográfico, rebeliones indígenas, agotamiento del primer ciclo minero, degeneramiento físico de las especies animales, todo ello llevó a que desde finales del siglo XVI se sintiera un desgaste económico que habría de afectar la región durante buena parte del siglo XVII y del que sólo se recuperaría en el siglo XVIII con la consolidación de la economía hacendataria y minera.

 

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