Caracterización físico-biótica de la
Reserva
Claudia Córdoba G.
Transformaciones legales
En el año de 1948, el gobierno colombiano declaró, por la Ley
52, a la sierra de la Macarena como Reserva Natural, con el
antecedente de un estimativo internacional expuesto en Montevideo
en 1933.
En 1949, con el Decreto 438, se reglamenta esta Ley,
determinándose la conservación de sus riquezas naturales, con fines
de estudio e investigación científica. La organización técnica ,y
administrativa fue adscrita al Instituto "Roberto
Franco", en Villavicencio.
Entre 1959 y 1963 se declara Monumento Nacional, ratificándose
su destinación como "Reserva integral de todos los
recursos naturales". (Ley 163 de 1959 y Decreto 264 de
1963).
Sólo en 1965 se delimita el área reservada, estableciéndose su
extensión en 11.313 Km
2, esto es, 1.131.300 Ha (Decreto
2963 de 1963), fijándose sus límites con base en un estudio previo,
realizado por una comisión de especialistas del Instituto de
Ciencias Naturales (ICN) de la Universidad Nacional y del
Ministerio de Agricultura (Olivares y Monzón, 1968)
1
.
En 1971, el Consejo de Estado falla sobre la competencia
administrativa de la Reserva, asignando al Inderena (1968) su
control, vigilancia, preservación y -previo acuerdo con la
Universidad Nacional- su utilización; a esta última se le asignó la
coordinación técnica y administrativa de la investigación.
En 1973 el Inderena deslinda de la Reserva 531.359 Ha, como
parte de un programa de colonización dirigida por el Estado, ante
la situación de subversión política, y teniendo en cuenta la
historia, el origen y la densidad de la población allí asentada. El
área deslindada en favor de la colonización, plana y ya para
entonces considerablemente poblada, correspondía a la zona fértil
de vegas del Bajo Güejar y Bajo Ariari. Su colonización había
comenzado 20 años atrás.
Entre 1976 y 1977, ciertas zonas de la Reserva fueron declaradas
de "reserva especial" (Decreto 625 de 1976), por
la posible existencia de yacimientos de uranio. En 1977 se excluyen
del área original de la Reserva Natural las zonas de reserva
especial, para exploración y explotación de minerales
radiactivos.
La Shell había descartado la existencia de reservas
petrolíferas, por estudios realizados entre 1943 y 1956.
Estado de los conocimientos sobre la Reserva
Los primeros estudios científicos datan aparentemente de
1943.
El profesor Idrobo (1958) reporta cinco expediciones de carácter
naturalista -participando en una de ellas- provenientes de
universidades norteamericanas y alemanas, de botánicos y zoólogos
de cuyos informes no existe original ni copia en los archivos de
las entidades competentes.
En 1955, Hubach elabora un croquis geológico del área de la
Reserva a escala de 1:1'000.000, interpretando la sierra como un
núcleo montañoso antiquísimo (Precámbrico) rodeado de formaciones
sedimentarias terciarias y cuaternarias de origen fluvial,
provenientes de los Andes, descansando sobre la plataforma de los
Llanos, de origen fluvial y marino.
Identifica la Formación Roraima propia del Escudo Guayanés
(Precámbrico) en las areniscas altas de la sierra, estableciendo
una continuidad entre ésta, la serranía de Puerto Arturo -frente a
la confluencia del Ariari y el Guayabero- y las estribaciones
elevadas más occidentales del Escudo Guayanés: la denominada por el
autor Saliente del Vaupés, en el suroriente colombiano.
El trabajo de Hubach (1957, 1965) constituye la primera síntesis
de los factores geográfico, topográfico, hidrográfico y geológico
(en menor medida climático y de vegetación) que se conjugan y
caracterizan física y biológicamente el área de la Reserva.
Pava Silva y Van der Hammen (1959) realizan un trabajo geológico
y palinológico en el extremo sur de la sierra, al que zonificaron
como Mesetas Orientales, Mesetas Occidentales y Valle Central.
Corroboran, por la identificación de sedimentos desde la Edad
Reciente hasta el Cretáceo Superior (Secundario), de fósiles
característicos del Maestrichtiano-campaniano así como de cierta
asociación de polen, la relación entre la Formación Roraima y la
Formación Macarena.
Tanto Hubach como Van der Hammen y Pava Silva, hacen referencia
a los trabajos existentes en los archivos de varias compañías
petroleras, especialmente de la Shell, estableciendo que de esta
información sólo algunos datos fueron publicados por Trumpy (1943)
y Ganser (1954).
Por la misma época, los profesores Richter y Medem realizan
trabajos erpetológicos y entomológicos en diversos puntos de la
Reserva.
Medem establece una relación entre la fauna erpetológica al
interior de la Reserva y la de otros puntos del pie de monte
llanero, reportando además las especies prácticamente extintas
fuera del área de la Reserva.
Richter publica una reflexión sobre el equilibrio biológico de
la sierra, ejemplificando una relación compleja y autosuficiente en
el nivel más alto de la cadena trófica: la relación entre la
población de
Felis onza (puma) y las manadas de cafuches
(
Tayassu pecari), cerdos gregarios de grandes grupos
migrantes de la sierra y la planada central. Llama al puma
"médico de la selva" por el control sanitario que
ejerce sobre las manadas, eliminando los individuos enfermos o con
problemas desventajosos en relación con sus congéneres.
Señala, en relación con las poblaciones de serpientes y
lagartos, que en la época de selva virgen las manadas de omnívoros
debían mantener baja su densidad.
En 1968 se publica el trabajo de Olivares y Monzón que sirvió de
base a la delimitación de la Reserva. En la forma de un relato de
itinerario de experimentado naturalista, da cuenta de la fauna de
la Reserva; Olivares (1968 b) la sintetiza clara y sencillamente:
"La Macarena ha sido escogida debido a su situación
geográfica y topográfica como un refugio natural; aquellas especies
del norte de los llanos que han sido perseguidas y se les ha
cambiado sus hábitos, se replegaron e invadieron la sierra por el
norte; por el occidente pasaron especies de los Andes, por el sur
especies de la Amazonia .y por el oriente gran cantidad de especies
provenientes de la Orinoquia, lo cual no es difícil de probar
habiendo estudiado las colecciones aviarlas de La Macarena y
conociendo la avifauna andina, llanera, orinoquense y amazónica,
como detalladamente se prueba en los estudios de Balke (1959) y
Olivares (1962)".
De la información accesible, el Inderena posee reportes más o
menos sistemáticos desde 1970: éstos se refieren básicamente a
observaciones puntuales, con excepción de lo expuesto por Grinwood
(1968), quien aborda el problema más ampliamente, cuestionando el
status de Reserva Natural en relación con el de Parque Nacional y
hace precisiones sobre los límites de la Reserva. Los demás
constituyen fundamentalmente inventarios locales florísticos y
faunísticos (Olivares, 1968; Bradley, 1970; Fernández, 1971; Lemke
& Gertler, 1978) y estudios locales de suelos (Cortés
& Soto, 1976; Garzón, 1984).
En 1985 el Inderena elabora una propuesta de bases para
estructuras políticas de manejo y gestión ambiental de la Reserva
(Caicedo, 1985). Este trabajo produce dos mapas a escala 1:500.000
sobre la densidad y distribución de la colonización. Se han
subestimado ampliamente el número de pobladores de la Reserva y
establecido patrones de distribución con los cuales, nuestra
experiencia de campo y la fotointerpretación histórica del avance
colonizador, están en completa contradicción.
La información existente en las bibliotecas del Inderena,
Ingeominas, Igac, Corporación Araracuara, ICN-UN e Incora, permite
establecer una imagen visual y comprensiva de la Reserva, si bien a
escala muy general (1:500.000).
El paisaje de la planada (terraza septentrional y altillanura
central ) se compone fundamentalmente de:
-Pequeños y medianos cultivos "estacionales"
(siembras de "año grande" y
"travesía" de plátano) y perennes (cítricos y
cacao) sobre las vegas interiores y exteriores, caños del interior
de la Reserva y vegas del Güejar, Ariari y Guayabero, y el pie de
monte oriental.
-Grandes extensiones de pastizales de brachiaria y extensiones
menos importantes de otros pastos.
-Vegetación secundaria: Rastrojos de composición y estadios de
desarrollo diversos.
-Estrechas bandas de selva muy intervenida a lo largo de los
caños.
-Cultivos clandestinos de coca en pequeños y aislados tumbados,
al interior de los relictos de la selva y en rastrojos maduros
sobre la planada, en el pie de monte y aun accediendo en ciertas
zonas a los primeros escarpes montañosos.
La selva de la planada ha sido destruida por 20 años de
colonización continua, la tala y las quemas anuales en forma
reiterada y expansiva, el uso agrícola, el enrastrojamiento, la
creación de potreros, particular mente en brachiaria, a partir de
los años 80, y los cultivos de marihuana y coca en las décadas del
70 y 80 respectivamente.
La introducción y generalización del pasto brachiaria, es el
factor más contundente en modificaciones irreversibles, dadas sus
características de buen invasor: propagación vegetativa muy rápida
y densa por rizomas impodiales, que generen de inmediato una red
impenetrable sobre el suelo, eliminando la posibilidad de
instalación de otras especies. Donde se siembra brachiaria no se
desarrolla siquiera vegetación arbustiva; sólo algunas especies
herbáceas y volubles, de hábitos ruderales prosperan en tales
terrenos
2
.
Para remover este pasto una vez implantado, se requiere de
mecanización.
La dirección de la ola colonizadora se da hacia el pie de monte
y la montaña, el abrupto flanco oriental. La zona que aún se
conserva en la sierra selvática se encuentra por encima de la cota
de los 1.000 metros sobre el nivel del mar, sobre el costado
oriental; del otro lado, la vertiente del río Duda es despoblada,
salvo por el frente norte de la sierra.
Los esfuerzos de preservación del área legal de reserva (1965)
son ineficaces y contraproducentes. Para lograr resultados
positivos en esta etapa, tendrían que estar orientados hacia la
protección de la zona montañosa a partir de los 1.000 metros.
Una protección de la sierra, como la propuesta hasta ahora, no
es adecuada por las siguientes razones:
-No se conoce y su modificación es aún incipiente
- El resultado global de empobrecimiento biológico de la parte
plana no se tradujo en enriquecimiento social, al menos hasta
cuando se introdujo la coca en la zona; ello muestra que no resulta
provechoso destruirla por razones económicas, ni por motivaciones
sociales.
- Los mecanismos prácticos para conservarla los proporcionarían
las mismas organizaciones gremiales de la zona. Su realidad
depende, desde luego, de la situación legal y económica de las
tierras planas ya colonizadas, y de la situación políticamente
conflictiva del área.
La Reserva y sus límites
El territorio reservado es una zona naturalmente delimitada por
tres arterias fluviales y la sierra; un espolón selvático, separado
por el Güejar-Ariari de las sabanas orientales, y por el Guayabero
de la Hylea amazónica, conectada ésta originariamente con las
selvas andinas por la Depresión de Colombia, el boquete andino más
importante sobre el Llano.
Se reservaron la sierra en su totalidad, las estribaciones
suroccidentales de la terraza de Arama (de la margen occidental del
Güejar), la antigua altillanura encerrada entre el Bajo Ariari y el
Guayabero y las vegas de sus márgenes occidental y norte
respectivamente.
Por el costado occidental de la sierra, la Reserva llega hasta
el límite más próximo de las primeras escarpas sobre el río
Duda.
Los límites formales de la Reserva corresponden, pues, a límites
naturales.
Las consideraciones de base para sustentar y delimitar la
Reserva fueron:
-La naturaleza geológica de la sierra y la importancia de su
ubicación intermedia entre el Escudo Guayanés y la cordillera
Oriental como clave de problemas de correlación y determinación de
edades.
- La riqueza de su fauna y su flora, de procedencia muy diversa
y buena probabilidad de endemismos.
- La cercanía y facilidades potenciales de acceso desde centros
importantes en pleno corazón andino.
Estudio ecológico de la Reserva: Hipótesis generales y
zonificación
Las ideas en las que se basa esta mirada ecológica sobre el
proceso de colonización son, en principio:
-El ambiente actual registra históricamente la capacidad y los
medios de transformación de la actividad colonizadora, así como su
grado de conocimiento y manejo de los factores de producción.
-La composición de la vegetación actual del área plana de la
Reserva.
-Relictos de selva primaria y los diversos tipos y estadios de
vegetación secundaria (rastrojos).
-Son indicadores de factores ambientales que han intervenido
-yen cierto sentido modelado-el proceso colonizador, y podrían
caracterizar más finamente particularidades locales de éste
(distribución, densidad, velocidad de avance, utilización de
suelos, productividad, nivel de vida).
Criterios de zonificación de la Reserva
-El contraste de la información secundaria (bibliográfica y
cartográfica) sobre los aspectos geográfico, topográfico,
geológico, geomorfológico, macroclimático e hidrográfico permite
deslindar unidades homogéneas y distintas (ecotopos), definibles y
factibles de cartografiar a escala 1: 500.000. Estas zonas
constituirán unidades espacio-temporales de análisis del proceso
colonizador.
-La fotointerpretación histórica, previa zonificación del área,
permite un nivel de resolución mucho mayor (1:50.000). Aunque las
fotografías aéreas no dan un cubrimiento general del área ni de las
zonas sobre los mismos períodos, facilitan, en cambio, una
caracterización del avance colonizador (formas de acceso, vías de
penetración y estabilización).
Las diferencias geológicas, geomorfológicas, pedológicas y de
patrones de drenaje, revelan cuatro vastas zonas homogéneas y
distintas, en la escala de 1: 500.000. Ellas son:
-El pie de monte de la sierra y la terraza septentrional.
-Las vegas del Bajo Güejar y el Bajo Ariari.
-La altillanura central.
-Las vegas del Guayabero.
Las posibilidades de acceso, el tipo de paisajes y terrenos, la
familiaridad, protección y fertilidad que ofrecían a los colonos,
establecerían entre estas zonas diferencias importantes en cuanto a
antigüedad de la colonización, su procedencia y distribución, y la
utilización de suelos y productividad.
Pie de monte y terraza septentrional de la Reserva: Primer
modelo de estudio
Se tratará con detalle lo relativo a esta zona por hallarse, su
conocimiento, más sólidamente apoyado por la experiencia de campo.
Sobre ella se ha realizado un trabajo de fotointerpretación
histórica (años 1966, 1976, 1982-1983); como resultado del mismo se
presentan tres mapas del norte de la Reserva a escala 1:50.000 que
dan cuenta del estado de la colonización en los años referidos, por
medio de la identificación fisionómica de la vegetación y del uso
de la tierra.
Esta zona comprende el flanco oriental de la sierra, entre los
500 y 1.000 metros sobre el nivel del mar (la cota superior
ampliamente estimada), y la parte plana más septentrional de la
Reserva, la cual corresponde a las estribaciones meridionales de la
terraza de Arama, disectadas por el Güejar.
Límites
N: Curso medio del Güejar, a partir de su salida del cañón del
frente norte de la sierra y su entrada al Llano en la región de Los
Micos.
S: El caño Tubo, en toda su extensión: el más meridional del
sistema que desemboca al Güejar.
E: Margen occidental del Güejar medio hasta la confluencia del
caño Tubo.
W: Flanco oriental de la sierra hasta los 1.000 sobre el nivel
del mar.
El pie de monte y la terraza, si bien constituyen unidades
geológicas y geomorfológicas distintas, y aunque la proporción de
esta última es pequeña en relación con la totalidad del área plana
de la Reserva, conforman en conjunto una unidad de características
particulares, como son:
-La continuidad de condiciones geológicas, pedológicas y de
acceso entre el pie de monte andino y el pie de monte macarénico, y
entre la terraza septentrional, originalmente selvática (encerrada
entre la sierra y el Güejar, y las sabanas de Arama.
-La existencia de una zona de transición selva-sabana entre el
Güejar y el Ariari, en la vecindad nororiental más próxima de la
Reserva. El análisis aerofotográfico muestra que originariamente
los pastizales naturales de sabana penetraban esta zona desde el
oriente hasta muy cerca del Güejar, entreverados con amplias bandas
selváticas de galería; el límite de la selva apenas sobrepasa la
margen oriental del Güejar, corriendo paralelo a éste a unos cinco
kilómetros.
Macroclimáticamente, la totalidad de la Reserva está fuera de la
transición selva-sabana y no tiene la función divisoria orográfica
del clima (Brücher, 1968); el límite climático lo constituye la
línea Ariari-Guaviare; sin embargo, a la altura de la región de
Vistahermosa la transición antecede al Ariari, y entre éste y el
Güejar medio se presentan amplias bandas selváticas en sentido ESE,
paralelas al Güejar.
Geología Z.1
En términos generales, el pequeño triángulo plano del norte de
la Reserva, así como la estrecha y desvanecida franja de pie de
monte (de 2 a 3 kilómetros de ancha), presentan, por sus materiales
parentales, recientes y modernos suelos, si no tan fértiles como
los de las vegas del Ariari, superiores a los del resto de la
Reserva, más antigua en términos geológicos y pobre en términos
pedológicos.
En efecto, un transecto general EW de la Z.1 muestra:
- Sobre las vegas del Güejar, materiales de aluvión, arcillas,
limos, arenas y gravas del Holoceno (modernos).
- Sedimentos pleistocénicos y pliocénicos (cuaternarios y
terciarios) pertenecientes a las estribaciones meridionales de la
gran terraza -alta y suavemente ondulada- de Arama, separados de
las vegas por taludes.
-El pie de monte de La Macarena, al igual que el pie de monte
andino compuesto por una gruesa sucesión de sedimentos arcillosos
grises y rojos del Terciario, con intercalaciones secundarias de
areniscas finas, carbón, lignito y dos a tres niveles fosilíferos
de agua salobre cuya edad parece remontarse del Oligoceno al
Mioceno Inferior, pudiendo implicar también el Eoceno Superior.
Pedología Z.1
Los suelos reportados sobre las vegas del Güejar y de sus caños
afluentes corresponden a Entisoles (Tropofluvents) e Inceptisoles
(Distropepts y Humitropepts).
Los primeros, caracterizados por una evolución incipiente que no
ha desarrollado horizonte, son suelos aluviales de texturas finas,
francas y arcillosas y perfiles muy simples, propios de planicies
aluviales sujetas a inundación.
Los segundos, formándose en una amplia gama de condiciones de
drenaje, desarrollan en ambientes bien drenados colores con matices
pardo-amarillento y pardo-rojizo característicos. Son de fertilidad
relativamente alta (Distropepts), pudiendo haber incorporado una
significativa concentración de humus (Humitropepts). Se desarrollan
ampliamente sobre las terrazas y el pie de monte de la Reserva.
Los informes sobre los dos tipos de suelos en las vegas del
Güejar no indican los sitios precisos de sondeo, lo cual limita el
uso de los datos ya que el régimen del río no parece ser el mismo
de su curso medio a su curso inferior: aproximadamente hasta el
caño Tubo, lugar donde el Güejar abandona las últimas estribaciones
de la terraza para penetrar en la altillanura, no se registran
inundaciones (corroborado por los colonos); el río viene de salir
al Llano con corriente y declive relucidos -después de correr por
un pie de monte abrupto y un profundo cañón del frente norte de la
sierra- a diferencia, por ejemplo, de su explayada y pedregosa
llegada al Llano del Ariari. El último tramo del Güejar, hacia su
desembocadura, podría tener un comportamiento diferente por efecto
del reflujo de las crecientes del Ariari. Aparentemente, el límite
de estos dos comportamientos lo constituye el paso del Güejar del
sistema de terrazas a la altillanura.
Arriba del pie de monte, los suelos se empobrecen y aparecen
reiteradamente (presentándose también en zonas planas) los típicos
suelos rojos tropicales de la Orinoquia (Haplustox), sujetos a un
avanzado estado de alteración y concentración residual de
sesquióxidos; suelos que sólo soportan pluviselva, selva-ducidua o
vegetación sabanera, siendo prácticamente estériles a la producción
inducida por el hombre.
La razón de esta limitación tiene su origen en el ciclo directo
de nutrientes que se establece entre la vegetación y la delgada
capa de substrato orgánico, hojarasca y otros residuos en rápida
vía de descomposición y mineralización. Esto se evidencia en la
amplia presencia de raíces alimentadoras, hongos micorrizas y
epífitas, en la maraña del sotobosque, observables en los relictos
de la selva primaria del pie de monte nororiental
3
.
La eliminación de la selva rompe esta cíclica relación y pone al
descubierto un suelo mineral, altamente evolucionado y pobre.
Hidrografía Z.1
El triángulo septentrional de la Reserva está drenado por un
sistema que sigue la dirección E-SE y desemboca en su totalidad en
el Güejar.
Entre los caños más importantes de este sistema se hallan:
El Blanco, al norte, con un recorrido corto que conecta la
región de Los Micos con el pie de monte nororiental de la
sierra.
El Guayapas, que corre prácticamente paralelo al Güejar, a unos
3 Km de su margen oeste, atravesando en el sentido E-SE toda la
parte central del triángulo de terraza y pie de monte.
El Unión, con un recorrido más corto que el Guayapas y más
orientado en sentido E-SE, atravesando toda la parte meridional del
triángulo.
Tanto el Guayapas como el Unión poseen importantes tributarios
que confluyen aproximadamente sobre la misma cota (500 m).
Tres momentos de la colonización de Z.1
Las fotografías aéreas tomadas en 1966 muestran que hace 20 años
la colonización del área era puntual e incipiente y se concentraba
preferencialmente en las vegas de los caños interiores de la
Reserva antes que sobre las vegas del Güejar.
La vecindad oriental de la Reserva presenta una colonización
importante pero dispersa, concentrándose al interior de las amplias
bandas de selva que corren en sentido E-SE entre el Güejar y el
Ariari.
Los focos de poblamiento más importantes en dicho año se
situaban en la región de Los Micos y el caño Blanco. Por este
último, de manera puntual, pero a lo largo de toda su extensión, la
colonización alcanza el pie de monte.
Siguiendo el Güejar en el sentido de su curso, la banda
selvática de las vegas de su margen oriental se presenta apenas
poblada a la altura de lo que hoy es Vistahermosa, la cual no
existía aún (1968). Del margen de la Reserva, las vegas del Güejar
Medio presentaban también una incipiente colonización.
En contraste con lo anterior, la estrecha vega del caño Guayapas
se hallaba poblada, en forma discontinua pero a lo largo de todo su
curso, así como la de su tributario norte
4
, alcanzando también
la base del pie de monte, a corta distancia de los colonos que
remontaron el caño Blanco.
De toda la zona, las vegas más densamente pobladas son las del
caño Unión, en su confluencia con el Guayapas para desembocar al
Güejar.
La colonización penetra en forma continua por los grandes caños
interiores hasta la confluencia de sus tributarios, atravesando de
este a oeste la totalidad del triángulo por el norte, el centro y
el sur.
La mayor extensión de las áreas quemadas y de rastrojos bien
desarrollados, así como la vecindad entre éstos, indican que el
frente de colonización de mayor antigüedad vino por el caño Unión.
El resto de la colonización de la zona es reciente (aproximadamente
de 1960).
Eran características del avance colonizador en el año observado,
los pequeños (1 a 3 Ha) y medianos (3 a 6 Ha) descumbres y los
pequeños rastrojos, que se extendían en forma discontinua a lo
largo de todos los caños.
La parte más meridional del triángulo, entre el caño Unión y el
caño Tubo, se hallaba completamente virgen.
Las fotografías aéreas no particularizan áreas de cultivo. Más
que a su pequeña extensión y a la escala de la fotografía, esto se
debe a que se encuentran entreverados con el rastrojo. "En
esta época el maíz y el plátano reventaban al tiempo con el
rastrojo, no había necesidad de desyerbar, todo se daba
vigoroso" (colono de Maracaibo).
De otra parte, había una presencia muy exigua de pastizales
fuera de las áreas naturales de la sabana y al interior de la
Reserva.
Las aerofotografías muestran una zona de selva más baja y
homogénea en dirección a las vegas del Güejar, demarcando las áreas
de más alto nivel freático permanente; consideración interesante
para el análisis de la composición y fisonomía de los rastrojos
observados sobre el área, totalmente modificada 20 años
después.
En 1966, la colonización general del área ocupaba del 5% al 15%
del territorio norte de la Reserva.
Existe otra serie de fotografías aéreas de la zona, tomadas en
1976, El lapso de 10 años resulta muy amplio y la totalidad de la
parte plana del norte de la Reserva aparece ocupada de manera
continua, llegando la colonización a la base del pie de monte
nororiental en un frente compacto. Los relictos de selva primaria
ocupan apenas entre el 5% y el 10% del área plana.
Las áreas quemadas cubren de manera discontinua entre el 1% y 5%
de la zona, observándose quemas reiteradas sobre terrenos que ya no
son selváticos. Los cultivos v los rastrojos dominan en
aproximadamente un 70% del área.
La proporción de potreros es apreciable; cubren entre el 10% y
el 15% de la zona. Para la época, no se trataba aún de
brachiaria.
A la altura de los tributarios del caño Unión, el pie de monte
presenta profundas entrantes y salientes libres de
colonización.
Por otra parte, la colonización del frente norte de la Sierra
-viniendo del occidente- remonta las escarpas superiores,
especialmente por el río Zanza.
Mientras que la colonización por el flanco oriental no alcanza
las escarpas a 1.000 m, por el frente norte supera ampliamente la
faja del pie de monte.
Es interesante observar que entre el caño Unión y el caño Tubo,
completamente despoblado en 1966, el avance posterior de la
colonización es muy lento. A esta altura, la terraza de Arama da
paso a la altillanura central.
El conjunto de fotografías aéreas más recientes estudiadas, data
de 1982 y revela tres fenómenos destacados:
-Un significativo aumento de las extensiones de pasto en la
parte plana, que revela la introducción del brachiaria.
-Las zonas de cultivos, rastrojos y quemas sobrepasan la cota de
los 500 m a todo lo largo del pie de monte.
-El tamaño de las parcelas quemadas se ha reducido sensiblemente
en relación con los dos registros anteriores y remontan las
escarpas en forma diversa; revelan probablemente las zonas de
cultivo de coca.
Hipótesis sobre el acceso de la colonización a la Reserva
La primera ocupación al interior de la Reserva se produjo por la
terraza norte, facilitada por la continuidad de condiciones con el
pie de monte andino y las sabanas de. Arama, regiones de antiguo e
importante poblamiento: La Uribe y San Juan de Arama.
Las condiciones de violencia que se dieron en el interior del
país, generaron procesos de migraciones forzosas, tratados
ampliamente en este libro. Entre las zonas del territorio nacional
que acogieron estos traslados humanos se encuentran las bandas
selváticas enmarcadas por el Güejar y el Ariari que permitían un
desplazamiento protegido en dirección E-SE desde aquellos
importantes centros hacia las riberas del Güejar.
La procedencia y el origen de los colonos (pequeños cultivadores
de las pendientes medias de la montaña andina, de los valles
interandinos y de los transversales), determinan también un
desplazamiento por la selva y una colonización prioritaria de ésta,
en lugar de ocupar las sabanas, estériles y apropiadas por
terratenientes ganaderos.
Por razones de protección se alejan también de las vegas
expuestas de los grandes ríos, penetrando en el único lugar
posible, la Reserva, a lo largo y profundo de sus caños.
La colonización penetró el oriente de la Reserva por Los Micos y
por la confluencia del Guayapas y el Unión; hacia 1966 los polos
importantes son los antes mencionados y un puerto sobre el Güejar:
Piñal o Puerto Triste; uno de ellos proviene del frente de
colonización más antiguo del norte de la Reserva.
En 1966, Vistahermosa aún no existe, aunque sí el cruce de
caminos donde se instala hacia 1968. La banda selvática que corre
paralela al costado oriental del Güejar, se adelgaza naturalmente;
a la altura de ' este cruce de caminos no alcanza los 2 kilómetros
hasta las riberas del río; Vistahermosa se instala en el punto
donde el borde de la selva se aproxima más a la corriente. Ahora
bien, para 1966, la penetración a la Reserva por este punto es muy
incipiente. Un factor importante en la rápida estabilización de la
colonización en la estrecha zona norte es el hecho de que el río
Güejar no está sujeto a inundaciones.
Penetrar la Reserva desde las vegas del Bajo Ariari y el
Guayabero, debió ser un proceso más lento, debido fundamentalmente
a la extrema pobreza de la altillanura encerrada entre éstos y la
sierra; se trata de las estribaciones occidentales de la plataforma
llanera, de formación terciaria (Oligoceno), en términos
pedológicos muy antigua, e inundable gran parte del año.
A diferencia de la terraza septentrional de la Reserva,
penetrada por las desembocaduras de sus caños, la altillanura
central fue probablemente colonizada en sus comienzos
primordialmente por las cabeceras de los usvos (Yarumales, Cabrera
y Cafre los más importantes) como una lenta y difícil continuación
del proceso originado desde el norte.
La altillanura fue vedada a la colonización desde las grandes
vegas hasta tanto no hizo su aparición la coca y, con jugosos
excedentes, el ganado y los pastizales seleccionados.
El brachiaria se introduce por el norte en el decenio de los 70,
pero es en la altillanura donde adquiere la categoría de pionero y
tumbador de selva.
Desde las vegas del Guayabero, la colonización avanzó con más
éxito probablemente por el caño Yarumales dada su posición
privilegiada, corriendo paralelo al pie de monte oriental, desde su
parte central hacia el sur.
La secuencia del poblamiento fue probablemente:
-Terraza y pie de monte norte por las vegas interiores.
-Vegas del Ariari y el Guayabero.
-Altillanura central y pie de monte meridional.
El esquema 2 expone este modelo de poblamiento.
Utilidad del modelo
De verificarse la hipótesis sobre la procedencia de la
colonización y la forma de acceso a la Reserva -por el testimonio
de los colonos, memoria viva del proceso durante los últimos 15 a
20 años- sería contrastable con la hipótesis de migración generada
por la violencia, enunciada por Molano.
Alcance de los datos del trabajo de campo
Dos consideraciones importantes para el tratamiento de estos
datos:
-El trabajo teórico y la revisión de información fueron
posteriores a la observación directa. La naturaleza del problema y
la manera de formularlo implican y orientan la estrategia de
muestreo, de manera que los datos de campo directos están limitados
a una información general, cualitativa, del ambiente actual de la
Reserva.
-Esta actualidad ambiente, es producto de un rapidísimo cambio
en las condiciones socioeconómicas de la región durante los últimos
10 años.
Los factores son en su orden:
-La reapropiación ganadera de pequeños agrosistemas.
-La introducción de pastizales seleccionados de brachiaria en
los años 70, y
-La introducción de la marihuana y de la coca en el decenio de
1980, cuyos excedentes favorecen la ganadería.
La percepción histórica que poseemos se basa en material muy
fragmentario: tres cortes de tiempo (1966, 1976, 1982-1983) con un
lapso que se verificó excesivamente largo entre ellos. En efecto,
mientras en 1966 sobre nuestra unidad de análisis se da un
poblamiento puntual que ocupa aproximadamente el 15% del área, en
1976 toda la zona plana nororiental está ocupada y la proporción de
suelos ganaderos es bien importante y en 1982, los pastizales de
brachiaria dominan la planada.
Sin embargo, la descripción general que aporta el trabajo de
campo (entrevistas y observaciones directas) permite formular dos
problemas más y orientar de manera más precisa la fase de trabajo
en el terreno subsiguiente en este proyecto:
-El conocimiento sobre la composición de los rastrojos actuales
indica varias de las condiciones ecológicas locales que determinan
la productividad de los terrenos. Esta composición es fuente de
información para el colono, quien, con base en ella, toma cierto
tipo de decisiones, y este conocimiento es fuente de información
para el análisis ecológico.
-El conocimiento del colono sobre este medio es de todas maneras
novedoso y superficial, su tecnología y manejo de los factores de
producción (los naturales) resultan inadecuados e insuficientes, su
capacidad productiva mínima y el resultado general a corto plazo es
el empobrecimiento biológico del entorno y la degradación de su
nivel de vida.
Sobre estas dos ideas gravita el análisis de los datos de campo,
así como la reorientación y precisión de los planes de muestreo,
para la siguiente fase del trabajo.
Anotaciones sobre la instalación de un fundo
"¿Que cómo se colonizó esto?
Aguantando hambre, sufriendo, acabando
con la familia" (colono de Puerto Lucas).
La colonización de La Macarena se caracteriza, en primera
instancia, por desarrollarse en un ámbito que exige al ser humano,
hasta el límite, grandes condiciones de adaptación: La selva
pluvial, hábitat de la malaria, el paludismo, la lepra y otros
mortales endemismos tropicales. Y se halla aislada de centros
económicos medianos o pequeños por una total inoperancia de las
instituciones estatales.
La familia Rojas se encuentra entre las primeras que
incursionaron al área de Maracaibo. Llegaron hace 14 años,
provenientes de Maya, en cabeceras del Llano. Su jefe fue un
jornalero agricultor que emigró por encontrarse en tierras de
haciendas ganaderas "aburrido y sin trabajo".
El lugar de destino no lo escogieron, "fue un viaje
inventado en menos de cinco minutos"; Rojas llegó solo en
junio, le "dieron" un fundo al que le hizo dos
lotes descumbrando media hectárea, socolando y tumbando, sin quemar
por no ser la época para hacerlo.
Sembró plátano y fue por la familia. Vendió lo que tenía en Maya
por $5.500.
Ingresaron a la zona por Vistahermosa, penetraron por el
Guayapas (tres horas en bote, que recuerdan con espanto),
ubicándose entre caño Grande y caño Albania, sus tributarios, en la
base del pie de monte. "Cuando llegamos casi nos morimos
todos", señala, lacónica, la señora de Rojas.
Compraron a un vecino 24 hectáreas por $4.500 poco después de
llegar, dejando el pequeño fundo arriba. Al nuevo fundo le tumbaron
una y media Ha, y sembraron maíz en travesía (junio).
"Hectárea y media es para cogerle 20 cargas; le vino a
coger tres bultos de maíz, de nacua, los ratones acabaron la
cosecha".
"Machucó" y quemó el lote, descumbrando y
quemando 2 y media hectáreas más entre enero y febrero. Sembró maíz
en marzo y recogió una cosecha de "año grande",
de aproximadamente 35 cargas por hectárea.
Su mejor cosecha fue la tercera de "año
grande", cuando descumbró y quemó aproximadamente 6 Ha,
recogiendo de ellas 150 cargas de maíz.
A este lote le "sacaron" 7 u 8 cosechas. La
última les produjo 8 a 10 cargas por Ha, fue entonces cuando se
dedicaron al pasto.
Detallando más la utilización del fundo, Rojas cuenta que en un
principio sembró, además de plátano y maíz, yuca, arracacha y
fríjol. Sin embargo, a ninguno de esos productos "había
manera de sacarlos de aquí"; de una carga de maíz, entre
jornales y transporte le quedaban "limpios" 20 a
30 pesos. Bajar la carga a la bodega costaba entre 12 y 15 pesos;
llevándola directamente a Puerto Triste podía venderla entre 90 y
95 pesos.
Se dedicó a la arriería hasta hace cinco años, trabajando tres
mulas propias y tres en compañía. Sacaba carga para Puerto Triste y
Vistahermosa. Actualmente tiene una tienda.
Llegó además a criar una piara de 45 cerdos, a los que mantuvo
en el borde de los potreros alimentándolos con plátano y maíz;
"valían lo que cuatro cargas de maíz y caminan
solos". En un año el cerdo lograba 7 arrobas y se vendía
entre 400 y 450 pesos.
Con el producto de los cerdos compró, en $2.500, 14 Ha contiguas
a sus potreros y fue ocupándolas directamente en pastos.
En el año 70 vendieron el fundo de 25 Ha por $700.
"Nadie creía que esto iba a progresar". Se
instalaron en lo que sería el núcleo de Maracaibo seis años
después.
"... Aquí junto a la escuela, de para abajito, donde es
la casa del motor había una casita de Paroid y piso de yaripa
picada... Un ranchito. De ahí para arriba comenzaron a hacer
ranchitos. Fue donde se comenzó a fundar.
El fundador del pueblo, don Sergio, murió hace algo más de
cuatro años.
Con los resultados de la entrevista no puede establecerse si
actualmente la familia Rojas posee un fundo agrícola o pastizales,
o si su economía depende de la tienda o de otras fuentes.
En relación con los suelos de la región de Maracaibo, los
caracterizaba como de buena fertilidad en un comienzo, pero
agotados al cabo de cinco u ocho cosechas.
En estos terrenos "buenos" las primeras
cosechas de "travesía" y "año
grande" tienen más o menos la misma productividad. La
diferencia se da en qué la "travesía" de maíz,
por ejemplo, es más delicada, puede perderse, "la de 'año
grande', como entra en tiempo más invernoso, se hiela
menos".
En época de "travesía" se tala menos y no se
quema (preparación del terreno en invierno). El tiempo de quema
transcurre en enero y febrero (finales del verano); el de siembra
de "año grande" en marzo (comienzos del
invierno), cosechándose entre junio y agosto. La siembra de
"travesía" se efectúa entre septiembre y octubre
(finales del invierno) y se recoge entre enero y febrero.
En relación con cultivos permanentes, plátano por ejemplo, no
parece tener importancia la época de siembras. La productividad del
plátano está sujeta más bien a un período de bajo nivel freático,
el que se da todos los años en el pie de monte, yen las vegas,
cuando las inundaciones no se prolongan.
Anotaciones sobre especies arbóreas de la selva
nativa
Las especies más importantes y su distribución en la zona -según
informes de los colonos- indican que hubo una composición
florística distinta entre el área plana, el pie de monte y la
"cordillera" (Macarena).
En la primera se manifestaba una dominancia de especies de
crecimiento rápido, de maderas livianas, fibrosas, látex en su
mayoría, pertenecientes a unas pocas familias: Moráceas -cauchos
arbóreos, arbustivos y trepadores-, esterculiáceas -de la familia
del
Teobroma cacao-, Ulmáceos, Sapotáceas, Malláceas,
Burseráceas y Anacardiáceas. No existía madera de aserrío.
En la segunda área, dominaban árboles más lentos, de maderas
resinosas, más duras y finas (Cedrelas y Lauráceas).
Si bien la mayoría de los árboles inventariados por los colonos
son habitantes corrientes del pie de monte llanero y en general de
zonas cálidas y húmedas, en su distribución radicaba la
particularidad de la Reserva, pudiendo ser un buen modelo de
estudio de la autoeconomía de estas especies, de su repartición en
relación con los factores de textura y estructura de los suelos, la
calidad del drenaje y los niveles freáticos.
El cuadro 1 recoge básicamente la información aportada por el
señor Molano, antiguo colono de Maracaibo, y por don Fabio,
aserrador santandereano, gran conocer de la región. En él se
indican los árboles más representativos de la selva que encontraron
aquí, de manera que se evidencie su distribución en bajos y vegas
(Ba, Ve), terraza, pie de monte y cordillera (T, Pm, C).
Anotaciones sobre algunas especies importantes de los
rastrojos
Para los colonos de vegas, terrazas y el pie de monte
(nororiente de la Reserva), son tres las especies indicadoras:
Platanillo (
Heliconia bihai), yarumo (
Cecropia
sp) y guadua (
Bambusa sp), a las que pueden acompañar la
iraca (
Carludovica palmata) y la batatilla
(
Convolvulus sp), la guaba (
Phytolaca sp), la
pringamoza (
Urtica sp) y una trepadora: la uña de gato
(
Ficus plumila).
Heliconia Biahi, L.: Platanillo, bijao o bihao
(Musácea)
Característica de playas recién formadas, cuando comienzan a
cubrirse de vegetación. Crece en densas formaciones monoespecíficas
o mezclada a la caña brava (
Arando donax) fijando y
estabilizando los suelos aluviales.
Cuatrecasas la reporta bordeando en extensiones inmensas los
ríos Cauca y Magdalena. Estudios fisiológicos (Posada, 1909),
muestran que las semillas acumulan como única reserva carbonatos
cálcicos, sobre terrenos ácidos y desaturados.
Se trata de una especie pionera de borde de selva, sobre vegas,
al tiempo que una vigorosa invasora de tumbados.
Las características generales del suelo en el que crece, son:
pobreza de nutrientes, moderada acidez, alto nivel freático en
verano e inundable o no, en invierno. Tolera una gama diversa de
texturas de suelo, prosperando sobre texturas finas, limosas,
limoarcillos; los playones esencialmente arenosos son poblados por
una compuesta arbustiva grisácea, en densas formaciones
monoespecíficas.
Esta planta se halla estrechamente relacionada con la cocina de
las regiones selváticas, siendo utilizada para envolver alimentos o
cocerlos bajo tierra.
Cecropia sp: Yarumo o guarumo (Morácea)
De la familia del árbol del pan (
Artocarpus comunis),
de los cauchos (
Ficus sp), del árbol vaca
(
Galactodendro afile), del matapalo (
Urostigma
sp) y de la contrayerba (
Dorstenia contrayerba), el medica
mento rnás generalizado entre los nativos, el yarumo es especie
periférica de la selva en terrenos de vegas y terrazas, y fuerte
invasor de tumbados.
Los indios del Caquetá preparan la coca con cenizas de yarumo,
por contener éstas gran cantidad de cal. Esta acumulación de
carbonatos cálcicos, al igual que en el platanillo, es lo que le
permite establecerse como dominante en terrenos pobres y ácidos;
ser pionero sobre bordes de vega inestable y prosperar rápidamente
en terrenos desmontados, en los cuales se inicia un acelerado
proceso de empobrecimiento.
Al ser utilizados como indicadores de "buena
tierra", sobré la riqueza de sus nutrientes, están
señalando otras condiciones favorables del suelo, en términos de
textura, nivel freático y calidad de drenaje.
La fertilidad adjudicada a los terrenos en los que crece el
yarumo se debería en buena parte al enriquecimiento en cenizas
calcáreas por la quema de los yarumales. El efecto sobre el suelo
es apreciable ya que las poblaciones de yarumo son densas y
monoespecíficas.
La fisonomía del rastrojo de platanillo y yarumo está
determinada principalmente por el alto nivel freático del suelo, el
cual limita la presencia de especies a aquellas de ciclos rápidos,
sistemas radicantes poco profundos y resistencia a condiciones de
acidez y de saturación. Estos suelos son comparativamente más ricos
que los de la altillanura interior.
Fauna
Se presenta un listado de la fauna importante para el colono, su
"marisca", de la cual buena parte de las especies
se reconocen como casi extintas.
La pesca en el área es algo que desde hace cinco años parece
estar recuperándose, debido a la prohibición que establecieron las
organizaciones sindicales sobre el uso de la dinamita.
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1
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Olivares y Monzón, 1965. Publicado en 1968.
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2
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Algunas especies solanáceas, ciperáceas, liliáceas,
convolvuláceas y compuestas.
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3
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Recorrido Vistahermosa-Puerto Lucas- Albania- Maracaibo- Caidan
de Sardinata (proximidades).
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4
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Los tributarios de los caños mencionados, visibles en las
aeorofotografías, no registran nombre en la cartografia del
IGAC.
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