ESPACIALIZANDO RESISTENCIA: PERSPECTIVAS DE 'ESPACIO' Y 'LUGAR'
EN LAS INVESTIGACIONES DE MOVIMIENTOS SOCIALES
Ulrich Oslender

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Conclusiones

En este capítulo he tratado de demostrar y ejemplificar la necesidad de ir más allá de un simple uso de metáforas espaciales y de analizar los conceptos de ‘espacio’ y ‘lugar’ como terrenos específicos en que se manifiestan las múltiples relaciones de poder en formas específicas de dominación y resistencia. El espacio así como el lugar son entonces conceptos esencialmente políticos. El espacio es además no solamente el dominio del estado que lo administra, ordena y controla, sino la siempre dinámica y fluida interacción entre lo local y lo global, lo individual y lo colectivo, lo privado y lo público, y entre resistencia y dominación. En el espacio se brinda el potencial de desafiar y subvertir el poder dominante, y por eso forma parte esencial de una política de resistencia como articulada, por ejemplo, por los movimientos sociales de las comunidades negras en Colombia. El espacio además encarna las formas materiales concretas de la constitución espacial de la vida social. Además, una perspectiva de lugar, como propuesta aquí, ayuda a explicar los procesos interrelacionados entre localidad, ubicación y sentido de lugar y sus formas concretas actuadas en el terreno. Un riguroso análisis espacial entonces afirma la importancia y el potencial de lo local y de la agencia humana de interpretar, resistir, y/o subvertir los procesos de globalización, y de esta manera nos advierte contra un macro-análisis desligado de las especificaciones de lugar. Queremos frenar los discursos normalizadores sobre la globalización que carecen de sentido crítico, al mostrar cómo las diferencias espaciales son importantes en la aceptación, la mediación o en la resistencia frente a los procesos de globalización. El concepto de lugar debe ser entendido como fluido y como el resultado de las relaciones contingentes y de las dinámicas espaciales identificadas en los tres componentes constitutivos de ubicación, localidad, y sentido de lugar. Es precisamente este carácter fluido que queremos capturar con el concepto de lugar.

Las implicaciones para la metodología dentro de la investigación de movimientos sociales son enormes, ya que la perspectiva de lugar hace énfasis en las voces de los actores sociales y en agenciamiento local:

Una sensibilidad frente a lugares particulares de resistencia implica el reconocimiento de la intencionalidad de sujetos históricos, la naturaleza subjetiva de las percepciones, imaginaciones y experiencias en contextos espaciales dinámicos, y cómo los espacios están transformados en lugares llenos de significados culturales, memoria e identidad. (Routledge 1996:520)

Esto me parece particularmente importante dado que hay un interés fuerte en los análisis comparativos de movimientos sociales, que frecuentemente parecen estar más interesados en mostrar cómo resistencias particulares están relacionadas con los procesos de  globalización que en los propios y muy específicos procesos del agenciamiento de los movimientos. Castells (1997:68-109), por ejemplo, compara los casos de la rebelión Zapatista en Chiapas, México, con el movimiento milicia en los EEUU y con el ‘Aum Shinrikyo’ en el Japón, para mostrar que el adversario común es la globalización y el nuevo orden mundial. En otro análisis comparativo que carece de sensibilidad a lugar y espacio, Zirakzadeh (1997) compara a los ‘Verdes’ de Alemania del Oeste, el movimiento de ‘Solidaridad’ en Polonia, y el Sendero Luminoso de Perú. Mientras que dichos análisis puedan o no contribuir a un mejor entendimiento de cómo explicar movimientos sociales contemporáneos en el contexto global, es cierto que muy poco nos dicen para entender el agenciamiento de los movimientos referentes a sus lugares y sus espacios. Hay tal vez demasiado interés por parte del investigador por los procesos de globalización que entenebrecen los procedimientos complejos en el terreno de la vida cotidiana. Tenemos que preguntarnos si eso no nos dice más sobre la actitud, la metodología y las formas de hacer investigaciones que sobre las realidades de la vida social. Investigadores cuya preocupación es de ‘compromiso crítico’ (Routledge 1996) o de ‘investigación de acción participativa’ (Fals Borda 1987) ponen énfasis en la importancia de un compromiso auténtico del investigador y una relación de mutuo interés entre el investigador y los participantes de los movimientos sociales. Juntos producirían una ‘doble historia’ (Fals Borda 1987), un estilo dual de escribir, dos lenguajes. Una que facilita el entendimiento de conceptos analíticos para el lector non-iniciado, y la otra en términos conceptuales y teoréticos. Crucial en esta metodología es la devolución sistemática del conocimiento a las comunidades:

Hay una obligación de devolver este conocimiento sistemáticamente a las comunidades y las organizaciones de trabajadores porque continuan de ser su propietario. (Fals Borda 1987: 344)

Esto es una importante contribución a la construcción de un ‘espacio diferencial’, y a un proceso de articulación de los contra-discursos imaginados por Lefebvre (1991). Estos contra-discursos están construidos por los movimientos sociales en un proceso de ‘política articulatoria’ (Laclau & Mouffe 1985), y tienen su manifestación material y discursiva en las experiencias de la vida cotidiana. Yace aquí precisamente la importancia de las investigaciones sobre movimientos sociales en el debate sobre la construcción de la democracia participativa (Jelin 1987, 1996; Navarro 1994; Massey 1995; Mouffe 1995; Brown 1996; Nash 1997).

Slater (1985:21) ha subrayado

 ... la necesidad de hacer más investigación - no simplemente por razones científicas sino también como un brazo en la lucha por una transformación social verdaderamente democrática.

Y la importancia de la vida cotidiana como espacio de resistencia ha sido expresada por Jelin (1987:11):

Pensamos que la cotidianeidad y los movimientos sociales son un espacio privilegiado para estudiar estos procesos de mediación, ya que los movimientos sociales se ubican, al menos teóricamente, en ese espacio intermedio entre la cotidianeidad individualizada, familiar, habitual, de micro-climas, y los procesos socio-políticos con mayúscula, del Estado y las instituciones, que pueden aparecer a menudo como muy distantes, superiores y solemnes.

Una perspectiva de lugar arraiga estos procesos, lo cotidiano y las articulaciones por parte de los movimientos sociales firmemente en un lugar, un terreno material, y nos ayuda a entender las políticas culturales de los movimientos sociales contemporáneos y en explicar mejor por qué y de qué manera los movimientos emergen precisamente donde y cómo lo hacen.

 

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