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10. CULTURA
Voces mestizas
Se tratan aspectos de la vida cotidiana de la costa
caribe. Su ambiente de fiesta y alegría, el modo de ser y sus ra
ic
es, el vocabulario y algunos de los más utilizados
giros en el lenguaje, la deliciosa y variada cocina junto con las características de los
hogares y la religiosidad.
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Fotografía archivo El Colombiano
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Clintón Ramírez Contreras:
Economista, profesor universitario, Premio Nacional de Novela Ciudad de Montería. Guillermo
Henríquez Torres: Sociólogo, historiador, dramaturgo y director de televisión.
Adriana Goenaga de Bedout: Profesora Facultad de Bellas Artes del
Instituto de la Cultura del Magdalena. Guillermo Rodríguez:
Arqueólogo, Director Fundación Pro-Sierra.
Oliverio
del Villar Sierra:
Historiador,
geógrafo, periodista y poeta, Investigador de culturas indígenas.
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Música
Costeña 1880-1950
(Der) Influencia musical Cubana, (Izq) Influencia musical Dominicana
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LETRAS ABIERTAS
El proceso literario en la
costa caribe está en constante expansión. Su indagación permanente en la historia y su
espíritu plural le confieren un lugar importante en el riquísimo mapa literario del
país.
A
unque no
estudiada en rigor, la literatura caribeña colombiana tiene una importante tradición,
reconocida en autores como Candelario Obeso, Luis Capella Toledo, Gregorio Castañeda
Aragón, el conocido Poeta del Mar, Luis Carlos López, José Félix Fuenmayor, Manuel
García Herreros, el riohachero Fernando de Andréis y el malogrado poeta Oscar Delgado,
entre otros. Salvo los casos de Luis Carlos López y José Félix Fuenmayor, estos
escritores siguen esperando la valoración de la crítica especializada. Con ellos se
inicia y madura un proceso que con Cepeda, García Márquez, Zapata Olivella, Héctor
Rojas Herazo y Germán Espinosa alcanza la más alta dimensión expresiva.
RUMBO A
LA CULTURA ORAL
El general
Juan José Nieto y el abogado José María Madiedo son dos referencias fundacionales de la
narrativa de la región: dos visiones y concepciones estéticas diferenciadas.
Nieto fue académico. No
obstante su origen humilde y su color, toma partido por la cultura escrita hispánica al
momento de desarrollar Ingermina (Jamaica, 1844), novela que inaugura la
narrativa costeña y cuyo centro ficticio no es otro que el supuesto conflicto amoroso de
Alfonso de Heredia y la princesa calamarí Ingermina. Tiene un final feliz que percibe al
indígena a través de los valores del colonizador.
Madiedo es, en cambio, más
permeable a la cultura popular Es consciente del predominio de la cultura oral regional,
evidente en algunos fragmentos de su novela La Maldición, sin duda
auténtica metáfora inicial del recorrido que la literatura de la costa hizo de la
cultura académica a la oral. El poeta momposino Candelario Obeso es el reconocimiento
expreso a un entorno plural presente con la incorporación de la mentalidad y
comportamiento lingüístico del boga del río de la Magdalena.
Este temprano auto
descubrimiento, tímido en Madiedo, significativo en Obeso, deliberado y acaso irónico en
Luis Carlos López, es esencial a la poética de Jorge Artel, el gran heredero de esta
vertiente popular. En él reside la fuerza de una literatura que, a partir de los
esfuerzos pioneros, ha sabido indagar en lo autóctono y en el aporte de la cultura de
otras latitudes, las formas universales de la condición del hombre de la costa caribe de
Colombia.
Son explicables, entonces, el
valor literario y humano de la Casa Grande (1962) de Cepeda Samudio y Cien
Años de Soledad (1967) de García Márquez, obras que, apoyadas en una
tradición, si se quiere dispersas dueñas de un instrumental narrativo novedoso, terminan
de inaugurar para la región y el país lo que se ha dado en llamar nuestra modernidad
literaria, iniciada con Luis Carlos López Fuenmayor, Jorge Artel, Zapata Olivella, Meira
del Mar y el propio Héctor Rojas Herazo, entre otros.
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