DE LOS CHAMANES JAGUARES A LOS OPITAS
Hector Llanos Vargas

 

De estos misteriosos artistas sólo nos quedan sus magníficas obras, vestigio de su complejo pensamiento simbólico.  

 

LA CULTURA DE SAN AGUSTÍN TERRITORIALIDAD Y CHAMANISMO  

En la historia del poblamiento prehispánico del Alto Magdalena sobresale la cultura milenaria de San Agustín que desarrolló un complejo pensamiento simbólico con una jerarquía social chamánica, apreciable en su modelo de ocupación cultural del territorio. 
La excavación de sitios de vivienda pertenecientes a su período de auge (siglos I-VI DC.) es escasa. Sin embargo, la prospección permitiría afirmar que se localizaron alrededor o cercanas a los centros funerarios monumentales.  

Estos centros (montículo artificial, tumba megalítica, templete, estatuas) están conformados por unidades asociadas a cementerios, lo que insinúa un parentesco entre el personaje principal sepultado en cada montículo y las personas enterradas en las demás tumbas. También existen cementerios sin construcciones monticulares talvez para miembros de unidades familiares con estatus diferente —menor rango. 

Los centros funerarios monumentales tuvieron períodos de utilización diversa: unos, como las mesitas A y E del parque de San Agustín, con apenas dos y tres montículos, respectivamente, como si se tratara de los mausoleos de chamanes y sus correspondientes linajes, cuyo poder gobernó el territorio adyacente; otro, como el Alto de Los Idolos tiene mayor cantidad de unidades funerarias monticulares, lo que significa un período de mayor utilización —varios siglos— como si se tratara de una necrópolis, para sepultar a los jefes con poderes chamánicos que gobernaron el territorio de Isnos. 

Los centros funerarios monumentales se localizan en sitos distantes entre sí y
algunos de ellos fueron contemporáneos, como lo sustentan las fechas obtenidas en los montículos de Morelia, El Purutal y del Alto de Los Idolos (siglo VI DC.), lo que significa que durante el período de esplendor cultural hubo varios jefes chamánicos contemporáneos, dirigiendo sus respectivos territorios. Durante este período también se ocuparon territorios como el valle de Laboyos (Pitalito), Guacanas y San Francisco (Garzón), por parte de familias de agroalfareros que aprovecharon sus recursos naturales durante un período de corta duración y dependieron de alguno de los centros funerarios monumentales,  pues no construyeron obras megalíticas en sus territorios.  

Las observaciones anteriores llevan a proponer un modelo de ocupación territorial del periodo Clásico Regional (siglo I-VIII DC.), caracterizado por: 

1.   El manejo cultural del territorio, a partir de un pensamiento mágico que se plasmó en los centros funerarios megalíticos, en cementerios no monumentales y en el arte escultórico, principalmente.

2.   El sur del Alto de Magdalena estuvo dividido en varios sectores que fueron el lugar de asiento de un conjunto de unidades familiares, al mando de un jefe con poderes chamánicos.

3.   En algunos sectores la jefatura parece haber sido heredada por miembros de un mismo linaje.

4.    No todos los jefes chamánicos tuvieron la misma importancia, algunos fueron de mayor rango como lo indica la monumentalidad de su tumba. 

La diversidad de rangos chamánicos y por lo tanto de jerarquía territorial es un elemento que puede ayudar a explicar su dinámica cultural y los cambios históricos que se dieron entre siglo VII y VIII DC., la crisis de la cultura de San Agustín. 

Esta dinámica cultural sufrió un impacto hacia el siglo VI DC. cuando se produjo un cambio en el clima regional, que empeoró al incrementarse la lluviosidad y bajar la temperatura. 

El cambio de clima afectó de manera diferenciada los territorios al mando de jefes chamánicos. Los ubicados en las partes altas de las cordilleras, en valles encerrados —expuestos a una alta precipitación pluvial y temperaturas bajas— posiblemente fueron abandonados al quedar con condiciones climáticas extremas poco propicias para la vida cotidiana. Este parece ser el caso de Morelia, en el valle del río Granates. 

Otras regiones como el valle de Laboyos sufrieron el impacto de inundaciones que afectaron las viviendas y las huertas de sus habitantes, lo que obligó a abandonarlas. 

Las familias que habitaron los lomeríos de valles como el de San Agustín y los de Isnos también se afectaron por el cambio climático, pero con consecuencias menos drásticas debido a su localización en el piso templado y a su topografía ondulada. 

El empeoramiento del clima no sólo afectó la economía agrícola de un sistema de producción basado en la microverticalidad de los tres pisos térmicos, sino también el sistema simbólico estrechamente vinculado a la naturaleza, y fundamento del poder de los chamanes. 

Tanto la economía como el pensamiento chamánico se desestabilizaron, generando una crisis en el sistema social y cultural de San Agustín. Ignoramos las respuestas que dieron los chamanes a los cambios climáticos de la madre naturaleza, pero se sabe que su realidad social se desintegró.

Este hecho histórico ha llevado a que los científicos hagan hipótesis explicativas, como supuestas migraciones hacia la región amazónica, que en la actualidad no están sustentadas. Lo cierto es que hacia el año 900 DC. el territorio agustiniano había sido ocupado por otra etnia, la de los yalcones. 

 

Rutas de los Conquistadores. Tolima 

                    

AGRICULTORES Y GUERREROS

Derrotados pero no vencidos, los indios de la región resistieron la ocupación española.  

Los primeros conquistadores llegaron por el año de 1530. Unos entraron por el sur del Macizo Colombiano, procedentes de Popayán, al mando del capitán Sebastián de Belalcázar. Otros por el norte, dirigidos por Gonzalo Jiménez de Quesada, venían de las frías tierras de la recién fundada Santafé de Bogotá (1538). Unos y otros se encontraron, en el Alto Magdalena, con diversas culturas indígenas: panches, sutagaos, pijaos, paeces, yalcones y andakíes, que parecen compartir una misma tradición étnica. 

No todas estas culturas tuvieron el mismo nivel de complejidad social y política. Mientras los yalcones y paeces se organizaron en cacicazgos, los pijaos y panches no tuvieron una estructura de poder permanente. Los primeros se localizaron en valles de ríos afluentes del Magdalena, como La Plata, Quinchana, Granates, Guarapas, Suaza, Timaná, entre otros.

La jerarquía del cacicazgo se plasmó en poblados agrícolas, residencia del cacique y su linaje. Las demás familias habitaron el resto del valle, de manera dispersa, no muy distantes entre si, en sitios donde hicieron terrazas artificiales para construir casas y sementeras. 

Un poblado prehispánico fue el de Morelia que en su momento de auge estuvo conformado por unas 150 terrazas de habitación comunicadas entre sí por una red de caminos. Un sistema de drenaje que controlaba las aguas lluvias evitando la inundación de los campos de cultivo. Este poblado se comunicaba con las viviendas dispersas y con otros cacicazgos por caminos que sirvieron para el intercambio de productos agrícolas de los tres pisos térmicos y de otros recursos naturales, como el oro y la sal. 

Las familias indígenas de panches y pijaos, a diferencia de aquellos, localizaron sus viviendas en las tierras planas y cálidas, a orillas de quebradas y ríos, y sobre las cimas de las sierras de las cordilleras, que descienden abruptamente.

 

RUTAS DE MUERTE Y CAMINOS REALES  

La respuesta que dieron las culturas indígenas a la invasión española fue unificada. Pijaos, paeces y yalcones se aliaron militarmente al compartir el significado de la guerra como un espacio ritual de la muerte. En él, los guerreros luchan por alcanzar un rango de prestigio y los señores principales por reforzar su poder con cabezas - trofeo, símbolos de terror. 

La resistencia cultural indígena a lo largo del siglo XVI obligó a las autoridades españolas a organizar una guerra no de conquista sino de exterminio, sobre todo contra los pijaos. Al mando de ésta se colocó don Juan de Borja, primer presidente de capa y espada de la Real Audiencia de Santafé de Bogotá. 

Los conquistadores desde un comienzo trazaron rutas de conquista para someter a los indígenas e imponer su modelo de poblamiento, sustentado en la fundación de villas y ciudades, con sus autoridades municipales, eclesiásticas, judiciales y militares, como es el caso de Timaná (1539, 1558), Ibagué (1550), La Plata (1550, 1651) y Neiva (1539, 1559, 1612). 

Los territorios étnicos fueron reemplazados por gobernaciones, los cacicazgos por provincias, los poblados de caciques principales por villas y ciudades, las familias dispersas fueron reducidas a pueblos de adoctrinamiento, los chamanes suplantados por misioneros. La economía indígena, de carácter comunitario, fue sustituida por una economía privada de encomenderos, hacendados mineros y comerciantes; los excedentes, antes redistribuidos por los caciques, se transformaron en tributos para encomenderos, en el quinto real y en los diezmos eclesiásticos. Las tierras comunitarias se redujeron a resguardos y haciendas, estancias y ejidos. El oro y la plata perdieron su significado sagrado para convertirse en mercancías y dinero, fundamentos del sistema mercantilista de los monarcas españoles. 

Hacia la segunda década del siglo XVII la guerra contra los pijaos produjo
efectos desastrosos para estos y fortaleció el poblamiento hispánico. Las fundaciones coloniales no volverán a ser destruidas por pijaos, paeces y yalcones y los caminos reales quedarán despejados, permitiendo el desarrollo económico colonial. Ahora se comunicarán Quito y Popayán con Santafé de Bogotá por la ruta Guanacas - La Plata - Neiva y por la del Quindio, Cartago – Ibagué - Tocaima. 

En el año de 1610, don Diego de Ospina y Medinilla se posesionó como primer gobernador de Neiva. Esta nueva gobernación, debido a lo acontecido en el siglo XVI, quedó bajo dos jurisdicciones: de la ciudad de Neiva hacia el norte —las provincias de Saldaña y Mariquita— en la de Santafé de Bogotá, y las tierras del sur del Huila que conformaron la provincia de Timaná, en la de Popayán. 

La división del Alto Magdalena en Norte y Sur fue de gran trascendencia histórica como se aprecia en las pautas de poblamiento colonial. Otra característica fue la fundación de pueblos para el adoctrinamiento de la población aborigen superviviente en tierras de resguardo, como fue el caso de los Páez de Tierradentro.

 

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