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8.
POLÍTICA
El lenguaje de la política
Se muestra la
historia política regional desde la Colonia como la del núcleo del poder central. En la
república las viejas lealtades caudillistas se tornan en afiliaciones partidistas. El
debate ideológico desde la mitad del siglo XIX, con la cuestión religiosa en primer
plano, origina numerosas guerras civiles que entran al siglo XX como oleadas de
confrontaciones bipartidistas. El conflicto se transforma a partir de los cincuentas y se
prolonga hasta nuestros días.
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Fotografía
archivo El Tiempo
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Javier Guerrero
Barón: Sociólogo, profesor de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de
Colombia.
LOS ORIGENES DE LA NACIONALIDAD
En la época precolombina el altiplano fue la
zona más poblada del país y rápidamente se convirtió en el centro de poder colonial
sobre los territorios conquistados. Dos importantes ciudades coloniales se fundaron sobre
las poblaciones muiscas del altiplano: Santiago de Tunja y Santafé de Bogotá. Desde
allí las autoridades de la corona española ejercían su mandato sobre indígenas y
españoles.
Durante el siglo XVI Tunja fue rival de la
capital. La fuente inicial de su riqueza fue la densa población indígena de las zonas
adyacentes. La encomienda se implantó firmemente surgiendo una clase aristocrática
basada en la propiedad de la tierra y el trabajo indígena. Otra fuente de prosperidad
fueron los rebaños de ovejas criados en los valles cercanos. La lana sirvió para la
creación de una floreciente industria textil de carácter doméstico. Como capital de un
vasto territorio Tunja prosperó durante el siglo XVII.
La inicial opulencia fue declinando gradualmente con la
disminución de la población indígena en el siglo XVIII. Los rebaños disminuyeron y la
producción textil descendió abruptamente. La zona del Socorro y San Gil, incluida en
la jurisdicción
de Tunja, mantenía una producción agrícola diversificada y una ganadería en
expansión, donde predominaba el minifundio. El algodón se convirtió en uno de los
cultivos principales, que le permitió al Socorro reemplazar a Tunja como centro de
producción textil.
Las ideas libertarias se
sembraron con el movimiento comunero de 1781, especialmente por la atrocidad con que fue
aplastado. En ese episodio la región tuvo una injerencia destacada. Se inició en la
provincia del Socorro, rápidamente se expandió a Sogamoso y Tunja. Se sublevaron las
poblaciones en el norte de Cundinamarca hasta llegar a Zipaquirá con un ejército de 20
mil hombres. Galán, luego de las Capitulaciones, continuó
la agitación sobre los territorios que caen hacia
el río Magdalena, y luego hasta Guaduas y Mariquita. Hubo numerosos levantamientos de esclavos
e indígenas en todo el país entre los cuales se destaca el del resguardo de Suba.
Durante el período conocido como la Patria Boba
las provincias establecieron, al igual que la capital, Juntas de gobierno independientes.
La unión de las poblaciones de Leiva, Chiquinquirá y Muzo a Cundinamarca desató el
descontento de Tunja contra Santafé de Bogotá, y generó entre ambas algunos
enfrentamientos armados que terminaron con las negociaciones de Santa Rosa. Los
enfrentamientos se reanudaron cuando el Congreso de la Confederación de las Provincias
Unidas acudió a Tunja para derrocar al presidente de Cundinamarca, Antonio Nariño,
partidario de un gobierno centralista. La victoria de Nariño y las nuevas negociaciones
pusieron fin a las disputas entre federalistas y centralistas. Ambos bandos sufrirían una
dura represión durante la invasión de reconquista de Pablo Morillo y Juan Sámano, que
llevó a muchos de los líderes de esta generación patriota al destierro o al patíbulo.
En las luchas
independentistas se revivió la importancia del altiplano, no sólo por la proximidad a
los principales escenarios de la guerra. El ejército bolivariano se fortaleció con el
apoyo de guerrillas que luego se transformarían en los ejércitos regulares de la
ofensiva final. Se destacaron las guerrillas organizadas por fray Ignacio Mariño, Juan Galea,
Ramón Nonato Pérez y el español republicano Antonio Arredondo, en Arauca y Casanare, a
las que se unieron las de Ongaza, Cerinza, Paipa, Chiquinquirá y Ubaté. Otro frente fue
el de los llanos de Medina y el Valle de Tenza. En Cundinamarca se destacaron las
guerrillas de La Mesa y singularmente las de los hermanos Almeyda, que se hicieron fuertes
en la resistencia de un área importante en las goteras de Santafé, con epicentro en
Machetá, Chocontá, Tibirita y Ubaté, con ramificaciones hacia el llano por el valle de
Tenza y conexiones con Guaduas, Tunja y Socorro.
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