(continuación capítulo Poblamiento)

UN RECORRIDO NATURAL

El departamento de Boyacá puede conocerse a partir de nichos ecológicos naturales (Revista Anales de Economía y Estadística, 1953).

Valle del Magdalena. Es bajo y plano, de conformación selvática y pantanosa. El subsuelo es rico en hidrocarburos.

Vertiente occidental. Está compuesta por numerosas serranías y su principal accidente lo forma la hoya del río Minero. Aquí se encuentran las famosas minas de esmeraldas de Muzo y Coscuez.

Valle de Chiquinquirá. Es la prolongación del valle de Ubaté. Lo encajonan las cordilleras del Santuario al occidente y Fandiño y Mazamorral al oriente, todas con elevaciones mayores a los 3 mil metros sobre el nivel del mar (m.s.n.m) . Lo riega el río Suárez.

Vertiente de Moniquirá. La baña el río Moniquirá. Está formada por pequeños valles separados por serranías y alturas paramunas que descienden hacia el valle del Magdalena. Disfruta de variedad de climas aptos para muchos cultivos.

Altiplanicie Central. Se prolonga desde Tunja hasta Soatá. Varios valles la conforman siendo así una región discontinua: el primero compuesto por la meseta de Tunja, bastante árida y fría, y los valles de Tundania y Belén, tierras de excelente calidad que cubren las tierras de Duitama y Sogamoso. El segundo, cubre las regiones de Susacón y Soatá, y el altiplano se estrecha y desciende hacia el cañón del río Chicamocha; las tierras son de ladera y en algunos sitios presentan temperaturas de 20º C. La tercera zona son los cerros y páramos que encajonan el altiplano por el occidente y que sirven de límite con el departamento de Santander

Altiplano de Ramiriquí. Por allí pasan los ríos Lengupá y Garagoa. No es una planicie homogénea, sino varios y pequeños valles como los de Jenesano, Ramiriquí, Tibaná y Turmequé. En esta región se inicia la vertiente oriental.

Región de los Páramos del Cordón Magistral. Se prolonga hasta la Sierra Nevada del Cocuy. Presenta las mayores alturas del departamento.

El Valle de Tenza. Se caracteriza por ser muy quebrado gracias a las cuencas de los ríos Súnuba o Somondoco, y Garagoa. Su parte fría pertenece al departamento de Cundinamarca y la templada a Boyacá.

El departamento de Cundinamarca presenta las siguientes regiones naturales (Hermano Justo Ramón 1949):

Río Negro oriental. Semeja un triángulo formado por las cordilleras de Cruz Verde, San Vicente y Chingaza. Está compuesto por valles estrechos y profundos cañones de los ríos Negro, Cáqueza, Sáname y Blanco.

Sumapaz. La mayoría del territorio del macizo de Sumapaz es montañoso. Se encuentran allí alturas desde 1.874 m.s.n.m. hasta alturas nevadas de 4 mil 300 m.s.n.m. y algunos valles estrechos. La temperatura oscila entre los C y los 27ºC (Guhl, 1972).

Hoya del río Guavio. Se localiza al noreste de la Sabana de Bogotá. La región comprende todos los climas. La topografía es bastante quebrada alcanzando pendientes hasta del 90%.

Sabana de Ubaté. Es la prolongación de las altiplanicies de la Cordillera Oriental. Presenta características muy similares a la Sabana de Bogotá (Guhl, 1976) Sabana de Bogotá. Abarca la parte alta de la cuenca del río Bogotá. Tiene una tensión de 4 mil 250 kilómetros cuadrados de los cuales 1.200 son totalmente planos (Guhl, 1972).

Hoya del río Negro. En sentido este-oeste es límite entre las regiones de altiplanos y el Valle del Magdalena y en sentido norte-sur, entre clima húmedo y seco. Su configuración es quebrada y presenta todas las temperaturas.

Región del valle del Magdalena-Girardot. Presenta las características del Valle Magdalena. Su clima es más seco que al norte.

MEJOR PARA VIVIR

Pare ce ser que la relación entre humedad y temperatura ha sido la variante desde épocas prehistóricas, utilizaron los pobladores para determinar el mejor clima para vivir. Ellos definieron que el óptimo se encontraba aproximadamente entre los mil y los 3 mil m.s.n.m. (Ernesto Guhl, 1972). Quizás ello relación con la elección de los muiscas —pobladores de la región al momento de la llegada de los españoles— de apropiarse y rebasar el altiplano boyacense. Así marcaron la pauta para los poblamientos posteriores.

Los primeros cronistas que describen el descubrimiento del altiplano cundiboyacense, como Gonzalo Jiménez de Quesada y Fernández de Oviedo, mencionan con asombro la cantidad de población que se asentaba en la zona central Cordillera Oriental.

En términos más generales se puede decir que el entorno físico influyó en el desarrollo sociopolítico de los habitantes prehispánicos de la región y que el área mencionada se constituye, desde la época de los muiscas, en el eje central.

 

Hace muchos, MUCHOS AÑOS

En tiempos remotos antes del presente hubo quienes utilizaron de manera espontánea los recursos del espacio; hombres y entorno fueron cambiando y cambiándose mutuamente.

CAZADORES Y RECOLECTORES

La elaboración de instrumentos en piedra o hueso para la caza y luego de cerámica asociada a la actividad agrícola y a la cocción de alimentos cultivados, son rasgos predominantes del período lítico. Los estudios palinológicos y arqueológicos —las evidencias corresponden a los primeros hombres que ocuparon este territorio— han permitido conocer una secuencia climática y cultural para este período, que abarca desde el año 13 mil a.P. (antes del presente) aproximadamente, hasta el 3 mil a.P. Todos los vestigios encontrados son de la Sabana de Bogotá, zona apta para la vida humana.

TODO ERA FRÍO

Durante dos siglos el clima fue frío y seco. La línea de bosque comenzaba 1.300 metros más abajo que en la actualidad y la vegetación correspondía a un páramo. Esta etapa está asociada al pleistoceno tardío en Colombia y al interestadial de Guantiva, según la estratigrafía de la Cordillera Oriental (Van der Hammen, 1985).

Los primeros vestigios culturales, corresponden a instrumentos líticos llamados abrienses, herramientas rudimentarias y muy poco especializadas, hechas a partir de lascas y con percusión. La industria lítica aparece en éste y otros períodos posteriores.

En el sitio de Tibitó —en la capa cultural más antigua— en el año 11 mil 740 a.P, se hallaron además instrumentos de hueso, restos de megafauna identificada como mastodontes (Hoplomastodom y Cuvieronius hyodon), restos de caballo americano (Equus Anierhipuus lasallei Daniel) y especies menores como venados (Odocoileus virginianus) y zorros (Cerdocyon Thous) (Correal, 1990:77).

ALGO MÁS DE BOSQUES

Del año 11 mil al 9 mil 500 a.P. se conforma el último período del pleistoceno en Colombia. El clima corresponde a un subpáramo con bosques y áreas de pradera (Correal, 1990). La megafauna se extinguió y abundaron especies menores como venados, curíes y armadillos.

Hasta este momento los seres humanos aprovecharon los abrigos rocosos como forma de asentamiento. Su actividad principal era la caza combinada con la recolección. La organización social se basaba en agrupaciones tipo bandas poco numerosas y seminómadas. Alrededor del año 10 mil a.P., la Sabana de Bogotá se cubrió de bosques propios de altiplano como el roble, el encenillo y el aliso (Correal, 1990). Se da comienzo al holoceno en Colombia. En esta época se intensificaron los procesos de recolección y se redujo la actividad en los abrigos rocosos. Seguramente se combinaron con otras estrategias de adaptación usando cobertizos temporales, en épocas de cacerías largas y recolección.

CRECIMIENTO Y MADUREZ

Las evidencias muestran que entre el año 7 mil 500 y el 3 mil a.P., hubo grupos de cazadores recolectores y algún tipo de agricultura incipiente. Para este momento ya prácticamente los abrigos rocosos fueron abandonados y se construyeron viviendas en forma circular sobre terrazas elevadas libres de inundaciones. Los asentamientos pues eran más estables. A juzgar por el tipo de ritual funerario de entierros colectivos encontrados en el sido de Aguazuque y el desarrollo de artefactos utilitarios, había una mayor población y una organización más compleja. La presencia arqueológica de restos de tortuga, caimán y conchas indican contactos entre el Valle del Magdalena y la altiplanicie oriental (Correal, 1990).

No se conoce si los primeros pobladores del período lítico abandonaron estos sitios de la Sabana de Bogotá y si fueron reutilizados por grupos nuevos, o si evolucionaron hacia formas más complejas, apropiándose definitivamente de estos espacios. Las evidencias arqueológicas no presuponen continuidad.

NUEVAS GENTES

Los desarrollos culturales que se suscitaron desde finales del período lítico (aproximadamente 3 mil a.P) hasta el muisca (siglo VII d.C.), enmarcan una nueva etapa, el período Herrera o premuisca, que toma su nombre de la clasificación que se le dio a un tipo de cerámica encontrada en varios sitios de la región cundiboyacense y parte de Santander

Hacia el año 3 mil a.P. los abrigos rocosos vuelven a ocuparse—después de ser abandonados—, pero ya no como sitio de refugio principal por cuanto a su lado se construyen viviendas (Correal y Van der Hammen, Soacha, 1977 y posteriormente Correal y Pinto, Zipacón, 1983). Los vestigios arqueológicos encontrados corresponden a artefactos líticos abrienses, cerámica Herrera, algunas pocas semillas de tierra fría y otras de aguacate y batata que suponen contacto con tierra caliente. Hay entonces evidencia de agricultura y existe la hipótesis de que la Sabana de Bogotá fue reocupada por gentes con tradición agrícola y alfarera provenientes de las tierras bajas del río Magdalena.

Hoy en día se conocen más de 30 sitios arqueológicos con cerámica Herrera. De ellos sólo 10 se relacionan con abrigos rocosos, que seguramente fueron utilizados como un anexo a la vivienda construida en cielo abierto. Se ignoran la forma y el tamaño de las casas pues no se ha podido reconstruir una planta completa. En la huella de algunos postes se han encontrado huesos de animales.

La dieta combinaba maíz y algunos tubérculos —papa, hibias y chuguas— con la cacería de venado, conejo y curí. Se elaboraron nuevos instrumentos como hachas, manos de moler, agujas de hueso. Se explotaron las salinas de Zipaquirá, Nemocón y Tausa que sugieren trabajadores especializados en cerámica y en la misma industria de sal.

En algunos sitios (Villa de Leyva, Cocuy, Fúquene, Sutamarchán, Tibaná, Paz de Río, Ramiriquí) se han hallado hileras de piedras verticales cuyo simbolismo y utilidad aún se desconocen. Parecieran tener relación con observaciones astronómicas.

De gran complejidad es pues este período. El poblamiento siguió la pauta de utilizar terrazas naturales altas, no anegables, cerca a fuentes de agua y con reutilización esporádica de las cuevas y abrigos rocosos. La agricultura y construcción de viviendas permite pensar en un mayor sedentarismo y un crecimiento demográfico difícil de precisar. En excavaciones llevadas a cabo en los municipios de Mosquera, Madrid y Bojacá, Silvia Broadbent (1971) encontró sectores con cerámicas hasta de 5 hectáreas de extensión, área suficiente para la construcción de una aldea. Marianne Cardale (1981) calculó, a partir de excavaciones hechas en las salinas de Zipaquirá, una población de 35 a 70 personas para una pequeña área y para el siglo 1 a.C., y para el siglo 1 d.C. concluye que la producción de sal aumentó considerablemente y estimó una población aproximada de 30 mil habitantes.

MAGNITUDES MUISCAS

Los españoles encontraron en el altiplano cundiboyacense una sociedad con un alto grado de organización social, jerarquizada y centralizada alrededor de caciques.

Centro de los muiscas, habían logrado expandir su dominio a otros menores para formar confederaciones. Los de mayor rango eran a veces llamados uzaques y/o zaques y estaban a la cabeza de cuatro confederaciones importantes: Bogotá, Tunja, Duitama y Sogamoso. Eran muy respetados y tenían gran autoridad; se les homenajeaba con regalos, la hechura de su casa y la labranza que ellos que retribuían con gran generosidad a través de fiestas, presentes y comida, y en muchas ocasiones en una cantidad mayor a la que recibían. Era la forma de conseguir prestigio y afirmarse como señores principales.

La confederación de Bogotá era la más poderosa y grande del territorio muisca a la llegada de los españoles, pero parece que este dominio lo había logrado pocos años antes de la conquista el cacique Suguanmachica (1470-1490) quien empieza a expandir su territorio mediante campañas bélicas contra Fusagasugá, Guatavita, Ubaque y Tunja. Para 1536, ya Bogotá había logrado sujetar a los tres primeros poblados.

Dos tipos de capitanías eran la base de la sociedad muisca. Las de menor categoría se llamaban Utas y unión formaba capitanías mayores o Sybyn. Es probable que estas unidades sociales se hayan homologado en la Colonia con el término de parte o parcialidad. La unión de capitanías formaba la unidad cacical.

Los cargos de caciques y capitanes se heredaban a los hijos de hermana mayor, es decir, al sobrino por línea materna, que necesariamente pertenecía a una determinada capitanía formada por grupos de parentesco matrilineal exogámico con un territorio propio. La pertenencia a la capitanía la daba la madre. Los muiscas estaban ligados a un territorio específico por pertenecer a una determinada capitanía y no al revés, como sucede en una formación estatal. A partir de las capitanías se organizó el poblamiento, la territorialidad, la propiedad comunal de la tierra y en general la estructura socio-política de los cacicazgos muiscas.


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