Presentación
"Ideas para una Geografía de las Plantas más un cuadro de la
naturaleza de los países tropicales" conocida también como la "tercera
dimensión de la flora", es uno de los aportes más valiosos del sabio alemán
Alejandro von Humboldt, puesto que en ella sienta las bases para el desarrollo de una
ciencia nueva: la biogeografía. El alcance de su contenido y el estilo claro y sencillo
en que está escrita la han colocado como obra clásica en Ciencias Naturales y por su
validez en el momento actual es de obligada consulta para los naturalistas y los
historiadores de la ciencia de habla castellana. Por estas razones y por ser "la más
colombiana de la bibliografía Humboldtiana", es que el Jardín Botánico publica hoy
su texto total en español.
Sabio de formación excepcional fue Humboldt, bo de la Europa
culta de los siglos XVIII y XIX, discípulo de Willdenow y sus amigos los científicos
más eminentes: Laplace, Gay-Lussac, Saussure, Volta, Lavoisier, Ritter, Schelling y entre
otros, el genial filósofo y poeta Goethe, de quien dice le dio nuevos órganos para
percibir el cosmos; y como se hallaba en plena madurez intelectual, sus consejos
constituyeron estímulo para el ávido viajero que quizá no alcanzaba a presentir que
sería el descubridor científico y estético del Nuevo Mundo.
En efecto, emprendió el célebre viaje con su fiel amigo y compañero
el botánico francés Aimé Bonpland, quien tuvo bajo su responsabilidad la difícil tarea
de determinación de las plantas.
Salieron de La Coruña en junio 5 de 1799 en el "Pizarro" y
en julio, aproximándose a costas americanas, satisfizo uno de sus anhelos: navegar el
Caribe viendo suspendida en el cielo la cruz del Sur: el 16 de ese mes llegaron a Cumaná
en cuyas playas colectó la primera planta americana: la Avicennia tomentosa. Realizó su
fantástico viaje al Orinoco; vio los raudales de Atures y Maipures y encontró en el
Brazo Casiquiare la unión de las dos grandes cuencas fluviales: Orinoco-Amazonas.
Regresado a Cumaná, enrumbó hacia la Habana en diciembre de 1800 y enderezó su proa al
Nuevo Reino, llegando en mano de 1801 a Cartagena -nuestra ciudad amurallada-. Allí
Humboldt trabó amistad con el arquitecto Domingo Esquiaqui, Gobernador de la plaza y
encargado de realizar sus planos; pero constituyó su mayor sorpresa el encuentro con la
Expedición de Fidalgo, nombrado por la Corona para levantar el mapa hidráulico del
puerto y su litoral. Se detuvo pocos días para ver desde el Cerro de la Popa el
majestuoso espectáculo de la bahía de Calamarí y observar a lo lejos la silueta de la
Sierra Nevada de Santa Marta, como emergiendo del mar; descansó en Turbaco, que lo
acogió con su clima tan benévolo; visitó los curiosos volcanes de lodo y con Bonpland y
don Luis de Rieux prosiguió a Arjona y de ahí a Mahates y por el Dique al Magdalena para
llegar a Mompós, donde 5 días después con remeros negros inició el largo viaje de mes
y medio para subir a Honda. Esta calurosa, larga y fatigante travesía acuática rodeada
de la espesa selva, la aprovechó para colmar de datos sus diarios y también para trazar
el curso de nuestro padre-río. Llegado a Honda fue a Mariquita e inició el ascenso por
la vía Guaduas-Villeta-Sasaíma-Facatativá-Fontibón, para arribar a Santa Fe en julio
de 1801, cuyo paisaje y ambiente frío lo compensaron de las bochornosas semanas vividas
en el río. Había gran expectativa en la capital por el arribo del sabio: Mutis le
ofreció gran recibimiento y lo alojó en habitación cercana a la Casa de la Botánica,
lo cual era muy justo porque Humboldt había modificado sus planes de viajar por la vía
de Panamá a Guayaquil a encontrarse con el Capitán francés Baudin y hacer parte de su
expedición alrededor del mundo, sólo por conocer a Mutis e informarse de las actividades
de la Expedición Botánica. Grande fue la sorpresa del ilustre viajero al encontrarse con
el venerable sabio español al frente de una empresa de tal magnitud científica; las
láminas -de las cuales obsequió más de cien- dibujadas con exquisito arte y fidelidad,
las consideró como "la colección iconográfica de plantas más importante del
mundo" y los trabajos que realizaban sus discípulos que no sólo comprendían
botánica sino zoología, astronomía y mineralogía como la simiente de la ciencia
neogranadina.
Con centro en Santa Fe, Humboldt se desplazó por la altiplanicie hacia
Zipaquirá, Laguna de Guatavita, Salto de Tequendama, Soacha, los cerros de Monserrate y
Guadalupe, localidades que estudió, fijó sus puntos astronómicos y se dedicó a planear
su gran viaje a Quito. En compañía de Bonpland salió por la vía de Fusagasugá y
atravesando los calientes planes del Tolima llegó a Ibagué y se enfrentó a los tramos
más difíciles pasando la actual Cajamarca, unas veces en mula y otras a pie, porque
rehusó el servicio de los cargueros indígenas. Atravesó la Cordillera Central por el
camino real construido y trajinado por los indios, lleno de baches, precipicios y
peligros, avanzando por los tupidos y bellísimos bosques del Quindio donde se deslumbró
con los estípites blancos y los follajes de la Ceroxylon quindiuense (palma de cera) que
parecía "un bosque sobre el bosque"; temiendo que perecieran las recuas de
mulas y bueyes que llevaban sus instrumentos y colecciones, llegó el cansado viajero a la
límpida quebrada de Boquía y Salento y continuó en dirección a Cartago y de ahí
divisó nuestra.
Cordillera Occidental; tres días más tarde siguió a Cali, Popayán,
Pasto, donde lo esperaba en Nariño la nueva sorpresa de los altos Andes que calificó
como el "tibet americano". Dejó nuestro territorio y entró al Ecuador, donde
lo recibió ansioso en Ibarra nuestro sabio Caldas, quien ya había hecho muy serios
trabajos "sobre la nivelación de las plantas que crecen en la vecindad del
Ecuador" y que le aportó numerosos datos, así como el sabio alemán lo enriqueció
con más informaciones. De ahí Humboldt, Caldas y Bonpland siguieron a Quito, donde el
primero permaneció varios meses hospedado cómodamente en la mansión del marqués de
Selvalegre, don Pío Montúfar. Continuó su viaje a Lima y a varias localidades peruanas,
ansioso de conocer los restos del imperio incaico; llegó al Callao donde se embarcó para
Guayaquil. Ya en el puerto ecuatoriano, a orillas del Guayas se dedicó a dibujar y
describir el imponente perfil que dedicó a Mutis con estas palabras: "al sabio
patriarca de los botánicos" y que le envió por intermedio del marqués de
Selvalegre y de Caldas. Trabajó intensamente, porque ordenó, evaluó y sistematizó los
datos que le permitieron entrar en una nueva dimensión de las ciencias naturales: la
biogeografía, que consignaría más tarde en esta grandiosa obra.
Estos maravillosos recorridos para captar la "armonía de la
naturaleza", le plantearon los interrogantes de qué leyes rigen el orden y
distribución de los seres vivos en el planeta. Para conseguirlo y convertirse en el más
importante explorador del mundo montano tropical, ya vimos cómo se sometió a las
incomodidades de la época: viajó a lomo de mulas por los ásperos y tortuosos caminos
virreinales; soportó "las nubes desesperantes de mosquitos", se alojó en las
casas de los misioneros, también en rancherías y conucos de los indios; compartió la
mesa con ellos; navegó en sus frágiles y primitivas piraguas; los llevó como sus
remeros y muchas veces durmió a orillas de los esteros, con sus bogas negros por quienes
sentía fraternidad humana, ya que consideraba la esclavitud como "el mayor de todos
los males"
Su infatigable actividad coleccionando, midiendo, observando, dibujando
describiendo le permiten "tender hacía la física de la atmósfera, buscando la
distribución geográfica de las plantas sobre la tierra, con arreglo a la disancia al
Ecuador y a la elevación vertical de la localidad" Porque trató de unir ambos
dominios, el físico-químico y el biológico, interpretando la naturaleza "como un
todo, movido y animado por fuerzas interiores, naturales". Pero la radical novedad en
la obra de Humboldt, afirma Carl Troll, y a la que debe gran parte de su valor
"reside en la clarividencia fisiognómica, en su talento ocular y en la
visualización gráfica de los conocimientos adquiridos".
Esta obra se centra y sin tetiza en el corte vertical o sea la
tridimensionalidad que realiza Humboldt de los sistemas montañosos de los continentes
americano y europeo, los cuales confronta básicamente en aspectos geográficos,
climáticos y botánicos con una emocionada descripción de la flora tropical que va desde
las ardientes llanuras de baja altitud, ascendiendo los Andes, hasta alcanzar en la cumbre
de la cordillera el manto blanco de los nevados.
La importancia de la figura y la obra del autor de Cosmos, en Colombia,
se resume en las palabras del doctor E. Pérez-Arbeláez al afirmar que el viaje del sabio
por la América equinoccial "se ha convertido en el Corpus Cientificum de las
ciencias naturales y que todo estudio serio debe iniciarse con esta obra", El mismo
doctor Pérez-Arbeláez, que tanto estudió y valorizó la Expedición Botánica y sus
figuras cenitales, Mutis y Caldas, comprendió que Humboldt más universal, le había dado
ámbito internacional a nuestra ciencia confinada en los Andes. Pero fue en este siglo
cuando el naturalista colombiano los situó en su verdadera dimensión histórica.
La traducción de los textos la ha realizado con fidelidad, técnica y
casi devoción el profesor Ernesto Gubl, quien como un gran conocedor de nuestra
geografía y traductor de obras importantes del alemán, dedicó mucho tiempo a su
versión tan compleja en las notas. El perfil fue reproducido con habilidad y exactitud
por el estudiante de biología y dibujante David Rivera Ospina; los originales fueron
revisados primero por el biólogo César Escallón Estupiñán y por quien escribe estas
notas, y todos los textos y pruebas de imprenta los corrigió con esmero el biólogo
Gustavo Morales Lizcano. Garantía excepcional es que haya sido editado en la Litografía
Arco con la intervención del doctor José Raúl García, bajo los ojos vigilantes del
doctor Carlos Arturo Torres Acevedo. Agradecimiento muy especial debo rendir al señor
Alcalde Mayor de Bogotá, doctor Hisnardo Ardila Díaz, quien logró el presupuesto para
editarla, y a los miembros de la Junta Directiva del Jardín que acogieron con entusiasmo
la iniciativa.
TERESA ARANGO BUENO
Directora Jardín Botánico