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2.
ECONOMÍA
Industria de quimeras
Trataremos sobre
la economía en el territorio de los actuales departamentos de Santander y Norte de
Santander que ocupa una extensión de más de 52 mil kilómetros cuadrados. Su geografía
goza de los más variados climas y se encuentra bañada por abundantes quebradas y ríos.
Sobre ese ecosistema tan variado como rico, han trasegado los santandereanos arrancándole
con su trabajo la subsistencia de muchas generaciones. A lo largo del tiempo la
explotación económica ha sido variada y ha tomado formas distintas.
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Fotografía Marco A.
Gonzáles
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Jairo Gutiérrez Ramos:
Sociólogo y Mágister en Historia, Diplomado en Archivística en Madrid, Profesor del
Depto de Historia de la Universidad Industrial de Santander e Investigador del Centro de
Documentación e Investigación Histórica Regional.
LABOR
EN EL SESGO NATURAL
Los primitivos habitantes de
lo que actualmente es Santander fueron pueblos laboriosos gracias a lo cual comerciaron
con las comunidades circunvecinas, especialmente con los muiscas.
El extenso y variado paisaje de los actuales
santanderes se encontraba ocupado en sus diversos nichos ecológicos por distintas tribus
indígenas, cada una de las cuales, a su manera, procuraba obtener de la naturaleza
circundante sus medios de subsistencia e intercambio. Sin embargo, en términos generales
podríamos decir que los grupos indígenas de este territorio se dividían en dos grandes
categorías:
1) Recolectores y Cazadores:
por tener su hábitat en un medio inhóspito y
selvático tuvieron una economía basada en la simple apropiación, mediante la
recolección, la caza y la pesca, de los recursos necesarios para su subsistencia. Estos
pueblos selváticos, belicosos e indómitos habitaron en las zonas cálidas, en las
cuencas y valles de los ríos Magdalena, Zulia, Catatumbo.
2) Agricultores y Artesanos:
vivieron en el ambiente más benévolo de la zona andina y alcanzaron un mayor grado de
desarrollo económico y social. Estos, a diferencia de los anteriores, practicaron la
agricultura y la artesanía. En consecuencia fueron pueblos más numerosos, sedentarios y
relativamente pacíficos.
ECONOMÍA DE
LAS
SELVAS TROPICALES
En la categoría de pueblos que vivían primordialmente de lo que la
naturaleza les proporcionabas podemos clasificar a los opones, carares y yariguíes que
ocupaban el actual Magdalena medio santandereano; así como a los motilones que ocupaban
el valle de Cúcuta y las selvas del Catatumbo.
De ancestros y lenguas de
origen caribe, se caracterizaron por su belicosidad y amor a la libertad. Vivían a sus
anchas en el ambiente selvático que los rodeaba y les ofrecía con abundancia y sin
mayores esfuerzos el alimento. Algunos de ellos practicaron, sin embargo, una especie de
agricultura primitiva y trashumante, en concordancia con su organización social de bandas
tribales y su forma de vida nómada y belicosa.
Estos pueblos sólo
mantuvieron intercambios ocasionales con sus vecinos para obtener aquello que no les
ofrecía su medio ambiente, como la sal. Carares, opones y yariguíes obtenían sal de los
muiscas a cambio del oro. Este metal lo recibían de los pueblos que moraban más al norte
de la ribera magdalenense a cambio de la misma sal y de la coca que se daba de manera
espontánea en su territorio. Se constituían así en una especie de intermediarios
inevitables entre la economía muisca y la región momposina, hasta Tamalameque. Algo
similar ocurría con los motilones en el norte, ya que estos dominaban un amplísimo
territorio imposible de transitar sin su consentimiento.
Por lo demás, practicaron
algunas formas muy rudimentarias de artesanía utilitaria destinada a satisfacer sus
necesidades domésticas básicas. Fueron, pues, productores de una alfarería tosca y
precaria, así como de tejidos burdos elaborados a partir del hilado del algodón
silvestre y, en algunos casos, como el de los motilones, elaboraron también cestas y
productos bastos de fique que les sirvieran para su uso y como eventuales medios de
intercambio con las tribus vecinas.
ECONOMÍA DE LOS
PUEBLOS ANDINOS
Los pueblos selváticos que
se asentaron en las montañas se caracterizaron por un nivel mucho más avanzado de
desarrollo económico y social. Los guanes y los laches, habitantes de la zona andina del
actual Santander y los chitareros del Norte fueron pueblos sedentarios, con una mediana
organización política basada en los cacicazgos y dedicados principalmente a la
agricultura y a la producción artesanal.
De los guanes, el pueblo más numeroso de la
región al momento de la conquista (unas 100 mil personas), se sabe que cultivaban
algodón, tabaco, tique, coca y productos alimenticios como maíz, yuca, fríjol,
arracacha, batata y ahuyama. Debido a la sequedad de su territorio, los guanes debieron
implementar una sofisticada agricultura de regadío mediante largas acequias por medio de
las cuales canalizaban el agua de ríos y quebradas hasta sus sementeras.
Eran además diestros
hiladores y tejedores de mantas y mochilas de algodón así como de sogas y costales de
fique. Desarrollaron también la alfarería y mantuvieron un permanente intercambio con
sus vecinos muiscas, panches, opones, carares y yariguíes: al importante mercado de
Sorocotá (Boyacá) llevaban los guanes periódicamente algodón en rama y hojas de coca
así como sus apreciados tejidos de algodón y fique para intercambiarlos por sal, mantas
y cerámica fina, esmeraldas y oro. En su territorio realizaban mercados regionales en
Oiba y Charalá.
Los laches, por su parte,
acupaban el territorio de la actual provincia santanderiana de García Rovira. Eran, como
los guanes, un pueblo de agricultores-artesanos que producían maíz, coca, algodón,
fique y productos de tierra fría como la papa. Con el algodón y el fique fabricaban
tejidos, que, junto con la cerámica y la coca, les servían para obtener de los muiscas
mantas finas y orfebrería.
Más al norte, en la actual
provincia de Pamplona y hasta las sierras de Mérida (Venezuela), se extendía el
territorio de los chitareros. Con una economía muy similar a las anteriores, producían
yuca, maíz, batatas, apios, frijoles y achiote (bija).
Eran también tejedores y alfareros y todo parece indicar que practicaban
ocasionalmente la minería del oro en los yacimientos de sus dominios (las vetos de Pamplona). Su comercio se centró en el
intercambio de oro y bija por mantas, cerámica, orfebrería y cestería con muiscas,
laches y motilones.
Gracias a las diferencias
ambientales, económicas y sociales, y por ello mismo, los pueblos que habitaron el actual
ámbito santandereano mantuvieron entre con los pueblos circunvecinos permanentes e
importantes intercambios de productos que prefiguran la especialización productiva
subregional y los circuitos comerciales que habrían de permanecer por mucho tiempo. Por
lo demás, los rasgos dominantes de las economías precolombinas de Santander, con
énfasis en la agricultura y la artesanía, se convertirían en la matriz que moldearía,
hasta bien entrado el siglo XIX, la producción regional aunque, por supuesto, la
dominación española significó para las comunidades indígenas una profunda
modificación de sus formas tradicionales de explotación de los recursos naturales, de
los sistemas y ritmos de trabajo y de la distribución y consumo de lo producido.
SACUDÓN FEBRIL DEL SIGLO XVI
La economía colonial se
estableció y consolidó en Santander a lo largo de los siglos XVI y XVII alrededor de
Vélez, Pamplona, Girón, San Gil, Ocaña y el Socorro.
Los conquistadores
prefirieron asentarse en los territorios ocupados por aquellas etnias que habían
alcanzado un mayor grado de desarrollo económico y social: se limitaron a ocupar efectivamente sólo aquellos espacios
anteriormente controlados y explotados por guanes, laches y chitareros.
Opones, carares, yariguíes y
motilones fueron considerados mas como enemigos irreductibles que debían ser aniquilados
que como eventuales sujetos de dominación y explotación. Su hábitat salvaje y malsano,
sus primitivas formas de vida y su crónica beligerancia hicieron de ellos comunidades
marginadas de la sociedad colonial que
comenzaba.
Puede decirse, pues, que la
producción colonial temprana en Santander se sustentó en las comunidades indígenas más
avanzadas que debieron soportar sobre sus débiles estructuras económicas el pesado
edificio del colonialismo hispánico y en el espíritu empresarial de los conquistadores,
acicateado por su ambición desmedida y su conocida avidez de riquezas y honores.
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