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Foto
panorámica de la ciudad de Villavicencio.
El piedemonte gozó de la preferencia
humana desde los tiempos precolombinos por la fertilidad de los suelos, la abundancia de
aguas, los vientos cordilleranos y por ser el escalón hacia los núcleos densamente
poblados. Aunque el Meta era el área más deprimida de los Llanos durante la Colonia y la
Independencia, dio luego un formidable salto. Varias hipótesis explican las causas: la
conexión temprana y su cercanía a Bogotá, el tipo de economía empresarial practicado y
la autonomía administrativa ganada desde 1959, en calidad de departamento. En el Meta
hubo dos asentamientos en los tiempos de la alta colonia: San Juan de los Llanos (1555) y
San Martín del Puerto (1585), la Ciudad Señora que daría origen a la sociedad
villavicense al disgregarse el hato de Apiay.
Los pobladores de San Martín se
entregaron a la ganadería con tal dedicación que los jesuítas adquirieron en 1740 a la
Junta de Diezmos unos terrenos donde fundaron el hato de Apiay para enviar ganados a Santa
Fé. Veinte años más tarde el pueblo fue elegido como centro para abastecer a las
comisiones que deslindaban las posesiones españolas y portuguesas. Con tal motivo se
mejoró el camino de herradura que venía de Santa Fé, antecedente de la actual vía
Bogotá - Villavicencio. Concluida la guerra de Independencia, el gobierno empezó a
otorgar baldíos en el Llano para promover la colonización. Quinientas mil fanegadas se
otorgaron en 1832 para promover el poblamiento de Casanare y alentar las decaídas
misiones de Guanapalo, Macuco, Surimena y Casimena. La abundancia de sierras motivó
migraciones desde el oriente de Cundinamarca e incentivo una producción ganadera cada vez
más significativa.
En los primeros escalones de la
cordillera algunos pobladores visionarios establecieron una posada que llamaron Gramalote
para ofrecer pasturas y reposo a las vacadas antes de iniciar el penoso ascenso. Este
punto cobro importancia y se ensanchó con nuevos vecinos al punto que, de acuerdo con la
historiadora Nancy Espinel Riveros, fue elevado a la condición de distrito con el nombre
de Villavicencio.
Al constituirse en 1868 el Territorio
Nacional de San Martín, Villavicencio paso a ser, como capital, el germen del primer
fenómeno urbanístico del Llano. En la segunda mitad del siglo XIX se dan dos hechos
concomitantes: el auge de la explotación de la quina por la creciente demanda de los
mercados internacionales, y el asentamiento de las politica de inmigración hacia el Llano
al otorgar baldíos por concesión y a tenedores de bonos de deuda publica.
La explotación quinera permitió que
empresarios de Bogotá se percataran de las posibilidades de la feraz región y se hiciera
adjudicar grandes extensiones ocupadas en parte por pequeños colonos. Con sus títulos en
regla, los nuevos dueños expulsan a los colonos dando paso a conflictos que aún no
habían tenido ocurrencia en esas latitudes. El colono accedió a trabajar para el
empresario pero, en no pocos casos, penetro el espacio selvático privando al indio de su
hábitat secular. No es pues un hecho fortuito que el indígena Guahibo reaccionara con
violencia en las costas del Meta luego de ser desarraigado de los espacios del interior.
Entre 1869 y 1927 se adjudicaron en el
Meta 214.579 hectáreas, el sesenta y nueve por ciento de las cuales recayeron en siete
empresarios así: Nazario Lorenzana, 48.586; Emiliano Restrepo, 39.348; Juan Sordo,
19.986; José Bonnet. 12.178: José Alonso. 11.300: Luis Convers. 10.688: Indalecio
Castilla, 5.975. La cantidad restante se adjudicó a medianos y pequeños productores. En
estas partijas quedaron incluidos Santos Gutierrez y Miguel Abadía Méndez, personajes
que llegarían a ocupar la presidencia de la República.
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Hacienda
en Cumaral, hacia mediados del Siglo XIX. Tomado de América Pintoresca de Carlos Wiener y
Jules Crevaux.
En el Meta hubo entonces concentración
de la propiedad rural y los empresarios, en disposición de capital e influencias,
forjaron veintisiete grandes haciendas, siendo Emiliano Restrepo dueño de siete; Josó
Bonnet de tres; y Sergio Convers, Nicolás Castro y los hermanos Vasquez cada uno de dos,
según los datos de Espinel Riveros. Para 1874 se calculó en el Meta un hato de 40.303
cabezas de vacunos aunque hay que advertir que allí se introdujeron reproductores
ingleses de raza durham que mejoraron ostensiblemente la calidad del ganado criollo. En
1903 introducirían cebú puro. Pero, a más de ganado, las mencionadas haciendas
producían cantidades importantes de café, arroz, miel de caña, maíz, plátano y yuca.
La producción agrícola de ese mismo año (1874), en toneladas metrical fue la siguiente:
90.4 de café, 70.6 de arroz, 145 de miel de cane, 1.200 de maíz, 1000 de plátano y 1000
de yuca. Si cinco años atrás la población radicada en el Meta era de 4.056 personas,
necesario es deducir que el grueso de la producción se sacaba a otros mercados. En
efecto, parte iba hacia el interior por el carreteable
Villavicencio-Caqueza-Chipaque-Bogotá, y parte tomaba la ruta Orinoco para ser descargada
en Ciudad Bolívar o Puerto España, en la isla de Trinidad.
La libre navegación del Meta y sus
afluentes se decretó en 1861 y diez años más tarde el francés José Bonnet, a quien se
concedió el monopolio de la navegación, realizó el primer viaje con un cargamento de
café estrenando un vapor de ciento veinticinco toneladas que ordenó fabricar en
Inglaterra. De regreso introdujo maquinaria y herramientas que dinamizaron el proceso de
intercambios.
Al propio tiempo que se abría la
economía, surgió en 1871 la bonanza del caucho por los insistentes pedidos de la
industria automotriz; después, la de pluma de garza. Mejorado el carreteable, abierto el
Meta a la navegacion internacional y en posesión de técnicas que podían duplicar la
producción agrícola y pecuaria, el Meta aprecia destinado a convertirse en un formidable
complejo de los que ya tenían lugar en la Argentina. Se importaban pianos, licores,
armas; el teatro Verdum presentaba cine mudo, y el trabajador se sentía bien remunerado.
Pero sobrevino la guerra de los Mil Días que para el Meta debió llamarse de las mil
maldiciones. Se paralizaron los negocios internacionales, los empresarios y ganaderos
empezaron a recibir solicitudes de "empréstitos" de uno y otro bando, no hubo
mas sal para el ganado, San Martín se volvió escenario de guerra y, en medio de la
estampida de los empresarios, Colombia rompió relaciones con Venezuela por auspiciar la
cause revolucionaria y se cerró la ruta del Orinoco. La economía colapsó.
Concluido el conflicto en 1902, las
haciendas desmanteladas no estuvieron en condiciones de retomar el ritmo; disminuyó la
ganadería y la sierra se llenó de perseguidos políticos y prófugos de cárceles. Para
1926 el Meta registró un hato ganadero de 86.110 cabezas. A partir de 1912 el monopolio
ganadero instaurado en Venezuela por Juan Vicente Gómez obligó a los criadores de Arauca
y el norte de Casanare a llevar en largas caravanas sus semovientes a Villavicencio para
trasladarlos cebados a Bogotá. El Meta mejoró sus dehesas y se fue convirtiendo en el
principal suministrador de carne a la capital de la República. Por 1937 se dió al
servicio de los automotores la carretera entre Villavicencio y Bogotá y esto aceleró la
producción: ese año salieron hacia los mercados externos 30.696 cabezas de ganado gordo,
50.181 bultos de arroz y 5.609 piezas de madera aserrada. La oficina de Registro de
Instrumentos Públicos contabilizó en Villavicencio 468 operaciones de compraventa de
inmuebles frente a 36 adjudicaciones de baldíos.
La muerte de Jorge Eliecer Gaitán en
1948 repercutió con crudeza sobre el Meta y el Llano en general. El lider popular Eliseo
Velázquez perpetró la toma de Puerto López, y amenazaba con proseguir hacia Bogotá. El
gobierno conservador estableció en la capital metense el Batallón Vargas, que sometió a
los ganaderos a la extorsión y el chantaje. La dirigencia nacional del liberalismo en
acuerdo con los hacendados alentó la insurrección armada como respuesta a los desmanes.
El Llano entero se convirtió en escenario de guerra donde llegó a juntarse un ejercito
de hombres, mal armados y carentes de disciplina. El peligro que entrenaba la guerrilla
del Llano, a punto de integrarse con fuerzas comunistas que operaban en el Tolima y la
región del Tequendama, obligó al gobierno a decretar una amnistía que fue atendida por
los jefes mas caracterizados. Entregadas las armas, unos cayeron víctimas de la
retaliación oficial y otros se convirtieron en caciques electorales.
Esta nueva etapa diezmó la economía y
promovió hacia el Llano movimientos migratorios algo más selectivos: el Meta recibió
gente proveniente del Tolima; Casanare, de Boyacá, y Arauca de los Santanderes. En el
Guayabero y el Ariari se establecieron grupos de colonización armada expulsados por el ejército
de las llamadas repúblicas independientes. Estos desplazados constituyeron el germen de
las fuerzas insurgentes que se instalaron en Uribe.
No obstante los tropiezos y las
alteraciones, el experimento colonizador ha rebasado en el Meta todas las expectativas
porque Villavicencio, con idénticos problemas a las demás ciudades, es el primer
fenómeno urbanístico que se da en la Orinoquia. El Meta es en la actualidad el primer
productor de arroz del país, el principal abastecedor de carne a la capital y uno de los
primeros cultivadores de palma africana. Estos adelantos mejorarán notablemente con la
adecuación que actualmente se hace a la vía Bogota-Villavicencio para garantizar el
flujo de productos alimenticios de esta hacia aquella. La vitalidad del Meta se entiende
mejor si se advierte, con Peregrino Ossa, que mientras en 1936 su población se estimaba
en 49.390 habitantes, el censo de 1993 determinó una población de 583.418 habitantes.
El Poblamiento de Casanare
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Molino
para procesar arroz en Casanare.
La experiencia casanareña esta signada
por movimientos pendulares. Centro administrativo del Llano en la etapa de la Colonia, la
contienda independentista arruinó su economía y diezmó su población. En la era
republicana y gracias a los buenos oficios de Salvador Camacho Roldán, (1827-1900)
natural de Nunchía y único llanero que ha llegado por encargo a la Presidencia de la
República, se buscó inútilmente incentivar su poblamiento pero fue luego abandonada a
su suerte. Un factor perturbador del desarrollo de Casanare fue la indecisión en la
fijación de una capital que orientara las políticas administrativas y económicas. En
efecto, Santiago de las Atalayas, fundada en 1588 por el encomendero Pedro Danza Mexía,
fungió como capital hasta ser abandonada por rezones de salubridad; la responsabilidad
pasó a San José de Pore, la ciudad mártir de la Independencia; rotó a Moreno, que
recibió ese nombre en honor de Juan Nepomuceno Moreno y troy sobrevive bajo el
denominativo de Paz de Ariporo; por 1893 se eligió a Tamara como sede del gobierno por su
posición estratégica en el comercio por el Orinoco; esta cedió el lugar temporalmente a
Orocué que, a su vez, lo cedió a Nunchía, y luego, a Yopal.
Tal como aconteciera con Villavicencio,
hacia 1920 se estableció en la margen derecha del río Cravo Sur una posada para ofrecer
descanso y provisión a los ganados que hacían la ruta Morro-Marroquin-Labranzagrande
Sogamoso. La abundancia de árboles de yopo, cuyo fruto produce el alucinógeno del mismo
nombre, hizo que los colonos dieran al vecindario el nombre de Yopal. Poblado ya el sitio,
en 1942 la Asamblea de Boyacá elevó a cabecera municipal la poblacidn que, debido a su
posición privilegiada, absorbió progresivamente las actividades comerciales hasta asumir
de hecho la condición de capital. La violencia de los cincuenta golpeó a Casanare porque
alli se concentraron partidas insurgentes como las de los Bautista y los Parra que
hicieron extremar el rigor de la represión, tal como lo afirma Eduardo Franco Isaza en su
obra Las Guerrillas del Llano.
Disminuyó la ganaderia, campeó el
abigeato, la propiedad cambió de manos y conglomerados como Moreno, Trinidad, Tauramena,
Mani, Sabnalarga y Manare quedaron reducidos a escombros por el fuego y la metralla. En
condición de simple jefatura, Casanare emprendió la reconstrucción teniendo ya por
norte y guía la ciudad de Yopal. Apaciguada la confrontación, empresarios del interior
se ubicaron al sur del departamento, en los municipios de Sabanalarga y Villanueva, e
iniciaron proyectos industriales de gran aliento como las siembras de arroz y de palma
africana que dirige la empresa Palmares de Oriente. Esta prosperidad creciente
coincide con el primer hallazgo de petróleo realizado en 1979 en el campo Cano Garza,
y remata con los gigantescos depósitos de Cusiana, Cupiagua, Volcanera y Florena
descubiertos a partir de 1991. Abierto así el panorama, la población aumenta con sus
secuelas de inseguridad y violencia.
Consultado el compendio de estadísticas
históricas de Colombia, el movimiento poblacional de Casanare ha sido como sigue:
El Poblamiento de Arauca
La colonización de Arauca respondió en
sus comienzos a causas diferentes de las que se dieron en el Meta y Casanare. Con
excepción de Tame que giró en la órbita de Casanare hasta 1923, y de Saravena que
surgió por expansión de la frontera agrícola en los sesentas, los aumentos
poblacionales se desarrollaron alrededor de la ganadería, con flujos provenientes de
Venezuela y ultramar. Estos componentes raciales hacen que el mestizo araucano ofrezca
rasgos sincréticos diferentes al común de los Llanos.
Arauca, la capital, fue fundada en 1780
por el cura seglar Isidro Daboín para contrarrestar el empuje poblador que traían hacia
el occidente los ganaderos venezolanos. En 1816, como antes se hacía ver, la pequeña
aldea recibió los rezagos de las tropas vencidas por la pacificación de Morillo.
Llaneros venezolanos que participaron con Bolivar en la expedición triunfal de los Andes
se establecieron y fundaron ganaderías en Arauca, aprovechando las pastures naturales y
la abundancia de aguas.
Las guerras intestinas de Venezuela
dispersaron hacia Arauca numerosas familias en 1863 cuando en este país se instauró el
regimen hegemónico de Antonio Guzmán Blanco. Por las mismas decadas hicieron su entrada
migrantes pobres procedentes de Italia, Siria, Líbano y Turquía. El comercio y la
ganadería crecen, como fruto del comercio realizado a lo largo de la vía Arauca-Orinoco,
al punto de ser Arauca considerada la ciudad más progresista del Oriente por estudiosos
de la talla de Jorge Brisson, ingeniero francés. Como ocurriera en el Meta, el cierre de
la vía significó el colapso de la economía. Se entronizó luego el comercio de la pluma
de garza, con alta demanda en los mercados de ultramar pero este auge fue causa de
violencia y, fuera de algunas fortunas personales, pocos beneficios trajo a la comunidad.
La guerra de los Mil Días no incidió,
como en el Meta, en las actividades productivas en razón del excentricismo de la
población, pero el régimen despótico entronizado en Venezuela por Juan Vicente Gómez
si tuvo efectos deletéreos sobre su economía y su población. En 1911 el territorio se
separó de Casanare y en el decreto de constitución se señaló a Arauca como capital. La
opresión gomecista desarraigo nuevos contingentes humanos sobre la frontera y
obligo a trasladar hacia Villavicencio los rebaños de vacunos. Siguiendo los dictados de
Juan Vicente Gómez, una partida de facinerosos copó a Arauca en 1916 y la entregó al
saqueo, la violación y el ultraje. Bogotá no reaccionó para no perturbar la marcha del
Tratado de Límites.
La guerra de los años cincuenta altero
el desarrollo de la vida tradicional araucana. Natural de Tame, Guadalupe Salcedo Unda era
el máximo líder revolucionario, muerto en 1957. Se le abona, además, la primera
avalancha humana de los Santanderes y demás departamentos vecinos hacia las feraces
sierras del piedemonte araucano. El alud colonizador que encauzó la Caja Agraria produjo
en el lapso de dieciseis años, cuando fue reconocida como corregimiento, la vigorosa
población de Saravena, nombre profético que en lengua indígena significa "mujer
recién parida".
En 1983 se descubre el rico yacimiento de
Caño Limón que puesto en producción tres años mas tarde, fortalece la insurgencia
armada y distorsiona los patrones económicos. El crecimiento poblacional ha sido
espectacular: en 1951 el censo arrojo un total de 12.321 habitantes, en 1993, 152.814
habitantes.
Hasta trace pocos años la Orinoquia
colombiana era considerada en el país como una zona inculta e improductiva, saturada de
leyendas y paisajes, a la cual podría recurrirse en un futuro para obtener materias
primas y algunos productos de menor valor. Esta concepción propició el abandono por
parte del Estado al darse el circulo vicioso de que no se hacia inversión oficial por
estar semidespoblada y por estar semidespoblada no se hacia inversión. El conflicto de
los años cincuenta y, posteriormente, el fortalecimiento de la subversión alertaron al
gobierno sobre la necesidad de fortalecer su presencia en la zona mediante una política
de estímulos a la colonización dirigida. En 1979 se descubre el primer campo de petróleo
que, apenas si rentable, abrió un panorama nuevo que cristalizó con los gigantescos
hallazgos de los años ochenta y noventa. El Llano empezó a figurar en las estadísticas
y a despertar el interés internacional. Gracias a esta circunstancia y a la condición de
departamento que hoy tienen las antes llamadas Intendencias y Comisarías, se ha producido
un movimiento renovador interno que ha obligado al Estado a incluir la región en los
planes y proyectos de desarrollo nacional. El mejoramiento de la vía Bogotá
-Villavicencio es prueba de ello.
Los hombres de la Orinoquia, por su
parte, están despertando del largo letargo y asumen posiciones más a tono con el momento
actual. Es el momento de tomar conciencia sobre las riquezas e ingentes posibilidades que
tiene la región como parte de la nación colombiana. Esta obra apunta hacia ese cometido.
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