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(continuación capítulo
Economía)
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Intercambios de algodón y
mantas en la sociedad Muisca.
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SAL LEJOS Y
CERCA
Los indígenas tenían fuentes de aguasal.
Mediante evaporación, hecha en ollas
gachas que
ellos mismos elaboraban, obtenían bloques compactos o panes de destinados al consumo y el
intercambio. Las principales zonas de producción se ubicaron en Zipaquirá, Nemocón,
Tausa y Gachetá y estaban sujetas al nimio del cacique de Guatavita; mientras que las de
Vijua dependían del cacique lache de Chita.
La sal producida por las
comunidades de la Sabana llegaba lejos a través del río Magdalena o por el noroccidente
del territorio muisca hacia Antioquia. Desde Tunja los indígenas iban a las poblaciones
cercanas a Santafé a conseguir la sal:
en Sorocotá la
adquirían los guanes; los habitantes de Mariquita la obtenían a cambio de oro, y los de
Pasca llevaban la sal para los panches y los sutagaos. Algunos panes llegaron a los teguas
y a grupos habitantes en los Llanos orientales que encontraban la sal en Vijua.
Frecuentemente se describió también el intercambio en Ubaté, Guachetá, Tinjacá, pues
de allí, camino a Vélez, llegaba hasta Tamalameque. Ese era el destino de la sal.
Los productores recibían a
cambio comida, leña y cerámicas, útiles a su vez en el procesamiento del mineral.
UNA RED PARA
TEJER
En el territorio no se
contaba con algodón. Sin embargo, el hilado y los tejidos hechos con esta planta, fueron
actividades de los muiscas quienes la obtenían de panches, muzos y del territorio de
Vélez. Los indígenas de Oicatá y Cerinza iban al mercado de Sogamoso y Duitama para
adquirir la fibra de algodón al igual que los de Beteitiva, Buzbanzá y Tobón. Los de
Duitama, a su vez, la obtenían de Tunja y de Vélez y los de Susacón, cambiaban coca por
mantas.
En la Sabana, aborígenes de
Cajicá llevaban mantas, sal y ollas de barro para conseguir algodón en Pacho y el
territorio panche. Los indígenas de Osamena y los habitantes de las faldas de la Sierra
Nevada del Cocuy conseguían algodón de los Llanos orientales, mientras que en la zona
sur se presentaba un menor comercio con los sutagaos por estos productos.
Era pues una labor de primer
orden entre los habitantes de la región. Cuando en el siglo XVII se incorporó la lana de
ovejo como materia prima, fueron ellos los primeros en adoptar este material para elaborar
las mantas y ruanas en poblaciones como Ubaté, Sogamoso, Cucunubá y Lenguazaque. La
producción textil cundiboyacense tiene así origen precolombino y se mantiene hoy como
actividad propia de sus habitantes.
De esa empresa muisca se
abastecía la sociedad santafereña durante la Colonia cuando las mantas fueron materia de
tributo.
Los siglos XVI y XVII fueron sin duda muy activos en la producción y el
intercambio de mantas y algodón en la región cundiboyacense.
EL ARTE DE
ADQUIRIR
La red crecía. Con unos
productos se conseguían otros y con estos otros, algunos más. Con las vasijas en las que
se evaporaba la sal construidas especialmente en Ráquira, Tinjacá, Sutatá, Cogua,
Gachancipá y Guatavita se inició la tradición de estos pueblos en la cerámica,
un nuevo rubro para intercambiar.
Mantas, oro y alimentos se
cambiaban por otro cultivo importante: la coca. Era consumida básicamente durante las
labores agrícolas y en las fiestas y su producción se concentraba en las provincias de
los sutagaos y en Soatá y Tibacuy población limítrofe con los sutagaos; las
tierras del cañón del río Chicamocha y los cañones interandinos que formaron los ríos
Garagoa y Negro, fueron también productores. Más al sur, en Guatavita, Ubaque y
Fómeque, tenían sembrados y parte de ellos se destinaban al intercambio.
De lo que si carecía la
región era de yacimientos importantes de oro para preparar con el metal las ofrendas para
los dioses. Se obtuvo cambiándolo por mantas, sal y cerámicas y así pudieron los
orfebres de Guatavita adornar a zaques y zipas y organizar los rituales.
Finalmente, la cabuya para la
elaboración de pitas, la leña para la preparación de la sal, los totumos o recipientes
de origen vegetal, la miel y la cera de abejas, las esmeraldas, pieles y adornos de
plumería, fueron otros productos que se transaron en la región cundiboyacense durante
los siglos XVI y XVII.
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