OTRA MIRADA AL
ORDENAMIENTO TERRITORIAL
Por: Carlos Humberto Bernal
Arteaga
RESUMEN.- El artículo introduce
elementos de discusión que enriquecen el proceso de construcción conceptual del
ordenamiento territorial del país. Palabras claves: ordenamiento territorial, paisaje.
La literatura sobre ordenamiento
territorial (O.T.) en nuestro país, como en la mayoría de los países latinos, se reduce
a una concepción sistémica donde se le trata de aplicar una serie de postulados
teóricos rígidos, plasmados en algunas variables sintéticas, a una realidad que
sobrepasa cualquier esquematización, lo que hace que las técnicas de ordenamiento
territorial sean sólo de organización espacial, en los pocos casos donde se puedan
aplicar.
Si entendemos que las relaciones sociales
y naturales que conforman un territorio no tienen temporalidad constante, que dependen de
los balances de poder de los actores sociales y/o naturales y no se pueden encasillar mas
que en su propia dinámica, que solo en sus propios procesos de génesis tienen
explicación o clasificación; sabremos que no son aplicables leyes genéricas, que sin
cambios radicales puedan ser usadas en el mismo espacio geográfico en un tiempo diferente
o espacios diferentes en el mismo tiempo.
Por lo anterior se cree importante
adentrarse en la conceptualización del territorio y de su ordenación, teniendo como
referente algunos conceptos que pueden coadyuvar a comprender desde una perspectiva
integral o compleja, el problema de la ordenación territorial en nuestro país, que es un
área en permanente conflicto.
Nos debemos adentrar en esta
conceptualización para poder utilizar el nivel instrumental, del que se sirve el
ordenamiento territorial, de manera adecuada y además para tener claridad en el ¿cómo ?
y el ¿para qué ? de esta práctica.
Esta tarea se desarrollará en una
discusión permanente con los teóricos del O.T. a través del cuestionamiento de sus
escritos, además se realizará una confrontación teórica con las situaciones reales,
que algunos actores decisorios tengan en un momento dado, sobre un territorio específico.
Colombia es un país que a lo largo de su
historia ha vivido en conflicto. En nuestra nación se han intentado copiar múltiples
modelos, económicos, sociales, industriales, de desarrollo, de poder, de ordenación
territorial, de planeación, de negociación, etc. y la gran mayoría de ellos no se
acomodan a la realidad que se vive en nuestro territorio, quizás, por que olvidan incluir
variables generadoras de conflictos, que son inherentes al ser humano como ser social.
La ordenación territorial (O.T.)
desarrollada en el país, casi se ha circunscrito a hacer ordenación espacial (lo que se
refleja en varios estudios de caso consultados), y no se ha adentrado a intentar la
evolución de los conflictos en términos de cambiarlos por procesos que mitiguen la
intensidad de los mismos y los ponga en planos de no violencia.
Por lo anterior y viendo la importancia
de entender la génesis de los conflictos, a través de un diagnóstico procesal (leyendo
los procesos) del medio y el territorio que se pretende ordenar, es que a continuación se
trabajará un poco sobre algunas conceptualizaciones en diferentes temas y la visión de
ciertos autores al respecto.
El país tiene un sistema de división
espacial, que es territorial en cuanto a lo político administrativo, obsoleto. Este
sistema obedece al devenir de los pueblos descubiertos, conquistados y colonizados por el
reino español en el pasado, donde las raíces de la nacionalidad son inciertas y no se
consolidaron planamente, pues, pese a las luchas de independencia y liberación, la
impronta ideológica y cultural y, hasta cierto punto el esquema administrativo y de
poblamiento, perduran en el imaginario de las elites locales sucesoras, dando como
resultado una estructura de regiones débiles, gobernadas por un poder central que traen
como consecuencia una heterogénea evolución, donde algunas regiones se desarrollan a
ritmos acelerados, debidos a sus estrechos vínculos internacionales y otras, en cambio,
han permanecido relativamente incomunicadas, lo que genera un imaginario colectivo de
atraso, que se pretende superar por varias vías, como las migraciones en búsqueda de
nuevas oportunidades, la violencia con sus consecuencias, el desistimiento de la búsqueda
del progreso endógeno, etc. Esto trae como consecuencia lógica la incapacidad de
absorber las nuevas poblaciones en los sitios de llegada de las mismas, la generación de
tensiones con los pobladores iniciales, la alteración en forma desproporcionada del
crecimiento vegetativo de las ciudades, la yuxtaposición de representaciones y
expresiones culturales (rurales y urbanas en su mayoría), lo que contribuye en conjunto a
la imposibilidad de hacer planeación u ordenamiento territorial. Charles Horton Cooley,
citado por Mejía, Granda y Londoño (1998), apunta "
si grandes estratos de
población se ven excluidos permanentemente de los beneficios de la sociedad, tenderán a
rechazar los supuestos mismos sobre los cuales está construida la sociedad y si los
sistemas de legitimación no funcionan ya plenamente intentarán atacar el orden
social
", lo que genera un permanente conflicto debido a la insatisfacción de
sus necesidades territoriales. Weber citado por estos autores afirma que "
el
conflicto no puede ser excluido de la vida social
", por lo que el O.T. no es el
llamado a solucionarlo, sino que debe transformarlo.
Los conflictos son tan variados como las
formas de relación social. Existen conflictos realistas cuando se choca por expectativas
y aspiraciones de ganancias y los actores sociales consideran un medio transable si se
encuentra otro recurso mas eficaz. Y no realista o de impulsos agresivos que buscan
expresión, cualquiera que sea el objeto, no buscan resultados concretos, sino desahogos
(Mejía, Granda y Londoño,1998); es por ello, que si entendemos el O.T. como negociación
de los intereses de ocupación del espacio, debemos tratar de hacer evolucionar la primera
forma del conflicto, pues la segunda no tiene relación positiva con el O.T.
Para este texto el conflicto no se
entiende como siempre violento, disociador o patológico, sino como estabilizador y vía
legítima para darle salida múltiples disensos de variada intensidad, representado por
diversas afiliaciones de los actores sociales para zanjar sus diferencias apelando a
medios creativos de negociación, diálogo y concertación. Por tanto "el conflicto
llega a ser un factor de integración social que contribuye a mantener los grupos y las
colectividades" (Mejía, Granda y Londoño,1998)
"El término territorialidad connota
una serie de asociaciones entre las cuales sobresale, por su carácter primario, la de
realidad espacial. Sin embargo, estos dos conceptos - espacio y territorio - deberían
diferenciarse adecuadamente, pues tanto extensiva como intensivamente denotan significados
distintos. El espacio constituye uno de esos conceptos polisémicos, que por sí sólo,
sin precisiones clarificativas, se vacía a causa de su generalidad". (García, 1976)
Cuando pensamos en dar otra mirada al
ordenamiento territorial, necesariamente debemos hacer referencia a algunas de las
definiciones de espacio y territorio, que para este trabajo las extraeremos de la
síntesis hecha por Massiris (1991). Según Él, "los geógrafos han definido espacio
en diferentes perspectivas:
a) Como el escenario físico donde vive
pasivamente el hombre subordinado a los fenómenos naturales (concepción determinista).
b) Como el medio natural que proporciona
al hombre una gama de posibilidades que él desarrolla de acuerdo con sus capacidades.
(concepción posibilista-historicista).
c) Como áreas diferenciadas, singulares
y únicas (espacio - absoluto) resultado de la asociación de elementos naturales y
humanos, que han sido modelados históricamente y que se expresan materialmente en
regiones o paisajes (concepción cronológica - idiográfica -historicista).
d) Como las propiedades geométricas
(distancia, localización, distribución espacial, extensión, difusión, etc.) de los
fenómenos físicos y humanos (concepción sistemática - nomotética - neopositivista).
Para esta concepción la organización, distribución, variación y relaciones espaciales
constituyen los problemas claves.
e) Como el resultado socioespacial de las
contradicciones y luchas de clases (concepción radical - marxista - leninista).
f) Como el mapa o imagen mental que los
individuos tienen de su entorno, o el lugar que estos identifican como suyo, es decir, el
espacio vivido (concepción humanista - comportamentalista).
g) Como las formas (estructuras) y
procesos espaciales producidos por las relaciones sociales de producción, de donde surgen
los conceptos de espacio construido, espacio social y espacio sociogeográfico
(concepción de geógrafos sociales o críticos).
A partir de estas diversas concepciones
de espacio surgen también diversas concepciones de territorio, pues el territorio es en
esencia un espacio geográfico al cual se le añade una dimensión política,
jurisdiccional y cultural, dependiendo de la escala. A escala nacional y regional el
territorio es el espacio geográfico donde un estado ejerce su soberanía y realiza planes
y programas de desarrollo social, económico, político y ambiental; a escala subregional
y local el territorio adquiere una dimensión más cultural al asociarse con el espacio
geográfico que los grupos humanos dominan y perciben como suyo (sentido de
pertenencia)". Estas miradas del territorio como "espacio geográfico",
contrastan con la presentada por Moreno (1998), quien afirma, compartiendo su opinion con
Kafka, que : "El territorio es una de las cuatro dimensiones de una multiplicidad que
funciona (cofunciona) como un PATCH - WORK. Un conjunto de retazos que configuran una
heterogeneidad que se "mantiene" formando un plano de consistencia (pasajero o
duradero), donde "suceden cosas". En otras palabras, el territorio es un ACTO.
Es el acto mediante el cual se extraen fragmentos de los medios circundantes para componer
un paisaje melódico poblado por personajes rítmicos".
Si entendemos por territorio la
expresión geográfica de una conquista del poder que deja que una persona o grupo pueda
estar en un sitio y cumplir una función determinada, concluiremos que el territorio es
cambiante en el tiempo, desde años hasta momentos de un mismo día. Al territorio visto
de esta forma se le aplica la concepción que José A Fernández de Rota (1992) le da al
paisaje, en la que sostiene que las normas morales se concretan e imprimen en él.
Si el territorio obedece a las últimas
concepciones descritas en los párrafos anteriores, deberíamos preguntarnos ¿En una zona
en conflicto, se puede ordenar el territorio basándose en una caracterización de
procesos? En este sentido debemos tener en cuenta lo que García (1992) nos pone de
manifiesto al afirmar que "el espacio, a causa de su distribución en derechos y
deberes, es una fuente constante de conflicto social; más que unir a las personas, las
separa... Y ello está en consonancia con la naturaleza cotidiana de su uso. Poseído
normalmente por algún tipo de unidad social de manera exclusiva, los demás son, en
alguna de sus formas, excluidos de su utilización. Sin embargo, y paradójicamente, el
espacio es una fuerza de cohesión social. Todos los individuos cuentan con un sistema
múltiple de adscripciones territoriales que les vinculan a otras personas: una casa, un
pueblo, una ciudad, una región, un país, etc." Con todas ellas y en distintos
contextos sociales se producen algún tipo de identificación, y, en este caso, las
diferencias señaladas anteriormente tienden a desaparecer: el espacio aparece como
unidad, como aglutinante de diversidad como referente de un colectivo.
En Colombia el deber ser territorial se
basa en que cada componente del territorio, tiene sus límites físicos conocidos por sus
habitantes y en el proceso de planificación se deben analizar como pequeños territorios
(Muriel, s.f), concepción esta que coincide con la noción de límite entregada por
Dollfus (s.f), que no presupone necesariamente una frontera o línea continua de puntos,
sino que comporta la noción de franja - mas o menos ancha - en la que, a través de unas
transiciones perceptibles, se pasa de un sistema a otro, con sectores de indeterminación
o de superposición; lo que sería correspondiente a la concepción ecológica de ecotono.
Existe un importante punto de conexión y
continuidad entre los enfoques espaciales y territoriales que otorgan dirección y
especificidad latinoamericana a la reconstrucción de la doctrina regional: la idea de
contrarrestar el "centralismo" en forma tal que se puedan generar procesos
autónomos y socialmente inclusivos de desarrollo regional (Sabatini, 1990). Pero se
entraría al problema estructural, pues en Colombia, como en otros países de
Latinoamérica, existen unidades territoriales (municipios) que no tienen territorio, o
que parte de él no es suyo por que no pueden ejercer su territorialidad. Estos municipios
sin territorio obedecen a otros actores, a otras divisiones territoriales lejanas a las
establecidas; por ello es que se escuchan propuestas de reformular nuestra división
territorial (en regiones, territorios indígenas, provincias, Fals Borda, 1993).
En términos intuitivos, ordenación
territorial puede definirse como el acto de referir una estrategia socio - económica a un
espacio geográfico o territorio. (Coam, 1983) ; o también como lo plantea Fals Borda
(1993), que se entiende por O.T. "un conjunto de acciones concertadas para orientar
la transformación, ocupación y utilización de los espacios geográficos, buscando su
desarrollo socioeconómico, teniendo en cuenta las necesidades e intereses de la
población, las potencialidades del territorio considerado y la armonía con el medio
ambiente". En principio, ordenar es colocar una serie de elementos de acuerdo con una
referencia. Estamos pues, ante un proceso ejecutivo, que se nutre o apoya en la
dialéctica entre: una demanda, planteando una utilización del territorio, y una oferta,
intentando adecuar esa utilización a los recursos disponibles. (De Pedraza Gilsanz, s.f).
Esto sería posible siempre y cuando no existiera el problema referido en el párrafo
anterior; ya que no se puede ordenar un territorio sin que exista para el agente ordenador
y no existe si no se ejerce territorialidad o soberanía.
Para que haya verdadero ordenamiento
territorial en Colombia es necesario tener en cuenta el carácter procesal (entendiendo
como proceso la sucesión de hechos que son causa y/o efecto de otros) de las expresiones
territoriales y entender el conflicto que se da por causa de los procesos desencadenados
en el territorio y que a su vez lo construyen.
La práctica, observada en la lectura de
varios estudios de caso, ha mostrado que en nuestro medio, el Ordenamiento Territorial
(OT) tradicional se basa en un diagnóstico instantáneo de una realidad en un momento
dado del tiempo.
Si "el hombre decide su
comportamiento espacial, no en función del medio geográfico real, sino de la percepción
que posee del mismo, que se realiza tras la recepción de información, filtrada por su
sistema de valores, dando lugar a una decisión de comportamiento"; como lo plantea
Capel, (1985), en otras palabras, "vemos las cosas no como son sino como somos"
(H. M. Tomlinsos); y en nuestra realidad, cada actor o grupo de actores existentes, tiene
o quiere tener una visión propia del territorio que no está dispuestos a negociar, o,
peor aún, están prestos a imponerla; entonces ¿cómo se podría hacer para planificar u
ordenar un territorio?.
Otra pregunta que se debe hacer es ¿si
el territorio es efímero en el tiempo, de acuerdo a los ocupantes del lugar geográfico,
cómo puede hacerse para ordenarlo; no se debería hablar mas bien de Ordenamiento
Espacial?; entendiendo por este la serie de decisiones, obras o acciones, con expresión
concreta en el espacio, que pretenden organizar lo físico (ya sea natural o artificial);
pero que no entra en el plano mental, valorativo o cultural de los habitantes de ese
territorio.
Pocas veces se ve que el OT responde a la
afluencia normal de procesos socioculturales y biofísicos desencadenados por
circunstancias sufridas por una comunidad en un sitio geográfico determinado. Incluso las
metodologías para abordar el ordenamiento del territorio (p.ej. Miller, 1980; IGAC, 1996;
etc.), hablan de la radiografía inicial o la fotografía del paisaje objeto o problema;
esta la comparan con la foto o imagen deseada y, simplemente se circunscribe el O.T., a la
superposición de dos imágenes, la real y la objetivo, para luego tomar las acciones
necesarias para convertir la primera en la segunda. Esta idea tiene cierta coherencia con
la concepción de territorio como ente efímero, pues en una entidad fugaz es muy difícil
seguir el rastro de los procesos; además si un mismo sitio geográfico puede convertirse
en diferentes territorios en cortos lapsos de tiempo, ¿cómo se haría un ordenamiento
espacial para satisfacer las necesidades de las personas o grupos que ejercen
territorialidad, y lo mas difícil, cómo hacer para compatibilizar los diferentes
intereses que tienen los actores internos (actores territoriales) y externos (Estado y
otros interesados en esa porción de espacio) para ese lugar geográfico?
Este estilo metodológico, llevado a la
práctica por la gran mayoría de planificadores, no responde a ciertas corrientes
teóricas, que soslayan la necesidad de planear y ordenar basados en una retrospección,
que de alguna forma toma en cuenta los procesos, pues estos han dado como resultado una
realidad concreta. Esto implica que para poder hablar de Ordenamiento Territorial, hay que
trasponer la idea de la planeación participativa, para entrar en la esfera de la
conciliación de intereses, dicho de otra forma: la Ordenación Territorial se entendería
como una negociación del poder o como una pugna por este.
Aunque Colombia se autodefinió como un
Estado Social de Derecho, con autonomía en sus Entidades Territoriales, democráticas,
participativas y pluralistas, no debemos olvidar que la OT es un proceso de Estado, de
naturaleza política, administrativa y técnica, donde se reparte el poder en términos
espaciales. Esta naturaleza política que se le reconoce al OT implica un cierto grado de
negociación con interlocutores que para poder serlo, ostentan poder ante el Estado, pues
nadie negocia con otro que no tiene poder real en un espacio o situación. La naturaleza
administrativa está en los ámbitos de la acción, de la construcción de realidades
concretas, y lo técnico debe ser la base para esta acción.
Pero se presenta el problema de la
temporalidad del territorio, al ser fugaz o de paso ligero de los actores que ejercen
territorialidad. La pregunta que surgiría es ¿con quien se negocia las expresiones
espaciales de la OT, cómo hacer para conciliar los intereses de los actores en cuestión?
Se podría pensar que lo correcto sería negociar con el grupo mas fuerte o quizás con
los dos o tres mas fuertes, pero donde quedan los principios del OT (que mas adelante se
mencionan), o peor aún, si tenemos en cuenta que los grandes cambios se han dado por
presión de las minorías actuantes.
Desde mi concepción, creo que ordenar un
territorio no es mas que potenciar (ayudando a generar e impulsando dinámicas de acuerdo
a unos objetivos que se tengan con los espacios y territorios a ordenar) y encausar los
procesos "normales " que se desencadenan naturalmente por la misma dinámica del
paisaje (con sus componentes biofísico y sociocultural), teniendo como referencia un
imaginario deseado. No es tan simple como suena, pues encausar los procesos que se viven
en la actualidad en el país, sería seguir administrando el conflicto, ya que el momento
histórico en que vivimos los procesos son de conflicto.
La pregunta ahora es: ¿puede haber una
entidad que marche sobre los diferentes bandos, que sea reconocida como legítima, para
planear dentro del conflicto y coadyuvar a que este cambie o se transforme positivamente?,
más aún ¿pueden existir los mecanismos para hacer comprometer a las partes en conflicto
a respetar y acatar las decisiones que se tomen para redireccionar, en términos
territoriales, las decisiones del conflicto, para cumplir con el objetivo de ordenar bajo
principios de uso sostenible de los recursos naturales, ocupación integral del territorio
y reducción de los desequilibrios?
Cuando nos hacemos estas preguntas
debemos referirnos a un concepto de territorio como espacio geométrico medible, donde
pueden situarse todo tipo de redes, de infraestructura, donde circulan hombres,
mercancías, información e ideas, un sitio organizado y organizable. Un lugar que la
mayoría de las veces se dispone u organiza por su actividad económica; que influye sobre
el proceso y actividad económica para generar comportamientos diferentes, que puede ser
un obstáculo al desplazamiento de mercancías, personas, información, capitales e ideas;
que genera costos de fricción asociados a estos desplazamientos, donde las diferentes
formas y condiciones de acceso a bienes y servicios que se generan en una región o
territorio, contribuyen al modo de ordenación del mismo, etc., (Puyol, Estébanez y
Méndez, 1988), esta referencia de territorio no riñe demasiado con la que traíamos, ya
que tras toda actividad económica existe un poder (el dueño del capital) que compra
comportamientos y una lucha por el poder. Pero esa definición es esperanzadora en
términos de lugar organizado y organizable.
Lo anterior es reducible a decir,
¿existe o puede existir una entidad capaz conciliar las pretensiones que los diferentes
actores del conflicto tienen sobre los territorios ya definidos o sobre los espacios
geográficos?
Para que ella pueda existir, se debe dar
marco normativo (o de acuerdos) que provea una legislación (pactos de conducta) en cuanto
a lo agrario, lo urbano, los recursos naturales, el ordenamiento territorial, el
presupuesto y su distribución, los planes de desarrollo y toda aquella temática que
tenga una expresión espacial concreta. Una figura (que puede ser legislativa o no), que
sea capaz de organizar, armonizar y administrar la ocupación y el uso del espacio,
desembocando en el desarrollo humano ecológicamente sostenible, espacialmente armónico y
socialmente justo; estructurando objetivos económicos, sociales, ambientales y
administrativos con el territorio y orientando previsivamente su desarrollo.
Esto suena teóricamente sin fallas, es
"el deber ser". El problema es ¿cómo realizar un nuevo proceso ordenador que
permita concertar y concretar finalidades espaciales, ambientales, económicas, culturales
y sociales; cómo lograr un desarrollo social y culturalmente aceptable, económicamente
viable, ecológicamente sostenible, espacialmente equilibrado; y salir del paradigma (que
reina en nuestro país, hasta ahora, en términos prácticos), que el desarrollo es
económico y no es el desarrollo de las personas y los pueblos, como personas o pueblos?
Cuando entramos en el ¿cómo?, tocamos
terrenos de la gestión, de la planeación-gestión, con sus múltiples variables
(participativa, democrática, autocrática, etc.), y no sólo de la planeación; pues la
ordenación no se puede circunscribir a hacer y ejecutar planes, debe ir más allá, debe
ser un proceso constante de cambio hacia objetivos mayores donde nunca se termina de
ordenar.
El proceso de ordenación puede ser tan
corto o largo según los objetivos que se tengan; cualquier territorio está ordenado; el
sólo hecho de existir implica que tiene un orden para unos objetivos dados generalmente
por los agentes que ejercen territorialidad. Puede que ese orden no sea el mas efectivo o
eficiente para cumplirlos, pero existe. Es por ello que la ordenación debe ir a cambiar
lo establecido o a repotencialo, para cumplir unos objetivos funcionales de la forma mas
eficaz, y cuando estos estén cerca de cumplirse se deben cambiar por otros mayores y así
sucesivamente hasta siempre; por tanto, la labor del ordenador territorial, es integra y
sin límites.
Para emprender esta labor se hace
importante adentrarse en las metodologías modernas para la lectura del paisaje para
concebir espacialmente del territorio. Es de gran importancia tener la visión para
juntar, calibrar y poner a interactuar todos los elementos que hasta ahora se han
expuesto; máxime en un país como Colombia, donde además de gestionar ideas y
técnicamente viabilizarlas, se debe entrar a conciliar intereses, se debe trabajar la
noción de territorio como sitio donde se ejerce el poder en un tiempo determinado, como
lugar que ha sido armado por la confluencia de procesos biofísicos y socio culturales muy
particulares, como expresión de un constante conflicto que lo hace cambiar y que es el
alma misma del territorio, además de ser el elemento que conecta el poder con los
aspectos biofísicos y antrópicos de un lugar geográfico.
Por ello este trabajo debe tomar
herramientas de las metodologías de negociación y solución (léase como transformación
o encausamiento) de conflictos, de la planeación, de la gestión y sobre todo, armar una
base filosófica lo suficientemente sólida que lo pueda soportar
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