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SEGUNDA PARTE
Pasto: Espacio y
Economía
1980 - 1996
Marco Tulio Ramos
CAPITULO I
1. HACIA UNA CONCEPCIÓN
DE CIUDAD
1.1 INTRODUCCIÓN
En los albores
del Siglo XXI es difícil imaginar el destino del ser en un escenario distinto al de la
ciudad. En ella somos actores y espectadores, participamos en lo colectivo y vivimos
nuestra sociedad; cueva y morada; plaza y espacio público, la urbe marca con sus ritmos
cada uno de nuestros asuntos, desde los más triviales hasta los más sublimes. En esa
compleja creación todo es posible, somos como la ciudad que habitamos los hombres y las
mujeres la
hemos creado pero ella a su vez nos ha creado a nosotros. La casa, la
calle, el andén, el edificio, el árbol, el colegio, la avenida, el parque, la tienda de
la esquina, las luces y las sombras de la noche, el resplandor del día, los mil y un
caminos que se cruzan, sus millones de rincones ocultos, las vidas que se mezclan a cada
instante, los destinos que se juntan y se separan, todo cabe en la ciudad (Giraldo, 1996).
El tema es, sin
embargo, tan complejo y abarca tantos aspectos de nuestra sociedad como: culturales,
sociales, económicos, espaciales, demográficos, simbólicos, etc., que es una tarea
imposible examinarlos todos con suficiente propiedad en los límites de un trabajo. En
especial, porque si bien la ciudad ha sido objeto de muchas disciplinas, no se determina
aún la posibilidad de una teoría suficientemente consistente que, sea capaz de explicar
los procesos que su ceden en estos momentos.
La ciudad en Colombia y
en la región andina en particular, a diferencia de los países industrializados cambia
acelerada y permanentemente es un proceso en constante tensión y transformación. Esta
realidad cambiante nos obliga, a su vez, a transformar y a someter a contrastación los
conceptos que la sustentan y por lo tanto, a repensarlo permanentemente. La teoría que se
acogía para interpretar la ciudad hasta hace dos décadas; es insuficiente para
explicarla en el contexto de lo nacional y, mucho menos en el espacio andino actual.
En este estudio,
repensar la ciudad a nivel regional se convierte en un imperativo que proviene de las
exigencias impuestas por la misma realidad, (su historia, su cosmovisión, la ausencia de
una verdadera reforma agraria; el excesivo minifundio; su lógica y su marginalidad
espacial de la región, los bajos ingresos en el sector rural y urbano; la adopción de
políticas económicas sin tener en cuenta el contexto social, la deficiencia en la
prestación de servicios básicos el narcotráfico, y en general pérdida de los valores,
como criterios para poder vivir en comunidad). Es así que lo andino, como problema y
realidad que ha estado ausente durante mucho tiempo como tema específico, va tomando cada
vez mayor relevancia para su interpretación.
La ciudad en la región
andina tiene mucho que aportar en esta perspectiva porque, sin duda, su interpretación
enriquecerá las discusiones que en este momento se presentan; su historia, su desarrollo
y diversidad económica, cultural, étnica, y espacial, propia de la región permitirá,
por ejemplo, formular nuevos aportes alrededor de las diferentes teorías acerca de la
ciudad.
1.2 ALGUNOS
PLANTEAMIENTOS TEÓRICOS ACERCA DE LA CIUDAD
El título de
este capítulo puede ser más presuntivo que real. Es difícil postular una tesis general
sobre la ciudad en la región andino-nariñense, -caso de la ciudad de San Juan de Pasto-,
cuando sólo se abordan consideraciones parciales sobre el desenvolvimiento de un solo
caso. No se pretende, por lo tanto, decir la última palabra sobre la dinámica de la
ciudad en la región sólo se trata de considerar algunos elementos que posibiliten abrir
espacios a nuevas investigaciones y que la ubiquen en una perspectiva explicativa más
global.
En este contexto los
estudios de la ciudad se colocan a nivel paradigmático; y, como temas claves, el
Geógrafo ubicará el hecho urbano en el contexto regional; su relación e intercambio con
otras ciudades; estudiará la ciudad en su complejidad, como proceso, que corresponde a
una serie de aconteceres que se ajustan permanentemente; su crisis ambiental; la calidad
de vida la segregación socio-espacial, etc.
La expansión urbana no
es un fenómeno nuevo relacionado, únicamente, con el desarrollo de la
industrialización. En estas sociedades en el curso de la historia, hemos visto
manifestarse esta expansión de distintas formas. Pero el hecho sorprendente en la hora
actual, es la dinámica de este proceso que nos obliga a plantearnos algunos interrogantes
sobre la función y el papel de la ciudad.
En este sentido, queda
planteada una cuestión fundamental a la que no sabemos responder con respecto a nuestras
sociedades del siglo XXI: ¿Qué es la ciudad? La ciudad debería ser el reflejo de las
estructuras sociales. Si estas estructuras están evolucionando la ciudad debería ser
evolutiva; debería responder a las aspiraciones de los hombres pertenecientes a todos los
estratos de la población, ya sea en la actualidad y prever su situación futura.
En este contexto, la
ciudad no será únicamente el resultado de una llamada a la producción al consumo y al
intercambio, sino que también es una construcción voluntaria de los hombres relacionada
con el desarrollo de su pensamiento de tipo racionalista (Chombart, 1976).
Si estuviésemos
dispuestos a operar con la hipótesis central que elabora (Lefebvre, 1972), también
deberíamos admitir que nuestro objeto empírico de investigación, al ser un tipo dado de
ciudad no es otra cosa que el estudio del lugar de concentración de la población: es
decir, el lugar de habitación en cuyos límites el hombre realiza algunos actos
elementales: comer, dormir, reproducirse, recrearse.
La mayoría de los
estudiosos de las ciencias sociales han elaborado una definición de ciudad. La
definición previa es, en efecto, el primer paso científico de todo estudio. Pero una
rápida revisión de las definiciones propuestas nos mostrará las numerosas dificultades
con que ha tropezado cada autor al tratar de dar una definición precisa.
La mayoría de los
autores han señalado, que un elemento esencial de la definición debía basarse en la
actividad que realizan las ciudades; pero estas actividades presentan aspectos tan
diversos que es difícil definirla y frecuentemente se la designa, bajo un aspecto
contrario, en relación al campo, (Garnier y Chabot, 1970).
La ciudad citando a
(Morse, 1969), la concibe de acuerdo a la proporción de la población total concentrada
en asentamientos humanos o a una elevación de esta proporción.
Existen en los
diferentes países parámetros o medidas para catalogar una ciudad o un pueblo como
urbanos así: Guatemala, considera como ciudades a las poblaciones de 2.000 habitantes o a
las de 1.500 si están equipadas con agua corriente; Chile, considera como ciudad a los
centros dotados de determinados servicios públicos; Israel, a los centros que ejercen una
actividad no agrícola.
Colombia considera como
ciudad, un poblado con 2.500 habitantes y más (DANE, 1985). En este sentido, (George,
1980; Garnier y Chabot, 1970), han mostrado con gran claridad las contradicciones
insolubles del empirismo estadístico en la definición del concepto. Sí bien el criterio
convencional para definir la ciudad, en muchos países, parece ser efectivamente el
número de habitantes, los indicadores de diversas actividades dependen de cada tipo de
sociedad y, por último las mismas cantidades cobran sentido totalmente diferente, según
las estructuras productivas y sociales que determinan la Organización del espacio.
El factor decisivo no
debe ser el número de habitantes, ya que no representa -por lo menos en el ancho espectro
de la ciudad intermedia- ningún indicador del grado de importancia de la respectiva
ciudad. Se puede hacer una afirmación sobre la importancia real de una ciudad, solamente
cuando se tiene en cuenta otras características, como la fisonomía urbana, la
diferenciación socio-espacial, la estructura económica y la dimensión de la pobreza,
las funciones centralizadas y de interdependencia con otras ciudades, (Mertins 1991).
Otro criterio que
utilizan los planificadores, geógrafos, sociólogos, arquitectos, economistas, etc., es
la definición de un límite entre la ciudad y lo rural; éste, nos indica hasta dónde se
extiende lo urbano y dónde comienza lo rural; pero generalmente se ignora con qué
criterios se determina la fijación del perímetro urbano; en este sentido, bien valdrían
los siguientes interrogantes: ¿Quién y cómo se delimitan áreas urbanas y rurales?
¿Hasta qué punto este deslinde se origina en trabajos de carácter científico? ¿O es
un deslinde definido arbitrariamente, bajo la presión de ciertos intereses?
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