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5. CULTURA
Memorias de por aquí
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Se atiende al acontecer Literario desde el
siglo XVIII y a las manifestaciones músico - danzarias de los principales grupos humanos
del Gran Cauca. En las letras se presenta una relación entre la época y los autores. EL
folclor de los indígenas y los negros es dibujado con la insinuación de ver en él,
fuentes importantes de la cultura vallecaucana actual.
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Jorge Isaacs. Fotografía de O. Paredes,
colección B.L.A.A., Bogotá,
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Julián Malatesta: Poeta,
Universidad del Valle. Rocío Cárdenas: Musicóloga, Universidad del Valle
BREVES NOTICIAS DEL ACONTECER LITERARIO
Julián Malatesta
Huellas del romanticismo, los poetas y
primeros novelistas:
Es mitad del siglo XVIII. La Gobernación de Popayán alberga a los
escritores y poetas Francisco Antonio Rodríguez, José María Grueso y Mariano del Campo
Larrahondo. Este último, conocedor de las Odas de Fray Luis de León, trató de emular a
su maestro y de conducir su poesía por los caminos formales de los poeta del Siglo de
Oro, sin mucho éxito para alcanzar tan elevadas cimas. Rodríguez se introduce en los
caminos de la picaresca, ajeno a cualquier capricho o disquisición. filosófica, pues en
este campo sus construcciones jocosas no pasan el nivel de la ingenuidad ni se desprenden
del anecdotario local y provinciano.
En compañía de Larrahondo y Rodríguez don
José María Grueso funda, a fines del siglo XVIII, la Tertulia Eutropélica en la ciudad
de Santa Fe de Bogotá, que habría de durar hasta comienzos del siglo XIX. Su acuciosa
formación intelectual lo pone en contacto con las mejores expresiones literarias de su
tiempo. Fue un gran lector de Byron y de Shelley, estudioso de Víctor Hugo y conocedor
cercano de las obras de Espronceda. Esta vinculación temprana con lo mejor del
romanticismo, abre un sendero seguro para la literatura que habrían de recorrer nuestros
poetas y narradores.
SER UN DISIDENTE
El espíritu romántico propone la búsqueda del
individuo, la dura lucha interior que el hombre vive pasa ser partícipe de su
civilización y para, al mismo tiempo, amar la libertad. Se opone a la homogenización.
Los hombres son libres e iguales en tanto humanos, pero también son diferentes, y ahí
reside su capacidad creativa. Recordemos la frase de Thoreau: Si quieres ser hombre,
sé un disidente.
Bajo la influencia del movimiento romántico
nuestros hombres de letras acuden a las más peligrosas citas con la historia. El proceso
de construcción del Estado nacional se ha iniciado en medio de asechanzas y traiciones.
La influencia de los filósofos de la Ilustración y los enciclopedistas contribuyen a la
formación intelectual de los activistas de la Independencia.
Pasa el año de 1817 nace en Timbiquí el poeta
- soldado Julio Arboleda. A la edad de 13 años fue enviado por su padre a estudiar a
Europa de donde regresa en 1838. Toma parte en las guerras civiles, especialmente en la
encabezada por el general Mosquera contra el gobierno de la confederación. Muere en una
emboscada en la montaña de Berruecos en 1862.
Fue poeta de alto
vuelo dice Baldomero Sanín Cano, de Arboleda, su inspiración tiene todos los
caracteres del gusto predominante en Europa, en los días de su actividad literaria. En su
poema Gonzalo de Oyón, es perceptible la influencia de Byron, cuyas obras sin
duda conoció durante sus años de estudio en Europa. Hay también en este poema indicios
de las tendencias románticas francesas del año de 1830 y del gusto español
contemporáneo.
El poema Gonzalo de Oyón, de carácter
épico, narra la conquista española del cacicazgo de Popayán y su eje dramático está
constituido por la rivalidad de dos españoles que se disputan la hija del cacique. El es
quizá la muestra fehaciente del gran ímpetu romántico de su pluma.
LOS SIGNOS DEL SIGLO
Las condiciones locales en que se desenvolvía
la intelectualidad caucana de la época, estaban ligadas a la dinámica de la educación y
a todo el espectro de discusión y ambiente de ideas que ella generaba.
En 1640 se había
establecido el Real Colegio Seminario con la orientación de los Hermanos Jesuitas; fue
reestructurado en 1777 y dio origen a la Universidad del Cauca en 1827, fundada por el
general Santander. La Universidad es entonces un centro motor de la actividad literaria
del gran Cauca en el siglo XIX. Para este período nacen las tertulias literarias La
escueta literaria, El Puracé, El Esfuerzo, La aurora del siglo XX, Telémaco, entre
otras y el primer periódico literario en términos estrictos La Matricaria,
1855.
Es notoria, empero, la ausencia de la narrativa
y específicamente de la novela. Nuestros escritores practicaban el difícil oficio de la
poesía y sólo se inicia el género novelístico con la presencia de Jorge Isaacs.
Afirman diversos estudiosos que Isaacs nació en Cali el 1 de abril de 1837. Su gran obra María,
se publicó en 1861. Participó él en las encendidas luchas políticas, ocupó cargos de
renombre y fue capitán de los ejércitos liberales en la batalla de Los Chancos durante
la guerra civil de 1876.
Su obra poética está unida a sus impresiones
personales de las regiones que visitaba. Es una poesía de carácter intimista, con
delicada elaboración y buen manejo del lenguaje. Isaacs como poeta se dio a conocer en
1864 en la tertulia El Mosaico, integrada por Vergara y Vergara, José María Samper,
Ricardo Carrasquilla, Salvador Camacho Roldán, Eugenio Díaz y otros.
María lo colocó en el reino de los
grandes escritores. Es una novela de costumbres, escrita en un lenguaje sencillo donde se
narra el amor de adolescentes y se da cuenta de las vicisitudes cotidianas del Valle del
Cauca en esos días. Las descripciones del paisaje con la calma y paciencia de un oriental
que contempla su entorno y se regocija de los cambios, colocan esta obra entre las grandes
de la literatura. Eustaquio Palacios Roldanillo, 1830fue también un destacado
novelista. Ocupó diversos cargos en Cali, fue rector del colegio Santa Librada y fundó
el periódico El Ferrocarril en 1878. Un poema suyo, Esneda, le dio la fama con un
premio obtenido en Santiago de Chile. Con El Alférez Real penetra en el concierto
de la literatura colombiana. Se trata de una novela histórica que relata crónicas de
Cali en el siglo XVIII y diversos sucesos de la familia Caycedo.
UN BUEN CAMINO
El género de la literatura de costumbres ha
sido de gran utilidad en la comunicación de los pueblos. En épocas de poco desarrollo
económico, de ausencia de ágiles caminos y buenos sistemas de comunicación, los
habitantes de un país toman conciencia de la nacionalidad a través de estos
relatos.
En él se destaca el nombre de Luciano Rivera y
Garrido Buga, 1846-1899. Fundó El Observador en 1881 y una década después El
Rumor. Publica ensayos literarios y una colección de narraciones cortas, en 1871. En 1880
es editada su obra capital Impresiones y Recuerdos y la novela Un sentenciado a
muerte. Utilizó en varias ocasiones el seudónimo de Rivas Gallardo.
Impresiones y Recuerdos narra las costumbres del Valle en la segunda mitad
del siglo XIX, las ceremonias y fiestas dentro de las viejas haciendas, donde amos,
siervos y esclavos mezclan sus costumbres, sus tradiciones religiosas, musicales, etc. La
capacidad para describir los paisajes y dejar que su pluma transcurra lenta y minuciosa en
la captación de los cambios que el tiempo impone en la naturaleza, aún nos llena de
asombro.
Del siglo pasado fue también César Conto Quibdó, 1636, Guatemala,
1891. Obtuvo desde muy joven el respeto y admiración de su contemporáneos, no sólo por
su cultivada formación intelectual, sino también por sus dotes de repentista, oficio que
practicaba con cáustico humor e ironía. La poesía de César Conto de construcción
fácil, pero siempre buscando los cauces de un sentido más profundo, ínfimo e irónico,
lo colocan en un lugar apreciable en la historia regional de nuestra literatura. Fue
además un brillante político, ardiente defensor de las ideas liberales. En su condición
de Presidente del Estado Soberano del Cauca (1875-1877) le tocó enfrentarse a las
autoridades eclesiásticas y actuar con firmeza frente a las presiones de los caudillos
conservadores en la guerra de 1876.
Siglo XX
NOMBRES Y ESCENARIOS
Julián Malatesta
Insertas en los avatares de las
épocas, las letras regionales han logrado, más tarde o más temprano, el eco merecido.
Con María de Jorge Isaacs y el Alférez Real de
Eustaquio Palacios, surge en el siglo XIX la novela. La tercera de la que se tiene noticia
fue escrita hacia 1880 y, según dice Ignacio Bustamante, ...publicada en 1898 y
reeditada en 1949 (Editorial Iqueima, Bogotá): su titulo, El hijo natural, y
su autor, Daniel Mosquera, quien en su época sufrió el oscuro manto del anonimato.
La obra de Mosquera se ocupa de un problema
moral, resuelto con una narrativa sencilla pero acuciosa en la captación de los detalles
que edificaban la cotidianidad de finales del siglo pasado. Luego viene Marbella,
novela costumbrista escrita por Octavio Valencia en 1910. Habla de una mujer cuya
condición romántica y erótica la convierte en una heroína, atrapada en las más
ambiciosas y antagónicas pasiones.
Para la década del 40, la novela en el Cauca
hace presencia con las obras José Tombé y Sol en Tambalimbú, de don Diego
Castrillón Arboleda, y Ciudad Perdida de Enrique Arroyo.
MUTACIONES
La confluencia de varias corrientes literarias,
para finales del siglo XIX y comienzos del XX, suscita la aparición de una nueva
perspectiva en el campo de la escritura. Se trata del Simbolismo y Modernismo que
recoge la corriente parnasiana de la mitad del siglo y que de una u otra manera significó
una reacción contra los excesos del romanticismo del 30.
El simbolista, dice
Andrés Holguín, buscará la pureza expresiva, la música.... Hay en él un
retorno a la subjetividad pero despojando a la poesía de sus atavíos locales y
anecdóticos e introduciéndola en una dimensión universal.
Sin embargo, en el continente americano opera
una metamorfosis muy particular: por un lado, se recoge el espíritu parnasiano que
conserva de la mejor manera la gran fuerza de los románticos, y por el otro, se vincula
la poesía al movimiento simbolista produciendo así lo que iríamos a conocer en el curso
de nuestra historia literaria como Modernismo.
Uno de sus primeros representantes fue Rafael
MayaPopayán, 1897. Aunque es muy difícil asignarle un lugar preciso en la
literatura nacional y latinoamericana, se le encuentra al inicio del movimiento modernista
y protagoniza así el surgimiento de una generación de poetas orientados por esta nueva
perspectiva. En su poema La crucifixión del poeta, constituido por una serie de
voces que intervienen a la manera de los poemas griegos de la tragedia, identificamos
fácilmente su definido acento modernista:
El Hombre (Fragmento)
Hemos llegado a la tostada cumbre
del monte. Sólo el trueno
domina estas alturas silenciosas.
Aquí la misma luz es un castigo,
y esta roca es estéril como el llanto.
Maya integró el grupo de Los Nuevos
con León de Greiff y Germán Pardo García que se levanta contra los valores
que edificaron el siglo precedente; pero a nuestro juicio continúan siendo cultores,
quizá más especializados y cuidadosos, de las audacias, trucos y habilidades
modernistas.
Guillermo Valencia Popayán, 1873 es
el poeta con mayor impulso renovador. Se ocupa en la lectura de los románticos y
simbolistas europeos y al mismo tiempo habita la atmósfera literaria de Darío y Silva.
Su aporte a las letras colombianas estriba, quizás, en que siempre buscó liberarse de
los lazos dogmáticos de una escuela. Formado en el gusto clásico y en la lectura de los
románticos, fue construyendo su propio devenir.
Sin embargo, podemos señalar que Valencia
pertenece a la renovación modernista: en él también se conjuga esa metamorfosis que
produjo el parnasianismo con los simbolistas. Publicó dos volúmenes de versos: el
primero en Bogotá en 1897 y el otro en Londres en 1914, con el título de Ritos,
quizá la obra de mayor importancia.
Valencia fue un
político fogoso y un gran orador. Su personalidad contradictoria oscila entre las
concepciones materialistas del positivismo y una especie de atavismo religioso a veces
involuntario que lo asalta y confunde en sus convicciones. Tenía las características de
los viejos anarquistas, con los cuales solía identificarse y a los que rindió homenaje
en muchos de sus poemas, entre ellos uno de amplio y reconocido elogio:
Anarkos.
...por donde quiera que mi ser camine
Anarkos va, que todo lo deslustra;
un rito secular que no decline
ante el puño brutal de Bakunine,
y el heraldo feroz de Zaratustra!
(Fragmento)
LOS MENORES
Ricardo NietoPalmira, 1879, Cali,
1952es considerado un poeta principal en su época. Todavía subsistía la
tradición un poco ridícula de las coronaciones, cuando le entregaron a él la corona el
31 de mayo de 1930.
Nieto colaboró en
varios periódicos donde utilizó los seudónimos Romeo Madrid y Juan Servien. Hizo
estudios en torno a Jorge Isaacs y a Bolívar; publicó un libro de cuentos, El fardo,
Cantos de la Noche y La oración de Rocío.
La poesía le otorgó a Carlos
VillafañeRoldanillo (Valle), abril 5 de 1881 un lugar privilegiado en nuestra región. Con sus
poemas Tierra del alma y Vía dolorosa,
consiguió el reconocimiento.
Villafañe es un maestro del soneto; laboró en él, con singular genio, versos sencillos,
sin afeites retóricos quizá pinceladas capaces de mostrarnos súbitamente un paisaje con
una profunda emoción.
El Vacío
Unos se van y vuelven y, al regreso
encuentran en el punto de partida,
un amor que les da la bienvenida
con un abrazo o con la miel de un beso.
Otros vienen y van y, bajo el peso
infausto de su cruz ensangrecida,
no encuentran sombra ni descanso
en eso que llaman la corriente de la vida.
Y yo, pobre viandante, en el camino,
cuando a mi propia soledad me entrego,
pienso que en el vaivén de cuanto existe,
no encuentra mi ilusión de peregrino,
ni quien, cuando me voy, se ponga triste,
ni quien me abra los brazos cuando llego.
Carlos Villafañe
Se integra a este grupo Cornelio Hispano Buga, 1880. Su nombre de bautismo fue
Ismael López, y se especializó en Derecho y Ciencias Políticas.
Su obsesión, manifiesta en su obra, es la cultura
griega. En El jardín de las hespérides se encuentra el amplio conocimiento que
Hispano tenía de la antigua hélade. El académico Manuel Antonio Bonilla la
Victoria, 1872, Bogotá, 1949 es nuestro primer filólogo consagrado. En su poesía
se presiente un fino entusiasmo clásico, aplicado en el manejo de las formas; ejerció el
soneto con maestría. Es posible captar en sus versos ciertos excesos retóricos que aun
así no menguan la calidad de su obra. Escribió crítica literaria y crónicas en
diversas revistas y periódicos del país, utilizando alternativamente los nombres de
Empédocles, Lope de Almeida, Atahualpa Pizarro, Américo Mármol, Pedro el Leñador, El
padre Jerónimo, etc, etc; seudónimos utilizados en una picaresca periodística donde
libró los más encarnizados enfrentamientos verbales con algunos de sus contemporáneos,
entre ellos el novelista y poeta José Eustasio Rivera
.
Desde una óptica mística se vincula Mario
Carvajal Cali, 1896. Publica en 1935 su libro de poemas La escala de Jacob.
Conservador en sus costumbres, desarrolla una poesía consagrada a la devoción y el
éxtasis religioso.
NUEVAS
EXPRESIONES
Los acontecimientos políticos y la influencia
de los agresivos movimientos literarios y filosóficos ocurridos en Europa a principios de
siglo, produjeron algunos cambios en el destino aparentemente ya edificado de nuestra
literatura. Sin embargo en los primeros 50 años persisten nuestros poetas en el camino
iniciado en el siglo XIX.
Aurelio Arturo La Unión, Nariño,
1906, poeta de un refinado corte modernista a la altura de Lugones y Julio Herrera,
dejó una obra pequeña titulada Morada al sur y otros poemas. Es quizá el más
importante en esta región del país. Su nombre fue vinculado al movimiento Piedra y Cielo
que entre 1940 y 1950 suscitó un importante episodio en las letras colombianas.
En las noches mestizas que subían de la hierba,
jóvenes caballos, sombras curvas, brillantes,
estremecían la tierra con su casco de bronce.
Negras estrellas sonreían en la sombra con dientes de oro.
Después de entre grandes hojas, salía lento el mundo.
La ancha tierra, siempre cubierta con pieles de soles.
Reyes habían ardido, reinas blancas,
blandas, sepultadas dentro de los arboles gemían aún en la espesura.
Morada al Sur (Fragmento)
La grandeza de Arturo siempre fue reconocida por las siguientes generaciones incluyendo la
más iconoclasta, los nadaístas. Sus primeros poemas fueron publicados en Crónica
Literaria, revista dirigida por Rafael Maya.
Por otro lado, se ha dicho de manera muy ligera,
que el poeta Antonio Llanos Cali, 1905 integra el movimiento Piedra y Cielo,
grupo que se propone conquistar una especie de perfección y pulcritud verbal excesiva,
convirtiendo la elaboración poética en un asunto de orfebres, quienes deben moldear su
materia prima con precisión y cálculo.
Sin embargo, la poesía de Llanos, que conquista
altos niveles de esa perfección, se produce con antelación al grupo piedra-cielista
integrado por Jorge Rojas, Eduardo Carranza y Arturo Camacho Ramírez. En 1942 edita su
libro de sonetos Temblor bajo los ángeles, poesía de condición mística mas no
religiosa si entendemos por esto la ausencia militante de un culto determinado.
Antonio Llanos dirige a la edad de 25 años la
Revista de Occidente, la cual cumple un papel protagónico en el impulso y promoción de
los nuevos valores de las letras en el Valle del Cauca. Luego, preso de sus propias
obsesiones, es recluido en el
sanatorio de Cali donde pasa el resto de sus
días. Con Gilberto Garrido y Mario Carvajal conforma La trilogía lírica del Valle
del Cauca.
Gilberto Garrido Supía, Cauca Grande,
1887 labora en una poesía naturalista afectada por una preocupación intimista
existencial. En ella se descubre la naturaleza observada por los ojos de una sensibilidad
atormentada y ansiosa de hallar nuevos sentidos. Sus poemas están contenidos en los
títulos Azul y Romance de mi solar y de mi gente.
PERLAS DEL PACÍFICO
La costa pacífica entrega al concierto de las
letras al poeta Helcías Martán Góngora Güapi, Cauca, 1920-1984. Ocupó
múltiples cargos oficiales, fue condecorado con la Cruz de Alfonso X el Sabio y la cruz
de Constantino el Grande. En 1980 el Frente de Afirmación Hispanista le otorga en
México, el Premio Vasconcelos.
Martán fue hábil en el manejo de
diversos metros y estrofas dice el poeta Humberto Senegal. No eludió los
recursos concretistas del poema, o la síntesis del Hai kú, a pesar de su equilibrada y
académica disposición para versificar desde el pentasílabo hasta el hexámetro y desde
el cuarteto hasta la clásica lira, pasando por la elegía y la copla, el soneto, el
madrigal, la balada o el
lied. En su extensa obra abundan poemas que pueden
clasificarse dentro de la versificación amétrica, la acentual, la de imitación clásica
y la silábica.
Quizás Martán no
conozca el hai kú por una vertiente estrictamente japonesa: a él pudo haber llegado por
el camino del poeta mexicano José Juan Tablada. Sin embargo practicó esta delicada y
rigurosa propuesta poética con maestría. Posee hai kus dignos de los viejos poetas que
en el siglo XVI recorrían el Japón de aldea en aldea grabando con el pincel de las
palabras sus impresiones del camino.
Dormida o despierta
su pijama luce
la cebra.
El humo
epitafio del bosque
moribundo.
Para la mar
el pez aguja borda
líquido ajuar.
Helcías Martán Góngora
Emula con el poeta Helcías Martán un
contemporáneo suyo, natural de Nariño, quien cultivó el hai kú con igual devoción; se
trata de Víctor Sánchez Montenegro, poeta coloquial, poseedor de un fino sarcasmo que a
veces aparece en sus pictogramas.
Viejo molino
con tus aspas estas
moliendo brisas
En esa gruta
la noche se ha dormido
y no despierta
Víctor Sánchez
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