Una perspectiva de lugar sobre movimientos
sociales
Dentro de la geografía se ha llevado a cabo un debate intenso sobre la
mediación espacial de estructuras y relaciones sociales (ver, por ejemplo, Soja 1989;
Harvey 1989, 1996; Massey 1994; Gregory 1994). Como Harvey (1989:223) ha señalado, las
prácticas espaciales toman sus significados bajo específicas relaciones
sociales de clase, género, comunidad, etnicidad o raza y están utilizadas o re-modeladas
en el curso de la acción social. Estas prácticas espaciales están materializadas
de forma concreta en el lugar. Pero qué queremos decir exactamente cuando hablamos de
lugar? Agnew (1987) ha desarrollado una perspectiva de lugar que es
particularmente interesante cuando discutimos las relaciones entre lo local y lo global.
Así podemos re-orientar discursos dominantes de globalización que están tanto de moda
en estos días, pero que tienden a ignorar, o mejor dicho prefieren ignorar el potencial
dentro de lo local para subvertir, modelar o enfrentar activamente discursos y estrategias
de globalización.[i]
El concepto de Agnew se constituye de tres elementos: 1) localidad, 2) ubicación, y 3)
sentido de lugar. En lo más general, localidad refiere a los marcos formales e informales
dentro de cuales están constituidas las interacciones sociales cotidianas.[ii] Ubicación se
puede definir como el espacio geográfico concreto que incluye la localidad que está
afectada por procesos económicos y políticos que operan dentro de un marco más amplio
regional, nacional y global. Ubicación hace énfasis en el orden macro de una región,
como ella, por ejemplo, está situada dentro del proceso del desarrollo desigual. Neil
Smith (1990:xiii) ha argumentado que el desarrollo desigual es la expresión
geográfica sistemática de las contradicciones inherentes a la constitución y a la
estructura del capital. Existe entonces una geografía específica del capitalismo,
que produce paisajes geográficos del desarrollo y del
subdesarrollo. Estos paisajes se pueden leer en el concepto de
ubicación.[iii] El
tercer elemento en el concepto de lugar es el sentido de lugar, o la
estructura de sentimiento local, para adoptar la expresión de Raymond
Williams (1977:128-135). Trata de expresar la orientación subjetiva que se deriva del
vivir en un lugar particular. Sin embargo, no debemos ver los tres componentes como
rígidamente separados, sino como momentos fluidos cuyas interacciones se influencian y
forman entre sí. Es precisamente esta fluidez la que da al concepto de lugar su fuerza
analítica. Un sentido de lugar particular modela las relaciones sociales e interacciones
de la localidad (y viceversa), y ambos elementos están influenciados por las estructuras
políticas y económicas más amplias y las formas en que éstas están visiblemente
expresadas y manifestadas en ubicación. Central en este concepto de lugar es el énfasis
sobre sentimiento, subjetividades y formas individuales y colectivas de
percepciones de la vida social. Este aspecto ha sido capturado en las ciencias sociales en
el concepto de cultura (Williams 1981, Hall 1996). Dentro de la investigación de
movimientos sociales, el interés por las subjetividades ha sido expresado sobre todo en
el paradigma de la identidad colectiva (PIC), que pone énfasis en la
reproducción cultural y el control de historicidad (Touraine 1988). Los movimientos
sociales deben entenderse en conjunción con las redes culturales sumergidas de la vida
cotidiana de la cual emergen (Melucci 1989). Las identidades están construidas como un
proceso dinámico; no son un producto dado y fijo. Y precisamente porque las identidades
son específicas de un lugar, debemos entenderlas como constituidas por los tres elementos
de localidad, ubicación y sentido de lugar. Este contexto específico de lugar ayuda
también a dirigir la atención a la pregunta de por qué ciertos movimientos sociales
emergen exactamente donde lo hacen (Routledge 1993), un aspecto frecuentemente ignorado en
las investigaciones de movimientos sociales.[iv] Precisamente porque las particularidades de
lugar afectan el carácter, las dinámicas y los resultados de la agencia del
movimiento (Routledge 1993:21), tenemos que tomar en serio las implicaciones de
lugar. Estas particularidades de lugar también iluminan los
espíritus de la agencia de movimientos y sus articulaciones de las
experiencias de la vida cotidiana. Routledge (1993:35-36) trata de formular la perspectiva
de lugar en movimientos sociales con el concepto de terreno de resistencia que
se entiende como el terreno geográfico concreto y material en que las resistencias están
articuladas y actuadas como experiencias activamente vividas:
Un terreno de resistencia se refiere a estos
lugares donde la lucha está activamente articulada por los oprimidos, y no una metáfora
que define para los oprimidos donde y cómo las luchas deberían llevarse a cabo ..., un
sitio de contestación dentro de creencias diferentes, valores y objetivos que están
específicos de un lugar.
Este terreno refleja entonces la
relación dialéctica y espacializada entre dominación y resistencia. La resistencia no
es autónoma, pero siempre es percibida y actuada en relación con prácticas de
dominación, explotación y/o sujeción (Routledge 1997). En el caso de las relaciones
entre estado y movimientos sociales, el estado puede responder a las exigencias de
movimientos sociales con coacción (represión), co-opción (seducción), o mediación, o
con una mezcla de estos tres procesos. Como ya he mencionado antes, hay una tendencia
creciente (pero no exclusiva) en América Latina a pensar que esta relación es de
mediación. Vamos a ver ahora, cómo esta relación entre estado y movimientos sociales se
expresa espacialmente en el caso del Pacífico colombiano.
[i] Pred & Watts (1992), por ejemplo, insisten en las
múltiples formas en que las culturas locales procesan, modelan, cambian e influencian las
condiciones y acciones del capital global y de la modernidad. Y el argumento de Peet &
Watts (1996) por 'ecologías de liberación' pone énfasis en la importancia de
construcciones locales de ecología e 'imaginarios medio ambientales' como sitio
importante de resistencias.
[ii] El término de localidad ('locale') fue propuesto por Giddens
(1979, 1984) en su desarrollo de la teoría de estructuración. Sin embargo, Giddens
tiende a preferir el uso de 'localidad' a lo de 'lugar', reduciendo así la complejidad
analítica del concepto de lugar, excluyendo los dos otros componentes de ubicación y
sentido de lugar.
[iii] Ver Duncan (1990), Duncan & Duncan (1988) sobre la
conceptualización del 'paisaje como texto', que nos permite 'leer' cómo las relaciones
de poder están inscritas de forma material en paisajes específicos.
[iv] Ver, por ejemplo, el argumento común: 'Chiapas habría podido
ocurrir en cualquier lugar en México', refiriéndose a la rebelión Zapatista en el
estado Chiapas del sur de México. La cuestión por qué es precisamente en Chiapas que
tiene lugar la rebelión parece atraer poca atención (pero en Harvey (1995), se investiga
esta problemática). Una perspectiva de lugar como argumentado en este capítulo
analizaría las estructuras socio-económicas y políticas de la ubicación de Chiapas en
relación con las interacciones sociales de localidad. Un análisis crítico de la
'estructura del sentimiento' local o del sentido de lugar investigaría las culturas
tradicionales y sus estilos de vida de los campesinos en Chiapas, y cómo estas
experiencias específicas del lugar han estado articuladas como resistencias y exigencias
para 're-apropriar los espacios de la gente' (Esteva 1987) desde hace tiempo, y mucho
antes de que los Zapatistas proclamaron 'Hoy decimos basta' el 1 de Enero 1994 (EZLN
1996).
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