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(continuación capítulo
Política)
ORGANIZACIÓN POLITICA
Tanto
taironas como zenúes basaban su organización política en el cacicazgo, característica
principal era la diferenciación y especialización de los grupos sociales existentes en
la comunidad: unos se dedicaban a la organización política, otros a la cuestión
religiosa, otros a la guerra y otros a labores artesanales y comerciales.
A pesar de que en ambas
culturas el cacicazgo era la base de su organización política, en cada una de ellas
tenía connotaciones diferentes. El cacicazgo tairona estaba organizado como una gran
federación de aldeas dominadas por jefes que cumplían funciones políticas,
administrativas y religiosas. En virtud de la unidad, se le permitía a sus autoridades
actuar en representación de estados soberanos según
los intereses particulares de la comunidad: establecían tratados, confirmaban la paz o
declaraban la guerra.
Los zenúes se organizaron en
numerosos cacicazgos menores que estaban sometidos a la autoridad de tres grandes
señores, hermanos entre sí: los caciques de Finzenú, Panzenú y Zenúfana. En Finzenú
gobernaba una poderosa cacica a quien, al igual que a sus dos hermanos, era llevada en
andas por sus servidores y dormía en hamaca tejida en bellos colores. Este poder
político unificado en los tres hermanos debieron recibirlo como herencia, lo que indica
que la autoridad anterior estuvo representada por un soberano único, quien desde una
aldea principal ejercía el dominio sobre poblaciones satélites.
Las crónicas del siglo XVI
corroboran que el cacicazgo de la llanura Caribe, en especial el de los valles del Sinú y
San Jorge, se formó en condiciones tales que no
hacía necesaria la actividad bélica. Su orientación fue más teocrática que
militarista. El mando que tenían estas culturas
indígenas sobre su territorio se resquebrajó con la llegada de los primeros
conquistadores españoles. Para conseguir una conquista eficaz y apropiarse de la tierra,
los españoles entraron en guerra con aborígenes.
ESPAÑOLES VS. CONQUISTADORES
Pero los conflictos no fueron
sólo con la población indígena nativa. También hubo entre los conquistadores y sus
huestes por el reparto del botín; entre los mismos conquistadores por el ejercicio del
control jurisdiccional sobre el territorio asignado y entre estos y la Corona por el
ejercicio del poder en los lugares conquistados. La repartición del oro fue quizás el
mejor motivo para las desavenencias.
Uno de los
primeros enfrentamientos de este tipo ocurrió entre Rodrigo de Bastidas y su hueste.
Veían sus hombres en el viejo fundador de Santa Marta a un colonizador y no a un
conquistador que les permitiera enriquecerse rápidamente el despojo a los indios o
vendiéndolos como esclavos en las Antillas. Intentaron asesinarlo, pero no lo
consiguieron de inmediato, pues Bastidas logró salir gravemente herido rumbo a Santo
Domingo. Allí esperaba reclamar ante la Real Audiencia sus derechos usurpados, pero antes
de llegar moriría en la isla de Cuba a causa de las heridas.
Segundo de estos conflictos
ocurrió entre los conquistadores y la Corona. Orgullosos de haber ganado un imperio para
la península, aquellos desafiaban cualquier ley que pretendiera establecer límites a su
libre accionar. La Corona, para garantizar su autoridad, creó entonces los Consejos de
Indias. Con estos organismos puso en marcha un control administrativo estatal y una
política de sustitución los conquistadores que no cumplían sus órdenes por
gobernadores civiles.
RIVALIDADES EN EL LITORAL
Desde el inicio de la
Conquista, el territorio de la costa Caribe colombiana fue dividido en dos gobernaciones:
Santa Marta y Cartagena. Cada una tenía un gobernador al que por medio de capitulaciones
se le concedía el poder para fundar ciudades, conquistar el territorio y administrar
justicia civil y criminal en su provincia.
Múltiples fueron las pugnas
entre las dos gobernaciones desde sus mismos inicios. primera de ellas tal vez fue la que
surgió cuando en 1532 Pedro de Heredia logró que la corona le otorgara licencia para
proceder a conquistar el litoral entre la desembocadura del gran río de la Magdalena y el
golfo de Urabá, con la correspondiente tierra adentro. A esta concesión se opusieron
tanto los vecinos como el cabildo de Santa Marta. Esta ciudad había sido fundada en 1525
y ahora reclamaba sus privilegios y defendía el hecho de seguir ocupando con su ganado
las islas y banda occidental del río.
La oposición de las gentes
de Santa Marta no tuvo eco en la Corona española. El madrileño Pedro de Heredia fundó
Cartagena en 1533 en la isla de Calamarí e inició la exploración del Sinú, donde
saqueó el oro depositado por los indígenas en tumbas de sus antepasados. Este oro se
convertiría en la causa del rápido auge económico de esta provincia, que hizo que la ciudad
destellara desde sus comienzos.
Pero ese mismo oro dio pie a
complejas tensiones dentro del grupo español. Heredia tuvo que afrontar varios conflictos
con su hueste por la forma como repartía el botín: él siempre trataba de llevarse la
mayor porción, con ello disminuía la parte de los soldados, quienes además por ciertas
prácticas leoninas de su jefe
terminaban endeudados.
Las permanentes quejas contra
Heredia obligaron a la Corona a reemplazarlo por Juan Vadillo, quien debía dar
cumplimiento a las modificaciones establecidas para el cargo de gobernador. Las medidas
consistían en la prohibición de que el gobernador y sus oficiales monopolizaran el
comercio y en fijarle a aquel un salario para que no tuviera que estar esquilmando a sus
soldados. Sin embargo Vadillo aprovechó el tiempo de su administración para su propio
beneficio.
En 1540 a Heredia se le
devolvieron sus derechos como gobernador de Cartagena. Los años siguientes están
caracterizados por los permanentes conflictos con las gentes de Popayán, ya que estas se
disputan la jurisdicción de la región antioqueña, que según Heredia había sido
descubierta por Julio César y Vadillo a nombre de la gobernación de Cartagena en el año
de 1538. Viajes expedicionarios a la región emprendió Heredia donde realizó algunas
fundaciones efímeras, hasta llegar a apoderarse en varias ocasiones de la ciudad de
Antioquia que había sido fundada por Jorge Robledo. Esta zona fue causa de disputas
porque se consideraba que de allí era que los indios de la región sacaban el oro, por lo
que resultaba ser una zona sobre la cual quería Cartagena ejercer
el dominio, pero
fracasaría.
La indómita ATLÁNTICA
Intensas luchas en la
época de la Colonia por la dominación del territorio. Del poder peninsular a la
autonomía provincial.
Durante la Colonia la vida
política de Cartagena y Santa Marta transcurría con un margen grande de autonomía
respecto a la Audiencia de Santa Fe. En ellas, al igual que en otras provincias, la norma
era: la ley se acata pero no se cumple.
Par
a mantener las
áreas de influencia y de poder en el comercio de contrabando, en la ganadería, en la
ocupación de tierras y en el control de la mano de obra indígena, el tipo de gobierno de
la costa se basaba en las alianzas del gobernador con los encomenderos y más tarde con
los hacendados. Difícilmente se ponían en práctica las medidas con las que la Audiencia
pretendía ejercer control político. A esto se le unía los constantes enfrentamientos
entre grupos de poder local que pretendían el control de espacios territoriales o de
actividades económicas.
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Campaña
contra las naciones Guajira y Chimila
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