3. POLÍTICA
La
espada de las fronteras
En el desarrollo político regional se destacan las
contiendas armadas, retóricas y constitucionales, las dimensiones territoriales de estos
conflictos, los procesos político-electorales y militares que dan entre el inicio de la
República y el presente. El texto examina los impactos de las endémicas guerras civiles
en el devenir de la política nacional, y enfatiza los de la política-violencia en las
fracturas territoriales.
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Fotografía Carlos Rodríguez, Centro de Memoria Visual
FAES
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Núcleos
del poder local e influencia Liberal y Conservadora (Para el medio siglo XIX)
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SANTANDERISMO
ANTIOQUEÑO
Que el noroccidente
colombiano, especialmente Antioquia, ha sido el principal baluarte del Partido
Conservador, es algo sólo parcialmente cierto. Esa homogeneidad se desdibuja analizando
algunas períodos históricos y subregiones.
Durante las tres primeras
décadas de vida republicana los partidos hoy tradicionales, empezaban a definir sus
perfiles ideológicos, y el escenario público se escindía en torno a las dos figuras
más importantes de la dependencia; Bolívar y Santander. La elite antioqueña se coloca
del lado del hombre de las leyes y si bien el Libertador como padre de la patria convocaba
reconocimiento y el respeto de los pobladores de la provincia, sus amigos, seguidores y
epígonos, eran francamente rechazados en los círculos políticos Medellín, Rionegro y
Santa Fe de Antioquia.
Muchas son
las razones de las preferencias santanderistas. Antioquia no fue escenario o en las
guerras de Independencia, ni la provincia contó con generales hacen como en el Cauca o el
oriente del país. José María Córdoba, el general antioqueño más importante, ganó
sus ascensos en los campos de batalla y desde muy temprano manifestó sus desacuerdos con
la oficialidad venezolana y con el mismo Bolívar
Por el contrario, las elites
locales, de la mano de los curas párrocos, tuvieron una práctica predominantemente
política tanto en los cabildos como en la juntas patrióticas y su participación en las
gestas libertadoras se orientó más hacia la logística del proceso: préstamos,
financiación de campañas militares importación de armas y pertrechos o consecución de
empréstitos en Inglaterra. Se acercaron así más al gobierno civil comandado por
Santander y su grupo. Además ellas nunca aceptaron de buen grado lo que consideraron una
interferencia del ejército libertador en sus asuntos internos.
ELITES ANTIBOLIVARIANAS
El general Santander tuvo entre sus hombres de confianza
a un grupo muy selecto de antioqueños. Don José Manuel Restrepo, intelectual orgánico
de la región, fue su Ministro del Interior entre 1822 y 1826; y el cuñado de Restrepo,
el rionegrero don Francisco Montoya (socio Montoya y Sáenz, la mayor casa comercial de
Antioquia), junto con don Manuel Antonio Arrubla (Santa Fe de Antioquia), fueron los
banqueros del gobierno, quienes además tramitaron en Inglaterra el préstamo de 1824: un
respiro para la administración nacional pero también motivo de las más duras críticas
de los bolivarianistas contra Santander por estar enriqueciendo a sus amigos antioqueños.
En torno a este núcleo mercantil y prestamista, a los
miembros del capítulo provincial de la sociedad de amigos del país y a los
representantes a los congresos constituyentes y ordinarios del período, se fue
conformando un grupo político de perfil santanderista que gobernaría la provincia en la
primera mitad del siglo XIX.
Lazos parentales muy cercanos
ligaban esa elite y la reforzaban sociedades mercantiles y de negocios con el Estado
(obras públicas, baldíos, monopolios, préstamos internos y externos). Pragmática e
interesada en hacer realidad su divisa y progreso, acompañó al general Santander en sus
propósitos de gobierno pero prefirió la neutralidad cuando se sentían vientos de
guerra; quizá por ello en convención de Ocaña, adoptó una posición de tercería,
práctica conciliatoria que se mantendría en Antioquia por muchos años.
Mas los sucesos que se desataron después, terminaron
involucrando la elite provincial en guerras y levantamientos en los cuales se reafirmó su
orientación santanderista y la animadversión de Bolívar y sus seguidores.
Duras críticas hicieron los
intelectuales antioqueños J. de Dios Aranzazu, José Félix de Restrepo, Manuel
Santamaría y Antonio Mendoza, entre otros, a la constitución boliviana y a la propuesta
de dictadura vitalicia. José María Córdoba se levantó en 1829, hecho que, lejos de ser
aislado, contó con mucho apoyo en Rionegro y Medellín. Algo más: en Marinilla hubo
oposición y el general Salvador Córdoba se sublevó contra el gobierno de Urdaneta en
1831 junto con la mayor parte de los notables de los cabildos.
Pero fue
la conspiración contra la vida del Libertador lo que otorgó a la región su clara
postura antibolivariana. Al decir de don José Manuel Restrepo fue vista por algunos como
obra de los antioqueños, no sólo porque varios de los conspiradores eran oriundos de la
provincia sino porque otros de los comprometidos se vinieron a refugiar en estas
montañas, entre ellos don Mariano Ospina Rodríguez quien disfrazado de arriero llegó
entre la mulada de don Anselmo Pineda y don Gabriel Echeverry.
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