(continuación capítulo Poblamiento)

La colonización de Caldas  
UNA MARCHA POR TIERRA Y FUTURO

L a marcha hacia el sur de Antioquia fue iniciada por los pobladores del oriente antioqueño, y concretamente por algunos pobres de Rionegro y Marinilla. En 1787 migraron hacia las cercanías de la ciudad de Arma donde solicitaron e incluso ofrecieron comprar, parte de las tierras no cultivadas de la concesión de Felipe Villegas. Esta petición dio lugar a un pleito en torno a sí esas tierras se colonizaban por pobres o por ricos. El pleito fue dirimido por Joaquín Ruiz y Zapata quien las compró y distribuyó entre ambos.

Así fue como se fundó Sonsón que en 1796 era una colonia dinámica, punta de lanza del proceso colonizador definitivo para la constitución del territorio de Caldas, La presión demográfica en el altiplano del Oriente, la mala calidad de sus suelos, la pobreza, las oportunidades de obtención de tierras baldías y la búsqueda de minas de oro fueron razones que alentaron la colonización que duraría hasta bien entrado el siglo XIX. La colonización no fue un proceso homogéneo. En esta tarea intervinieron grandes propietarios con concesiones realengas y pobres que buscaban parcelas más allá de las tiaras comprometidas. Así, algunos colonos de Sonsón, presionados por estas concesiones, debieron continuar su marcha por las vertientes del sur en pos de tierras disponibles. Abejorral fue fruto de este peregrinaje. En 1808 demarcaron el poblado que fue insuficiente para albergar a todos los necesitados. Sin embargo, el deseo y la necesidad de abrir nuevas tierras, hizo que Fermín López reconocido como el gestor de la colonización, saliera de allí con su parentela y se trasladara a un sitio llamado Sabanalarga, hoy Salamina-ubicado entre los ríos Pocito y Chamberí por fuera de 14 concesión Villegas. En 1823 estaba allí radicado.

Lo que no sabía don Fermín era que pisaba territorios de la concesión de don José María Aranzazu cedidos el 15 de octubre de 1801 pero indebidamente legalizados hasta 1824 por su hijo Juan de Dios, quién alegó derechos de posesión y dominio sobre una tierra ya habitada por colonos provenientes del norte y de Arma, aglutinados al rededor de Salamina. Don Fermín fue encargado de dirimir estos pleitos encabezados por los vecinos de Arma resueltos en una primera fase, en 1828.

Durante este pleito don Fermín hubo de dejar varias veces su plante hasta lograr salir de los dominios Aranzazu, asunto nada fácil en una tierra en proceso de apertura. En este tránsito pasó por San Cancio aún en límites de la concesión prosiguió a Cartago y obtuvo permiso para fundar una población en Cartago Viejo, donde hoy está Pereira, pero descontento con los suelos volvió al norte y fundó a Santa Rosa en 1843. Así fue como a su muerte en 1846 dejó trazada la ruta para fundar a Filadelfia (1840), Neira (1842), Manizales (1849), Villamaría (1850) Aranzazu (1853) y Palestina (1855). Pácora y Aguadas fueron pobladas en su mayoría por los habitantes de Arma Viejo.

Hasta entonces Salamina era el centro abastecedor por excelencia. Pero a medida que la frontera se expandió y se crearon otros poblados, el polo se trasladó, primero a Neira y después a Manizales, más accesible a los requerimientos de los colonos y más cercanas a la nueva frontera.

En 1848 se reunieron en Salamina veinte dueños de parcela y colonos influyente con ánimo de fundar un poblado aglutinante distinto a los de Neira y Salamina. Decidieron inspeccionar un sitio adecuado par la nueva fundación. La excursión
conocida como “Exploración de los Veinte”, vio el lugar óptimo de la nueva fundación en el cruce de los caminos Neira-Santa Rosa-Cartago y la vía a Mariquita
Esta ciudad conectaría a los Estados de Antioquia, Cauca y Tolima. Terminados los
conflictos con la Compañía González y Salazar, Manizales, fundada en 1849, pudo definitivamente, repartirse, trazarse y demarcarse.

COMPAÑÍA GONZÁLEZ Y SALAZAR

Las tierras de los herederos Aranzazu fueron administradas por la Compañía González y Salazar. Esta concesión abarcaba desde el río Pácora hasta el río Pozo. En las disputas con los vecinos de Arma tuvieron que ceder las franjas entre el río Pácora y la quebrada San Lorenzo. A Aranzazu se le compensó con la ampliación de límites hasta el río Honda y a Salazar -representante de los armeños en el conflicto se le pagó con las tierras comprendidas entre los ríos Pozo y Chinchiná.

Los colonos, ya cansados de librar la batalla contra Aranzazu ahora reencarnado en la Compañía González y Salazar, se vieron obligados a ir más al sur en la conquista de nuevos territorios. Dicha compañía estaba constituida por Elías González y el litigante Luis Gómez de Salazar, propietarios ahora del globo de tierra entre el San Lorenzo y el Chinchiná. A pesar de todo, en el período anterior se acumularon capitales y se estabilizó la población. El comercio, en particular el del cacao, la minería, la ganadería, los cultivos de tabaco y caña de azúcar, además de la especulación con la tierra y la guaquería, mostraron el panorama posible para seguir más al sur en otra ola colonizadora. En 1853, el gobierno dirimió el pleito entre los colonos y la Compañía González y Salazar. A los primeros se les cedieron los terrenos baldíos que correspondieron al gobierno en esta negociación: 10 fanegadas a cada habitante con casa y tierra trabajada y 12 mil fanegadas para las poblaciones.

Finalmente se calmaron los ánimos, la compañía vendió los terrenos que le quedaban en Manizales sobre los cuales se constituyó la sociedad “Moreno, Walkery Compañía”. Así fue como la colonización pudo seguir su marcha con el acicate de la búsqueda de una vía de comunicación ventajosa para el comercio entre el Pacífico y el Valle del Cauca. Mientras tanto Manizales que multiplicó por cuatro su población entre 1851 y 1870 se convirtió en centro comercial para el sur de Antioquia, Cauca, Tolima, Chocó y las minas de Marmato. Pronto el crecimiento vegetativo, las nuevas migraciones, la ocupación de la tierra en grandes latifundios y pequeñas parcelas, los estímulos del comercio y la apertura de nuevas vías, hicieron que de Manizales saliera otra gran ola colonizadora, pasadas las guerras de mitad de siglo.

Fases de la Colonización Antioqueña

Para explorar estaba toda la vertiente oriental de la Cordillera Central y las tierras del sur, por los lados de Pereira y Quindío, que ya tenían cierto movimiento de pobladores, muchos de ellos ansiosos del oro de las sepulturas indígenas. Se iniciaba la guaqueria a fines del siglo.

FUNDACIONES AL ORIENTE DE CALDAS

Mientras la gran ola colonizadora antioqueña se dirigía al sur, un movimiento tardío incursionó las tierras cálidas que miraban hacia el Magdalena. Surgieron, entonces, Manzanares (1860), Pensilvania (1866), Marulanda (1877),Victoria (fundada en 1525 y refundada en 1879), Marquetalia (1880), Samaná (1884) y La Dorada (1886). Simultáneamente llegaron al norte del Tolima.

Las rencillas entre Antioquia y Tolima tuvieron que ver tanto con la indefinición de límites entre ambos Estados como con las diferencias políticas. Un factor de conflicto fue la concesión de 13.680 hectáreas a la población de Manzanares situada justo en sus límites. Los tolimenses, cansados de las migraciones antioqueñas, pusieron un pie de fuerza de 500 hombres para cuidar la frontera y evitar el ingreso de los paisas que iban a votar al Tolima para tener el control político de ese territorio. Por el camino de la Elvira que conectaba a Manizales con Mariquita, migró en 1850 un grupo de colonos antioqueños rumbo al Tolima dejando a su paso fundaciones como Fresno (1856), Soledad (1860), Santo Domingo -hoy Herveo- (1866).
Líbano (1860) y Murillo estaban situados en la vía del Ruiz entre Manizales y Lérida. El establecimiento no fue fácil por el asunto de las concesiones. Unas veces destinadas a la población, otras a particulares generaban conflictos entre propietarios y colonos, como sucedió en Herveo y Villahermosa.

En 1916, los antioqueños fundaron la colonia de Cajamarca, ubicada hacia el sur y próxima a Ibagué. De ahí seguiría un lento movimiento en la creación de Santa Elena (1940), Roncesvalles (1944) y otros poblados del centro y sur del Tolima en los que intervinieron también boyacenses y cundinamarqueses. La fundación de poblados obedeció, en buena medida, a la estrategia de control político-territorial. Roncesvalles fue una colonización paisa liberal así como Calarcá lo fue en el Quindío.

VÍAS DE COMUNICACÓN DEL NOROCCIDENTE

CAMINOS QUIMBAYAS

Caminos al Magdalena: Uno pasaba por la depresión del páramo del Quindío hacia tierras de los pijaos. Otro cruzaba el páramo del Ruiz hacia tierras de los panches y putimáes.
Caminos al occidente: Uno atravesaba la confluencia de los ríos Cauca y La Vieja hacia tierras de los gorrones, el Chocó y el Pacífico. Otro partía del Irra hacia la cabecera del río San Juan en el Chocó.

CAMINOS DE LA COLONIA

Camino de Herveo: comunicaba a Antioquia con Bogotá pasando por Honda, Mariquita y Rionegro. Otro brazo seguía a Marmato y Supía.
Camino Medellín-Popayán, vía Rionegro-Arma Viejo-río Cauca (por el paso de Bufú)-Anserma-Cartago-Popayán.
Camino del Quindío: conectaba a Bogotá con el Valle, Popayán y el Pacífico atravesando la Cordillera Central por el páramo del Quindío. Pasaba por Ibagué, la orilla del río Coello hasta el nevado del Quindío y el nacimiento del río de su mismo nombre, descendía por su orilla hasta el salto del Roble, de allí a la Boquía, luego a donde está hoy Filandia, continuaba a la Balsa y de allí a Cartago. Además de numerosas trochas y caminos de herradura que interconectaban asentamientos indígenas y zonas de interés español.

CAMINOS DEL SIGLO XIX

El camino de Herveo se remplazó por dos vías. Ambas llegaban a Manizales: la del Ruiz que comunicaba con Ambalema y el camino de la Elvira procedente de Honda de paso por el páramo del Aguacatal. Una tercera vía era el camino de Perrillo o La Moravia que pasaba por San Pablo y La Línea, penetraba al Tolima, bajaba a La Moravia y continuaba hacia El Brasil, el Guarumo, Fresno y Mariquita. El viejo camino a Popayán fue remplazado por dos nuevas vías: la de Abejorral, Sonsón, Aguadas, Pácora,   Salamina, Neira, Manizales y de allí rumbo al Quindío, Cartago y Popayán. La segunda de Santa Bárbara   a Caramanta, Riosucio y Anserma. Otro camino conducía desde Santa Rosa de Cabal de paso por Anserma viejo rumbo al Chocó.

FERROCARRIL Y CABLE AÉREO

En la última década del siglo XIX se dieron al servicio los vapores por el alto río Cauca entre 
Cali y Cartago. El ferrocarril del Pacífico unía a Cali con Buenaventura, vía fundamental para el comercio de la  zona centro y suroccidental del país. En 1917 el ferrocarril llegó a Buga, 
en 1922 a Pereira y en 1928 a Manizales y así se unieron  directamente con el Pacífico 
obviando el  transporte fluvial que se hacía desde La Virginia hasta Cartago. La abrupta topografía obligó a construir un medio de transporte de carga para comunicar con el ferrocarril, los ríos y carreteras. Para ello se levantaron los cables aéreos que comunicaban a Manizales con Villamaría, Mariquita (comunicaba con el ferrocarril de la Dorada), Aranzazu (integró a los poblados del norte con Manizales y menos con Medellín) y uno que quería comunicar con el Chocó del que solo se construyeron diez kilómetros. Se proyectaron los de Aguadas,   Marsella y Manzanares, pero nunca se construyeron. A partir de la década de 1930 surge la red vial que hoy comunica con todos los puntos cardinales del país. Está en proyecto la carretera entre Pereira y el   Pacífico de paso por una extensa red de bosques y selvas.


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