Ideas para una geografía de las plantas
más un cuadro de los países tropicales
A. Von Humboldt Y A. Bonpland
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Prólogo

Después de larga ausencia de Europa durante cinco años y de haber permanecido en países, muchos de los cuales jamás fueron visitados por naturalistas tal vez este sea motivo suficiente para que me hubiera apresurado a hacer conocer una corta descripción de mi viaje. Me hubiera podido sentir lisonjeado de que este afán estuviera acorde con los deseos del público, del cual una gran parte expresó tan vivo interés por mi estado personal y el desarrollo de mis trabajos.

Pero pensé que era más importante para la ciencia dar primero una visión general de los resultados principales sobre los fenómenos observados por mí, que hablar de mí mismo y de las dificultades que tuve que vencer en aquellas regiones lejanas del mundo. Este cuadro de la naturaleza es la obra que me atrevo a presentar en el momento actual a los físicos y cuyos detalles serán más desarrollados en mis trabajos posteriores.

En este cuadro de la naturaleza presento todos los fenómenos que ofrece la superficie de nuestro planeta y la cubierta de aire que la envuelve. Los naturalistas que conocen el actual estado de nuestro saber empírico, especialmente aquel de la meteorología, no se van a asombrar al ver tratados en tan pocas páginas tantos objetos. Si hubiera podido dedicar mas tiempo a su elaboración, con seguridad la obra hubiera resultado aun más corta; ya que mis conceptos sólo pretenden presentar hechos concretos con base en cifras exactas.

Desde mi más temprana juventud he acumulado ideas para una obra de esta índole. El primer bosquejo para una geografía de las plantas lo presenté a mi amigo Georg Forster cuyo nombre nunca lo puedo mencionar sin el más profundo sentimiento de gratitud. Luego del estudio de diferentes aspectos de las ciencias físico - matemáticas, me ofreció la posibilidad de ampliar mis ideas primarias al respecto. Pero ante todo, a él le debo el haber podido realizar mis viajes a los países tropicales que me suministraron los materiales para este trabajo. Escribí la mayor parte de estas páginas al pie del Chimborazo, mirando los objetos que iba a describir, rodeados de una naturaleza poderosa, pero benévola, no obstante sus diferencias internas. He pensado en dejar el título Ideas para una geografía de las plantas; cualquiera otro título menos modesto, hubiera destacado aún más mis deficiencias en éste mi primer ensayo, y así hubiera sido la benevolencia del público menos valiosa.

Fiel a las costumbres de la investigación empírica en el campo de las ciencias naturales a la cual he dedicado mi vida hasta hoy, procedo también en esta obra a presentar en forma ordenada los variados fenómenos, uno al lado del otro, en vez de explicar, profundizando en la naturaleza de las cosas y sus interrelaciones internas. Esta confesión que marca mi punto de vista bajo el cual espero que sea comentada, al mismo tiempo indica la probabilidad de que alguna vez será posible presentar un cuadro de la naturaleza de un modo diferente a la vez más amplio y de un nivel más de tipo filosófico-natural.

Esta posibilidad de la cual yo mismo tenía mis dudas antes de mi regreso a Europa; es decir, una reducción de todos los fenómenos de la naturaleza, de toda su actividad, de todas sus creaciones serian motivo de discusiones de nunca acabar, en cuanto a las fuerzas básicas opuestas de la materia. Y creada como ensayo arraigado y atrevido por Schelling, uno de los pensadores más profundos de nuestro siglo. No del todo ignorante del espíritu de su sistema estoy lejos de la opinión de que el estudio filosófico de la naturaleza, pueda hacer daño a la investigación empírica, y de que empíricos y filósofos naturales se tengan que rechazar para siempre como polos opuestos. Pocos son los físicos que han protestado más que yo por las deficiencias de las teorías conocidas, y sus expresiones gráficas, y pocos son también los que expresaron su incredulidad referente a las diferencias específicas de los llamados elementos básicos (Ensayos sobre las fibras irritadas de los músculos y nervios, T. I, pág. 376 y 422; Tomo II, pág. 34, 40). Entonces quien más que yo podría participar con satisfacción y alegría íntima en un sistema el cual socavando la atomística y distanciándose de la concepción unilateral, también utilizada antaño por mí, de que toda diferencia

de la materia se basa en la mera diferencia de las dimensiones espaciales y de su densidad, y que está lejos de la luminosidad sobre los organismos; del calor del magnetismo y de la electricidad, fenómenos tan poco accesibles a las ciencias naturales hasta entonces, pero que permiten divulgar estos fenómenos.

El cuadro de la naturaleza, el cual estoy suministrando aquí, se basa en observaciones que he realizado en parte solo y en parte en compañía del señor Bonpland. Unidos por los lazos de una amistad íntima de muchos años, compartiendo las dificultades a las cuales está uno expuesto en países de escasa cultura y bajo la influencia de climas malignos, hemos resuelto que todos los trabajos deban considerarse como fruto de nuestra expedición y que, lleven los nombres de nosotros dos.

Durante la redacción de esta obra en París, necesitaba con frecuencia el consejo de hombres excelentes, con los cuáles, por fortuna, estuve siempre en estrecha comunicación. El señor Laplace, cuyo nombre no necesita elogios míos, me otorgó su más cálida colaboración desde mi regreso de Filadelfia, para elaborar mis observaciones en los trópicos. Ilustrando sobre lo que nos rodea con base en la abundancia de sus conocimientos y de la fuerza de su ingenio, se ha convertido el trato de él para mi, en una influencia tan benéfica como vital, lo mismo para todos los demás hombres jóvenes, a los cuales sacrifica con gusto sus escasos ratos de ocio.

Las obligaciones de amistad me impulsan a ser no menos agradecido con el señor Biot, miembro de la primera cinc del Instituto Nacional. El, quien une la sagacidad del físico con la fuerza del matemático, me ha sido muy útil en la elaboración de mis observaciones viajeras. Así, él mismo calculó las tablas para la Refracción Horizontal y la disminución de la luz.

Varios hechos sobre la distribución de los árboles frutales, los tomé del excelente escrito del señor Sickler. Los señores Decandolle y Ramond me suministraron observaciones interesantes sobre el estado de las plantas en las montaña suiza y en los Pirineos. Otras informaciones las debo a los escritos clásicos de mi amigo de muchos años y maestro Willdenow. Además no parecía inútil tener una visión retrospectiva de la zona templada y hacer una comparación en cuanto a la distribución entre las planta de Europa y las de Suramérica.

El señor Delambre completó mi tabla de las altura de las montañas con otras medida propia de él, huta ahora desconocidas. Una parte de las mías las calculó el señor Prony, con base en la fórmula barométrica de Laplace. Con grande amabilidad este mismo señor realizó los cálculos de más de 400 mediciones.

En la actualidad me ocupo en la elaboración del tomo que va a contener mis observaciones astronómicas; una parte de las mismas ya se entregó a la oficina de longitudes de París para su examen. Seria precipitado publicarlas antes de terminar el tomo astronómico de la obra, los mapas geográficos que he dibujado, o también la descripción del viaje mismo; ya que la ubicación y altura de un lugar tiene sobre casi todos los fenómenos físicos y psíquicos, una influencia más o menos grande.

Me siento lisonjeado especialmente en cuanto a mis cálculos de longitudes que tuve oportunidad de realizar durante la penosa navegación sobre el Orinoco, el Casiquiare y el Río Negro, y que van a ser especialmente interesantes para ayudar a personas que conocen el deficiente estado de la geografía en el interior de Suramérica. No obstante, la exacta descripción del Casiquiare que hizo el Padre Caulin, geógrafos del presente sin embargo expresan nuevamente sus más grandes dudas sobre las características de la comunicación del Orinoco con el río Amazonas. Pero como yo mismo trabajé en estas regiones con instrumental astronómico espero que no me vayan a juzgar con amargura (1), cuando no encuentren en la naturaleza el curso de los ríos y montañas, tal como lo indica el Mapa de la Cruz; porque éste es el destino más común del forastero; el de provocar desagrado cuando contradice los conceptos tradicionales. Una vez terminada la publicación de mis observaciones astronómicas, como también de las mediciones barométricas y geodésicas, se pueden presentar mis demás trabajos en forma continua y rápida al público. Y solamente después de la elaboración del material existente, me voy a ocupar en una nueva expedición, cuyo plan tengo esbozado, y de la cual espero, va a suministrar gran claridad sobre los fenómenos magnéticos y meteorológicos más importantes.

No puedo hacer públicos los primeros resultados de mi viaje a los países tropicales, sin aprovechar esta oportunidad para expresar al gobierno español, el tributo de mi más profundo y respetuoso agradecimiento, por haber tratado mi expedición durante cinco años con tan especiales consideraciones y protección. Pude trabajar con una libertad que antes jamás se había concedido a una persona particular en una nación noble, en la cual se han conservado unas características propias bajo el empuje de los acontecimientos; no he conocido en aquellas regiones lejanas casi ningún otro obstáculo que aquellos con los cuales se enfrenta la naturaleza a los hombres.

De manera que el recuerdo de mi permanencia en el nuevo continente, siempre estará acompañado con los más vivos agradecimientos por el trato tan cariñoso que he recibido yo, de los habitantes de todas las clases sociales en las colonias españolas en ambos hemisferios, como también en el Estado Libre de Norteamérica.

Roma, en el mes de julio de 1805

Al. von Humboldt

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(1) Geographie moderne de Pinkerton, traduite par Walkenaer, Tomo VI, pág.

174-177

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