La Orinoquia Colombiana
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Consejo Regional de Planificación Económica y Social                         

La Post Independencia

Durante ocho largos años participó el Llano y el llanero en la guerra de Independencia y esa large duración sólo se explica si se revisan sus sistemas de producción que eran la ganadería extensiva y la agricultura de consumo. Los españoles sabían que las planicies orientales eran ricas en un medio de transporte único como lo es el caballo, y en una fuente proteínica de gran valor representada en la carne vacuna. De allí que intentaran por los medios a su alcance dominar la región para nulificar la resistencia y completar la pacificación. Con alta demanda en los mercados, el ganado y sus subproductos se permutaban por armas, municiones y material de intendencia, sin tomar en cuenta que era el alimento principal del bando patriota y materia prima para confeccionar los mas disimiles aparejos. Tantas bondades terminaron por arruinar el hato llanero.

En carta enviada en 1821 a Santander, el gobernador de Casanare, Juan José Molina, decía que antes de la guerra "se graduaban" unas trescientas cincuenta mil cabezas de ganado en su jurisdicción y que, para 1821, esta población se había reducido a cincuenta mil cabezas. Tan drástica merma obedeció a las sacas realizadas por ambos bandos y por los abigeos que infestaban la zona; al abandono que convirtió en montaraces los rebaños, siguieron las plagas y pestes que sobre ellos se abatieron.

Pero mas que económica, la impagable cuota del llanero fue la ofrenda de su vida y su organización social a la causa de la emancipación. Según Camilo Dominguez, en 1812 el Llano tenia 48.862 habitantes que diez años más tarde se redujeron a 17.451, como lo apunta Gómez en su libro. Tal retroceso demográfico significo la paralización de las actividades economicas porque los sobrevivientes no eran los mas aptos para el trabajo sino los niños, los ancianos, las viudas y los lisiados. Desaparecieron poblados enteros y otros, como Pore y Chire, entraron en barrena; gran parte de la propiedad rural cambio de dueños porque los militares vacantes hicieron valer sus grados y medallas; y una suerte de agonía dejo a la zaga a la región con relación a las demás del país. Las partes mas afectadas de los Llanos fueron Arauca y Casanare por ser el epicentro de las luchas; el Meta salió mejor librado por no ester en la encrucijada y ser poco poblado. Pablo Enciso y Paulino Rey, de San Martín, cobraron, sin embargo, lauros en la campaña libertadora.

Constituido el gobierno republicano y posesionado Santander, era de esperarse un trato preferente para el Llano que había comprado "a tan caro precio la libertad". Sin embargo, Santander se limitó a abrir una clase de retórica en Pore y a nombrar dos curas desafectos en San Martín, mientras construía colegios como el de Boyacá y caminos como el de Marmato.

Al fraccionarse la República de Colombia constituida por Simón Bolívar como innovación política de vastos alcances en el panorama latinoamericano, las nuevas Repúblicas de Colombia y Venezuela reivindicaron sus derechos territoriales ateniéndose a la real cédula de 1777 que había deslindado las posesiones del Virreinato de las de la Capitanía.

Colombia incorporó las provincias de Casanare y Meta, y Venezuela los Llanos de Apure y Barinas. Los ríos Arauca, Meta y Orinoco marcaron los límites aunque, en la practica, los movimientos migratorios fueron constantes de una a otra frontera.

La administración republicana elevó el Llano a provincia autónoma pero el despoblamiento y la ruindad del tributo obligaron a fusionar cantones y a revivir el viejo criterio colonialista de diferenciar para su manejo los Llanos del Meta, también llamados de San Juan o San Martín, de ríos de Casanare que igualmente se llamaban Llanos de Santiago.

    Poblamiento de la Orinoquia


La colonización es el fenómeno socioeconómico que prima en la Orinoquia a lo largo de todo el período republicano, con sus secuelas de expansión demográfica y explotación de sus recursos naturales. Este proceso dista mucho de haber concluido. Por cuestiones metodológicas, distínganse las experiencias del Meta, Casanare y Arauca.

El Poblamiento del Meta

Foto panorámica de la ciudad de Villavicencio.

El piedemonte gozó de la preferencia humana desde los tiempos precolombinos por la fertilidad de los suelos, la abundancia de aguas, los vientos cordilleranos y por ser el escalón hacia los núcleos densamente poblados. Aunque el Meta era el área más deprimida de los Llanos durante la Colonia y la Independencia, dio luego un formidable salto. Varias hipótesis explican las causas: la conexión temprana y su cercanía a Bogotá, el tipo de economía empresarial practicado y la autonomía administrativa ganada desde 1959, en calidad de departamento. En el Meta hubo dos asentamientos en los tiempos de la alta colonia: San Juan de los Llanos (1555) y San Martín del Puerto (1585), la Ciudad Señora que daría origen a la sociedad villavicense al disgregarse el hato de Apiay.

Los pobladores de San Martín se entregaron a la ganadería con tal dedicación que los jesuítas adquirieron en 1740 a la Junta de Diezmos unos terrenos donde fundaron el hato de Apiay para enviar ganados a Santa Fé. Veinte años más tarde el pueblo fue elegido como centro para abastecer a las comisiones que deslindaban las posesiones españolas y portuguesas. Con tal motivo se mejoró el camino de herradura que venía de Santa Fé, antecedente de la actual vía Bogotá - Villavicencio. Concluida la guerra de Independencia, el gobierno empezó a otorgar baldíos en el Llano para promover la colonización. Quinientas mil fanegadas se otorgaron en 1832 para promover el poblamiento de Casanare y alentar las decaídas misiones de Guanapalo, Macuco, Surimena y Casimena. La abundancia de sierras motivó migraciones desde el oriente de Cundinamarca e incentivo una producción ganadera cada vez más significativa.

En los primeros escalones de la cordillera algunos pobladores visionarios establecieron una posada que llamaron Gramalote para ofrecer pasturas y reposo a las vacadas antes de iniciar el penoso ascenso. Este punto cobro importancia y se ensanchó con nuevos vecinos al punto que, de acuerdo con la historiadora Nancy Espinel Riveros, fue elevado a la condición de distrito con el nombre de Villavicencio.

Al constituirse en 1868 el Territorio Nacional de San Martín, Villavicencio paso a ser, como capital, el germen del primer fenómeno urbanístico del Llano. En la segunda mitad del siglo XIX se dan dos hechos concomitantes: el auge de la explotación de la quina por la creciente demanda de los mercados internacionales, y el asentamiento de las politica de inmigración hacia el Llano al otorgar baldíos por concesión y a tenedores de bonos de deuda publica.

La explotación quinera permitió que empresarios de Bogotá se percataran de las posibilidades de la feraz región y se hiciera adjudicar grandes extensiones ocupadas en parte por pequeños colonos. Con sus títulos en regla, los nuevos dueños expulsan a los colonos dando paso a conflictos que aún no habían tenido ocurrencia en esas latitudes. El colono accedió a trabajar para el empresario pero, en no pocos casos, penetro el espacio selvático privando al indio de su hábitat secular. No es pues un hecho fortuito que el indígena Guahibo reaccionara con violencia en las costas del Meta luego de ser desarraigado de los espacios del interior.

Entre 1869 y 1927 se adjudicaron en el Meta 214.579 hectáreas, el sesenta y nueve por ciento de las cuales recayeron en siete empresarios así: Nazario Lorenzana, 48.586; Emiliano Restrepo, 39.348; Juan Sordo, 19.986; José Bonnet. 12.178: José Alonso. 11.300: Luis Convers. 10.688: Indalecio Castilla, 5.975. La cantidad restante se adjudicó a medianos y pequeños productores. En estas partijas quedaron incluidos Santos Gutierrez y Miguel Abadía Méndez, personajes que llegarían a ocupar la presidencia de la República.

Hacienda en Cumaral, hacia mediados del Siglo XIX. Tomado de América Pintoresca de Carlos Wiener y Jules Crevaux.

En el Meta hubo entonces concentración de la propiedad rural y los empresarios, en disposición de capital e influencias, forjaron veintisiete grandes haciendas, siendo Emiliano Restrepo dueño de siete; Josó Bonnet de tres; y Sergio Convers, Nicolás Castro y los hermanos Vasquez cada uno de dos, según los datos de Espinel Riveros. Para 1874 se calculó en el Meta un hato de 40.303 cabezas de vacunos aunque hay que advertir que allí se introdujeron reproductores ingleses de raza durham que mejoraron ostensiblemente la calidad del ganado criollo. En 1903 introducirían cebú puro. Pero, a más de ganado, las mencionadas haciendas producían cantidades importantes de café, arroz, miel de caña, maíz, plátano y yuca. La producción agrícola de ese mismo año (1874), en toneladas metrical fue la siguiente: 90.4 de café, 70.6 de arroz, 145 de miel de cane, 1.200 de maíz, 1000 de plátano y 1000 de yuca. Si cinco años atrás la población radicada en el Meta era de 4.056 personas, necesario es deducir que el grueso de la producción se sacaba a otros mercados. En efecto, parte iba hacia el interior por el carreteable Villavicencio-Caqueza-Chipaque-Bogotá, y parte tomaba la ruta Orinoco para ser descargada en Ciudad Bolívar o Puerto España, en la isla de Trinidad.

La libre navegación del Meta y sus afluentes se decretó en 1861 y diez años más tarde el francés José Bonnet, a quien se concedió el monopolio de la navegación, realizó el primer viaje con un cargamento de café estrenando un vapor de ciento veinticinco toneladas que ordenó fabricar en Inglaterra. De regreso introdujo maquinaria y herramientas que dinamizaron el proceso de intercambios.

Al propio tiempo que se abría la economía, surgió en 1871 la bonanza del caucho por los insistentes pedidos de la industria automotriz; después, la de pluma de garza. Mejorado el carreteable, abierto el Meta a la navegacion internacional y en posesión de técnicas que podían duplicar la producción agrícola y pecuaria, el Meta aprecia destinado a convertirse en un formidable complejo de los que ya tenían lugar en la Argentina. Se importaban pianos, licores, armas; el teatro Verdum presentaba cine mudo, y el trabajador se sentía bien remunerado. Pero sobrevino la guerra de los Mil Días que para el Meta debió llamarse de las mil maldiciones. Se paralizaron los negocios internacionales, los empresarios y ganaderos empezaron a recibir solicitudes de "empréstitos" de uno y otro bando, no hubo mas sal para el ganado, San Martín se volvió escenario de guerra y, en medio de la estampida de los empresarios, Colombia rompió relaciones con Venezuela por auspiciar la cause revolucionaria y se cerró la ruta del Orinoco. La economía colapsó.

Concluido el conflicto en 1902, las haciendas desmanteladas no estuvieron en condiciones de retomar el ritmo; disminuyó la ganadería y la sierra se llenó de perseguidos políticos y prófugos de cárceles. Para 1926 el Meta registró un hato ganadero de 86.110 cabezas. A partir de 1912 el monopolio ganadero instaurado en Venezuela por Juan Vicente Gómez obligó a los criadores de Arauca y el norte de Casanare a llevar en largas caravanas sus semovientes a Villavicencio para trasladarlos cebados a Bogotá. El Meta mejoró sus dehesas y se fue convirtiendo en el principal suministrador de carne a la capital de la República. Por 1937 se dió al servicio de los automotores la carretera entre Villavicencio y Bogotá y esto aceleró la producción: ese año salieron hacia los mercados externos 30.696 cabezas de ganado gordo, 50.181 bultos de arroz y 5.609 piezas de madera aserrada. La oficina de Registro de Instrumentos Públicos contabilizó en Villavicencio 468 operaciones de compraventa de inmuebles frente a 36 adjudicaciones de baldíos.

La muerte de Jorge Eliecer Gaitán en 1948 repercutió con crudeza sobre el Meta y el Llano en general. El lider popular Eliseo Velázquez perpetró la toma de Puerto López, y amenazaba con proseguir hacia Bogotá. El gobierno conservador estableció en la capital metense el Batallón Vargas, que sometió a los ganaderos a la extorsión y el chantaje. La dirigencia nacional del liberalismo en acuerdo con los hacendados alentó la insurrección armada como respuesta a los desmanes. El Llano entero se convirtió en escenario de guerra donde llegó a juntarse un ejercito de hombres, mal armados y carentes de disciplina. El peligro que entrenaba la guerrilla del Llano, a punto de integrarse con fuerzas comunistas que operaban en el Tolima y la región del Tequendama, obligó al gobierno a decretar una amnistía que fue atendida por los jefes mas caracterizados. Entregadas las armas, unos cayeron víctimas de la retaliación oficial y otros se convirtieron en caciques electorales.

Esta nueva etapa diezmó la economía y promovió hacia el Llano movimientos migratorios algo más selectivos: el Meta recibió gente proveniente del Tolima; Casanare, de Boyacá, y Arauca de los Santanderes. En el Guayabero y el Ariari se establecieron grupos de colonización armada expulsados por el ejército de las llamadas repúblicas independientes. Estos desplazados constituyeron el germen de las fuerzas insurgentes que se instalaron en Uribe.

No obstante los tropiezos y las alteraciones, el experimento colonizador ha rebasado en el Meta todas las expectativas porque Villavicencio, con idénticos problemas a las demás ciudades, es el primer fenómeno urbanístico que se da en la Orinoquia. El Meta es en la actualidad el primer productor de arroz del país, el principal abastecedor de carne a la capital y uno de los primeros cultivadores de palma africana. Estos adelantos mejorarán notablemente con la adecuación que actualmente se hace a la vía Bogota-Villavicencio para garantizar el flujo de productos alimenticios de esta hacia aquella. La vitalidad del Meta se entiende mejor si se advierte, con Peregrino Ossa, que mientras en 1936 su población se estimaba en 49.390 habitantes, el censo de 1993 determinó una población de 583.418 habitantes.

El Poblamiento de Casanare

Molino para procesar arroz en Casanare.

La experiencia casanareña esta signada por movimientos pendulares. Centro administrativo del Llano en la etapa de la Colonia, la contienda independentista arruinó su economía y diezmó su población. En la era republicana y gracias a los buenos oficios de Salvador Camacho Roldán, (1827-1900) natural de Nunchía y único llanero que ha llegado por encargo a la Presidencia de la República, se buscó inútilmente incentivar su poblamiento pero fue luego abandonada a su suerte. Un factor perturbador del desarrollo de Casanare fue la indecisión en la fijación de una capital que orientara las políticas administrativas y económicas. En efecto, Santiago de las Atalayas, fundada en 1588 por el encomendero Pedro Danza Mexía, fungió como capital hasta ser abandonada por rezones de salubridad; la responsabilidad pasó a San José de Pore, la ciudad mártir de la Independencia; rotó a Moreno, que recibió ese nombre en honor de Juan Nepomuceno Moreno y troy sobrevive bajo el denominativo de Paz de Ariporo; por 1893 se eligió a Tamara como sede del gobierno por su posición estratégica en el comercio por el Orinoco; esta cedió el lugar temporalmente a Orocué que, a su vez, lo cedió a Nunchía, y luego, a Yopal.

Tal como aconteciera con Villavicencio, hacia 1920 se estableció en la margen derecha del río Cravo Sur una posada para ofrecer descanso y provisión a los ganados que hacían la ruta Morro-Marroquin-Labranzagrande Sogamoso. La abundancia de árboles de yopo, cuyo fruto produce el alucinógeno del mismo nombre, hizo que los colonos dieran al vecindario el nombre de Yopal. Poblado ya el sitio, en 1942 la Asamblea de Boyacá elevó a cabecera municipal la poblacidn que, debido a su posición privilegiada, absorbió progresivamente las actividades comerciales hasta asumir de hecho la condición de capital. La violencia de los cincuenta golpeó a Casanare porque alli se concentraron partidas insurgentes como las de los Bautista y los Parra que hicieron extremar el rigor de la represión, tal como lo afirma Eduardo Franco Isaza en su obra Las Guerrillas del Llano.

Disminuyó la ganaderia, campeó el abigeato, la propiedad cambió de manos y conglomerados como Moreno, Trinidad, Tauramena, Mani, Sabnalarga y Manare quedaron reducidos a escombros por el fuego y la metralla. En condición de simple jefatura, Casanare emprendió la reconstrucción teniendo ya por norte y guía la ciudad de Yopal. Apaciguada la confrontación, empresarios del interior se ubicaron al sur del departamento, en los municipios de Sabanalarga y Villanueva, e iniciaron proyectos industriales de gran aliento como las siembras de arroz y de palma africana que dirige la empresa Palmares de Oriente. Esta prosperidad creciente coincide con el primer hallazgo de petróleo realizado en 1979 en el campo Cano Garza, y remata con los gigantescos depósitos de Cusiana, Cupiagua, Volcanera y Florena descubiertos a partir de 1991. Abierto así el panorama, la población aumenta con sus secuelas de inseguridad y violencia.

Consultado el compendio de estadísticas históricas de Colombia, el movimiento poblacional de Casanare ha sido como sigue:

El Poblamiento de Arauca

La colonización de Arauca respondió en sus comienzos a causas diferentes de las que se dieron en el Meta y Casanare. Con excepción de Tame que giró en la órbita de Casanare hasta 1923, y de Saravena que surgió por expansión de la frontera agrícola en los sesentas, los aumentos poblacionales se desarrollaron alrededor de la ganadería, con flujos provenientes de Venezuela y ultramar. Estos componentes raciales hacen que el mestizo araucano ofrezca rasgos sincréticos diferentes al común de los Llanos.

Arauca, la capital, fue fundada en 1780 por el cura seglar Isidro Daboín para contrarrestar el empuje poblador que traían hacia el occidente los ganaderos venezolanos. En 1816, como antes se hacía ver, la pequeña aldea recibió los rezagos de las tropas vencidas por la pacificación de Morillo. Llaneros venezolanos que participaron con Bolivar en la expedición triunfal de los Andes se establecieron y fundaron ganaderías en Arauca, aprovechando las pastures naturales y la abundancia de aguas.

Las guerras intestinas de Venezuela dispersaron hacia Arauca numerosas familias en 1863 cuando en este país se instauró el regimen hegemónico de Antonio Guzmán Blanco. Por las mismas decadas hicieron su entrada migrantes pobres procedentes de Italia, Siria, Líbano y Turquía. El comercio y la ganadería crecen, como fruto del comercio realizado a lo largo de la vía Arauca-Orinoco, al punto de ser Arauca considerada la ciudad más progresista del Oriente por estudiosos de la talla de Jorge Brisson, ingeniero francés. Como ocurriera en el Meta, el cierre de la vía significó el colapso de la economía. Se entronizó luego el comercio de la pluma de garza, con alta demanda en los mercados de ultramar pero este auge fue causa de violencia y, fuera de algunas fortunas personales, pocos beneficios trajo a la comunidad.

La guerra de los Mil Días no incidió, como en el Meta, en las actividades productivas en razón del excentricismo de la población, pero el régimen despótico entronizado en Venezuela por Juan Vicente Gómez si tuvo efectos deletéreos sobre su economía y su población. En 1911 el territorio se separó de Casanare y en el decreto de constitución se señaló a Arauca como capital. La opresión gomecista desarraigo nuevos contingentes humanos sobre la frontera y obligo a trasladar hacia Villavicencio los rebaños de vacunos. Siguiendo los dictados de Juan Vicente Gómez, una partida de facinerosos copó a Arauca en 1916 y la entregó al saqueo, la violación y el ultraje. Bogotá no reaccionó para no perturbar la marcha del Tratado de Límites.

La guerra de los años cincuenta altero el desarrollo de la vida tradicional araucana. Natural de Tame, Guadalupe Salcedo Unda era el máximo líder revolucionario, muerto en 1957. Se le abona, además, la primera avalancha humana de los Santanderes y demás departamentos vecinos hacia las feraces sierras del piedemonte araucano. El alud colonizador que encauzó la Caja Agraria produjo en el lapso de dieciseis años, cuando fue reconocida como corregimiento, la vigorosa población de Saravena, nombre profético que en lengua indígena significa "mujer recién parida".

En 1983 se descubre el rico yacimiento de Caño Limón que puesto en producción tres años mas tarde, fortalece la insurgencia armada y distorsiona los patrones económicos. El crecimiento poblacional ha sido espectacular: en 1951 el censo arrojo un total de 12.321 habitantes, en 1993, 152.814 habitantes.

    A Manera de  Conclusión


Hasta trace pocos años la Orinoquia colombiana era considerada en el país como una zona inculta e improductiva, saturada de leyendas y paisajes, a la cual podría recurrirse en un futuro para obtener materias primas y algunos productos de menor valor. Esta concepción propició el abandono por parte del Estado al darse el circulo vicioso de que no se hacia inversión oficial por estar semidespoblada y por estar semidespoblada no se hacia inversión. El conflicto de los años cincuenta y, posteriormente, el fortalecimiento de la subversión alertaron al gobierno sobre la necesidad de fortalecer su presencia en la zona mediante una política de estímulos a la colonización dirigida. En 1979 se descubre el primer campo de petróleo que, apenas si rentable, abrió un panorama nuevo que cristalizó con los gigantescos hallazgos de los años ochenta y noventa. El Llano empezó a figurar en las estadísticas y a despertar el interés internacional. Gracias a esta circunstancia y a la condición de departamento que hoy tienen las antes llamadas Intendencias y Comisarías, se ha producido un movimiento renovador interno que ha obligado al Estado a incluir la región en los planes y proyectos de desarrollo nacional. El mejoramiento de la vía Bogotá -Villavicencio es prueba de ello.

Los hombres de la Orinoquia, por su parte, están despertando del largo letargo y asumen posiciones más a tono con el momento actual. Es el momento de tomar conciencia sobre las riquezas e ingentes posibilidades que tiene la región como parte de la nación colombiana. Esta obra apunta hacia ese cometido.

Indice


La edición en papel, Editorial Gente Nueva, Bogotá, Colombia, de abril 1996 fue hecha para distribución gratuita en planteles educativos, centros de estudio, establecimientos de investigación y demás sectores interesados en la cultura, la ciencia y las artes de la Orinoquia colombiana.