ESPACIALIZANDO RESISTENCIA: PERSPECTIVAS DE 'ESPACIO' Y 'LUGAR'
EN LAS INVESTIGACIONES DE MOVIMIENTOS SOCIALES
Ulrich Oslender

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Lefebvre y la Política del Espacio

En sus “ Reflexiones sobre la Política del Espacio ”, Lefebvre (1976:31) dijo:

El espacio no es un objeto científico separado de la ideología o de la política; siempre ha sido político y estratégico. Si el espacio tiene apariencia de neutralidad e indiferencia frente a sus contenidos, y por eso parece ser puramente formal y el epítome de abstracción racional, es precisamente porque ya ha sido ocupado y usado, y ya ha sido el foco de procesos pasados cuyas huellas no son siempre evidentes en el paisaje. El espacio ha sido formado y modelado por elementos históricos y naturales; pero esto ha sido un proceso político. El espacio es político e ideológico. Es un producto literariamente lleno de ideologías. 

Esta conceptualización del espacio expone claramente la presencia de conflictos en el uso del espacio. Estas contestaciones están frecuentemente articuladas por movimientos sociales en el campo político, económico y lo de la sociedad civil. Varias teorías sobre movimientos sociales han tratado de explicar sus emergencias, manifestaciones y sus éxitos o fracasos. Los dos planteamientos principales, que han atraído una variedad de análisis científicos y comparaciones, son la ‘Teoría de Movilización de Recursos’ (TMR) y el ‘Paradigma de la Identidad Colectiva’ (PIC). [i] TMR analiza los recursos, objetivos, oportunidades, estrategias y la organización de movimientos sociales, y observa los procesos de los movimientos en el transcurrir del tiempo. Se interesa particularmente por el papel de los partidos políticos en su función de organizar los movimientos y analiza críticamente el estado como instrumento de represión.[ii] PIC critica a las TMR en lo que las últimas conciben el actor individual en términos de un ser racional definido por sus objetivos. PIC trata de ir más allá de estos planteamientos encerrados y pone énfasis sobre las múltiples formas en que los actores sociales crean y forman sus identidades y articulan y defienden sus solidaridades.[iii] En este planteamiento, los actores no son definidos por sus objetivos inmediatos, sino por las relaciones sociales y las del poder dentro de las cuales están situados. Sus identidades son dimensiones culturales expresadas como protesta social. Estas pueden tomar formas muy sutiles, y particular énfasis se ha puesto, por ejemplo, en el tono y el sentimiento de los actores en su potencial de impulsar eventos (Scott 1990:203). Mucha atención han recibido entonces el lenguaje y las voces de actores en el proceso de articulación de movimientos sociales (Routledge 1993). Como Melucci (1989) lo ha expresado: “ El movimiento es el mensaje ”.

Sin embargo, a lo que Routledge (1993:21) se ha referido como una laguna en la investigación de movimientos sociales, es la carencia de una expresada perspectiva de lugar y de un análisis conscientemente espacial de los procesos de los movimientos. Aunque algunos esfuerzos se han hecho para llenar este vacío (Routledge 1996, Pile & Keith 1997, Slater 1998), mucho queda por hacer para difundir la importancia de una sensibilidad espacial en el análisis de movimientos sociales. En este aspecto el trabajo de Lefebvre sobre la producción del espacio brinda un marco teórico importante dentro del cual podemos tratar de acercarnos a este proyecto de espacializar resistencias. Las preocupaciones de Lefebvre han sido constantemente alrededor de lo cotidiano y de cuestiones de representación. Sus “ figuraciones poéticas ” (Gregory 1994:358) han también atraído geógrafos de la posmodernidad (Soja 1989). En común con Foucault tiene un interés por la historia del cuerpo humano y por los regímenes del poder moderno que disciplina el cuerpo. Este aspecto también se ve reflejado en el interés que Lefebvre tiene por analizar resistencias: considera al espacio como un producto del cuerpo humano, y como tal se vuelve un lugar de resistencia en su capacidad corporeal de producir espacio y devolver el poder a la vida cotidiana. El espacio entonces no es directamente impuesto sobre el cuerpo, no es concebido en forma pasiva, sino activamente percibido por actores sociales capaces y conscientes. Es dentro de estos espacios percibidos que se puede localizar a las resistencias.

Estas consideraciones se aclararán cuando consideremos los tres ‘momentos’ interconectados que Lefebvre (1991) identifica en la producción del espacio: 1) prácticas espaciales; 2) representaciones del espacio; y 3) espacios de representación. Las prácticas espaciales se refieren a las formas en que nosotros generamos, utilizamos y percibimos el espacio. Por un lado, han efectuado los procesos de comodificación y burocratización de la vida cotidiana, un fenómeno que Lefebvre considera sintomático y constitutivo de la modernidad. Así se ha colonizado efectivamente un antiguo, e históricamente sedimentado ‘espacio concreto’. Un argumento parecido encontramos en Habermas (1987) que refiere a este proceso como ‘colonización del mundo-vida’. Sin embargo, por el otro lado, estas prácticas espaciales están íntimamente vinculadas con las experiencias de la vida cotidiana y las memorias colectivas de formas de vida diferentes. Por eso llevan un potencial para resistir esta colonización de los espacios concretos. Las representaciones del espacio se refieren a los espacios concebidos, que están derivados de una lógica particular y de saberes técnicos y racionales. Estos saberes (‘savoir’ en francés) están vinculados con las instituciones del poder dominante y con las representaciones normalizadas generadas por una ‘lógica de visualización’ hegemónica. Están representados como ‘espacios legibles’ - por ejemplo mapas, estadísticas, etc. - de visiones y representaciones normalizadas que existen en las estructuras estatales, en la economía, y en la sociedad civil. Esta legibilidad funciona como una simplificación del espacio a una superficie transparente. De esta manera se produce una visión particular normalizada que oscurece luchas, ambigüedades, y otras formas de ver, percibir e imaginar el mundo. Mientras tanto, ella misma se autoriza como ‘verdad’ del espacio. Eso no quiere decir que estas relaciones son necesarias. De hecho, existen múltiples formas de desafíos y reapropriaciones del espacio por los actores sociales. Sin embargo, lo que hace esta conceptualización de representaciones de espacio muy importante hoy en día, es la importancia creciente de formas dominantes de esta lógica de visualización y las relaciones de poder y saber que la reproducen y son reproducidas por ella. El uso creciente de las tecnologías de información y de las nuevas formas de modelar dinámicamente la vida social, como por ejemplo en los sistemas de información geográfica (SIG), son otro indicador de la dominación creciente de representaciones del espacio. Su efecto es uno de abstracción y decorporealización del espacio, siempre apoyado por argumentos científicos y apelando a una ‘verdadera’ representación.

Argumentos parecidos sobre ‘verdaderas’ representaciones han sido encontrados por Cosgrove (1985) en el arte. Observa que en el Renacimiento la perspectiva lineal como dominante ‘forma de ver’ no sólo trataba de pintar paisajes más ‘realistas’ sino también cómo este método terminaba siendo la norma aceptada y la estandarización de toda clase de representaciones. Sin embargo, esta lógica de visualización no es estática. En el arte hemos presenciado muchas vías de subvertir estas formas dominantes de representación, como el surrealismo, que se caracteriza por una fragmentación extrema del objeto. La lógica de la visualización aquí no tiene como objetivo una representación verdadera del espacio, sino se vuelve ella misma la razón de su propia existencia. Presenciamos hoy en día una visualización absoluta en formas de imágenes fragmentadas, en que “cosas, eventos y situaciones están sustituidos por siempre por representaciones” (Lefebvre 1991:311). Es esta la fragmentación extrema de objetos, temas, identidades etc. tan sintomática y característica de la ‘condición posmoderna’ (Lyotard 1984) o de la ‘condición de la posmodernidad’ (Harvey 1989). Muchos marxistas occidentales consideran que la fragmentación creciente de los tiempos posmodernos sirve los intereses del capitalismo global en pleno proceso de re-estructuración, al poner en peligro y/o destruir la unidad necesaria para un cambio social revolucionario (Habermas 1987; Harvey 1989, 1996; Jameson 1991). Estos autores ponen énfasis sobre la importancia crucial de la categoría de ‘clase’ y de la primacía de los trabajadores organizados como “sepulturero principal del capitalismo” (Miliband 1985). Otros, mientras tanto, escribiendo desde una perspectiva pos-Marxista, han argumentado que hace falta considerar el potencial libertador situado en la fragmentación de identidades, dibujando caminos posibles hacia lo que se ha denominado una ‘democracia radical’ (Laclau & Mouffe 1985, Laclau 1994, Mouffe 1995). Se ha mostrado que precisamente a través de fragmentaciones de identidades como clase, raza, etnicidad, género, sexualidad, etc. se han construido una variedad de resistencias y desafíos de representaciones dominantes de paisajes discursivos y materiales (Castells 1983, 1997; Eckstein 1989; Escobar & Alvarez 1992; Jelin 1987; Radcliffe & Westwood 1993). Así que las contradicciones intrínsecas del ‘espacio abstracto’ (Lefebvre 1991), que es precisamente “el espacio del capitalismo contemporáneo” (Gregory 1994:360), nos llevan a la búsqueda por un contra-espacio, un ‘espacio diferenciado’, articulado en las multiplicidades de resistencias como una política concreta del espacio.

Lefebvre sitúa estas resistencias en los espacios de representación. Estos son los espacios vividos, que se producen y modifican en el transcurso del tiempo. Representan formas de conocimientos locales y menos formales (‘connaissances’ en francés), que son dinámicas, simbólicas, y saturadas con significados. Estos espacios están articulados en las vidas cotidianas y constituyen lo que Lefebvre llama ‘sitios de resistencia’.[iv] En estos espacios encontramos una gran variedad de ‘contra-discursos’, en el sentido de Foucault, presentados por actores que se niegan a reconocer y a aceptar el poder hegemónico. De esta manera, la vida cotidiana se produce dentro de la relación dialéctica entre espacio y capitalismo. Por un lado, “un espacio geográfico que impide” (Harvey 1982) presenta obstáculos a la acumulación del capital. El capital trata de vencer esto con progresos tecnológicos y una variedad de ‘arreglos espaciales’, expresado recientemente como un proceso de ‘compresión tiempo-espacio’ (Harvey 1989).[v] Por el otro lado, se tiene que considerar al espacio como un recurso organizativo y como una fuerza de producción del capitalismo (Smith 1990). La vida cotidiana es afectada por estos procesos en que es un espacio enmarcado, restringido y colonizado en diferentes niveles por la comodificación y el territorio del estado. Ella misma es entonces un producto de la modernidad. Hasta qué punto lo cotidiano está marcado en estos procesos, depende en parte de las relaciones sociales, económicas y culturales que siempre están localizadas en la noción de ‘lugar’. Este factor será elaborado más adelante con una perspectiva de lugar en la investigación de movimientos sociales. Por el momento es importante reconocer la gran variedad de huellas y memorias de las prácticas espaciales que están relativamente poco influenciadas por la modernidad y que nutren los múltiples imaginarios de resistencias.


[i] Para nuestro análisis aquí un breve resumen de las principales ideas es suficiente. Sin embargo, noten que dentro de ambas teorías se puede identificar una variedad de planteamientos diferentes (vea por ejemplo a Cohen 1985, Foweraker 1995, Zirakzadeh 1997, por una interesante comparación de los varios planteamientos dentro de TMR y PIC). Para un excelente análisis de PIC y su significado por el contexto Latinoamericano, ver Escobar (1992).

[ii] Ver, por ejemplo, McCarthy & Zald (1977), Oberschall (1973), Olson (1965), Pickvance (1976), Tilly (1978).

[iii] Ver, por ejemplo, Castells (1983, 1997); Laclau & Mouffe (1985); Melucci (1989); Touraine (1985, 1988)

[iv] Ver también la noción de ‘sitios de resistencia’ en Foucault (1980).

[v] Con el concepto de 'compresión tiempo-espacio' Harvey (1989) trata de explicar los procesos que han revolucionado las calidades objetivas del espacio y del tiempo y por consecuencia nuestras visiones y formas en cuales percibimos, sentimos y representamos el mundo. Los procesos de una globalización creciente y de una movilidad del capital sin precedentes son expresiones del capitalismo contemporáneo, determinadas por las reglas de la producción de mercadería y acumulación de capital. Harvey utiliza el término compresión para mostrar cómo en la historia del capitalismo global la aceleración del paso de la vida nos hace sentir que el mundo alrededor de nosotros nos cae encima.

 

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