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2.1.2 Aproximación
funcional
La aproximación funcional conduce a las
regiones funcionales, nodales o polarizadas, las cuales surgen como oposición a las
regiones homogéneas y su delimitación obedece a principios de interrelación, de
interdependencia entre espacios estrechamente articulados entre sí, de manera similar a
la noción ecológica de ecosistema, pero espacializado. La identificación de regiones
funcionales depende no de la uniformidad de los rasgos predominantes, sino de cómo éstos
se organizan para conformar estructuras espaciales diferenciadas. De esta manera, la
cohesión interna entre los elementos y espacios heterogéneos sustituye el criterio de
uniformidad utilizado para la delimitación de regiones homogéneas.
Toda región funcional se estructura a
partir de uno o varios centros, nodos o polos que constituyen núcleos de impulsión.
Estos pueden ser una o varias industrias motrices o uno o varios centros urbanos a partir
de los cuales se organizan espacios polarizados.
El concepto de región polarizada fue
elaborado por el economista francés Perroux, en 1955. En su teoría éste concede a la
industria el papel de polo de la organización regional, a partir del cual se estructuran
redes, por las cuales se difunde el desarrollo hacia otras áreas de la región. Con base
en la teoría de Perroux, se desarrolló en la década de los setentas, la política de
los polos de desarrollo o de crecimiento que posteriormente fue abandonada por sus escasos
logros en el equilibrio del desarrollo regional y porque al dar un papel dominante a la
industria, no era suficiente para explicar la organización de espacios funcionales en
países subdesarrollados donde son la actividad terciaria e, incluso, la agricultura, los
motores del crecimiento.
Actualmente es generalizado delimitar
regiones funcionales a partir de uno o varios centros urbanos que concentran la
población, actividades y servicios, los cuales estimulan flujos migratorios, comerciales
e informativos, entre el centro y un área de influencia que se presenta como
funcionalmente dependiente y cuyo tamaño o distancia depende de la jerarquía del nodo
urbano. Las redes de transporte y comunicación constituyen los canales a través de los
cuales se mueven los flujos y se estructura el espacio funcional.
Una característica central de la región
funcional es el orden jerárquico que se establece entre diferentes espacios funcionales,
en razón a la jerarquía establecida entre los diferentes centros urbanos, la cual
depende, a su vez, del número de funciones y servicios disponibles y del grado de
especialización de éstos.
La regionalización funcional es un
instrumento de gran valor para reordenar las divisiones territoriales y administrativas de
un país, cuando este reordenamiento se orienta a buscar espacios propincuos, articulados
a un centro administrativo. La propincuidad garantiza una interacción espacial eficaz
entre administradores y administrados y la prestación más eficiente de servicios
públicos y sociales.
2.1.3 Aproximación
político-administrativo
Dentro de este contexto, las regiones se
definen en términos de entidades territoriales, administrativas o de planificación. Del
mismo modo, es común la referencia a región, asociada a bloques de países con intereses
comunes (regiones internacionales) y, en la actualidad, dentro del marco de globalización
de la economía, se ha vuelto común la referencia a regiones competitivas (asociativas,
pivotales y virtuales).
a. Regiones territoriales
Las regiones territoriales son entidades
autónomas que hacen parte de la organización territorial de los estados. En algunos
casos pueden estar al nivel nacional, como ocurre en España y Bélgica o en el nivel
siguiente a la nación como ocurre en Italia. En los países latinoamericanos la región
ha alcanzado rango constitucional en Perú, Chile y Colombia. En Perú, a partir de la
Constitución de 1979 y de la Ley de Regionalización de 1987. En 1988, se produjo en el
Perú el primer caso de región territorial en países latinoamericanos, al crearse la
Región Grau, con personería jurídica de derecho público y dotada de autonomía. En
Chile, a partir de la Constitución de 1980 y su modificación en 1991 y, especialmente, a
partir de la Ley Orgánica de Gobierno y Administración Regional de 1993. En Colombia, a
partir de la Constitución de 1991 y está en proceso su reglamentación por la Ley
Orgánica de Ordenamiento Territorial y la Ley de Regiones que se discuten actualmente en
el Congreso de la República.
A diferencia de lo ocurrido en países
como España y Bélgica donde las regiones territoriales han sido conquistas de regiones
históricas, en los países latinoamericanos estas regiones se asocian más con intereses
políticos y características económicas, tal como lo ilustra J. Friedman al afirmar para
el caso chileno que:
"a pesar de que cada una de las
regiones de Chile tiene su propio perfil económico, las variaciones culturales entre
ellas son pequeñas. En términos generales los chilenos constituyen un pueblo bastante
homogéneo y su apego al terruño natal es bastante débil. Por esto las regiones del
país son más bien artefactos económicos que entidades orgánicas históricas y
culturales y carecen de toda expresión política. Las provincias que son las unidades que
las forman, no son sino subdivisiones administrativas conformadas siguiendo el modelo del
sistema prefectorial francés" (Friedman, 1969; citado por Boisier, 1988).
b. Regiones administrativas
Las entidades territoriales e
instituciones estatales de diverso orden, también dividen el territorio para cumplir
funciones administrativas. En Colombia, los ministerios y entidades descentralizadas de
las ramas del poder público disponen de tales divisiones, las cuales normalmente parten
de la división general del territorio, agrupando unidades menores, en función de la
escala o nivel territorial en el cual ejercen sus funciones.
Las distintas regionalizaciones
administrativas por lo general no coinciden, lo que conduce a la descoordinación en el
cumplimiento de funciones administrativas complementarias. Lo ideal es que, a escala
nacional, por ejemplo, exista una sola subdivisión administrativa para las distintas
instituciones que cumplen funciones de este nivel. Cada departamento y municipio, por su
parte, debe poseer una regionalización de su territorio que sea el marco de acción de
todas las entidades que desarrollan funciones administrativas, de ejecución de obras y de
prestación de servicios. Esto contribuirá a hacer más eficiente la labor de la
administración pública.
c. Regiones de planificación, plan o
programa
Son entidades administrativas
establecidas como espacios de decisión, intervención y acción gubernamental.
En los países latinoamericanos estas
regiones hacen parte de políticas de regionalización surgidas en la década de los
sesentas, asociadas a planes de descentralización administrativa y de planificación
regional, estas últimas orientadas a corregir problemas de disparidades del desarrollo
regional, de concentración territorial de las actividades y de la población y de
integración económica territorial.
Las primeras manifestaciones de
regionalización en Latinoamérica se expresaron a través de las corporaciones regionales
de desarrollo, inspiradas en la concepción del desarrollo integrado de cuencas
hidrográficas aplicada, desde el año 1933, por la Tennessee Valley Authority -TVA- en
los Estados Unidos. Dentro de este contexto se establecieron corporaciones regionales en
Colombia, Venezuela, Bolivia, entre otros.
Chile es el país latinoamericano donde
el proceso de regionalización ha alcanzado su mayor avance. En este país la discusión
sobre las regiones se inició desde el Gobierno de Frei (1964-1970), vinculado a los
problemas del desarrollo regional, especialmente en lo concerniente a la desconcentración
de las actividades económicas y la descentralización de la toma de decisiones. En 1976,
bajo el Gobierno de Pinochet, la Comisión Nacional de la Reforma Administrativa, CORNARA,
consideraba como la función principal de la región, el freno de las migraciones hacia la
capital Santiago y la dinamización de la economía regional, a partir del aprovechamiento
de las ventajas comparativas. En la década de los ochentas se impone la concepción del
desarrollo regional a partir del aprovechamiento de las ventajas comparativas de cada
región a través de la inserción competitiva en el mercado internacional. Como resultado
de estas discusiones, la República de Chile desarrolló su proceso de regionalización,
presentándose en la actualidad 12 regiones más la región metroplitana de Santiago.
En Colombia, la discusión sobre la
regionalización del país ha estado ligada a la inoperancia de la división
departamental, la política de descentralización administrativa y las disparidades del
desarrollo regional, tal como se analiza en el numeral 2.3. Las regiones de planificación
se introdujeron en la estructura administrativa del país, en 1985, mediante la Ley 76,
que creó la región de Planificación de la Costa Atlántica y autorizó la división del
territorio nacional en otras de características similares, con capacidad y autonomía
para la administración de su propio desarrollo económico y social. Posteriormente se
crearon las regiones de Occidente, Centro-Oriente, Orinoquia y Amazonia.
c. Regiones internacionales
El término región también es usado
para indicar bloques de países que se unen en torno a algunos propósitos económicos,
geopolíticos, culturales, etc. La naturaleza, objetivos y dimensiones de estas regiones
varían mucho. Se mencionan entre otras, la Unión Europea UE (reemplaza a la antigua
Comunidad Económica Europea), la región NAFTA (E.U., Canadá y México) o Acuerdo de
Libre Comercio de América del Norte, la región MERCOSUR o Mercado Común del Sur
integrado por Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, la región del Pacto Andino integrado
por Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela, La Región del Golfo Arábigo,
organizada por el Consejo de Cooperación Regional de los Países del Golfo (con sede en
Arabia Saudita), la Liga Arabe, la Asociación de las Naciones del Sudeste Asiático, la
región de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), etc.
Asimismo, en una escala planetaria, es
común señalar como región a un país o conjunto de países contiguos que presentan una
homogeneidad fisiográfica, cultural o en la combinación de variables físicas y
culturales. Basados en criterios de nivel de desarrollo, sistemas político-económico,
herencia histórico-cultural y condicionamiento ecológicos, Méndez y Molinero (1984)
dividieron el mundo en 10 regiones, a saber: Europa, Unión Soviética (hoy fragmentada),
China, Japón, Asia meridional, Asia sudoccidental, Africa, América del Norte,
Iberoamérica, Australia y Nueva Zelanda.
d. Regiones competitivas
Dentro del modelo de globalización
económica, la región se configura como un soporte de la estrategia de competitividad de
los países, la cual se orienta a generar una nueva dinámica regional a través de la
plena utilización y el crecimiento del potencial endógeno de las regiones (recursos
económicos, humanos, naturales, institucionales y culturales), y, en consecuencia,
generar el entorno y las condiciones necesarias para el desarrollo potencial de las
empresas, de los sistemas de producción y la creación de nuevas fuentes de trabajo
productivo (Presidencia de la República, 1995) -Figura 12-.
Dentro de este contexto, el interés
fundamental se centra en procesos de construcción regional y regionalización con
carácter estratégico, en función de unas necesidades y objetivos determinados que
pueden estar relacionados con la actuación de los organismos gubernamentales de
administración y planificación territorial, con políticas de integración económica,
competitividad internacional, realización de proyectos conjuntos, etc. En esta
perspectiva, Sergio Boisier propone tres tipos jerarquizados de regiones: Región Pivotal,
Región Asociativa y Región Virtual (Boisier, 1995:22-23).
Las regiones pivotales las define como un
territorio organizado complejo, identificable a la escala de región política histórica
(departamentos, municipios), el cual posee una identidad cultural. Las regiones
asociativas, como regiones mayores construidas a partir de la unión voluntaria de
regiones pivotales adyacentes. Las regiones virtuales, como resultado de arreglos
cooperativos tácticos o acuerdos contractuales (alianzas estratégicas) entre regiones
pivotales o asociativas para alcanzar ciertos objetivos de corto y mediano plazo (Boisier,
1995a).
En las regiones de Boisier se parte de la
consideración de regiones pivotales con una complejidad estructural y funcional y en
donde la cultura e identidad son elementos esenciales (Boisier, 1995:9). Estas regiones se
pueden identificar a partir de la existencia de grupos humanos cohesionados estrechamente
por una organización social, identidad cultural y sentido de pertenencia a un espacio
organizado por un centro autónomo e integrado funcionalmente en una economía global, lo
cual potencia las posibilidades de realización de acciones interregionales concertadas
orientadas a elevar su competitividad y su desarrollo social.
Dentro de este contexto, la
regionalización pivotal constituye una revalorización de la espacialidad de los procesos
de desarrollo económico y social y una vuelta a la región como el espacio territorial a
donde se proyectan las políticas de desarrollo y desde donde se debe concretar la
inserción del país en el sistema económico internacional.
Sin embargo, en las regiones virtuales,
esta territorialidad desaparece para dar lugar a un concepto en el cual la región se
concibe como una empresa en cuya conformación obran decisiones puramente económicas, sin
participación activa de la sociedad civil. En estas regiones, lo espacial o territorial
se reduce a firmas que usan y ocupan un espacio delimitado administrativamente, el cual
proyectan a espacios más extensos que pueden no ser geográficamente continuos, para
realizar alianzas estratégicas con fines esencialmente económicos, cuya valor para el
desarrollo regional es dudoso.
En Colombia, la estrategia de
competitividad ha sido concebida en función de la articulación de las políticas
sectoriales con las estrategias regionales para crear nuevas ventajas competitivas y
fortalecer las existentes a través de la búsqueda de complementariedades en la
utilización de los recursos regionales y nacionales, la capacitación de los recursos
humanos y el desarrollo de la innovación tecnológica, en el marco del fortalecimiento de
las autonomías regionales, proceso en el cual los agentes del desarrollo regional son los
protagonistas (Presidencia de la República, 1995) -Figura 13-. Esta estrategia abre la
posibilidad de sustentar la fortaleza del país a partir de regiones, lo cual implica
construir una nueva visión del desarrollo donde la dinámica territorial no se explica a
partir de la Nación, sino a partir de un desarrollo regional más autónomo pero también
más articulado (Presidencia de la República, 1995).
2.1.4 Polisemia de la región: una
síntesis
El anterior marco conceptual demuestra el
carácter polisémico y pluriparadigmático de la región, lo que dificulta la
comunicación interdisciplinaria. Sin embargo, cada una de las distintas aproximaciones
tienen su valor, dentro del contexto en el cual se utilizan. De este modo, las regiones
naturales son muy importantes, verbigracia, para ordenamiento ambiental. Asimismo, las
regiones históricas mantienen su importancia cuando el interés es el de proteger el
patrimonio cultural o el derecho de las comunidades étnicas a su territorio y a su
autonomía administrativa, o para construir espacios de acción política y/o
administrativamente más sólidos o económicamente más competitivos.
Asimismo, las regiones funcionales cobran
mucha importancia cuando se desea realizar una labor de administración y planificación
territorial más efectivas. Puede, incluso, construirse espacios regionales con base en la
combinación de distintos criterios, tales como los históricos, administrativos y
funcionales. Para la construcción de regiones no existen recetas. Los criterios a
utilizar dependerán de los objetivos que se buscan, de los determinantes de la
organización espacial, sean estos físicos o culturales y de la escala espacial en que
nos movamos.
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