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1. EL CONCEPTO DE
ORDENAMIENTO TERRITORIAL
Las experiencias y conceptualizaciones
sobre ordenamiento territorial en el mundo permiten colegir que se trata de una política
de Estado y un proceso planificado de naturaleza política, técnica y administrativa,
cuyo objeto central es el de organizar, armonizar y administrar la ocupación y uso del
espacio, de modo que éstos contribuyan al desarrollo humano ecológicamente sostenible,
espacialmente armónico y socialmente justo.
Lo anterior pone en evidencia que en el
ordenamiento territorial confluyen las políticas ambientales, las políticas de
desarrollo regional, espacial o territorial y las políticas de desarrollo social y
cultural, cuya naturaleza es determinada por el modelo de desarrollo económico dominante
en cada país
Con las políticas de ordenamiento,
algunos países latinoamericanos como Venezuela, Bolivia, Honduras y El Salvador buscan
corregir los problemas de uso y ocupación inadecuada y desequilibrada del espacio y el
uso irracional de los recursos naturales (ver Tabla 1), algo similar se presenta en
Nicaragua (Saravia, 1994). Tales problemas, en conjunto con la creciente conciencia de la
irracionalidad de los modelos económicos desarrollistas y la búsqueda de alternativas de
desarrollo sostenibles, han estimulado la adopción del ordenamiento territorial como
estrategia de los estados para armonizar las actividades humanas con el aprovechamiento de
los recursos naturales y con la distribución social y regional equilibrada de los
beneficios de tales actividades. Se trata es de intervenir, de manera voluntaria, el orden
territorial injusto y desordenado, creado de manera espontánea por las fuerzas
económicas; para inducir la construcción de escenarios deseados desde el punto de vista
ambiental, social y espacial (Massiris, 1991).
Visto así, en el OT el espacio pierde el
carácter pasivo propio de la visión sectorial, para convertirse en estructurante de los
objetivos, las políticas y las acciones públicas y privadas, tanto sectoriales como
territoriales. Se trata, en este caso, de articular los objetivos económicos, sociales,
ambientales y administrativos con el territorio, racionalizar las actuaciones sobre éste
y orientar previsoriamente su desarrollo y aprovechamiento sostenible, basado,
especialmente, en estrategias de uso, ocupación y manejo del territorio y de desarrollo
territorial (Ortíz y Massiris, 1993) -Figura 1-.
Dentro de este contexto, el OT trasciende
su consideración de apéndice o complemento de las políticas de desarrollo económico
para convertirse en un nuevo enfoque, un nuevo estilo de planificación, un nuevo sistema
de valores, o una utopía, en la que la visión sectorial y economicista del desarrollo,
cede su paso a una visión integral, humanista y prospectiva, en la cual las políticas
económicas incorporan los valores de sostenibilidad ambiental, equilibrio regional y
bienestar social.
1.1 ENFOQUES: ORDENAMIENTO ACTIVO Y
PASIVO
En las políticas de ordenamiento
formuladas por países como Alemania (Müller,1993), Francia, España (Gabaldón 1994),
Venezuela, (República de Venezuela, 1983; Gabaldón, 1994), Bolivia (República de
Bolivia, 1994 y 1996), Honduras (República de Honduras, 1994) y El Salvador (República
de El Salvador, 1994), así como en la "Carta Europea de Ordenación
Territorial" y en el documento "Nuestra Propia Agenda" de la Comisión de
Desarrollo y Medio Ambiente de América Latina y el Caribe" (BID/PNUD, 1990), se
observan dos enfoques generalmente entremezclados y complementarios: uno orientado hacia
el desarrollo territorial que denominaremos ordenamiento activo y el otro a la
planificación física-espacial que denominaremos ordenamiento pasivo. A continuación se
examinan cada uno de éstos.
El tipo de Ordenamiento activo,
normalmente se asocia con objetivos de desarrollo territorial a escalas nacional, regional
y subregional que buscan modificar los desequilibrios del desarrollo regional que
caracterizan un orden territorial determinado. Su carácter activo deriva de la
intervención voluntaria y dinámica del Estado sobre el territorio, a partir de grandes
obras de infraestructura y costosos proyectos de inversión, acompañados de incentivos
fiscales y económicos, para inducir transformaciones espaciales en el orden territorial
existente. Las estrategias más utilizadas por los estados son las siguientes (Figura 2):
Proyectos de colonización y explotación
de nuevas áreas: Dirigidos a controlar el crecimiento acelerado de las ciudades, los
problemas de paro campesino por concentración de la propiedad sobre la tierra, el
poblamiento de áreas desocupadas, etc.
Impulso a la industrialización de
regiones deprimidas: Desarrollado a partir de la implantación de aglomeraciones
industriales (polos de desarrollo), los cuales provocarían un conjunto de efectos
positivos, tanto en el centro urbano donde se localizaran como en la región aledaña,
contribuyendo a modificar los desequilibrios regionales de la organización espacial del
territorio. La implantación de los polos de desarrollo fue estimulada por los estados
mediante ayudas fiscales, financieras e inversiones en infraestructura y equipamientos.
Políticas de reforma agraria: Orientadas
a reordenar las estructuras agrarias desequilibradas, caracterizadas por una alta
concentración de la propiedad de la tierra en unos pocos y la existencias de grandes
grupos sociales sin acceso a este recurso.
Descongestión urbana y/o poblamiento de
áreas poco habitadas: Desarrollada mediante el establecimiento de controles restrictivos
a los centros urbanos, construcción de ciudades nuevas, relocalización de capitales
estatales, políticas de vivienda popular y mejoramiento de servicios públicos y sociales
en ciudades pequeñas y medianas; con los que se busca reorientar los movimientos
migratorios de la población.
Desarrollo rural integrado: Esta
estrategia se basa en la experiencia israelí de desarrollo agrícola-cooperativo, a
partir de la interrelación agricultura espacio rural. Su aplicación en Colombia al igual
que en los demás países iberoamericanos, se orientó a transformar las condiciones de
retraso y pobreza de las áreas rurales, a través del mejoramiento de la condiciones de
bienestar social y la elevación de la productividad de los pequeños productores rurales.
El logro del nuevo orden territorial buscado con la política DRI se encontró con fuertes
obstáculos puestos por las relaciones capitalistas de producción, que impidieron su
éxito pleno.
En Colombia, las políticas de
ordenamiento activo han estado presente en mayor o menor medida en los distintos gobiernos
de los últimos treinta años.
En el Gobierno de Carlos Lleras Restrepo
(1966-1970), se formuló el Plan General de Desarrollo, en el cual se concibieron los
desequilibrios regionales como resultado del anárquico proceso migratorio, la desordenada
configuración de la organización del espacio urbano y la concentración poblacional que
empezaba a manifestarse en los cuatro grandes centros urbanos. Como instrumentos para
corregir estos problemas se planteó:
a. Reorientación de las migraciones
mediante la creación e impulso de algunos polos de crecimiento o "polos de
atracción y desarrollo", en dos etapas: a corto plazo en Medellín, Cali y
Barranquilla; a largo plazo en centros urbanos entre 30.000 y 200.000 habitantes.
b. Reforma agraria para reducir la
migración campo-ciudad.
c. Adecuación del equipamineto de las
ciudades para inducir las.
d. Desarrollo de ciudades intermedias.
En el gobierno de Alfonso López Michelsen (1974-1978), se formuló el plan "Para
Cerrar la Brecha", el cual se propuso reducir los desequilibrios regionales a partir
de la disminución de la concentración industrial, la descentralización administrativa,
el fortalecimiento de las ciudades intermedias, las empresas comunitarias, el Programa de
Desarrollo Rural Integrado y los parques industriales.
En el gobierno de Julio César Turbay
(1978-1982), se formuló el Plan de Integración Nacional -PIN-, el cual, en materia de
ordenamiento del territorio en su sentido activo, se propuso integrar física y
económicamente las distintas regiones a partir de la ampliación de sus mercados y dotar
a las regiones de infraestructura para su desarrollo.
Actualmente, está vigente el plan de
desarrollo "El Salto Social", formulado por el Gobierno de Ernesto Samper Pizano
(1994-1998), orientado a consolidar el modelo de apertura económica, basado en el libre
juego de las fuerzas del mercado, en el contexto de globalización de la economía. Este
modelo se fundamenta en las teorías neoclásicas de crecimiento y de movilidad espacial
de factores que busca, a través del mayor equilibrio interregional, una paulatina
superación de las disparidades del desarrollo regional. Uno de los postulados de esta
estrategia plantea que el libre juego de las fuerzas del mercado con unas buenas
condiciones de intercomunicación interna, favorece el desplazamiento del capital y del
trabajo, en función de la dotación de recursos naturales (capital natural) y del
desarrollo del capital social.
El ordenamiento pasivo, por su parte, se
asocia con políticas de uso y ocupación del territorio, predominantes a escalas
subregional y local. Su carácter pasivo se relaciona con el uso de zonificaciones o
regionalizaciones como estrategia para inducir nuevos escenarios de uso del territorio.
Las zonificaciones se basan en categorías espaciales para las cuales se establecen los
usos permitidos, prohibidos o restringidos, acompañados de instrumentos coercitivos o
estimulantes y normas que dan soporte legal a los planes y definen mecanismos para
resolver los conflictos generados por la intervención.
Los tipos de ordenamiento activo y pasivo
no son excluyentes. En un plan de ordenamiento territorial se pueden combinar instrumentos
de ambos tipos en pro de la construcción de los escenarios que se deseen.
1.2 CUALIDADES
De acuerdo con su naturaleza, el
ordenamiento territorial es un proceso planificado, multidimensional, coordinado,
prospectivo y democrático (Figura 3).
1.2.1 Proceso planificado
Como proceso planificado, el OT se
expresa mediante planes, los cuales constituyen su principal instrumento. Estos planes
deben ser flexibles, de modo que puedan reformularse en función de las situaciones nuevas
que se presenten y las fallas que sean necesario corregir. También deben ser continuos en
el tiempo, de modo que independiente de los cambios de gobiernos, puedan ejecutarse en el
horizonte de tiempo para el cual fueron formulados. El carácter planificador hace del
ordenamiento territorial un proceso sujeto a los procedimientos de la planeación en la
cual las metas, objetivos, políticas, proyectos y acciones se formulan y realizan a
partir del conocimiento e interpretación de la realidad y sus tendencias de cambio
(Diagnóstico Territorial), considerando los objetivos de desarrollo del Estado y las
expectativas sociales. Este conocimiento sirve de base al diseño y elaboración de
modelos territoriales futuros (Prospectiva Territorial), los cuales son, a su vez, el
punto de partida para la formulación, discusión y aprobación del plan (Planificación
Territorial) y su ejecución (Gestión Territorial) -Figura 4-.
El contenido (objetivos, estrategias,
metas, instrumentos) de los planes es afectado por la escala del ordenamiento,
distinguiéndose los planes nacional, regionales, departamentales o subregionales y
municipales o locales, según la organización político-administrativa de cada país.
A escala nacional, los planes de OT dan
orientaciones y directrices las cuales constituyen términos de referencia para los
niveles inferiores. En este nivel, también se ejecutan planes de ordenamiento, con
predominio de instrumentos de tipo activo, a partir de la construcción de grandes obras
de infraestructura y la realización de políticas de desarrollo urbano, de desarrollo
regional, reforma agraria, colonización y desarrollo rural que buscan equilibrar las
relaciones campo-ciudad, la estructura urbano regional, el desarrollo social de las
entidades territoriales y el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales, entre
otras metas (Figura 5).
A escala regional, los planes constituyen
un marco de referencia para la planificación de los niveles inferiores y se concentran en
problemas intrarregionales dentro del contexto nacional e internacional, cuyo énfasis es
determinado por la política nacional de desarrollo. Los planes regionales se pueden
orientar hacia el desarrollo de la competitividad regional en los mercados
internacionales, a equilibrar el desarrollo urbano-regional, a mejorar la integración
económica-regional, etc.
A escala departamental o subregional, los
planes de OT concretan las orientaciones dadas por el nivel regional, poniendo énfasis en
los problemas propios del espacio departamental y dan directrices para los planes
municipales o locales (Figura 6).
A escala municipal o local se elaboran
planes de ordenamiento urbano y planes de ordenamiento rural, sin descuidar las relaciones
campo-ciudad. Los planes de ordenamiento urbano buscan organizar y controlar los usos
residenciales, comerciales, industriales y recreativos del espacio urbano, así como la
expansión futura de las ciudades, los riesgos o amenazas de desastres por fenómenos
naturales, el transporte público, la prestación de servicios etc. Los planes de
ordenamiento rural se concentran en la organización y control de la localización de
actividades agrícolas, extractivas, forestales, industriales, etc., buscando que éstas
se desarrollen de manera ecológicamente sostenible. Asimismo, estos planes se proponen
elevar las condiciones de vida de la población campesina, la desconcentración de la
propiedad sobre la tierra y el acceso a la misma de los pequeños productores, la
accesibilidad a centros de mercado, entre otros.
En los planes de ordenamiento territorial
se articulan de manera armónica, objetivos de desarrollo económico, social, cultural y
ambiental, desde una perspectiva espacial, de lo cual se desprende su carácter
multidimensional.
1.2.2 Multidimensionalidad
Esta cualidad deriva de la diversidad de
elementos que involucra el ordenamiento en sus distintas escalas. Para formular un plan es
necesario evaluar las condiciones sociales, económicas, ambientales y culturales, vistas
de manera integral, como formas y estructuras territoriales espaciales cambiantes en el
tiempo y en el espacio. Estas estructuras surgen de la interrelación entre la población
con sus estructuras culturales y de poder, las actividades sociales, económicas,
administrativas y los recursos naturales (Figura 7).
1.2.3 Carácter prospectivo y
coordinado
Este carácter se evidencia en el
énfasis de largo plazo que tienen los planes de OT y en el interés por el diseño y
construcción de escenarios futuros, concebidos en un horizonte de tiempo determinado (15
a 30 años), hacia los cuales se orienta la política ordenadora. Alrededor de la
construcción de estos escenarios se formulan los planes de desarrollo territorial y/o de
uso y ocupación del territorio, buscando siempre una coordinación vertical, horizontal y
temporal. La coordinación vertical hace referencia a la acción concurrente y armónica
entre los distintos niveles territoriales que tienen jurisdicción administrativa sobre el
territorio. La coordinación horizontal, se refiere a la concurrencia y armonía de las
distintas políticas sectoriales que se desarrollan en el territorio. La coordinación
temporal, tiene que ver con la continuidad en el tiempo de la política ordenadora aunque
cambien los gobiernos, de modo que la construcción de los escenarios prospectivos o
futuros sea posible.
El carácter prospectivo del OT ha sido enriquecido por los aportes conceptuales
provenientes de la disciplina prospectiva de Francia, Estados Unidos y Alemania. La
denominación prospectiva se originó en Francia, donde se concibe como el diseño
voluntario de un futuro acordado como deseable. En Estados Unidos se concibe como un
instrumento para los objetivos específicos de instituciones gubernamentales o empresas
privadas (Prospectiva Instrumental). En Alemania se le denominó futurología asociada con
la tradición filosófica de ese país (Mazuera,1990:7).
A juicio de Oscar Mazuera, el punto de
vista más conveniente para Colombia es el francés, en tal sentido, se puede adoptar la
prospectiva como indagación y diseño voluntario de un futuro deseable, que se debe
construir en concertación (Mazuera, 1990:7).
La introducción de la Prospectiva en
Colombia data de 1969, cuando COLCIENCIAS inició esfuerzos para hacerla arraigar. Estos
esfuerzos culminaron con la formulación del Programa Nacional de Prospectiva para la
Ciencia y la Tecnología, en 1986, que sirvió de marco para el apoyo que COLCIENCIAS dio
al Programa Regional de Antioquia Siglo XXI (Mazuera, 1990:7).
En el Valle del Cauca, el Plan Valle 2000
puede considerarse como precursor en la línea de Prospectiva, sin embargo, es el programa
"El Cali que Queremos", liderado por la Cámara de Comercio de Cali, el esfuerzo
más consistente hasta 1990 por introducir la metodología Prospectiva en el Valle del
Cauca, a nivel municipal (Mazuera, 1990:7). La conceptualización que ha realizado el IGAC
en torno al Ordenamiento Territorial involucra elementos de la prospectiva en sus diseños
metodológicos (IGAC, 1996).
1.2.4 Carácter democrático
La legitimación social es otra de las
características destacadas en las políticas de ordenamiento. Esta legitimación se busca
dando al proceso de ordenamiento un carácter participativo, especialmente en la
formulación de planes de OT locales y subregionales, escalas en las cuales la
sensibilidad de los grupos sociales es mayor frente a los cambios que se establezca en el
uso u ocupación del territorio o frente a los planes de inversión mediante los cuales se
quiere inducir el orden territorial futuro.
1.3 INSTRUMENTOS
El ordenamiento territorial requiere de
unos instrumentos mediante los cuales es posible el logro de los objetivos y los
escenarios propuestos. Los instrumentos más comunes son (Figura 8):
1.3.1 Programa de actuaciones o planes
aspecto ya descrito en el numeral 1.2.1
1.3.2 Normas
Los planes de ordenamiento territorial
enfrentan diversos problemas: interés público vs. interés privado, interés
conservacionista vs. interés desarrollista, objetivos sectoriales de desarrollo vs.
objetivos regionales/territoriales y presiones de poder frente a la toma de decisiones
ordenadoras. Para enfrentar tales problemas y efectuar exitosamente los planes, es
indispensable disponer de medios instrumentales que permitan a los organismos
planificadores realizar exitosamente su gestión. La expresión más común de estos
medios se da a partir de normas donde se establecen los procedimientos, incentivos,
sanciones, fuentes de financiación, etc.
1.3.3 Organización institucional
La gestión ordenadora exige, también,
la existencia de un sistema institucional que articule el conjunto de organismos que
participan en el proceso. Esta organización garantizará la armonización vertical de los
planes y su complementariedad y concurrencia. En el caso colombiano, la organización
institucional para el OT debe articular los sistemas nacionales ambiental, de
planificación y político-administrativo y el marco normativo correspondiente, en los
diferentes niveles territoriales y sectoriales, tal como ocurre en la República de
Bolivia (ver Figuras 9 y 10).
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