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CAPITULO III
PASTO: ESPACIO,
ECONOMIA Y
CULTURA. PERIODO
COLONIAL
1. ECONOMÍA Y ESPACIO
Como parte del
proceso de conquista española, la fundación de Pasto es resultado de estrategias
económicas y políticas definidas, primero bajo la forma de recomendaciones y ordenanzas
y luego reglamentadas mediante un cuerpo de leyes promulgadas por Felipe II en 1573, en
las cuales se atiende tanto las ventajas comparativas que beneficien a la Corona y como a
los conquistadores.
El Estado crea la
ciudad y sobre ella toma lugar (Zambrano 1993:13); así, la fundación de cada pueblo se
convierte en pieza importante en el engranaje de configuración del imperio. Juega papel
militar y político, es baluarte y referencia de reconocimiento, dominio y control del
territorio; aspectos que en conjunto permiten asociar la ciudad a un sistema de poder
(Guzmán 1989:1 3). Sebastián de Belalcázar responsable de la fundación y poblamiento
de Pasto refiere a Jiménez de Quezada"... son las ciudades que se fundan, la
seguridad de los reinos adquiridos, por ser el centro donde se recoge la fuerza para
aplicarla a la parte que más necesita de ella" (Mosquera, Aprile 1978: 3).
Los Conquistadores para
llevar a cabo fundaciones tienen clara conciencia del valor del espacio y beneficios que
se derivan de algunas características geográficas, pues la ley establece distribuir el
tributo entre encomenderos y la Corona, con posibilidades de obtener las tierras
descubiertas, como retribución a los méritos de la conquista y el poder otorgado a
quienes pueblan ciudades. Los incentivos adquieren mayor significado teniendo en cuenta el
acentuado origen popular de los españoles que se manifiesta en su alto grado de
cicatería. Según Fride (1974) el 80% son personas humildes, soldados marineros,
campesinos, artesanos y muchos sin oficio; un 15% corresponde a clase media y sólo 5%
proceden de familias acomodadas, entre los cuales si acaso alguno pertenece a la Pequeña
burguesía.
Es así como el
capitán Diego de Tapia, Comandante de la expedición Pedro de Puelles, Teniente
Gobernador; Rodrigo de Campo, Capitán; Cristóbal Rodríguez, Escribano público y un
contingente de soldados constituyen los primeros españoles que arriban al Valle de Atriz
en 1537. Los que deciden quedarse como pobladores reciben de Belalcázar las primeras
donaciones en tierras, ganado y otros bienes por intermedio de Diego de Tapia, su
representante.
Detenido el ímpetu
explorador, los españoles con sus encomiendas pasan a convertirse en colonizadores.
Siembran las semillas que traen y disponen de la crianza del ganado y especies menores,
transformándose en hacendados, agricultores, artesanos o comerciantes. Para su
asentamiento permanente adoptan inicialmente las viviendas indígenas como refugio
temporal. Emplean para ello materiales locales del entorno pero apelan a su memoria
técnica y anímica para crear su nuevo hábitat (Téllez 1995: 5).
Las expediciones
anteriores ya dan cuenta de los yacimientos mineros; por tanto, una vez establecidos los
cargos públicos se inicia el proceso de explotación de los recursos teniendo como centro
de atención la apropiación aurífera. Con esta perspectiva, la fundación de Pasto
reúne las condiciones para un desenvolvimiento espacial sostenido; sobresale en primer
lugar la alta densidad de población, abundante tributo de origen agrícola y artesanal y
condiciones ambientales para un desarrollo agropecuario. Está además presente el
desarrollo organizacional indígena que facilita a lo encomenderos afianzar su proyecto de
acumulación de riqueza; poder. De esta suerte el desenvolvimiento de Pasto rápidamente es
afectado por la instauración de las instituciones propias del régimen colonial.
Pasto también adquiere
importancia dada su ubicación geográfica estratégica. Está retirada y equidistante
entre Popayán y Quito; es paso obligado entre Cartagena y Lima. Como centro poblacional
entre estas dos ciudades le corresponde asumir el carácter de frontera y controlar la
población indígena en una vasta área y liderar un nuevo ordenamiento territorial desde
los Andes hasta las tierras bajas del Pacífico y la Amazonia. A una escala mayor, Pasto
también marca el límite norte de la región andina que está íntimamente ligada a la
metrópoli mediante el puerto de Guayaquil, de ahí su permanente contacto con Quito,
especialmente a partir de 1545 cuando esta ciudad es promovida a sede del obispado y luego
a capital de Audiencia en 1563. Pasto a su vez es frontera sur de la Audiencia conformada
por las tres ciudades más importantes, Santafé de Bogotá, Cartagena y Popayán.
Figura 15
Figura 16
Figura 17
De modo que la
consolidación de la fundación es rápida, en tanto que la extracción de oro impulsa el
comercio basado en el desarrollo agrícola de las encomiendas.
Romoli señala que en
1555 ya se habían entregado solares a 32 vecinos para construir sus casas y en las
cercanías a Pasto lotes que van de 1 a 15 cuadras "de pan sembrar" después de
los cuales siguen estancias de ganado mayor y cultivos de trigo y cebada (1978:34).
Según las relaciones
de Popayán (1559 - 1560)
"Hay en la
Villa de Pasto veintiocho vecinos encomenderos y sesenta y seis caciques y pueblos, y
entre ellos veinte y tres mil y setecientos y treinta y cuatro indios.. tasados en diez y
siete mil y cuatrocientos cincuenta mantas y novecientos y ochenta y siete hanegas de
trigo y maíz y cebada y frijoles, sembrado y beneficiando y cogido... "(CESPEDESIA
1983: 27).
La
referencia
sugiere un alto valor de las encomiendas, que para ese entonces son superadas sólo por
Santafé, Tunja y Quito en cuanto a número y densidad democrática. El visitador López
establece en 1558 que la región de Pasto tiene el número más alto de tributarios de la
provincia de Popayán, equivalente a 23.734 indígenas incluyendo a Pastos y Abades. Sigue
en orden Popayán con menos de la mitad del número de Pasto. Sumados los tributarios de
Santafé de Antioquia, Cartago, Fuga e Iscancé, pueblos que siguen en orden jerarquico a
Popayán, cuentan entre todos el mismo número de Pasto (Calero 1991: 87).
Esta condición hace al
Distrito de Pasto muy especial en tanto que los encomenderos poseen cada uno en promedio
844 tributarios, frente a 721 en Tunja, 664 en Santafé y 55 en Popayán. En otras
palabras, aunque Tunja posee 52.647 tributarios indígenas y Santafé llega a 36.552, las
encomiendas de Pasto son individualmente las mejores del territorio Neogranadino. Solo el
Capitán Rodrigo Pérez de Guzmán abarca Sibundoy, Obonuco y Quiña con la suma 3.770
tributarios, equiparable únicamente con la encomienda del Capitán de Céspedes en
Santafé, quien tiene el pueblo de Ubaté con 3.900 tributarios; las dos encomiendas son
las más grandes de la Nueva Granada. En el mismo sentido, Cepeda, Mancio Pérez, Melchor
de Argüello y el Capitán Palominio gozan de encomiendas que poseen entre 1.200 y 1.500
indios, similares a las más grandes de Santafé y Tunja (Alvarez 1991:15).
Con referencia a la
tasación de Pasto realizada por Tomás López entre 1558 y 1559, E. Zuñiga reseña la
repartición de 2.921 tributarios procedentes de 20 pueblos y controlados por 18
encomenderos. La encomienda más grande corresponde a Alonso del Valle que posee 600
tributarios en el pueblo de La Laguna, de donde se surte a la ciudad en madera para las
contrucciones. Por esa razón hay allí 42
carpinteros obligados a pagar tributo en
tablas y bateas principalmente. Siguen en orden las encomiendas con más de 200
tributarios pertenecientes a Luis de Cacanas (Catambuco), Juan Sánchez de Xeres
(Pegindino) y Rodrigo Pérez (Obonuco). La más pequeña es Pandiaco perteneciente a Joan
Galindez con 26 tributarios (1996: 157-158).
Aunque los encomenderos
tienen Casas de campo, preferiblemente residen en la ciudad donde tienen asiento las
nuevas instituciones, a partir de las cuales empiezan a desarrollarse funciones propias
del proceso urbano que cambia las relaciones socio-espaciales precedentes. De este modo la
Villa de Pasto como espacio urbano se convierte en centro de poder de una elite codiciosa
que al amparo de dichas instituciones poco a poco impone su dominio, ya que allí se
decide el uso del suelo, tenencia de la tierra y en general las políticas que enlazan al
espacio rural agrario como productor de excedentes agrícolas y artesanales que sustentan
la ciudad.
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