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Siglo XX
COMIENZOS DE LA AGRICULTURA
COMERCIAL
La
superación de los estragos de la guerra fue difícil. Luego de 1930 el Tolima avanzó
hacia una nueva agricultura.
Empresarios bogotanos y en menor medida tolimenses se
lanzaron a las antiguas montañas quineras de Cunday, Chaparral y Alpujarra. Fue el
impulso colonizador de las últimas décadas del siglo XIX que forjó haciendas
con bosques de quina,
minas de aluvión y, sobre todo, centenares de miles de cafetos, con su infraestructura de
beneficio, empaque y transporte.
Girardot se convirtió, entonces, en el nuevo y
próspero epicentro demográfico comercial de las economías locales del suroccidente de
Cundinamarca, centro sur del Tolima, a través de caminos y de los ríos Saldaña y
Magdalena. Por este navegaban vapores, canoas y champanes que iban y venían entre Honda y
Neiva. Cabe precisar que salvo los intentos de 1873-74 y 1884, la navegación a vapor
hasta Neiva no logró establecerse de manera regular debido a dificultades técnicas y los
altos costos por falta de suficiente carga y tráfico de retorno.
A nivel estatal uno de los efectos de este auge
económico en la región fue el lento pero significativo progreso en la red
ferroviariaferrocarriles de la Dorada y Girardot y, a nivel departamental, el
aumento de los ingresos fiscales especialmente por la renta de licores, que se tradujo en
un incremento de las inversiones en obras públicas puentes de hierro sobre varios
ríos importantes, caminos, por lo menos hasta la guerra civil de 1895.
En este período (1880-1899) comienza a
preocupar a ciertos sectores de la élite tolimense la modernización del sector agrícola
mediante la irrigación, el cambio en las técnicas de cultivo y el uso de
maquinaria.
Al finalizar el siglo XIX la región padeció
los efectos de las crisis de la economía cafetera (1897-1898) y de la cacaotera en el
Huila, por causa de la plaga de la mancha y las repercusiones de la Guerra de los Mil
Días. La región vivió un dramático estancamiento económico del cual tardó en
recuperarse.
LOS EFECTOS DE LA GUERRA
Las consecuencias morales, sociales,
económicas y culturales que ocasionó la guerra de los Mil Días en el Gran Tolima fueron
notables. La desolación y la perplejidad se prolongaron con las noticias sobre la
expansión norteamericana en Panamá, el envilecimiento de la moneda, la restauración y
centralización de los monopolios del aguardiente, del tabaco y del degüello, medidas
sentidas como un bloqueo de las posibilidades de recuperación de los ingresos para el
campesinado y los hacendados del valle y las cordilleras.
El protagonismo de la Iglesia y del gobierno en
reparar los destrozos de la guerra se concretó inicialmente en la realización de viejas
ideas sobre escuelas de artes y oficios, granjas agrícolas (salesianos), como también en
el reinicio de la construcción de ferrocarriles (Dorada Ambalema; Girardot -
Espinal) y de la navegación por el río Magdalena en el
estímulo a cultivos nuevos como el
algodón, el arroz y la subvención a las exportaciones de café.
Sin embargo, la recuperación económica en el
valle del Tolima, en particular, se dio espontáneamente en la actividad secular de sus
haciendas, la ganadería, con algunos casos aislados de mejoramiento de razas y controles
veterinarios.
Con la guerra de los Mil Días la economía
huilense también se vio afectada, aunque en menor grado que la del Tolima, Cundinamarca y
Santander, departamentos que se involucraron más de lleno en el conflicto bélico. Las
contribuciones a los fondos de guerra, los empréstitos forzosos, los impuestos de guerra,
las cuotas de ganado para la Carnicería Oficial con destino a la manutención del
ejército, las requisitorias de bestias, las cuotas de mercancías como telas, machetes y
otros implementos para el ejército, etc., todo lesionaba la economía de la región.
Empero, es de observar que estos requerimientos gravaban en mayor medida a la liberales
más pudientes de la provincia.
Entre las producciones más quebrantadas por la
guerra estaban la ganadería vacuna y caballar. Si en 1882 el total de ganado para el
Huila y el Tolima era de 320 mil 128 cabezas, para 1916 14 años después de la
guerra, apenas ascendía a 212 mil 749, suma de la cual 66 mil 123 correspondían al
Tolima y 146 mil 626 al Huila. Mientras en los años siguientes la ganadería del Tolima
exhibió un rápido crecimiento, para el Huila en cambio la recuperación fue bastante
lenta. Sin embargo con pocas excepciones, era una ganadería de mala calidad, popularmente
simbolizada en la expresión sólo cachos y güevas.
HACIA EL CAPITALISMO AGRARIO
El notable crecimiento urbano en
epicentros económicos y demográficos Girardot, Armero, Líbano, Ibagué y
Chaparral y el nivel de ingresos durante el auge económico de 1917 y 1927,
favorecieron la ampliación y tecnificación de los cultivos de arroz a escala comercial
en haciendas de los valles del Lagunilla y del Saldaña.
Con excepción de la destilación de aguardiente
y de otras bebidas el vacío de experiencia industrial propia fue un rasgo de la economía
tolimense y más intensamente de la huilense hasta bien entrados los años 60. En 1927 fue
creada la cervecería de Honda con un capital de 200 mil pesos. Dos años después fue
aumentado a 700 mil por la participación de firmas alemanas (Handel).
En las décadas del 10 y del 20, hubo reiterados
esfuerzos institucionales por modernización de la agricultura en el Tolima.
En efecto, la creación de la escuela de
agricultura tropical, de granjas agrícolas, escuelas agronómicas, bancos de crédito
agrario, proyectos de ley sobre la irrigación de los llanos del Tolima como parte
integral de una reforma agraria con crecimiento económico, muestran un momento del
interés público por el desarrollo regional desde una perspectiva no cafetera, el cual
solo empezaría a cristaliza en el gobierno de Ospina Pérez.
Entre tanto, se dio un extraordinario
crecimiento de la colonización cafetera e las montañas orientales y en la cordillera
Central al sur de Chaparral 23.4% de incremento total del país.
Este crecimiento, combinado con la prohibición
del cultivo y comercialización directa del café por los campesinos dependientes de los
hacendados, originó un movimiento de los trabajadores agrarios muy fuerte.
En la década de 1920 participando del
crecimiento económico nacional, el despertar a la vida moderna en el Tolima se
expresó también en la ampliación del transporte ferroviario hasta Ibagué y
posteriormente hasta Neiva y la construcción de la carretera Ibagué - Armenia y Girardot
- Neiva.
Sin embargo en las décadas del 30 y 40 se
afianzó el proyecto modernizador del sector agrario en las tierras planas desde
Purificación hasta Mariquita, con la fragmentación del latifundio, la construcción de
sistemas de irrigación, el crédito estatal a los cultivadores, el uso de semillas
seleccionadas, fumigación aérea y maquinaria en los cultivos de arroz, algodón y
ajonjolí, incrementados de modo extraordinario a partir de los años 50. Los avances
hacia una revolución agrícola fueron patentes desde entonces.
SALIENDO DEL LETARGO
En el Huila el despertar fue morrongo, en el
Tolima convulsionó la sociedad.
Durante la primera mitad del siglo XX, la
economía huilense se caracterizó por su bajo ritmo de desarrollo, por su retraso frente
a la modernización, por su relativo confinamiento y su lenta articulación a los centro
de la economía nacional.
La ganadería vacuna, que constituía el
renglón más importante y tradición después de la guerra de los Mil Días, presenta un
lento crecimiento hasta los año 40, manteniéndose prácticamente estacionaria su
participación porcentual en total nacional.
El degeneramiento de las razas (criolla,
antioqueña y llanera), las plagas, las enfermedades y la escasez de pastos nutritivos no
colaboraban con el desarrollo del ganadería huilense. No obstante, en los años cuarenta
se puede apreciar un aumento importante: de 272 mil cabezas en 1935 se pasó a 429 mil en
1945 y a 608 mil 600 en 1947.
EL HUILA A PASO DE TORTUGA
La trayectoria de los principales productos
agrícolas, en ese mismo lapso, fue la siguiente:
El cacao, un renglón de vieja data, presentaba
en las primeras décadas del siglo evidentes síntomas de decadencia; en 1919 se decía
que la producción del grano no alcanzaba para el consumo interno departamental y las
plagas arruinaban los cacaotales; empero, en el primer lustro de los años 30, se
registró un aumento, para declinar luego. Entre las causas de este decaimiento se aducía
en 1935 el envejecimiento de los árboles la mayoría de los cuales pasaba de 60 y
de 100 años, el ataque de enfermedades y plagas y la ausencia de métodos
apropiados de cultivo. La mengua del cacao se prolonga hasta los años 50 cuando
nuevamente se recupera.
A diferencia del cacao, el arroz adquiría un
ritmo de crecimiento sostenido, sobre todo a partir de los años 30, si bien su
participación porcentual en el total nacional era poco importante. Para la economía
regional esta expansión abría perspectivas a un producto que pasando el tiempo tendría
presencia significativa en la economía huilense. En los años treinta el principal centro
productor era Campoalegre, en donde se empleaba maquinaria moderna para su explotación y
uno de los primeros sitios del país donde se empezaba a aplicar la tecnificación
agrícola. Luego surge otra zona arrocera, Palermo, y el cultivo continúa expandiéndose,
de tal manera que el Huila en 1958 era el segundo proveedor nacional de arroz, después
del Tolima.
El maíz, que se había extendido en forma
notable entre 1925 y 1934, entró a partir de este último año en un estancamiento que se
prolongó hasta fines de los 40 ó comienzos del 50.
En cuanto al trigo, el anís y el tabaco, se
puede decir que estaban en la categoría de cultivos menores, pues su peso en la economía
regional era muy reducido. En lo que respecta al algodón, apenas comenzaban las campañas
en los años 30 para fomentar su cultivo, siendo todavía insignificante su producción.
Se expandió en las décadas subsiguientes y en 1958 ya el Huila enviaba 1.811 toneladas
métricas al consumo industrial.
El café, pese a los esfuerzos por fomentarlo,
tampoco fue significativo dentro de la producción nacional del grano. Según el censo
industrial de 1945, el Huila ocupaba el último lugar, con 81 establecimientos que
representaban el precario porcentaje del 1,0% del total nacional. De ellos, la mayoría se
dedicaba a la producción de alimentos, siguiendo luego los cueros y las bebidas. También
en la cantidad de personal ocupado y en las cuantías del valor de la producción y del
valor agregado, el departamento ocupaba la última escala a nivel nacional con magnitudes
ostensiblemente ínfimas.
Todo ello nos permite apreciar que durante la
mayor parte de la primera mitad del siglo XX, el desenvolvimiento de la economía
huilense, no conseguía obtener en forma sostenida ritmos perceptibles, sino que, por el
contrario, en su rigidez y lentitud, tendía a quedar rezagada respecto del desarrollo y
la modernización económica que se registraba en otras regiones del país.
LA AGRICULTURA ATROPELLA
La inversión estatal en la adecuación de la
llanura tolimense desde el río Saldaña hacia el norte y su incorporación a la economía
nacional buscaba hacerla productora de aceites y de materias primas para la industria
textil, y proveedora de alimentos para la población urbana.
Las relativas ventajas arancelarias para la
importación de la maquinaria requerida para la mecanización y, sobre todo, el papel del
crédito estatal para financiar la conversión de los propiciados de tierras, de clases
medias urbanas (arrendatarios) en empresarios agrícolas, determinan el rápido proceso de
modernización del Tolima en las décadas de 1950 y 1960 en medio de la Violencia. Hacia
1960 el Tolima era el
primer productor nacional de arroz, algodón y
ajonjolí.
Correlativa de ese proceso fue la masiva
expulsión del secular campesinado arrendatario de las haciendas ganaderas, sobre todo en
el centro y norte del valle del Tolima, y su consecuente proletarización. A ésta se
sumarían grupos de campesinos procedentes de las zonas cafeteras y de la zona indígena
del sur, de los cuales algunos migrarían hacia los llanos orientales y el Caquetá,
también hacia Ibagué y otras ciudades. Rafael Parga Cortés recordaba cómo fue la
escasez de buenas tierras lo que en la década de 1960 impulsó a que agricultores
tolimenses bajaran a la costa, especialmente al Cesar a comprar tierras y a cultivar
algodón y luego arroz.
La economía cafetera, dependiente del mercado
mundial, la ganadería y la agricultura comercial, dependiente de la urbanización y la
industrialización internas, así como la pequeña economía campesina, autosuficiente y
articulada a mercados locales, singularizan la economía tolimense frente a otras regiones
del país.
Una característica de la agricultura en el
Tolima es la marcada especialización productiva de las subregiones que ha contribuido a
su relativo aislamiento y, por ende, a la débil integración regional.
Otro rasgo es la estructura ocupacional del
sector agropecuario, sobre todo de la agricultura capitalista, incluyendo la cafetera,
caracterizada por concentrar la mayor cantidad del trabajo asalariado en el total
sectorial del país. Este hecho laboral corresponde a una significativa concentración de
la propiedadel 9.6% de los propietarios posee el 64.9% de la tierra útil, en
predios de más de 500 hectáreas. La zona más atrasada (Natagaima - Coyaima), de
ancestro indígena, está dominada por el minifundio y es una reserva de mano de obra
estacional (cosecheros).
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