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9. VIDA COTIDIANA
PREGONEROS
Se
tratan aspectos de la vida cotidiana de la costa caribe. Su ambiente de fiesta y alegría,
el modo de ser y sus raíces, el vocabulario y algunos de los más utilizados giros en el
lenguaje, la deliciosa y variada cocina junto con las características de los hogares y la
religiosidad.
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Fotografía archivo El Colombiano
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Dolcey Romero
Jaramillo: Licenciado en Ciencias Sociales, Magister en Historia de Colombia,
Profesor Universidad Simón Bolívar. Oliverio del Villar Sierra:
Historiador, geógrafo, periodista y poeta. Investigador de culturas indígenas.
LA
VIDA, una gran fiesta
Alegría vital y espíritu
festivo, bullicio y antisolemnidad, son rasgos de los caribeños colombianos, fruto de la
amalgama de razas en la que la negra hace un gran aporte.
Con posterioridad a la
conquista española fueron muchos los habitantes que lograron vivir con cierta autonomía
y libertad, a pesar de los esfuerzos de las autoridades españolas por mantener unos
fuertes controles sociales y morales. Así proliferaron caseríos y sitios de arrochelados
en donde negros libres, indios, blancos pobres, mulatos, zambos y mestizos vivían sin la
presencia y el dominio directo de la corona española.
Las autoridades civiles y
eclesiásticas se quejaban insistentemente en los informes que enviaban a la corona de las
costumbres de los arrochelados. Fue el obispo de Cartagena quien a finales del siglo XVIII
recorrió la provincia con el propósito de conocer y llevarle pasto espiritual a sus
ovejas pues las encontraba en una universal
relajación y corrupción de costumbres.
El obispo llamaba la
atención de las autoridades para que se prohibieran los bailes que vulgarmente llaman
bundes. Según su criterio eran la causa del poco interés que los costeños de la época
tenían por la religión. Además consideraba, al igual que otras personas, que con estas
fiestas se ofendía a Dios.
No obstante las prohibiciones
las fiestas continuaron, con los cambios que trajo la Independencia algunas de ellas se
institucionalizaron incluso al lado de las religiosas. Los fandangos, cumbiambas y varas
de premio siempre están presentes en las fiestas religiosas costeñas.
La alegría desbordante del
costeño se cristaliza en las festividades de cada lugar. Algunas concitan el interés del
país y del exterior y son consideradas regionales por su importancia: el Carnaval de
Barranquilla, el 11 de noviembre de Cartagena, el 20 de enero en Sincelejo, el Festival
Vallenato en Valledupar, la Fiesta del Mar en Santa Marta, la Feria de la Ganadería en
Montería y el Reinado del Dividivi en Rioahacha.
Las patronales operan en cada
municipio, y hay otras más sugestivas como las del mango, la ciruela, la arepa de huevo,
la del burro.
Los festivales por su parte
se empeñan en mantener vivo el folclor. En San Pelayo está el del Porro, el de la Gaita
en Ovejas, el de la Cumbia en el Banco. Niños, adolescentes y ancianos bailando, cantando
o tocando en el carnaval y los festivales, reafirman y sintetizan el quehacer fiestero y
rumbero del costeño. Cuando suenan el tambor, la gaita, la flauta de millo, suena el alma
costeña.
ĦAY OMBE!
El festival vallenato,
además de concurso musical, es una de las fiestas más significativas de la Costa. En él
se enfrentan los acordeoneros de la región con su única arma, el acordeón, acompañada
de la caja y la guacharaca. Pero no es sólo concurso de acordeón: También lo es de la
canción inédita y de piquería o versadores que constituyen todo un despliegue de
creatividad. Su origen se corresponde con el nacimiento del departamento del Cesar siendo
su primer ganador el Negro Grande de Colombia, el inmortal e insuperable Alejandro
Durán en 1968. Pero el vallenato mismo no nace con la llegada del acordeón a
nuestras costas procedente de Europa a finales del siglo XIX. Esta importante expresión
musical triétnica hunde sus raíces en la fusión temprana de la gaita indígena y el
tambor africano, Expandir la tradición musical vallenata y conservar su autenticidad ha
sido el porpósito esencial del festival. Se ha conseguido parcialmente pues si bien el
vallenato se escucha y se baila en todo el país, con la comercialización se ha ido
perdiendo su autenticidad.
ELITE Y BARBIES
El 11 de noviembre de 1811,
Cartagena se constituyó en la primera provincia de nuestro país en declarar la
independencia absoluta de España. Este acontecimiento tan simbólico en la historia
costeña, inexplicablemente es conmemorado desde 1934 con un reinado nacional de belleza.
El concurso nubla el significado de la independencia cartagenera. A nadie ya le interesa
el 11 de noviembre como fecha histórica sino como espacio para poder admirar las
concursantes quienes más ignoran el sentido de ese día.
Es, además, la más elitista
de las fiestas costeñas: los eventos más importantes se realizan en clubes de la
aristocracia cartagenera que todavía defiende la presencia en sus costumbres del
señorío español. Entre tanto, y en el mejor de los casos, el pueblo sólo ve a las
barbies colombianas por televisión, al igual que los habitantes de Puerto Leticia o el
Putumayo. Poco espacio queda para la promoción del folclor costeño y la cultura popular
en su conjunto.
EL
CARNAVAL Y EL RÍO
Los pueblos y ciudades que en
dirección occidental y oriental se levantan en el tramo de la llanura del Caribe bañada
por el río Magdalena, pueden considerarse como el área carnestoléndica del Caribe
colombiano.
En Barranquilla se realiza el
carnaval más conocido de la región parece ser que su inicio oficial fue en 1876.
Es el producto de la influencia del carnaval rural que ya desde el siglo XVIII se daba en
Tamalameque, el Banco, Plato, Mompox, Mangangué, Santa Marta. De allí llegaron a
Barranquilla las danzas de los Pájaros y la del Torito entre otras. Su origen se liga
también a las celebraciones que se realizaban en Cartagena con motivo del día de San
Sebastián. El santo tuvo que soportar en vida sufrimientos parecidos a los del hombre
negro y esa identidad en el sufrimiento terreno llevó al hombre negro, aculturado
cristianamente, a ver en San Sebastián su redentor de los tormentos causados por la
esclavitud.
La celebración se realizaba
en la Popa el 20 de enero: aparecían por las calles los hombres negros con sus tambores,
danzando y bailando con sus atuendos de acuerdo al cabildo al que pertenecieran. Los
cabildos más importantes eran los mandingas, caravalíes y congos, y para esta
celebración cada uno elegía sus reyes. Recordando las costumbres de la lejana madre
africana, los danzarines se cubrían con pieles de animales, se colocaban rodetes con
plumas en la cabeza, se pintaban el cuerpo y bailaban recorriendo las calles sable en mano
simulando combates entre los cabildos al son del tambor.
Un cuarto de siglo después
de la abolición de la esclavitud, en 1876, Barranquilla empezó a mostrar el tesoro de
las tradiciones que sus emigrantes habían transportado en el baúl de su cultura desde
Santa Marta y Cartagena.
El Carnaval de Barranquilla
es sin lugar a dudas la expresión de alegría colectiva mas intensa y el acontecimiento
folclórico por excelencia en el que se muestra la triétnicidad cultural de nuestro
país.
La vida es imposible sin la alegría. Para el costeño es una gran fiesta en la
que el, tiempo y el espacio están ahí para encontrarse con sus valores culturales. Un
campesino lleno de orgullo e identidad cultural decía en el festival de gaitas de Ovejas:
un par de gaitas y un tambor compadre, son
suficientes para llenar de alegría el mundo entero.
...Y HABLEMOS
Si no hablamos en la Costa el
mejor y más docto o empírico castellano de Colombia, sí producimos un lenguaje
original: Eche... esa vaina qué es, ah? Alfredo de la Espriella
La extroversión, la
irreverencia y el descomplique del costeño se exaltan en su peculiar forma de hablar. Es
apresurada, omite letras, usa volumen alto y primera persona. Además de la voz se usan
las manos, los hombros, todo el cuerpo, una síntesis de la facilidad de expresión y la
alegría comunicativa del costeño.
Dichos y expresiones
identifican a todos los naturales del Caribe colombiano. contracción para qué se transforma en pa 'qué, para cuando en pa 'cuando y para
mañana en pa 'mañana y la precipitación
al pronunciar las palabras hace que este que está
acá atrás se transforme en ete-que-ta-ca-trá.
Existen
también claras
diferencias entre los estilos de unos y otros departamentos.
Entre
Bolívar, Sucre y Córdoba, y el Atlántico. O La Guajira y Cesar, y Magdalena.
En muchos lugares, sobre todo
en las sabanas de Bolívar y Sucre, es común oír decir vedde en vez de verde o la puetta en vez de puerta, duplicando la consonante
que sigue a la ere. Algo similar ocurre en otros países del Caribe que comparten las
mismas raíces.
En Puerto Rico la ere se convierte en ele al hablar mas no al escribir, lo mismo que en
nuestra Costa Atlántica. Dicen velde y puelta. Y
es grande el parecido que tienen un panameño y un cartagenero al hablar. En el
departamento del Atlántico y en el del Magdalena, desaparece el golpeao propio de los bolivarenses y sucreños y
la musicalidad del hablar vallenato y guajiro.
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