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(continuación
capítulo Poblamiento)
EL PORTÓN DE QUESADA
La población hispana en la
región en un principio la motivó la necesidad de controlar la entrada al Nuevo Reino y
después la fiebre del oro. Tales los orígenes de Vélez y Pamplona.
E
l 3 de julio de
1539 y con el nombre de Vélez se fundó una ciudad. Su destinación fue asegurar el
derecho quesadista al control de la primera puerta de ingreso al Nuevo Reino por el río
Opón. Un mes y medio después fue trasladada la sede del asentamiento desde los términos
de Ubaza hasta el territorio del cacique Chipatá, donde se podía controlar mejor el
ingreso de los caminantes que marchaban hacia Tunja y Santa Fe.
Desde allí se organizó
entonces el reparto de los indios y de las tierras de la provincia de Vélez entre los
soldados quesadistas. Pronto hicieron su negocio con el abastecimiento de conservas,
carnes, quesos y panes a los pasajeros que entraban y salían del territorio del Nuevo
Reino por el río Magdalena. No es posible asegurar que las primeras cañas azucareras
fueran introducidas en el territorio de esta ciudad por don Alonso Luis de Lugo, quien las
habría traído desde las haciendas de su abuelo en la isla de Tenerife, pero lo que sí
es seguro es que la manufactura del dulce (conservas, azúcares y mieles) definió desde
muy temprano la vocación del trabajo veleño, como el gusto por la cría de ganaderías
de carne, paso y carga.
El control del puerto del
desembarco y el comercio de las ropas de Castilla y de esclavos hizo la riqueza temprana
de los veleños, consolidada por la exportación de bienes agropecuarios y artesanales
hacia los distritos mineros del río del Oro, Mariquita y Antioquia. El trazo del camino
por el río Carare en 1543 alivió ciertas incomodidades del primer camino.
EXPANSIÓN PAMPLONITA
El día de Todos los Santos
del año 1549 fue fundada Pamplona, la segunda ciudad en el actual territorio
santandereano, por Pedro de Ursúa y por el capitán Ortún Velasco.
Asesorados por un perito minero, los vecinos de
Pamplona hallaron en 1551 las arenas auríferas de los ríos Suratá y del Oro, seguidas
por las vetas del Páramo Rico. Se generó así una fiebre de oro que movilizó decenas de
cuadrillas de lavadores indígenas hacia las reales minas, atrayendo de paso a los
comerciantes de vino, ropa, hierro y abastos. En 1553 se contaron setenta españoles
avecindados en esta ciudad, atraídos por la posibilidad de extraer oro a bajo costo:
la
renta de las encomiendas indígenas subsidiaba con trabajo y mantenimientos la
producción, amén de que el oro circulante propiciaba la expansión del comercio
pamplonés y las ganaderías de los valles de Cúcuta.
Las demandas de mano de obra
indígena promovieron nuevas empresas conquistadoras de los vecinos pamploneses hacia el
nororiente. Con su empuje nacieron las ciudades de San Cristóbal y Mérida. Los nuevos
grupos étnicos conquistados surtieron de fuerza laboral los distritos mineros, las
haciendas y la arriería del comercio, mientras Pamplona disfrutaba de algunos consumos
suntuarios que para algunos era sólo una muestra de su imprudencia por la fiebre
aurífera. Sin embargo, buena parte de los excedentes fueron gastados en el mantenimiento
de tres conventos de frailes, un monasterio de clarisas y un colegio de los jesuitas.
La búsqueda de una nueva
ruta hacia el río Magdalena, diferente a la que ofrecía el río Lebrija y su puerto de
Botijas, propició la fundación de la ciudad de Ocaña en 1570 por un grupo de
pamploneses encabezados por el capitán Francisco Fernández de Contreras. El proyecto, no
obstante, adquirió tal autonomía que el vecindario ocañero se esforzó por desviar la
ruta de la ropa de Castilla hacia su puerto, convirtiéndose rápidamente esta ciudad en
un centro comercial de intercambio entre las ciudades del Nuevo Reino y la gobernación de
Santa Marta.
Otra ciudad fundada por la
expansión de las actividades del vecindario pamplonés fue la de Salazar de las Palmas,
enclavada en la ruta comercial que unía a Pamplona con los puertos del lago de Maracaibo
por el río Zulia. El capitán Alonso Esteban Rangel realizó en 1583 esta fundación y
estableció el puerto fluvial zuliano que desde entonces sirvió al comercio y permitió a
los pamploneses acceder a una amplia gama de mercados externos para su harina, jarcia,
cacao y ganadería. Con el mismo propósito se fundó hacia 1662, río Zulia abajo, San
Faustino de los Ríos, un logro de la persistencia del capitán Antonio de los Ríos
Jimeno para mantener la ruta hacia los puertos del lago de Maracaibo pese a la resistencia
de chinatos y motilones y a las vicisitudes
del asentamiento en una zona tan despoblada.
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Santanderes
poblamiento prehispánico. Grupos etnicos
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SAN JUAN GIRÓN
La capitulación original
para la fundación de esta ciudad fue otorgada en 1630 por el presidente Sancho de Girón
a un prestante vecino de Vélez, el capitán Francisco Mantilla de los Ríos, comisionado
para limpiar el río Sogamoso de supuestos ataques perpetrados por los indios yariguies a las embarcaciones que se fletaban por
dicha ruta hacia Mompox, y para que fundase una nueva ciudad a sus orillas.
Sin embargo, Mantilla asentó
la ciudad en el sido de Zapamanga para extender su jurisdicción sobre el pueblo de indios
y distrito minero de Bucaramanga, lo cual le valió perder un pleito seguido en su contra
por el cabildo pamplonés. Suspendido temporalmente el proyecto, fue reanudado por su
sobrino español, llamado Francisco Fernández Mantilla de los Ríos, quien en 1636
refundó la ciudad en el sitio de Pujamanes y en 1638 la trasladó junto al río del Oro,
donde hoy permanece.
Como cabeza de gobernación,
Girón explotó las plantaciones de cacao en las márgenes del río Sogamoso y mantuvo
activo el tráfico comercial por dicha ruta hasta Mompox, estimulando el mazainorreo de
las arenas auríferas de los ríos del Oro y Lebrija.
POBLAMIENTOS
FALLIDOS
Tres ciudades más fueron
fundadas en el hoy territorio santandereano pero su poblamiento no pudo durar mucho por
los líos jurisdiccionales que crearon o por motivos del cálculo económico. Málaga
surgió en 1541 en la zona de las quebradas de Tequia como realización de una aspiración
del mismo fundador de Tunja, ejecutada por el capitán Jerónimo de Aguayo, pero don
Alonso Luis de Lugo ordenó despoblarla casi tres años más tarde como parte de su
estrategia contra los quesadistas.
La ciudad Franca de León fue
fundada en la provincia de los indios yariguíes en 1551 por un destacado vecino veleño,
el capitán Bartolomé Hernández de León, pero este intento pionero de colonización del
medio Magdalena no pudo fructificar porque no contaba con la licencia de la Real
Audiencia.
Finalmente, la ciudad de
Villa Rica de los Cañaverales, poblada por el mismo fundador de San Juan Girón en 1638
en las vegas del río Lebrija y gobernada por uno de sus tenientes, Pedro del Castillo y
Quijano, fue destruida no sólo por la oposición del cabildo de Pamplona sino por el alto
costo de los fletes para llevar la miel de caña a los mercados de Mompox y Pamplona, lo
que obligó hasta el propio Colegio de los Jesuitas de Pamplona a abandonar su hacienda de
Provincia.
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