INDICE




 

Modificaciones de los principales ecosistemas de la Serranía de la Macarena
Julio Carrizosa Umaña

Para fundamentar este análisis, se han realizado las siguientes acciones:

-Inventario de la información disponible.
-Reconciliación de la información en un mapa geológico.
-Interpretación, identificación de grandes unidades geomorfológicas en mapas a escala 1:500.000 y 1:25.000.
-Elaboración de un mapa de uso del suelo de la zona nororiental de la Reserva.
-Entrevistas a los colonos asentados en la zona plana de la Reserva y a lo largo de la trocha Macarena-Piñalito.
-Inspección a las zonas nororiental y suroriental.
-Elaboración de mapas del uso del suelo en tres etapas de colonización: 1966, 1976 y 1982 (de acuerdo con la información aerofotográfica disponible).

 

Estado de la información biofísica a nivel científico

A pesar de que La Macarena ha centrado durante los últimos veinte años el interés de las ciencias naturales en varias universidades, la información científica existente es precaria. Las principales fallas de la información procesada sobre el área son:

 

Falta de cubrimiento

No se ha realizado un estudio de toda el área, ni siquiera a nivel topográfico. Las fotografías aéreas existentes no la cubren adecuadamente. Solamente existen imágenes de satélite con cubrimiento total. Las colecciones de flora y fauna no se han hecho en forma sistemática, y son el resultado de investigaciones puntuales o de viajes a lo largo de los ríos.

 

Baja "resolución"

Los estudios existentes se han hecho, en su mayoría, a escalas muy pequeñas o corresponden a la identificación de grandes grupos biofísicos, sin proporcionar el detalle necesario para orientar acciones en el terreno, mucho menos para fundamentar actividades de interpretación científica o de aplicación técnica.

 

Ausencia de sistema

Como se dijo, la mayor parte de los estudios básicos y de las investigaciones realizadas en La Macarena, carecen de orientación sistemática o sea, no corresponden a un esfuerzo integral ordenado y continuo de conocimiento.

 

Ausencia de análisis

Gran parte de los estudios encontrados son grandes síntesis o simples colecciones sin análisis de interrelaciones. En este sentido, está ausente el estudio ecológico (muy recientemente ha surgido una excepción con la colección de OIKOS, premiada por FEN).

 

Ausencia de aplicabilidad

Lo anterior, ha conducido a que no se haya desarrollado ningún estudio de ciencia aplicada (al menos no se conoce), lo cual es contradictorio con las razones de utilidad de la Reserva alegadas por todos los que hemos hablado de ella como "banco genético".

 

Secreto

Es posible que algunos estudios de ciencia aplicada sean mantenidos en secreto por sus financiadores, sin que el Estado haya podido controlarlos (petróleo, primates, etc.).

 

Duplicación

Gran parte de los documentos consultados se limitan a repetir en diversas formas los escasos conocimientos básicos obtenidos años atrás, sin avanzar en ellos. Esto sucede con la continua repetición de los estudios geológicos que a nivel explorativo realizó Hubach, o con las extrapolaciones de colecciones realizadas en los sitios más accesibles de la Reserva.

 

Retórica

Casi todos los que hemos hablado y escrito sobre La Macarena, nos hemos dejado llevar por la gran fuerza retórica de los argumentos esgrimidos por los primeros exploradores, sin que esté presente el análisis o la simple reflexión. Esto ha conducido a que simples observaciones iniciales sean acogidas por los medios de comunicación como verdades científicas inobjetables.

 

La serranía según los colonos

La imagen percibida por los colonos que bordean y avanzan dentro de la Reserva Biológica, desde Vistahermosa hasta El Refugio, está bien presentada por esas dos alusiones; refugio contra una sociedad que, por una u otra razón, los ha expulsado y primera visión de una naturaleza que los asombra y reflexión estética que conforta. Los dos nombres sintetizan también las principales características de la información que los colonos tienen sobre su propio ecosistema; retórica, concentración en el objetivo de sobrevivir y posterior ampliación hacia una visión ambiental.

En su intento de comprender un medio, aplicando sus elementos de lenguaje y la tradición oral esencialmente andina, los colonos, en una o dos generaciones, han pasado a través de tres fases principales de conciencia ambiental.

En la primera fase, de aceptación de la retórica tradicional, el campesino andino, en medio de la crisis económica y asediado por circunstancias políticas, encuentra en los Llanos, palabra síntesis de la región, el mismo significado que ha tenido desde el siglo XIX para casi todos los colombianos. Símbolo de esperanza, redención, libertad y prosperidad futura, su sola mención indujo en minutos el viaje de uno de los colonos entrevistados. El calificativo de Reserva (retórica científica internacional) evidentemente despertó en los recién llegados un doble sentimiento: el de rebeldía ante su connotación de bien que es reservado para el uso de otros y el de hallazgo y necesidad de apropiación de un tesoro que, dentro de la lógica de la economía campesina, solo estaba esperando la llegada de los desposeídos para ayudarlos a sobrevivir. Es así como, paradójicamente, la comunicación masiva de conceptos a través de palabras código produce efectos contrarios a los esperados; la contradicción implícita en el sistema colombiano ante el mantenimiento de un horizonte abierto, válvula de escape de los conflictos sociales y la necesidad de aceptación de una racionalidad científica internacional, se reproduce con singular violencia en el campo concreto de la colonización.

En una segunda instancia el campesino reduce su visión retórica del ambiente a donde ha llegado, a la percepción única de sobrevivir. La necesidad de alimentarse con sus propio trabajo, aislado casi totalmente de la comunidad, obliga al colono a olvidarse de todo lo que no sea la caza, el desmonte y la siembra. En este proceso de concentración elaboran sus propias tipificaciones de los elementos físicos-bióticos. Sin ninguna ayuda didáctica (no hay maestros en la colonización, mucho menos técnicos o científicos), los campesinos andinos construyen lentamente su visión del mundo selvático que empiezan a transformar. Se limitan inicialmente a aquellas partes del ecosistema que tiene relación obvia con la cosecha, los suelos, el agua; inventan palabras y proyectan interrelaciones, "los suelos arenosos son buenos para la yuca y el plátano", "esta tierra por el color debe tener esmeraldas". El ámbito cercano es un azar, "este sitio no lo escogimos... ¿dónde más vamos a ir?..." y "...cada noche un bicho y sin saber lo que era...". Los animales salvajes son los bichos; la carne de caza, la marisca; los árboles, los palos. Sólo los corteros y cazadores especializados para el mundo exterior saben diferenciar su presa.

Completamente aislados del conocimiento científico, por ausencia de la universidad y del Estado, los colonos interpretan su ambiente como un conjunto de objetos en donde las interrelaciones rara vez se distinguen y el cambio poco se percibe. Cuando los eventos exceden su capacidad de explicación o de reacción, el colono recién llegado acude a la tradición de los Llanos, que reemplaza así el ámbito católico andino; hay que rezar las cosechas y sanar a los niños con la ayuda de los "hermanos".

Lentamente su conciencia ambiental se hace más amplia. Los factores de este cambio son principalmente dos: la experiencia adquirida por aquellos que han permanecido varias décadas en medio del ambiente selvático, y la introducción de conceptos ecológicos simples a través del contacto político de la guerrilla con medios académicos. Es así como los "muchachos", muchos de ellos segunda generación en la selva y en contacto con estudiantes urbanos, se hacen portavoces e impulsores de una nueva actitud hacia el ecosistema, evidenciada en dos políticas principales: la prohibición total de la pesca con dinamita y la protección de los bosques de galería. En general la reacción de los colonos antiguos y de los llegados en los últimos años es positiva ante el nuevo orden ecológico. Los primeros tienen ya una fuerte tradición de prueba y error y se alborozan cuando, a los pocos años de veda de dinamita, regresan los peces; los segundos admiten la exigencia de mantener 30 a 50 metros de bosques sobre el río. Tal vez recordando que esto además de favorecer al ecosistema dificulta la identificación de las siembras de coca. Los conflictos se diluyen cuando coinciden las tácticas.

La conformación de una conciencia ambiental más amplia es evidente en las áreas más cercanas a la serranía, como en las riberas del alto Guayabero y en el Duda. Las preguntas que allí se hicieron sobre interrelaciones ecológicas fueron contestadas en forma clara y frecuentemente acertada, el cambio se percibe con más detalle y aun el ambiente lejano se conoce con mayor objetividad, como se apreciara en los siguientes puntos.

 

La noción de sistema

El desarrollo de la noción de sistema entre los colonos se examinó desde el punto de vista de su percepción de interrelaciones entre los animales, su conocimiento de la geografía de la Reserva y las imágenes prevalecientes sobre ámbitos no inmediatos como la serranía en sí o el valle del río Duda. Todos los colonos entrevistados estaban asentados en las riberas del Guayabero o vivían en el pueblo de El Refugio.

Las interrelaciones entre los animales conocidos son explícitas y concretas, ninguno deja de contestarlas: "El águila y el gavilán comen pajaritos. El tigre y el tigrillo comen cafuche, venado, gallinetas, lapas y si uno los deja, el ganado. Los zancudos nos comen a nosotros"; algunos tienen mayor precisión: "Los pescados comen maticas y lama... la lapa como pepas todo el año, el saíno come yuca y pepas... los pescados chicos barro y hojitas".

La geografía física de la Reserva se conoce entre los colonos por experiencia personal y tradición oral. No circulan entre ellos los precarios mapas que hasta ahora ha elaborado el Estado. La nomenclatura, y aun la estructura de la red hídrica, es objeto de discusión y la verdad geográfica es fruto del consenso coyuntural.

En áreas no ocupadas, como la parte superior de la serranía, a donde pocos colonos han subido, el mito continúa apareciendo en la imagen popular: se habla todavía de ciudades indígenas de piedra y de extensas bases militares, pero la mayoría percibe la serranía sólo como un conjuro rico en árboles y animales.

El uso de la parte alta de la Reserva y de la zona del Duda es tema de discusión sobre el que no es fácil apreciar un consenso. Si bien algunos insisten en que "cada quien se mete en donde puede" y en que todas las tierras buenas deben ocuparse y fomentar en ellas la explotación maderera, otros perciben la necesidad de protección: "La Reserva hay que cuidarla para tener nosotros algo en el futuro; la Reserva se la deben adjudicar a los 'muchachos' para que la cuiden, no dejen abrir más rozas ni matar animales".

 

Percepción del cambio

La conciencia de la modificación del sistema y su relación con la colonización, o sea la visión dinámica del ecosistema, se estudió preguntando a los colonos sobre los cambios recientes en el clima, el río, la vegetación y la fauna y la productividad agrícola.

Los cambios en el clima se perciben en toda su complejidad aun sin contar con un marco científico de referencia: "Ningún año llueve igual que el anterior... la luna ya no sale igual... en junio y julio llega la frialdad del Brasil".

La percepción de modificaciones en el río estuvo dominada, durante el período de las entrevistas, por la reciente inundación (julio de 1986). Existía una noción general de que las crecientes eran cada vez mayores y las márgenes se desbarrancaban más. Aguas arriba de El Refugio la situación se percibía más estable: "El río es el mismito que cuando llegamos". La interrelación entre el cambio en el río y los cambios en otros elementos del sistema es percibida con gran claridad: "Demasiado invierno en la cordillera es, para la mayoría, la causa de las inundaciones, sin que nadie aluda a una posible deforestación como factor adicional (hipótesis preferida de la T.V. y la prensa). En otro sentido la inundación afecta suelos, flora y fauna: 'Lavó los suelos y ahora sólo se da maleza'; 'en la inundación murieron muchos animales, los que sobrevivieron los mató la gente'; 'el río se pone barroso en invierno y disminuye la pesca, en verano hay mucho pescado'".

Según los mismos colonos, el cambio más apreciable en los últimos 30 años se refiere a la cantidad y variedad de la fauna. No cabe duda que los primeros colonos que se asentaron a mediados del siglo encontraron en las vegas de los grandes ríos una fauna diversa y abundante que hoy no existe. Los colonos se refieren especialmente a las manadas de cafuches y a la presencia constante de dantas, caimanes, "zorros" de agua, lapas, borugos y venados e inclusive chigüiros. La causa de la evidente disminución de todas estas especies es atribuida por los colonos más a la caza masiva que a la destrucción del hábitat selvático. Como excepción se menciona al tigre, el cual, según algunos, aumenta conforme aumentan los asentamientos.

La transformación de la vegetación es la razón vital de la colonización, y como tal no se la percibe aisladamente sino en función de su propia supervivencia. El colono gesta un nuevo ecosistema por medio de su esfuerzo personal y el cambio lo percibe estrechamente relacionado con sus objetivos. Es así como la "descumbrada" no sólo abre la posibilidad de sembrar maíz, sino que elimina la "plaga" y crea frontera entre él y sus vecinos, proporciona energía y materiales de construcción. Entre cada fundo se deja una faja de vegetación como testigo de los derechos de posesión. Una vez destruida la selva, la cosecha y el enrastrojamiento caracterizan el cambio de la cubierta vegetal, ya en manos del colono.

Maíz y yuca son los cultivos iniciales. El colono desmonta de 2 a 4 hectáreas por año, las siembra, recoge cosechas durante uno o dos años y luego deja "descansar" la tierra por períodos que varían entre 1 y 4 años. El descanso lo inician cuando la productividad que fluctúa al principio entre 12 y 20 cargas/ Ha, se reduce por debajo de 10 cargas/ Ha. Empieza entonces el proceso de enrastroje.

El crecimiento del rastrojo, o sea la regeneración natural de la vegetación, es considerado por el colono como enriquecedor de sus tierras. La forma como se desarrolla es indicio de su fertilidad; algunos bejucos sólo aparecen rápidamente en las mejores tierras, mientras árboles como el yarumo son colonizadores de cualquier terreno. Preguntamos por las secuencias de enrastrojamiento, mencionan tres o cuatro diferentes, apareciendo en casi todas la "grama", los bejucos y el yarumo. Sólo una familia de las entrevistadas observa que las plantas que prosperan no son las mismas que había antes del descumbre.

Aquellos colonos que han logrado limpiar suficiente tierra y que tienen capital inicial o crédito para comprar ganado, optan por mantener sus fundos en pasto. Es frecuente encontrar afirmaciones sobre las ventajas de la ganadería y la supuesta vocación del sistema: "Esto sirve es para potreros". En aquellos lugares en donde se han conformado fundos casi exclusivamente ganaderos se ha introducido el brachiaria, pasto recomendado por el ICA, que acepta poca competencia de otro tipo de vegetación, completando así la simplificación del otrora complejo ecosistema.

 

El conocimiento de los elementos

Los colonos nos proporcionan una visión del estado actual de los suelos, la flora y la fauna del sistema en que viven.

Los suelos en que están asentados, primordialmente las vegas, "banquetas" y terrazas aluviales, empiezan a ser tipificados por los colonos según su color, textura y producción. Prefieren los poquísimos suelos negros que se encuentran en el extremo norte de la Reserva; sin embargo, ya saben también que la "tierra negra con huevitos" no sirve y que "la tierra capotuda" no se descompone.

Otros indicadores más complejos, como la acidez o la fertilidad, no fueron empleados por los colonos en sus respuestas. Uno de ellos correlaciona la tierra ácida con la que es apropiada para producir limones y otros cítricos, indicio de la precaria penetración del lenguaje científico.

Al deforestar, cultivar y dejar enrastrojar su fundo, el colono construye un nuevo ecosistema, que constituye su ambiente próximo. Preguntados sobre las características de su ámbito nos proporcionaron valiosa información sobre la diversidad percibida.

Según las respuestas obtenidas en la ribera del Guayabero, en los fundos la variedad de árboles tiene un máximo de 13 especies y un mínimo de dos, con promedio de 9 especies. De ellas solamente seis se repiten y aparentemente sólo cinco son sembradas como frutales. El total de especies identificadas es de 38. Preguntados sobre el nombre de las malezas, las respuestas fueron más genéricas; bejucos y gramas se mencionaron en todos los fundos y sólo se identificaron 11 con nombres locales, para un total de 13 formas diferentes, un máximo de 4 y un mínimo de 2 por entrevistado. A lo largo del Güejar y el Ariari se cuantificaron 31 especies arbóreas diferentes, proporcionando ambos datos un orden de magnitud relativamente bajo que refleja tanto los límites del conocimiento de los entrevistados como el grado de disminución de la diversidad del sistema.

Preguntados los colonos sobre su conocimiento de plantas útiles, las respuestas se concentraron en hierbas medicinales de uso andino, como la hierbabuena y el toronjil, ornamentales como la alstroemeria y la veranera, o condimentos, como el cilantro. Sólo uno de los entrevistados, el más cercano al Duda, mencionó plantas obtenidas en el sistema selvático. Al investigar en el mercado de Vistahermosa, se encontró que, efectivamente, las hierbas medicinales que se consumen en la región son traídas de Bogotá. Confirma este desconocimiento de los recursos de la selva el que los colonos acudan frecuentemente a los indios o a los "hermanos" para sanar casos extremos, como las mordeduras de culebras.

Una situación semejante se percibe en las respuestas a la pregunta sobre aves que anidan en los fundos. En ellas, la evidentemente rica avifauna de la Reserva se reduce a un total de 20 especies, de las cuales sólo 7 podrían catalogarse como propias del ecosistema.

El nivel de conocimiento de los elementos de su propio ambiente es mayor cuando se pregunta por elementos directamente relacionados con su supervivencia, como son los peces u otros animales selváticos comestibles. Un total de 27 especies ícticas fueron identificadas, con un máximo de 7 por entrevistado. Las 28 especies de animales comestibles identificadas incluyeron todos los mamíferos de tamaño grande y mediano, especialmente la danta y las diversas formas de cerdos salvajes, sin que fueran mencionados ninguno de los reptiles o especies menores que conforman también la dieta indígena.

Para un colono que conoce otras zonas del pie de monte, la variedad de la fauna de la Reserva no es mayor que la que él conoció en el Caguán, con excepción de las toninas y las cachamas.

 

Conocimiento del funcionamiento del sistema

Entre algunos colonos de larga permanencia en la Reserva o en sus límites, se pudo apreciar el desarrollo de conocimientos básicos sobre el funcionamiento del sistema, evidenciado por sus respuestas sobre migraciones o costumbres de los animales. Son de especial interés las observaciones sobre el comportamiento de los tigres y de los "manaos", las cuales son probablemente producto de experiencias cercanas de los cazadores que enfrentaron' la primera etapa de colonización.

 

Actitud hacia el indígena

Los escasos grupos indígenas que habitaban la región son percibidos por los colonos como seres fundamentalmente diferentes, describibles únicamente con palabras reservadas para los animales: "Nosotros cogimos dos parejas...", "no pudimos desbaratar la manada...", "el indígena en el monte es lo mismo que el cafuche...".

 

Proyecciones de producción

Preguntado sobre la rentabilidad de las actividades agropecuarias, el colono muestra conocimientos precisos de las circunstancias económicas que lo obligan a optar por el cultivo de la coca o, en su defecto, por la ganadería, para aquellos que han logrado acumular suficiente capital. En segundo lugar, el cacao aparece en varias respuestas, y el maíz y la yuca se mantienen como opciones de "pancoger". Las gallinas y los cerdos son también percibidos en la actualidad más como apoyo para la subsistencia que como actividades de alta rentabilidad.

El uso de agroquímicos se reduce, en la región, a los plaguicidas que se utilizan para la coca. El transporte se percibe como el determinante de los bajos precios de los productos y los altos costos de las vituallas. La demanda de transporte para la coca y la injusticia social, ("lo del campesino no vale"), son los factores más comúnmente mencionados como causantes de esta situación.

 

Estado de la Reserva

Del reconocimiento realizado por los ríos Güejar, Ariari y Guayabero y por las trochas entre Vistahermosa y Maracaibo, y El Refugio (Macarena) y Vistahermosa, así como del examen de la bibliografía y los documentos fotográficos, surge una visión "científica" o ilustrada del estado del ecosistema, la cual se sintetiza en este punto.

 

Cobertura vegetal

La vegetación de La Macarena ha sido fuertemente afectada por la acción humana, la cual, especialmente durante los últimos 10 años, ha transformado significativamente tanto el extremo norte (pie de monte y terraza) como las vegas de los ríos Güejar, Ariari y Guayabero y las de los caños Cabra y Cafre.

El límite de la intervención humana parece ser en la actualidad, al occidente, la trocha Macarena-Vistahermosa; al oriente, el caño Cabra; al norte, una amplia faja paralela a la misma trocha; y al sur una faja paralela al río Guayabero, constituyendo todo un pequeño cuadrilátero cuya área disminuye según avanzan los cultivos de coca. El paisaje actual en casi toda el área plana y ondulada de la Reserva es de tipo mosaico, alternándose los potreros de brachiaria con los cultivos de coca, las zonas en descanso o enrastrojadas, los pequeños cultivos de maíz y yuca, las cejas de monte dejadas entre fundo y fundo y al borde de algunas corrientes de agua, y las áreas no desmontadas todavía por encontrarse en suelos de mala calidad, según los colonos. En el área cercana a Piñalito las cejas de selva desaparecen dando lugar a un paisaje típico de sabana.

La evaluación anterior no incluye la serranía en sí, la cual no fue inspeccionada. De las entrevistas realizadas, y según lo que se alcanza a percibir en la distancia, se deduce que aunque es posible que la parte superior de La Macarena haya sido poco alterada, se ha iniciado ya la transformación de algunas de sus laderas, especialmente en su extremo norte, en donde se localizan algunos cultivos de café.

El proceso de transformación de la cobertura vegetal se ha efectuado en la Reserva en forma drástica, no selectiva, y con el único objetivo de su "limpieza" para efectuar labores agropecuarias. La extracción de madera para su comercialización parece haber sido mínima y realizada en el extremo norte durante la primera ola colonizadora. Sin embargo, la explotación maderera se encuentra entre los proyectos de los colonizadores una vez se resuelva la cuestión jurídica de la Reserva y se mejoren los sistemas de transporte.

El bosque secundario que crece luego de la deforestación inicial, está dominado por las especies más rápidas, como el yarumo, y posee un menor grado de diversificación. Los potreros están dominados casi totalmente por praderas de brachiaria. Los rastrojos están compuestos inicialmente por conjuntos de una o dos docenas de formas de pastos, bejucos y arbustos. Las formas arbóreas más aceleradas, como el mencionado yarumo, alcanzan alturas de 15 metros en 5 años.

 

La fauna

Según las fuentes de información disponible, la fauna selvática visible en las terrazas y vegas de la zona plana y ondulada de la Reserva era por lo menos tan diversa como la del resto del pie de monte andino y especialmente abundante. En las primeras listas de especies que fueron elaboradas antes de 1968 ya se habían identificado no menos de 20 especies o subespecies endémicas de aves (Grinwood, 1968). En esa misma época se señalaba la presencia de más de una docena de mamíferos y reptiles incluidos en la lista de Especies en Peligro de la UICN, que habían encontrado albergue en la Reserva.

Las expediciones de 1968 (Grinwood, Olivares, Mozo y Fernández) dejaron testimonios de una situación que se caracterizaba todavía por una gran cantidad de aves, primates y grandes mamíferos (dantas y saínos) visibles a lo largo de los ríos Güejar, Ariari y Guayabero.

Sin embargo, ya en ese año se alertaba por la desaparición de caimanes, chigüiros y perros de agua en las riberas de los principales ríos y se atribuía su ausencia a la presión de la caza para la obtención de pieles. En los últimos veinte años la destrucción del hábitat selvático en las vegas y en las terrazas más próximas a los grandes ríos, inclusive a lo largo de los caños Cabra y Cafre, así como la pesca con dinamita y la continua presión de la caza para subsistencia, han afectado peligrosamente a otras especies.

La población visible de aves a lo largo de los ríos es mucho menos abundante y diversa de lo anotado por los expedicionarios de 1968. Dantas, lapas, cafuches y saínos, tampoco fueron visibles durante las varias semanas de nuestro recorrido por ríos y trochas, como sí lo habían sido, y en grupos numerosos, hace veinte años.

La subienda de peces, según los colonos, fue seriamente afectada por la pesca con dinamita, hasta el punto de casi desaparecer en el Güejar. Sin embargo, la reacción de las comunidades desterró el hábito y, según los entrevistados, los peces han vuelto a remontar la corriente y la pesca es ahora suficiente para las necesidades de la población.

Felinos y primates parecen haber soportado bien el período de mayor afluencia de colonos e inclusive haberse beneficiado del nuevo paisaje de mosaicos que les proporcionan posibilidades adicionales de alimentación. De los tigres, dicen los colonos que abundan cuando se introducen los marranos y el ganado mayor. Los primates continúan siendo visibles en el bosque de galería, y algunas especies parecen beneficiarse de la existencia de cultivos como el maíz.

La serranía en sí no fue visitada y existen pocas referencias de primera mano sobre las poblaciones que alberga; sin embargo, es posible, según rumores, que todavía osos y venados sean abundantes.

Las inundaciones de julio de 1986, según los entrevistados, afectaron gravemente la fauna, especialmente a lo largo del río Guayabero. Se vieron, particularmente, grandes cantidades de mamíferos mayores y primates ahogados o tratando de salvarse. Aquellos que se pusieron al alcance de los colonos fueron exterminados: "Los que no se ahogaron la gente acabó con ellos".

La confluencia de los anteriores factores caracterizan como crítica, en extremo, la situación de la fauna de la Reserva; fauna que, paradójicamente, sólo ha sido estudiada en forma superficial, asistemática y puntual.

 

Suelos y aguas

En el informe inicial se sintetizaron los textos sobre las características de los suelos, según los sondeos existentes en la fecha (primer semestre de 1986). Durante el reconocimiento de la trocha El Refugio (Macarena) Vistahermosa se procuró anotar las características principales de los suelos (color y textura). Este trayecto, que atraviesa de sur a norte la mayor parte del área plana y ondulada de la Reserva, proporciona una visión general de preponderancia de arcillas rojas y amarillas cortadas por arenas blancas. Aun debajo del dosel de la selva que resta, se observaron horizontes superficiales arenosos y arcillosos, blancos y rojos, estos últimos en tal proporción que en algún caso alteraban el color de los caños.

En general, las aguas conservan una calidad adecuada para la vida acuática, la cual retorna cuando la presión de la pesca con dinamita disminuye. La turbidez aumenta rápidamente cuando se producen las primeras lluvias, especialmente en el Guayabero y en el Güejar, pero en las aguas más altas del Duda la transparencia se mantiene constante.

En las zonas bajas del Guayabero y en el Ariari, la presencia de cultivos comerciales de arroz y cacao puede estar afectando la calidad de las aguas por el uso de agroquímicos.

 

Comunidad y productividad

Las familias asentadas en la Reserva y en sus márgenes sobreviven en un sistema de productividad cíclicamente variable dominado en la actualidad (1987) por la producción de coca y oscilante, en los últimos veinte años, entre la subsistencia proporcionada por la cacería, la pesca, la cría de cerdos, los cultivos de maíz y la ganadería extensiva; esta última accesible sólo, o con poquísimas excepciones, a aquellos que mantienen ingresos adicionales de origen comercial o que viven en las ciudades, repitiendo el esquema colombiano clásico del propietario ausentista.

El colono procura mantener niveles adecuados de productividad rotando las tierras bajo su control, dejándolas descansar y enriquecer mediante el rastrojo.

Las productividades máximas del maíz, sin fertilización química, según las informaciones, se dan en alrededor de las 20 cargas/Ha. Por debajo de 10 cargas/Ha el colono considera que debe abandonarse el cultivo y dejar enrastrojar la tierra. La yuca produce entre 80 y 100 arrobas/Ha.

Las plantaciones de cacao y plátanos se mantienen en pequeñas extensiones. La producción de plátano se percibe como rentable pero sujeta a la variación de los costos del transporte.

La caza fue una actividad rentable en años pasados, debido al alto precio de las pieles de felinos y reptiles. Dicha rentabilidad permitía el uso de grandes mamíferos (tal es el caso de la danta), como carnada para atrapar tigres. Se habla de cazadores que en un mes de temporada traían de la selva entre 10 y 20 pieles de tigre y tigrillo.

Aunque se presentan casos de animales selváticos mantenidos en cautividad en los fundos de los colonos, ningún entrevistado percibió su posible domesticación como actividad rentable. Sin embargo, de otra parte, la cría de peces ya se percibe como actividad económica futura. La pesca fue actividad comercial en años pasados pero hoy es solamente objeto de consumo familiar debido a la reducción de las poblaciones, posiblemente originada en la pesca con dinamita.

La ganadería en el extremo norte está controlada por comerciantes residentes en Vistahermosa y Piñalito. Se menciona también la presencia, como propietarios, de profesionales o militares retirados, residentes en Villavicencio y Bogotá. La capacidad de carga de los potreros de brachiaria parece oscilar por encima de una res por hectárea. En el Guayabero se encontró solamente un caso de colono convertido en ganadero en pequeña escala; sus actividades comerciales las realizaba con El Refugio (Macarena). En las cercanías de este último pueblo los comerciantes residentes son poseedores de extensas sabanas artificiales creadas con el concurso de trabajadores asalariados que han transformado la selva.

La producción de cada familia es directamente proporcional al tamaño de su fundo. Aunque la mayoría alega la posesión de varios cientos de hectáreas, en la práctica un fundo próspero, estable durante los últimos quince años, sobre vega y banqueta, se compone de unas 5 a 10 hectáreas de plátano y maíz, otro tanto en rastrojo, otro tanto en terreno quemado, aproximadamente 20 hectáreas en pasto (sobre terraza) y muy probablemente 1 a 2 en coca para un total de aproximadamente 50 hectáreas. En las cercanías de Piñalito se alegan extensas propiedades cercanas a mil hectáreas (ver Apéndice 2).

 

La comunidad. Calidad de vida

El anterior sistema de producción gesta bajos niveles de calidad de vida cuyas características principales se sintetizan en este punto.

La morbilidad entre los colonos de la Reserva se caracteriza por la presencia constante del paludismo, agravada por situaciones de desnutrición y anemia crónica y complicada por afecciones gastrointestinales. Se menciona también la reaparición de casos de fiebre amarilla. Los recursos aportados por el Estado para enfrentar esta situación se reducen a uno o dos puestos de salud en cada extremo del área, mal dotados y con una alta deserción de personal médico. Ante la precariedad de la medicina oficial, el colono adquiere "pepas" en las poblaciones mayores o acude a los curanderos tradicionales.

La vivienda del colono de La Macarena reproduce los esquemas vigentes en las riberas del Cauca o del Magdalena. Techos de Paroid o zinc; paredes de madera (cachicamo, cedro, áyito y flormorado) y pisos de tierra, madera o cemento, predominando los primeros. En las riberas del Guayabero las casas se construyen sobre pilotes como prevención de las frecuentes inundaciones. En algunas casas hay energía producida por pequeñas plantas.

La situación recreativa en los pueblos se concentra alrededor de los cafés y discotecas, nutridos por el dinero fácil del narcotráfico. Canchas de básket y de fútbol, así como "polideportivos", comienzan a aparecer, incluso en los caseríos más pequeños. Desde 1985, en algunos puertos o caseríos de la Reserva, especialmente sobre el Güejar, los sindicatos y las juntas han construido centros de servicio y comercio en donde, bajo un techo común, se organizan áreas destinadas para jugar tejo y billares, junto con carnicerías, puestos para vendedores ambulantes, cafés, cantinas y discotecas. Las organizaciones comunales parecen controlar directamente estos "polos de desarrollo" en donde colocan carteles con sus consignas y fijan los precios de los productos. Alrededor de los galpones principales se han dado los pasos para futuras urbanizaciones estableciendo y vendiendo lotes pequeños para vivienda y comercio.

 

Algunas conclusiones

Del anterior análisis creemos necesario extraer las siguientes conclusiones:

 

Dependencia

El sistema constituido por la Reserva, después de pasar por una etapa en la que estaba poco relacionada con el ámbito nacional e internacional, entró, a partir de 1980, a un período de apertura hacia el exterior que aumentó extraordinariamente sus lazos de dependencia, hasta el punto de que es posible afirmar que su estabilidad depende de decisiones tomadas en el resto del país y en los mercados de drogas del resto del mundo. Contra esta tendencia predominante subsisten opciones de desarrollo interno semiautárquicas representadas por los núcleos de colonos fuertemente relacionados con las FARC. Sin embargo, aun en estas tendencias los lazos ideológicos con el resto del mundo, e inclusive las consignas partidistas, determinan significativamente las políticas y aun las estrategias que afectan la vida diaria de la comunidad.

 

Inestabilidad

La estructura de dependencia, fuertemente relacionada con el precio de la cocaína, conlleva la inestabilidad del sistema, hasta el punto de que un cambio en dicha variable puede afectar desde la cubierta vegetal de la Reserva hasta el estado de las poblaciones de animales de caza. Esta inestabilidad moldea la conducta de los colonos, quienes, para asegurar su supervivencia, plantean estrategias de muy diversa índole, desde la construcción comunitaria de trochas hasta la alianza con grupos partidistas y la organización de paros cívicos.

A la anterior inestabilidad económica y social se agrega la propia del ambiente físico tropical, demostrada recientemente por las inundaciones del Guayabero, y en el próximo pasado por los incendios forestales. Unos y otros, unidos a las transformaciones antropogénicas, pueden llegar a constituir situaciones de carácter sinergético conducentes a cambios radicales de todo el sistema.

 

Simplificación

La complejidad inicial del sistema físico-biótico se ha reducido en forma muy significativa debido a la acción humana sin que la estructura social construida haya alcanzado una complejidad equivalente. Esta situación aumenta la sensibilidad del sistema ante cualquier acción del mundo exterior y disminuye su capacidad de respuesta. Las comunidades de colonos han disminuido sus posibilidades de adquisición de proteínas y energía del ambiente natural y n han logrado construir una estructura económica suficientemente fuerte para asegurarse un flujo mínimo de esos insumos vitales desde el mundo exterior. En términos económicos esto equivale al fortalecimiento de un proceso de pauperización del sistema en donde se ha destruido el patrimonio físico-biótico sin que haya sido posible acumular internamente el capital necesario para suplir sus flujos de ingresos, debido a que los rendimientos de la operación se han invertido fuera del sistema. Este proceso todavía no ha alcanzado su estado crítico, pero puede estar próximo el día en que, como ha sucedido en el Caquetá, la desvalorización físico-biótica coincida con etapas de crisis económicas, y todo ello conduzca a un estado de anarquía social difícil de superar.

 

Síntesis

El estado del sistema es reflejo y resumen de lo que acontece en todas las zonas de la frontera agropecuaria colombiana, en la mayor parte de las áreas rurales cálidas y en muchos otros países con las mismas características físicas y culturales. El potencial de los ecosistemas tropicales cálidos está siendo utilizado para la producción de drogas destinadas a los países desarrollados y es hoy considerado como botín de guerra por todas las partes en conflicto, botín cuyo enorme valor conduce a la creación de extrañas alianzas.

El resultado es la progresiva destrucción no sólo de las vidas que están envueltas en ambos campos del proceso, sino del patrimonio físico y biológico del planeta. En el caso concreto de La Macarena esto significa la pérdida de enorme capital humano y ecológico, las vidas y la tradición de los sobrevivientes de cincuenta años de conflicto ideológico y los recursos genéticos que son síntesis de tres de los grandes ecosistemas globales: los Andes, el Amazonas y el Orinoco.

La Reserva Biológica de La Macarena ha sido víctima de la agudización de las confrontaciones entre cuatro procesos globales típicos de la segunda mitad del siglo XX:

-La descomposición social de los países del Tercer Mundo, iniciada con la desaparición de la economía campesina, y la consecuente emigración hacia las ciudades, cortada y corrompida esta última por la imposibilidad del empleo industrial por efecto de la falta de inversión interna, la precariedad de los mercados nacionales y el cierre de los internacionales, la automatización y la consecuente confrontación violenta de los ejércitos de desempleados.

-La disminución de la calidad de la vida en las grandes ciudades de las superpotencias, la pérdida de sus valores tradicionales y el consecuente refugio en los paraísos artificiales de la droga, gestores de la demanda de cocaína y marihuana.

-La confrontación por el poder mundial entre las-dos superpotencias y su trasfondo filosófico que proporcionan el marco subjetivo de la lucha armada y aportan apoyo objetivo a cada grupo de combatientes.

-La debilidad de los estados demócratas del Tercer Mundo, oscilantes entre la necesidad de libertad y justicia y su dependencia de los mercados financieros internacionales y del poder político de las superpotencias.

 

Recomendaciones

Se sugieren las siguientes acciones, agrupadas, según su urgencia y su dificultad de realización, en tres grupos: corto, mediano y largo plazo.

 

Acciones para el corto plazo

A pesar de la retórica científica que se ha apropiado de La Macarena en los últimos cuarenta años, la realidad es que no se cuenta con un conocimiento científico de sus posibles recursos genéticos. Muchos de ellos ya han desaparecido, pero aún restan conjuntos significativos. Se recomienda una acción inmediata de conocimiento y salvamento de esos posibles recursos, para lo cual son necesarias actividades urgentes tanto de inventario como de conservación en sitio y en laboratorio. El desarrollo de las técnicas de cultivo de tejidos facilita esto último y hace posible la creación de un banco genético que proteja efectivamente lo que resta.

 

Acciones en el mediano plazo

Las actividades de conservación en el sitio, o sea la realinderación efectiva del ecosistema selvático de la zona plana y de la serranía propiamente dicha, sólo parece posible si al mismo tiempo se efectúa un plan de desarrollo sostenido de las comunidades que están asentadas en el área. Este plan, para hacerse factible, debe estar fundamentado en la participación consciente de dicha comunidad en los proyectos de investigación, planificación y ejecución que lo conformen.

 

Acciones para el largo plazo

Cualquier plan de desarrollo que se ejecute en el área sólo tiene posibilidades de éxito en el largo plazo, si se acompaña con una estrategia de solución de los conflictos fundamentales que se han mencionado en la síntesis de este artículo. Esto implica que sólo una acción de carácter internacional puede asegurar en este plazo la estabilidad del ecosistema de La Macarena.

 

 

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