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(continuación capítulo
Vida Cotidiana)
LA PASIÓN EN DRAMA
Masivamente se asiste a la semana santa. Para esta época
se conservan expresiones culturales que reviven antiguas tradiciones populares españolas
distantes de la liturgia de la Iglesia: dramatizaciones de la pasión y muerte de
Jesucristo que incluyen la quema de Judas.
Tales representaciones tiene
lugar en Sabanalarga, valle medio del río Cauca y bien en Cocorná y Argelia, al oriente
de Antioquia; en Murindó, cerca de Urabá, en Betania y Jardín en el suroeste, Urrao y
Yolombó. En Caldas, principalmente en Samaná y Aranzazu, y en Mistrató, Risaralda.
Fuera
de la región también se realizan en Quibdó, departamento del Chocó
EL MES
ALEGRE
A medio camino entre lo profano y lo religioso se
encuentran las fiestas decembrinas. Son herederas de tradiciones europeas de muchos siglos
que no sólo conmemoran cristianamente el nacimiento de Jesús. También irrumpen
creencias paganas de origen romano e ideas cósmicas acerca de los efectos que produce la
transición de un año a otro.
Diciembre es considerado el
mes alegre del año, la época que permite la extroversión. Sin embargo, esa alegría
está cada vez más contaminada por los excesos consumistas. Desde el día 16, se inicia
la novena de aguinaldos, y grupos de familiares o de cuadra rezan al lado del pesebre y
cantan villancicos. En otras épocas también ese día empezaban las apuestas de
aguinaldos.
Los festejos continúan el
24. En algunos lugares (Cocorná, Santo Domingo) se cantan al atardecer Las Posadas, y se escenifica la infructuosa
búsqueda de albergue de José y María durante la noche del nacimiento de Jesús.
Todavía se practica la costumbre de dejarle regalos a los niños sobre el pesebre
diciéndoles que los ha traído el Niño-Dios.
Las fiestas del 31, último
día del año, no tienen marcado carácter religioso y se viven en ambientes menos
domésticos que las del 24. Esa noche tienen lugar bailes públicos y privados, la cena de
media noche, la misa de gallo, y la finalidad es despedir el año. Se quema el año viejo, un muñeco de trapo relleno de
aserrín y pólvora que se exhibe con apuntes de humor y creatividad en tiendas, lugares
públicos de los pueblos y en casas campesinas a orillas de las carreteras. Simboliza las
desdichas del ciclo que termina y también lo que ha perdido vigencia. Todo quedará
exorcizado por el fuego a las 12 de la noche. A esa hora los festejantes se abrazan,
suenan pitos, campanas, sirenas y todos se desean mejor suerte y felicidad para el nuevo
año. También se acostumbran para este día algunas prácticas propiciatorias de la
abundancia y la buena ventura.
El primero
de enero del nuevo año es día para paseos, lo mismo que el 6 día de Reyes Magos. Se
despiden las fiestas navideñas, y en otras épocas se les daban pequeños regalos a los
niños.
CELEBRACIONES MUNDANAS
Origen muy reciente tienen
las fiestas pueblerinas profanas. Fueron creadas en su
mayoría durante la segunda mitad
del presente siglo aunque algunas datan de los años 50. Notables excepciones son los Carnavales
de Riosucio, la fiesta de Diablito es en Santa Fe de Antioquia y
la fiesta de los Negritos del Retiro. La primera surge en el siglo XIX, y
las otras tienen origen colonial.
Las celebraciones en esta
región han nacido de las elites pueblerinas. Su finalidad es afianzar la identidad,
exaltar valores y enfatizar características locales. Los frutos o productos principales,
las riquezas naturales más abundantes y las actividades económicas o artesanales
asociadas a los lugares, proporcionan los nombres y los motivos de los festejos y el mejor
tiempo lo dan diciembre y enero. Parece existir en esos momentos una predisposición
festiva entre las gentes.
Las fiestas no se hacen
coincidir en Antioquia con la época de las cosechas, lo que si sucede en los pueblos de
Caldas, Quindío y Risaralda. Allí se celebran durante la colección del café, época de
solvencia para los caficultores.
TI
EMPOS Y CONTRATIEMPOS
Alcal
días y concejos
municipales hacen oficial la iniciativa particular y crean las fiestas por decreto. Se
consideran de interés público, y además dan imagen a las localidades. Surge también la
intención de regularizarlas y convertirlas en sucesos periódicos, pero es algo muy
difícil. Ellas no han sido fruto de la tradición, ni resultado de la necesidad o el
deseo espontáneo y colectivo, y quizás por eso no se da una participación amplia en su
organización. Sostener dichas fiestas exige entonces un enorme esfuerzo con escasos
resultados.
Los municipios han ido
generalizando una estructura similar para estas fiestas. Las organizan las Sociedades de
Mejoras Públicas, las Casas de la Cultura o, en su defecto, fundaciones privadas; se
construyen casetas en el parque donde trascurren los bailes públicos mientras que los de
las elites se organizan en los clubes; cabalgatas o desfiles salen al encuentro, de las
colonias y el conjunto de carrozas va animado por bandas; se proclaman candidatas a los
reinados que sirven para recolectar los fondos destinados a obras de progreso y hay una
reina de la fiesta; se imponen medallas al civismo y se premian deportistas; no faltan
corridas de toros, las exposiciones agropecuarias y ferias ganaderas. Pero está ausente
el sello histórico particular, el carácter único e inimitable que les da identidad
local a las fiestas de tradición y arraigo.
El retorno de los ausentes
migrantes con motivo de las festividades, se ha convertido en objetivo central
de las organizaciones de paisanos en las grandes ciudades. Sin embargo, no hay posibilidad
real para el encuentro entre campesinos, pueblerinos y citadinos. Están ya separados y
demarcados los espacios de diversión
SELLO DE ELITE
No se
pretende borrar distancias sociales ni diferencias entre el campo y el pueblo. Más bien
se remarcan. Incluso en los desfiles callejeros, donde podrían diluirse barreras y
distancias, hay nuevos elementos de separación. Esta vez entre protagonistas y
espectadores o entre sujetos activos y pasivos.
Las fiestas en la región
están determinadas por el temor y el rechazo de las elites hacia lo carnavalesco. Ellas
se definen por oposición al carnaval que entendido como igualación, inversión o
trasgresión. En estas fiestas no se
permite el ridículo, la burla, la desmesura y hay
poca oportunidad para la creatividad.
En síntesis no hay ruptura posible de las
dimensiones de tiempo y espacio.
ESPECTÁCULOS CITADINOS
Cada fiesta sustenta el hecho de existir a través de
actos históricos que le van fraguando su propia personalidad. Arcesio Zapata. El
Carnaval del Diablo
Medellín celebra desde los años 20 su propia fiesta: la
Feria de las Flores. Al comienzo se efectuaba en mayo, mes asociado con la Virgen María
en el calendario religioso, luego en junio y finalmente en agosto, para que coincidiera
con la conmemoración de la independencia de Antioquia.
Las flores, motivos asociados
a la vida campesina, se quisieron convertir en componentes de la imagen de la ciudad, lo
mismo que las mujeres bellas y el clima primaveral. De ese modo se proveían
elementos de reconocimiento para sus habitantes, y se ofrecía a los visitantes una cara
atractiva. En la primera época se incluyeron concursos poéticos denominados Juegos
Florales y desde un comienzo se eligieron reinas, se hicieron bailes callejeros para la
gente común y exclusivos para la alta sociedad.
En 1957 se incorporó el desfile de silleteros. Participaron en él
campesinos de la vecina vereda de Santa Elena, cultivadores de flores y herederos de una
tradición colonial de cargadores. Su organización se puso en manos de la Oficina de
Fomento y Turismo, entidad oficial que elabora contratos con los campesinos
Atraídas por el interés publicitario del evento se han
vinculado año tras año empresas comerciales, industrias y entidades financieras.
Elaboran silletas con sus logotipos que son vistas por el canal regional de televisión.
La crisis social de la ciudad ha conducido a reorientar
las fiestas suspendidas 25 años y reiniciadas en 1985 haciéndolas más
accesibles a sectores urbanos empobrecidos y excluidos.
SURTIDOR DE HIDALGUÍA Y CONSUMO
Otra fiesta de carácter
urbano es la Feria de Manizales. Se celebra desde 1955. durante el mes de enero.
Desde los inicios se realizó el Reinado Internacional del Café, además de
campeonatos de exclusivos deportes como golf y esquí y exposiciones pecuarias con
variados concursos. Con los años se fueron adicionando el Festival Folclórico Colombiano, muestras
artesanales y concursos de trova y bailes junto con demostraciones de hispanidad como
expresión de la supuesta fuerza del ancestro español: corridas de toros, espectáculos
de baile español, desfiles con manolas, jacas andaluzas y carretas del Rocío. Estas
últimas sustituyeron el Desfile de Fundadores cuya
última versión memorable, en 1951, revivió cuadros de la época de colonización.
Eventos urbanos son también los Carnavales de Armenia, de los cuales se tiene
noticias por lo menos entre 1927 y 1952, el Desfile
de Mitos y Leyendas de Medellín, durante la
primera semana de diciembre, y el Festival del
Despecho en Pereira cuya existencia sólo data de 1990.
Los espectáculos, en especial desfiles, constituyen la
columna vertebral de las fiestas urbanas de la región. Unos cuantos son los protagonistas
dejando a la mayoría como espectadores pasivos.
Son todos estos, eventos que se conciben más en
función de los visitantes, de los medios de comunicación, las industrias y el comercio.
No tanto para estimular la participación de los propios ciudadanos. A través de las
fiestas urbanas se produ
cen y reproducen imágenes y
valores que se ofrecen como elementos de reconocimiento para el consumo masivo de los
ciudadanos.
BAILAN AUN LOS DEMONIOS
Las fiestas, dentro de la
cultura paisa, no permiten la inversión del orden cotidia
no de las cosas. Habiendo sido concebidas e instauradas
por autoridades parroquiales, elites pueblerinas e intereses comerciales, no hablan de los
sueños de los deseos o compensaciones de los grupos mayoritarios. Las fiestas hablan del
deber ser, de la historia oficial, de disciplina y orden. Son catarsis controladas no posibilitan siquiera
acallar los demonios interiores que crea la misma so
ciedad con sus desigualdades
y exclusiones.
EL TEMPERAMENTO DEL PAISA
Un mito cohesionador y representativo de la cultura,
ha recorrido desde hace dos siglos las tierras patrias. Es la creencia de que existe una
raza antioqueña.
El modelo para esculpir el
temperamento paisa fue masculino y los modeladores fueron la mujer-madre en el hogar y el
cura católico. Tuvo el sacerdote una función estructuradora de la cultura,
principalmente en los pueblos que se fundaron a lo largo del siglo XIX. Al varón le
correspondió por disposición divina, más que humana, ser el portaestandarte de los valores de la raza.
La base del modelo se estableció en la familia, cuando
la socialización primaria posibilitaba que los hijos giraran alrededor del hogar para
tallar su personalidad cultural básica. Vinieron luego los intelectuales y retomaron los
dispositivos culturales aprendidos en el ámbito doméstico, para hacer la vida pública.
Ellos le dieron contorno ético, social, cultural, político y económico proyecto
antioqueño.
La mujer-madre se hizo punto de partida y llegada del
espíritu paisa, tanto en su condición humana como divina. Matricentrismo antes que
matriarcado. Esta es una cultura con profundas raíces femeninas que se torna masculina en
el verbo, pero que gira en torno de lo femenino como principio del bien y del mal. Lo
dicen las leyendas y los cuentos de una población que se sigue alimentando de tradición
oral, más que escrita.
La masculinidad paisa se mide
abriendo fronteras en tierra y dinero. No en sexo
a pesar del orgullo de las familias con
muchos hijos, la admiración se la lleva la madre. Hacerse público es, en última
instancia, coronar como propietario de haciendas y acumulador de fortunas. El paisa se ha
hecho de tierra tanto como de madre. El minero de todos los siglos, el, agricultor o el
ganadero, rescatan para si triple condición: miembros de familia, colonizadores y
negociantes.
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