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3.
POLÍTICA
Laboratorio del radicalismo
Se presenta un cuadro del proceso político de
Santander, con énfasis en los ricos sucesos del siglo pasado, época en la cual los
hechos que conformaron políticamente a la región tuvieron su mejor origen. La hipótesis
que subyace en esta historia es que la fragilidad de la relación economía-sociedad ha
condicionado el comportamiento político en Santander.
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Fotografía de Quintilio
Gavassa
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Juan Femando Duarte Borrero:
Auxiliar de investigación en el proyecto UIS / Colciencias:
Historia de la
regionalización de los Santanderes. Prepara su tesis sobre el proyecto político del
general Solón Wilches.
LA DESBORBONIZACIÓN DE LOS COMUNES
El levantamiento comunero de
1781 se originó en una real disposición que limitaba a los socorranos el cultivo del
tabaco, del cual dependía la mayor parte de las manos útiles de la región.
Desde el ascenso del rey
Carlos III al trono español en 1759, los dominios ultramarinos de la metrópoli fueron
objeto de una serie de innovaciones administrativas que se han conocido como las Reformas Borbonicas. La necesidad de
fortalecer financieramente al imperio se tornó cada vez más intensa ante el incremento
del poderío de monarquías enemigas, como la de Inglaterra, frente a las cuales España
parecía estar perdiendo posiciones. Para realizar el proyecto de construir un Estado
fuerte, dinámico y moderno, capaz de competir con las demás potencias europeas en todos
los sectores, se requería de un programa de modernizaciones. Aunque se inició durante el
reinado de Felipe V (1700-1746), encontró su máximo desarrollo con Carlos III
(1759-1788). La intención de la Corona española era producir una auténtica
reorganización de su imperio, lo cual exigía avanzar hacia una mayor centralización en
todas las esferas y hacia un control más estricto sobre las producciones de los
territorios de ultramar.
Para tal efecto fue creado el
Virreinato de la Nueva Granada, en el cual sus virreyes podían estar revestidos de
mayores poderes y funciones, si bien se planearon intendentes y visitadores
plenipotenciarios para balancear algún eventual abuso de la autoridad delegada. Por otra
parte, se comenzó a ejercer un control directo sobre los productos más lucrativos para
la Real Hacienda, con el propósito de mantener altos sus precios y así poder financiar
las Armadas que se requerían contra Inglaterra, así como los sueldos de los soldados y
funcionarios que servían al Estado.
EL TABACO REAL
LIMITADO
Uno de los productos que a la
sazón ofrecía mayores rentas a la Corona en el Nuevo Reino de Granada era el tabaco. Con
el propósito de conservar esos ingresos, la política realenga se dirigió al control de
los niveles de producción para mantener alto su precios Con ese fin fue enviado al
virreinato un
visitador plenipotenciario encargado de
supervisar que las magnitudes de su producción libre e indiscriminada no fuesen a
provocar una caída de sus precios en el mercado europeo. Se trataba de don Juan Francisco
Gutiérrez de Piñeres.
El principal centro productor
de tabaco en la Nueva Granada era la provincia del Socorro, cuyas gentes desde siempre y
hasta nuestros días han basado su desarrollo en la producción de bienes agrícolas: a lo
largo de su historia han dependido sucesivamente de la demanda y del nivel de los precios
del tabaco, el añil, la quina y el café en el mercado mundial, lo cual les ha permitido
acumular considerables capitales a costa de una constante angustia social, fuente de no
pocos conflictos armados.
En las parroquias de la
provincia del Socorro los cultivos de tabaco llenaban los campos hasta que una real
disposición limitó su producción, liberando en cambio los cultivos existentes en la
jurisdicción de la ciudad de Girón y la parroquia de Zapatoca, donde los suelos arenosos
facilitaban la producción de una hoja de mejor calidad para el mercado mundial. El
descontento del campesinado socorrano no paraba mientes en la mirada planificadora del
Estado Borbón, porque de lo que se trataba para ellos era de un agravio a su libertad
económica: la comercialización de la hoja de tabaco era una actividad básica en el
proceso de monetización del trabajo campesino, con el cual podía adquirirse la sal y
otros géneros de primera necesidad. La contradicción entre el proyecto del Estado y las
necesidades del campesinado arrastró a varios grupos sociales a la insurreción del Común en 1781.
LA REBELIÓN COMUNERA
El levantamiento comunero de
1781, como lo serían los de 1885 y 1899, fue el resultado de una crisis que se generó
por la ruptura política de un equilibrio económico basado en el cultivo y la
comercialización del tabaco. Ese acontecimiento, conocido popularmente con el nombre de la revolución de los comuneros, expresó
patéticamente la profunda conmoción social que podían originar las limitaciones
impuestas a la producción campesina mercantilizable.
Iniciado el 16 de marzo por
un incidente de protesta en la plaza del Socorro, se regó la insubordinación como
pólvora en todas las parroquias de su provincia. La movilización campesina llevó veinte
mil comuneros al sitio del Mortiño, en las cercanías de Zipaquirá, donde se entablaron
las negociaciones con los enviados del virrey Flórez y del visitador Gutiérrez de
Piñeres. Con su peculiar habilidad y autoridad, el arzobispo Antonio Caballero y Góngora
negoció con los dirigentes del movimiento unas célebres Capitulaciones que detuvieron la marcha hacia Santa
Fe y devolvieron a los comuneros al seno de sus hogares.
Un último coletazo del
movimiento, acaudillado por José Antonio Galán, pronto fue conjurado con la ayuda de
algunos capitanes socorranos, entre ellos el capitán Nieto que lo capturó no muy lejos
de Onzaga. A la amnistía general siguió la pacificación de la provincia socorrana con
una misión de religiosos capuchinos, un programa de administración general del
sacramento de la confirnación y unas célebres fiestas de alborozo por el ascenso del
arzobispo Caballero y Góngora al mando del virreinato.
Pese a su corta duración, el
evento introdujo nuevas ideas políticas dirigidas a la legitimización del movimiento
social, entre ellas la de soberanía popular que
en lo sucesivo aparecería en los escenarios políticos de la región. En efecto, durante
el siglo XIX fue aquí donde arraigó con mayor fuerza la idea de una libertad económica
ilimitada, congruente con una economía fundada en la producción generalizada de muy
pocas mercancías exportables y un comercio dependiente de ellas: el liberalismo
económico encontró por ello en Santander su suelo más fértil, condicionando el ejercicio de la política
pública y los movimientos sociales.
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