2. ECONOMIA

Bonanzas, de tiempo en tiempo

Se hace una descripción de los procesos productivos y comerciales en las diferentes zonas y períodos de la región. Distingue y relaciona actividades y lugares socialmente notables. Destaca los cambios en los patrones y agentes del desarrollo económico desde mediados del siglo XIX. Por último, muestra las diferencias entre las élites económicas y políticas, huilenses y tolimenses.

El camino del café. Fotografía tomada de El Tolima Geografía histórica y socioeconómica. 1979

Hernán Clavijo Ocampo: Profesor Universidad del Tolima. Bernardo Tovar Zambrano: Profesor Universidad Nacional de Colombia.

 

 

La economía colonial ORO, PLATA Y RESES  

En un comienzo la economía se centró en la minería para dar paso a la hacienda ganadera y en menor medida agrícola.

Cuentan los cronistas que las noticias sobre una provincia llamada Neiva en que los naturales labraban mucho oro, atrajo hacia esta región las inaugurales expediciones de Quesada y Belalcázar. Así, bajo el influjo de la quimera de El Dorado se efectuaron las primeras incursiones conquistadoras en la región del Alto Magdalena. 

En 1544 una expedición fundó a Tocaima e inició la explotación de los placeres de Hervé, Sabandija y Venadillo. En el mismo año españoles procedentes de Santafé se apoderaron de los viejos lavaderos de oro que tenían los indígenas en Neiva. En 1550 mineros que venían de Popayán descubrieron las minas de plata de la vertiente oriental de la cordillera Central, y allí fundaron la Villa de San Sebastián de la Plata. Un año después, vecinos de Tocaima y de Santafé fundaron a San Sebastián de Mariquita, lo cual permitió la explotación de las minas de plata y de algunos veneros de oro, provocando el surgimiento de las minas de Las Lajas y Santa Agueda de Gualí. 

En la década 1580-1590 se abrieron las minas de oro de veta de Ibagué. Prácticamente todos los ríos tributarios del Magdalena, entre Mariquita e Ibagué, fueron trabajados por pequeños mineros en las décadas finales del siglo XVI. En la primera parte del siglo XVII los placeres de Timaná y del río Saldaña fueron explotados también por pequeños mineros. 

Acompañando aquellas expectativas mineras se producía la fundación de pueblos, el repartimiento de indios —origen de las encomiendas— y el reparto de tierras —solares y estancias. Empero, el asentamiento español en el Alto Magdalena se vio asediado durante todo el siglo XVI por los pijaos en el Tolima, y los yalcones, timanaes, paeces y andakíes en el Huila. 

Al cabo de las sucesivas guerras contra los indígenas, siendo la última la guerra de aniquilación dirigida por el presidente Juan de Borja contra los pijaos (1606-1612), las actividades económicas del asentamiento español empezaron a cobrar una importancia notable. Dichas actividades correspondían a la continuación de los intentos mineros y al desarrollo de la ganadería. 

 

PLATA, ORO Y VACAS  

Luego de la guerra contra los pijaos ocurrió uno de los procesos económicos más importantes del siglo XVII en la Nueva Granada: la explotación de las ricas minas de plata de Mariquita. 

Los tempranos y aislados éxitos muy pronto comprometieron los intereses de encomenderos de las ciudades de la región e inclusive de Remedios y de Santafé - Tunja, quienes, ante la decisión del presidente don Juan de Borja de enviar contingentes indios a trabajar en esas minas, decidieron participar en la promisoria empresa. La Corona suministraría, además, el mercurio necesario para separar la plata de las toneladas de roca extraídas de las vetas. 

Las magnitudes de la economía minera de la plata en Mariquita en sus años de esplendor (1625-1637, 1650-1655 y 1685-1692) resultan modestas si se comparan con las de Méjico (Zacatecas) y Perú (Potosí). En esta última ciudad el Estado colonial fue capaz de movilizar 13 mil indios mitayos por año, a finales del siglo XVI, para el trabajo en los socavones, los molinos y la labranza, mientras que en Mariquita excepcionalmente sobrepasaron los 500 indios traídos desde Tunja y Santafé. 

En aquellos períodos, Potosí llegó a tener una población de cien mil habitantes.  Mariquita a lo sumo, en épocas de auge y fiestas, tuvo diez mil habitantes. Solo una pequeña élite de hacendados - mineros se enriqueció con la plata de Mariquita. Durante los períodos de auge en la producción de plata, esta zona minera y su epicentro, la ciudad de Mariquita, se convirtieron en un mercado para la venta y consumo de ganado, mulas, miel, maíz, sebo —para las velas— y otros productos de las haciendas, e incluso de algunos resguardos indígenas de la periferia y de Neiva y Timaná. 

En contraste con el auge minero de Mariquita, las minas de San Sebastián de La Plata (Huila) no prosperaron y debieron ser abandonadas en 1585. Sin embargo, durante el siglo XVII se registró una actividad minera de alguna importancia en los lavaderos de oro de las provincias de Neiva y Timaná, actividad que luego decayó. 

Frente a las imposibilidades de surgir como región minera, al Huila se le abría en cambio el panorama de la ganadería y la agricultura. El ganado vacuno encontraba en las llanuras huilenses, convertidas en haciendas, condiciones muy propicias para su libre expansión. 

A mediados del siglo XVI Neiva se perfilaba como un importante centro ganadero y a comienzos del siglo XVII las haciendas del Alto Magdalena se constituyeron en la principal fuente abastecedora de carnes y cueros para los consumos de la Sabana de Bogotá. 

Con base en el censo ganadero efectuado a fines del siglo XVII, puede decirse que la provincia tenía cerca de 40 mil cabezas de ganado (Neiva 28.852, Timaná 10 mil y La Plata 10 mil, este último dato en forma aproximada) lo que la convertía, para ese momento, en la región más ganadera del Nuevo Reino de Granada. Hacia 1694 la provincia de Neiva se comprometía a enviar a Santafé, cada año, 4 mil 500 novillos. También enviaba ganado a Popayán, Pasto y Quito, y en el siglo XVIII, llegó a enviar ganado a Cali, e incluso, atado a balsas por el río Magdalena, a Mompox y Cartagena. 

Los indios que huían de la mita, los blancos de clase baja y los numerosos mestizos que no podían convertirse en propietarios de tierras terminaron en pequeños arrendatarios de las haciendas y de los latifundios. 

En el transcurso del siglo XVIII, pequeños arrendatarios desarrollaron economías campesinas de autosubsistencia; también hubo quienes producían algunos excedentes agrícolas (maíz, plátano y yuca) y criaban ganado mayor y menor (cerdos, gallinas, cabras), para los mercados locales. Los más próximos al río Magdalena también pescaban y otros, por temporadas, sacaban oro del lecho de algún río.

 

DE LA DECADENCIA MINERA A EXPANSIÓN AGRÍCOLA Y GANADERA  

A finales del siglo XVII era evidente la decadencia de Mariquita como epicentro económico minero. Ese fenómeno acentuó la dispersión y privatización de la vida social en el mundo rural dominado por latifundios y haciendas. Desde entonces hasta 1750 aproximadamente, los cambios más notorios fueron: 

1. La vinculación de funcionarios, comerciantes - mineros y comunidades religiosas —jesuitas y agustinos— a la gran propiedad agraria en el valle de Neiva y del Saldaña, en Ibagué, en Honda y en Tocaima. 

2. La aparición de haciendas de cacao en las riberas del río Magdalena, que abastecieron el mercado de Antioquia y de Mompox – Cartagena. 

3. El notorio aumento de criadores de ganado y la relativa disminución del ganado cimarrón por el incremento de vaqueros, corrales y control de las fieras y uso de la sal. 
4. La concentración del cultivo de la caña en las haciendas esclavistas de Tocaima y Mariquita, en menor escala en Ibagué (San Luis), donde se producía miel para abastecer las fábricas de aguardiente: y, 

5. La expansión del cultivo de tabaco entre un campesinado indio y mestizo en la margen occidental del río Magdalena, entre las poblaciones de Mariquita y Coello. 

Todos esos cambios estuvieron acompañados de un relativo aumento de gentes, sobre todo mestizas. Con la monopolización del tabaco y del aguardiente a mediados del siglo XVIII, por parte de La Real Corona, los hacendados, productores de miel y los campesinos cultivadores de tabaco, dependieron para sus ingresos monetarios de la Real Factoría de tabaco y de la Real Fábrica de aguardiente con sede en Honda.  

No obstante, el contrabando fue un fenómeno crónico entre campesinos y pulperos (tenderos), al punto de convertirse en un rasgo de su cultura frente al Estado.

 

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