|
(continuación capítulo
Política)
LAS
FISURAS Y LOS PARTIDOS
Otras provincias hablaban ya
de
los antioqueños para
referirse a la identidad de las elites. Pero esa aparente cohesión presentaba una
fractura interna en lo concerniente al control del poder provincial entre los notables de
los tres principales cabildos de la región.
La cercanía con Santander
favorecía los intereses de Rionegro y de Santa Fe frente a los de Medellín, y aunque la
capital había sido definida para esta última ciudad desde 1826, los otros cabildos
lucharían por autonomizarse hasta lograrlo, a
través del nuevo ordenamiento territorial
decretado durante el gobierno del liberal José Hilario López quien buscó con la
división de Antioquia en tres provincias, favorecer el incipiente Partido Liberal
heredero del viejo santanderismo.
M
uertos Santander y Bolívar se transforma el escenario
de los partidos en Antioquia y se redefinen sus territorialidades políticas, en el marco
de tres grandes guerras civiles: La Guerra de los Supremos (1841), comandada en Antioquia
por Salvador Córdoba, quien se alió con el supremo José María Obando del Estado del
Cauca. Terminó con el triunfo de los ministeriales (núcleo de lo que sería después el
Partido Conservador) y con el fusilamiento de los jefes personales en Cartago y Medellín.
La guerra esclavista (1851) contra el gobierno del general José Hilario López, que en
Antioquia enarbolaba banderas muy distintas: la reintegración de la provincia, la
autonomía regional y la protesta contra la expulsión de los jesuitas y las leyes que
afectaban la Iglesia y su patri
monio. La confrontación
concluyó con la derrota del Partido Conservador y trajo tras de sí destierros y
persecuciones. La tercera contienda finalizó con el derrocamiento del general José
María Melo en 1854, y fue fruto de una alianza transitoria entre los conservadores y la
vertiente radical del liberalismo en la provincia.
A lo largo de estos azarosos
años (1841-1854) se constituyen los partidos en Antioquia: el Liberal y el Conservador.
El primero estaba dividido en dos vertientes: el
obandismo, heredero del santanderismo en la región, sigue la línea de los córdobas
y de la elite rionegrera y era apoyado también por alguno notables de Santa Fe de
Antioquia; y el radicalismo representado por
jóvenes universitarios que se iniciaron en la política a la lumbre de las reformas de
medio siglo (Camilo Antonio Echeverry y Juan de Dios Restrepo entre otros) A ellos se
unió un grupo de grandes comerciantes y banqueros de Medellín (don Gabriel Echeverry,
don Marcelino Restrepo, los Santamaría, los Uribe Mondrágón).
La guerra del año 54
significó la derrota definitiva de la corriente obandista y de sus elites de apoyo en
Rionegro y Santa Fe. Cambió así el balance del poder provincial hacia Medellín pues el
obandismo antioqueño no sólo contó con apoyo de los grandes comerciantes y prestamistas
de estas localidades sino también con el respaldo de algunos sectores excluidos: los
negros de Zaragoza y Remedios, los indios de Sabanalarga y Buriticá, los destiladores de
aguardiente en Guarne y los pobladores de Salamina y Neira enfrentados en un largo pleito
con los herederos de la concesión Aranzazu.
El Partido Conservador se
aglutinó en torno a dos grandes figuras: don Mariano Ospina Rodríguez y el doctor Juan
de Dios Aranzazu con influencia en elites de
Santa Rosa de Osos y Medellín respectivamente a los que se unieron los notables de
Marinilla, los pobladores de Sonsón y Abejorral con el general Braulio Henao y doña
María Martínez de Nisser a la cabeza y algunos pequeños núcleos recién fundados en el
suroeste.
Conservatización de
ANTIOQUIA
Era un
viejo anhelo la reintegración de las tres provincias en una sola, un sueño de los
conservadores de Medellín que se hizo realidad en 1855. Las adscripciones
político-electorales de los habitantes del noroccidente mantuvieron un relativo
equilibrio interpartidista hasta la primera mitad del siglo XIX. Leves incrementos a favor
de una u otra agrupación se manifestaron en diferentes coyunturas del período: mayoría
ministerial conservadora entre 1836 y 1846 y un claro predominio liberal entre 1848 y
1854; mas la derrota del melismo unida al fortalecimiento de la alianza
radical-conservadora de Medellín transformaron el balance electoral, instaurando de paso
una nueva correlación de centros de poder y una territorialidad política que se
mantendrá casi hasta el final del siglo.
El proceso de
conservatización se inicia con la reintegración de las tres provincias una sola. Viejo
anhelo de los conservadores y de los radicales de Medellín, se logra
finalmente en 1855 mediante ley nacional de 14
de abril; es el primer peldaño para la constitución del Estado Federal de Antioquia
(1856). Ya Panamá ha logrado ese estatuto el año anterior y las demás regiones lo
adquirirían a partir de la Constitución de 1858, reafirmándose esta condición de
autonomización mediante la constitución de Rionegro que consagra los Estados soberanos
en 1863.
|
|
|
Zonas afectadas por las guerras civiles y migraciones por razonas políticas
|
Este proceso de
reintegración y autonomización redefine los límites jurídico administrativos de la
región. La zona de Urabá pasa a pertenecer al Cauca pero se le agrega la banda
occidental del río Magdalena (Puerto Nare). Esto sucede en medio de grandes protestas de
la elite de Medellín, que no quiere perder la salida al mar, y de los pobladores de Nare
que se niegan a pertenecer a Antioquia pues su identidad riberana los aproxima más a
Honda y Mariquita.
Al mismo tiempo se readecúan
los centros de poder y las fronteras de conflicto:
Medellín se consagra como centro
económico y político indiscutible y empieza a mirar al Magdalena como principal ruta de
salida y entrada de productos y viajeros. Decaen localidades y subregiones tan importantes
como Santa Fé de Antioquia (occidente), Rionegro y el nordeste, mientras surgen otros
centros menores y predominantemente conservadores: Sonsón y Salamina, núcleos de apoyo
económico de una colonización pujante que se dirige al sur y al suroeste, adentrándose
en los dominios caucanos, liberales, propiciando así una frontera de conflicto político
regional activada en todas las guerras civiles del período; Marinilla, por donde cruzan
los caminos a Nare y Santa Rosa de Osos, adquirirá gran importancia política durante
largo gobierno de Pedro Justo Berrío.
RESGUARDARSE Y NEGOCIAR
La elite dirigente de
Antioquia define una estrategia de autonomización muy criticada por los otros Estados
regionales. Consiste en encerrarse dentro de sus fronteras propiciando un amplio
desarrollo económico en su territorio, desligándose del contexto nacional en formación.
El objetivo manifiesto, que las frecuentes guerras civiles no interfiriesen la producción
y el comercio; por ello adoptaron posturas neutrales o conciliadoras frente a las guerras
civiles, que, salvo la rebelión de Berrío, vinieron siempre de afuera y fueron vistas
por los pobladores de Antioquia como verdaderas invasiones militares.
No es extraño entonces que
en la guerra declarada por el general Tomás Cipriano de Mosquera contra el gobierno
conservador de don Mariano Ospina Rodríguez
en
1860, los notables provinciales decretasen la neutralidad de
Antioquia y que cuando ésta fue rota por la irrupción de los ejércitos liberales del
Cauca en Manizales, los generales antioqueños Marceliano Vélez y Braulio Henao se
rebuscaran la novedosa fórmula política de la esponción para lograr la paz; pacto
improbado por los conservadores del gobierno central, decisión que los condujo a la
derrota y a la citación de una asamblea constituyente en Rionegro que dictaría una
constitución liberal, secular, modernista y federal.
Lo último convenía a los
intereses antioqueños pero lo primero no. De allí que los conservadores de los
subcentros locales (Santa Rosa, Marinilla, Sonsón y Sopetrán), mas ortodoxos y menos
transaccionistas que los mercaderes de Medellín, propiciasen un levantamiento contra el
gobierno liberal de la región. Presidido por el doctor Pascual Bravo, terminó con el
triunfo conservador en la batalla del Cascajo y con la instauración de la dictadura de
Pedro J. Berrío, quien sería posteriormente ratificado por la asamblea del Estado y
triunfador electoral hasta el año de 1873 cuando se retiró para ocupar la rectoría de
la Universidad de Antioquia.
La rebelión contra las autoridades
legítimamente constituidas y el asesinato fuera de combate del gobernador Pascual Bravo
configuraban, según la norma constitucional, un caso de guerra contra la nación y por
tanto el derecho de intervención del Estado central para restablecer el orden. Sin
embargo, la capacidad negociadora de la elite de Medellín y la alianza de vieja data con
el radicalismo gobernante, lograron la suscripción de un convenio mediante el cual el
presidente Murillo Toro se comprometía a respetar la autonomía de Antioquia y el derecho
a darse un gobierno propio. El gobierno del doctor Pedro J. Berrío otorgaba además la
garantía de hacer cumplir en todas sus partes la Constitución de 1863 y de no apoyar las
minorías conservadoras en los Estados vecinos. Convenio que se cumplió aunque con
tensiones y dificultades.
CONVIVENCIA DE OPONENTES
Mientras duró la hegemonía
radical en el país, Antioquia fue la úrica mancha azul del mapa de Colombia. Encerrada
en sus fronteras vivió en relativa paz bajo el gobierno entre paternal y progresista de
Pedro Justo Berrío, consumándose así la conservatización de Antioquia con la relativa
aquiescencia de la elite liberal de Medellín que pagaba ese alto precio por contar con la
tranquilidad y el apoyo gubernamental para sus negocios.
Berrío hizo un gobierno
modernizador y de amplio desarrollo material pero en el espacio político cultural se
mantuvo el predominio de los valores propios de la sociedad tradicional (la religiosidad,
la familia, la moral doméstica y el trabajo material); modernización sin modernidad se
lo llamaría hoy.
Un proceso político contradictorio se desató
entonces: inclusión cohesión y conservatización de aquellos poblados y personas que
aceptaban los parámetros ético-políticos y económicos del gobierno de Berrío, y
exclusión, expulsión y liberalización de los otros, de aquellos que representaban la
diferencia étnica, política, cultural y social. Por ello la ola colonizadora que se
dirigía hacia el norte de los Estados del Cauca y del Tolima tuvo mucho de refugio
político y en parte explica el mapa electoral de los actuales departamentos del Quindío
y Risaralda; lo mismo puede decirse de esa colonización aluvial, invisible e
imperceptible que se dirigía hacia las zonas bajas de Antioquia: Urabá, nordeste y
Magdalena medio.
GUERRAS Y CAMBIOS EN EL PODER
La expulsión por motivos
políticos no fue patrimonio de los conservadores. Igual cosa hicieron los liberales
cuando reconquistaron a Antioquia después del triunfo en la guerra de 1876. En esta
oportunidad el éxodo conservador proveniente de los subcentros del sur y el suroeste
antioqueño se dirigió hacia las vertientes de la Cordillera Occidental, fundando
poblados afectos a ese partido como Belalcázar, Apía y Santuario. La guerra de 1876
marca la crisis de la hegemonía radical en el país y hace aflorar tensiones político
regionales de hondo calado que redefinirán los balances electorales y las relaciones de
poder en el siglo XX.
El Partido Conservador, dejado de la mano de
Berrío, se divide en dos tendencias: una moderada, opuesta a las guerras del período
(1885, 1895 y Guerra de los Mil Días), partidaria de alianzas con algún sector liberal y
representada en la elite de Medellín, que prefigurará hacia el fin del siglo el
movimiento de los histéricos, que culminará
con el republicanismo y la reforma constitucional de 1910. La otra vertiente, el nacionalismo, aijada de Núñez y Caro y cuya
expresión política fue la constitución de 1886. Tuvo como principal núcleo de apoyo a
Manizales, que había constituido una elite económica alterna a la de Medellín que
controlaba ya un territorio recientemente poblado donde confluían tres estados: Cauca,
Antioquia y el Tolima, económicamente muy dinámico pero cruzado por amplias fronteras
políticas y culturales.
El liberalismo, que había
logrado alguna recuperación electoral gracias al triunfo de esa agrupación en la guerra
del 77, vuelve a decaer durante los draconianos
gobiernos de la regeneración. Para el final del siglo empieza a aglutinarse en torno a
las figuras del general Rafael Uribe Uribe y de don Fidel Cano cuya propuesta se recoge a
través del periódico El Espectador.
CONTINUAR
REGRESAR AL ÍNDICE
|