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Ideas
para una geografía de las plantas
más un cuadro de los países tropicales
A. Von Humboldt Y A. Bonpland
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Aun cuando la
incansable y activa diligencia de los pueblos agrícolas ha logrado arrancar un número de
plantas útiles de su tierra de origen y las ha obligado a habitar todos los climas y
todas las alturas de las montañas, no obstante de la larga servidumbre su forma no ha
cambiado. La papa, que se cultiva en Chile en 3500 metros de altura (casi 11000 pies)
lleva las mismas flores que aquella que se ha transplantado a las llanuras de Siberia. La
cebada que alimentó los caballos de Atridas, era sin duda la misma que hoy en día
todavía estamos cosechando. Al parecer todas las plantas y animales que habitan
actualmente la superficie de la tierra durante muchos milenios no han cambiado sus formas
características. El Ibis el cual se encuentra entre las numerosas culebras e insectos en
las catacumbas egipcias y cuya edad es probablemente mayor que la de las mismas
pirámides, aquel ibis es idéntico al que está pescando en la actualidad en las orillas
pantanosas del río Nilo
(16).
Estas coincidencias, esta identidad de las formas, comprueban que los esqueletos de
animales gigantescos y también las maravillosas formas de las plantas que tiene encerrada
la tierra en su interior, no se deben considerar como degeneraciones las especies
actualmente existentes, sino que más bien permiten suponer un estado de nuestro planeta
que era diferente al actual orden de las cosas, y también demasiado antiguo para que
aparezcan en los mitos del género humano, surgido tal vez mucho mas tarde para que
pudieran ocuparse de éstos.
Como la agricultura
determina el dominio de plantas extrañas e inmigradas sobre las autóctonas estas
últimas van siendo poco a poco concentradas sobre un espacio estrecho. Así que la
cultura hace uniforme la visión del mundo europeo y esta uniformidad está opuesta a los
deseos del pintor paisajista, como también del botánico que investiga en el campo. Por
fortuna para ambos este mal aparente se limita a solo una pequeña parte de la zona
templada en la cual la densidad de población y la formación moral del hombre han
aumentado más. En el mundo tropical la fuerza humana es demasiado débil, para poder
vencer a la vegetación, la cual cubre ante nuestros ojos el suelo, y nada deja sin
cubrir, menos el océano y los ríos.
La tierra del origen
primario de aquellas plantas que al parecer acompañan al género humano desde su más
temprana infancia, está enterrada en la oscuridad del pasado lo mismo que la patria de
los animales domésticos. Nosotros no sabemos de dónde vinieron aquellas especies de
hierbas en cuyas semillas ricas en harinas, se basa principalmente la alimentación de
todos los pueblos caucásicos y mongólicos. Nosotros no conocemos la tierra de origen de
los cereales, del trigo, de la cebada, de la avena y del centeno. Esta última especie
herbácea parece que ni siquiera fue cultivada todavía por los romanos. Ciertamente
buscan antiguos mitos griegos el origen del trigo en las llanuras de Enna en Sicilia, y
viajeros aseguran haber visto crecer silvestre la cebada en el norte de Asia sobre la
orilla del río Samara
(17)
que desemboca en el Volga, el espelta en Persia
(18)
cerca de Hamadan y el centeno sobre Creta; pero
estos hechos necesitan una investigación exacta ya que es muy fácil confundir las
plantas autóctonas con las foráneas que lograron huir del cuidado y dominio del hombre y
recobraron así su antigua libertad en los bosques. También las plantas que constituyen
la base de la riqueza de todos los habitantes de la zona cálida, plátano, árboles de
melón, palma de coco, jatropha y maíz no se han encontrado creciendo jamás en ninguna
parte en un estado primario. Ciertamente observé varios troncos de plátano en las selvas
sobre el Casiquiare y Tuaminí lejos de las habitaciones humanas, pero sin embargo se las
llevó quizás hacia allá el salvaje de estas regiones, que es desconfiado, serio y de
mentalidad oscura, quien busca lugares aislados para desarrollar sus cultivos, de acuerdo
con costumbres infantiles. Los abandona y los cambia por otros lugares y de los troncos de
plátano abandonados y vueltos al estado primitivo, lo mismo los árboles de melón
(19)
que parecen así de pronto
como productos del suelo y que sobre él se entremezclan con las plantas del lugar. De la
misma manera nunca he podido saber dónde, en el continente nuevo crece la papa en estado
silvestre; ya que esta planta benéfica cuyo cultivo es la base de la existencia para la
población de las tierras estériles del Norte de Europa, no se ha encontrado en estado
natural y no cultivado, ni en Norteamérica, ni tampoco en la cadena de los Andes de la
Nueva Granada, de Quito Perú, Chile y Chiquitos; no obstante que los españoles dieron a
varias altiplanicies de la cordillera el nombre engañoso de Páramo de las Papas.
Por medio de
investigaciones de esta clase y otras semejantes, la geografía de las plantas aclara así
el origen de la agricultura, cuyos objetivos son tan diferentes como el origen de los
pueblos, su dedicación al trabajo y el clima bajo el cual viven. Es también parte de
esta disciplina la observación sobre la influencia que ejercen la alimentación mas o
menos excitante sobre la energía del carácter; además observaciones sobre extensos
viajes marítimos y guerras por medio de los cuales naciones lejanas tratan de adueñarse
o extender y divulgar productos vegetales. De este modo las plantas interfieren en la
historia moral y política del hombre; si ciertamente la historia de los objetos naturales
sólo se puede considerar como una descripción de la naturaleza no es menos cierto según
la definición de un pensador profundo
(20)
los mismos cambios de la naturaleza adquieren un carácter legítimamente histórico, si
ejercen influencia sobre los acontecimientos humanos.
Todos estos aspectos de
por sí ya son suficientes para describir las amplias dimensiones de esta disciplina, la
cual denominamos con el no muy acertado nombre de Geografía de las plantas. Pero
el hombre, que tiene sentido para la belleza de la naturaleza, se alegra al encontrar en
ella también la solución de tantos problemas morales y estéticos. ¿Cuál fue la
influencia que tuvo la distribución de las plantas sobre la superficie terrestre, y la
distribución de la misma sobre la fantasía y el sentido artístico de los pueblos? ¿En
qué consiste el carácter de la vegetación de este o aquel país? ¿Qué es lo que
modifica el ambiente alegre o severo que provoca el mundo vegetal en el observador? Estas
observaciones son tanto más interesantes ya que están relacionadas con aquellos medios
misteriosos, que provocan el efecto de la pintura paisajista y hasta en parte el efecto de
la misma poesía. Vista la naturaleza en lo grande, la mirada sobre cuerpos y lugares
permite un goce que es básicamente diferente de aquel que produce la disección de un
cuerpo orgánico y el estudio de su admirable estructura. Aquí incita lo individual, el
afán de aprender, allá la influencia del conjunto sobre la fantasía. ¿Cuán diferente
son los sentimientos que despierta el verde fresco de las praderas y aquel de las sombras
oscuras de los abetos? ¿Cuán diferentes son los bosques de las zonas templadas y
aquellos de los países tropicales, en los cuales los esbeltos troncos de las palmas
tienen formas semejantes a una arcada de columnas muy por encima de las hymeneas con su
denso follaje? ÀY la diferencia de los sentimientos que se experimentan en la naturaleza
son causados por el tamaño del conjunto, de la belleza absoluta, o por el contraste, en
las agrupaciones de las formas de las Plantas? ¿En qué consiste la preferencia
artística-pintoresca de la vegetación de los trópicos? ¿Cuáles diferencias
fisionómicas se observan entre plantas africanas y aquellas de la América del Sur?
¿entre las plantas de los Alpes y de las Cordilleras Andinas y aquellas de los Pirineos o
de las Cordilleras de Habesh?
Entre la cantidad casi
innumerable de vegetales que cubren la superficie de la Tierra, se reconocen observándola
con debida atención, algunas formas básicas, a las cuales se pueden atribuir
probablemente todas las demás y las cuales forman igualmente tantas familias o grupos. Yo
me limito aquí a indicar las características de las mismas cuyo estudio debe ser
especialmente importante para el pintor paisajista.
1) Formas de las
Bananas: Plantas scitamineas, Musa, Heliconia Strelitzia. Un tronco carnudo,
alto y de tipo herbáceo foliar hasta crespo, formado de delicadas laminillas de color
blanco plateadas, hasta matizadas de negro. Hojas anchas, brillosas como seda y rayadas
transversalmente del tipo de liliáceas, de las cuales las más jóvenes de un verde
amarillento son enrolladas y crecen verticalmente mientras que las más viejas,
destrozadas por el viento, cuelgan como la corona de las palmas, con las puntas hacia
abajo; los frutos de color amarillo oro están concentrados en racimos como las uvas.
2) Formas de las
palmas: Un tronco alto, no ramificado anillado y hacia el centro frecuentemente engrosado
y espinoso, sobre el cual se levanta majestuosamente una corona compuesta de hojas
pinnadas o en forma de abanico. Al final del tronco por lo general un cáliz de dos partes
del cual sale la panícula.
3) Formas de los
helechos arbóreos: Parecidas a las palmas, pero el tronco es menos alto y esbelto, de
color casi negro y agrietado, con hojas delicadas y oblicuamente dirigidas, de color verde
claro, en el borde con entalladuras, casi del tipo de las hojas de col. No tiene cáliz.
4) Formas de Aloe:
Agave, Aloe, Yucca, algunas euforbiáceas, Pourretia hojas duras de un verde azulejo,
lisas y terminadas en puntas agudas. Flores altas, tallos, que surgen del centro y a veces
se subdividen en forma de candelabro, algunas especies desarrollan la corona radial sobre
ramas desnudas en forma culebresca.
5) Formas de
Poto
(21): Arum Pothos,
Dracontium, hojas grandes y brillantes frecuentemente de forma aguda de flecha y
perforada; tallos generalmente largos, trepadores, color verde claro y flores gruesas y
alargadas. La inflorescencia arranca de la vaina blancuzca.
6) Forma de las
coníferas. Todas las Folia acerosa, Pinus, Taxus, Cupressus, algunas protéaceas y aun la
banksia
(22), especies de
ericáceas y las mimosas no pinnadas (por una monstruosidad genérica?) neo-holandesas
limitan con las dos formas de los pinos. La corona de pronto piramidal como en el caso de
la larix o ciprés; de pronto extendiéndose en forma de paraguas como el Pinus pinea.
7) Forma de las
Orquídeas: Epidendrum Serapias, Orchis. Con hojas simples carnudas y de color verde claro
con flores, multicolores y de maravillosas formas; frecuentemente parasiticas, son el
mayor adorno de la vegetación en los trópicos.
8) Forma de las
Mimosas: Mimosa, Gleditschia, Tamarindus Porlieria. Todas con hojas finamente pinnadas
a través de las cuales penetra agradablemente el azul del cielo. Con copas muy amplias,
pero frecuentemente aplastadas como los paraguas.
9) Forma de
Malvas: Sterculia, Hibiscus, Ochroma, Cavanillesia (Flor Per). Arboles de tronco
grueso con hojas grandes generalmente flojas (foliís lobatis) y maravillosos
árboles de columnas (Columniferae de Linne).
10) Forma de bejuco:
Lianas, Vitis, Paullinia, Clematis. Muisia. Son plantas con troncos leñosos
quebrados y frecuentemente con hojas compuestas. Las flores predominantemente en forma de
racimos y panícula.
11) Forma de Lilias:
Pancratium, Fritillaria, Iris. Son plantas sin troncos, con hojas largas, simples, de
verde claro suavemente rayadas, frecuentemente rectas, verticales, de forma de sable y de
doble línea, con delicadas y vistosas flores, envainadas unas (Spathaceae de
Linne), otras libres (Coronariae de Linne).
12) Forma de Cactus:
La Cerei. De varios lados y bordes carnosos, carente de follaje, frecuentemente
espinoso, creciendo en parte como columna y en parte ramificado como candelabro con flores
de vistosos colores que brotan de la masa aparentemente sin vida.
13) Forma de
Casuarina. Casuarina, Equisetum. Plantas sin follaje, de estructura externa simple,
con tallos blandos, delgados, ramificados, rayados a lo largo.
14) Forma de hierba
y junco.
15) Forma de musgos
16) Formas de
líquenes de hojas
17) Forma de los
hongos.
Los grupos
fisionómicos se diferencian muchas veces de aquellos que los botánicos establecen en sus
llamados sistemas naturales.
Estos determinan
exclusivamente las grandes dimensiones, mientras que aquéllos determinan el carácter de
la vegetación y consecuentemente la impresión que produce la visión de las plantas y su
agrupación en la mente del observador.
La clasificación
botánica propiamente dicha se basa por el contrario en las más pequeñas, pero más
importantes partes de la fecundación, que por lo general no llaman la atención al
observador común. Sin duda sería una excelente tarea, digna de un culto artista la de
estudiar y presentar fielmente la fisonomía de aquellos grupos de plantas, que no
encuentran expresión ni en los idiomas más ricos, pero no a través de libros o
invernaderos, sino en la naturaleza misma, en su propia patria. Altísimas palmas que
agitan sus poderosas hojas fibrosas sobre un matorral de plantas de heliconia y plátano;
troncos de cactus que se levantan en forma de movimiento de culebra, rodeados de plantas
de liliáceas en flor' un helecho arbóreo rodeado por robles mexicanos: ¡qué clase de
objetos tan pintorescos para el pincel de un artista con sentimiento!
El carácter típico de
la vegetación de una zona se basa en la belleza de las formas individuales, o el
contraste, que resulta de la agrupación natural de la misma en la dimensión de sus masas
orgánicas y de la intensidad de su color verde. Muchas figuras y por cierto las más
hermosas son aquellas de las palmas, las plantas de los bananos y aquellas de los helechos
arbóreos y gramíneas, que faltan del todo en las regiones nórdicas de la Tierra. Otras,
por ejemplo del follaje pinnados, son aquí muy escasas y menos delicadas. El número de
las plantas arbóreas es menor, su copa menos alta y de escaso follaje, raramente
adornadas con grandes y espléndidas flores, como sucede en los países tropicales. Sólo
en estos países la naturaleza creadora se deleitó al reunir las formas de todas las
plantas. Aun las coníferas, que a primera vista aparecen ausentes no solamente se
encuentran sobre el alto dorso de los Andes, sino en los mismos valles más cálidos de
Xalapa, y aquí y allá
(23)
en la cercanía de Loja.
Bajo la línea
equinoccial por lo general la fisionomía de la vegetación tiene más altura, majestad y
variedad, que en la zona templada. El brillo de la cera allá es más bonito, el tejido
del parénquima más abierto y nuevo y a la vez jugoso; árboles colosales lucen allá
permanentemente con flores más grandes, olorosas y multicolores mientras que donde
nosotros hay pequeños arbustos, troncos viejos carbonizados por la luz, están cubiertos
con el follaje fresco de las Paullinias con potos y orquídeas cuya flor muchas veces
copia la figura
(24)
del
colibrí al cual ofrece su miel.
Pero en contraste, los
trópicos carecen casi totalmente del color verde tan suave de las amplias praderas y
campos. Sus habitantes no conocen el sentimiento de bienestar que se experimenta en la
primavera con el despertar y rápido desarrollo de la vida vegetal. La naturaleza tan
previsiva ha dado a cada región sus propias ventajas. La fibra vegetal, una vez tejida
más densamente, otra vez más abierta, vasos amplios y brotando la savia o tempranamente
estrechados endureciéndose y convirtiéndose en una masa arbórea; mayor o menor
intensidad del color, según el proceso de oxidación, el cual incita los rayos de luz;
estas y otras situaciones similares determinan el carácter local de la vegetación en
cada región.
La gran altura a la
cual se eleva la superficie terrestre por encima de las regiones de las nubes bajo la
línea equinoccial, permite a los habitantes de esta tierra el singular espectáculo, de
que estén rodeados además de bananos y palmas, también por formas vegetales, que se
crea muchas veces y que sólo pertenecen a los climas europeos y del norte de Asia. Los
ardientes valles de las cordilleras de los Andes están adornados con heliconia y mimosas
de hojas finamente pinnadas. Más arriba crecen helechos arbóreos y la planta cuya
corteza contiene el medicamento benéfico contra la fiebre. En esta región de clima tan
suave la Cinchona va más arriba y se desarrollan también los robles, abetos,
Cipreses berberis, arbustos de moras, alisos y una cantidad de plantas a las cuales
solemos; aplicar una fisonomía nórdica. Así pues el habitante de los trópicos goza de
la visión de todas las formas vegetales. La tierra le revela en su conjunto de una vez
todas sus tan variables creaciones, lo mismo que el firmamento estrellado no le oculta
nada de polo a polo, ninguno de sus brillantes mundos.
Los pueblos de Europa
no pueden gozar de esta ventaja. Muchas plantas le serán desconocidas para siempre. Las
plantas enfermizas, que nuestro lujo o también el deseo del saber las encierra en
invernaderos, sólo nos recuerdan lo que nos está vedado: nos ofrecen un cuadro
desfigurado e incompleto de la magnificencia de la vegetación de los trópicos. Pero en
la riqueza de la cultura y del idioma y en la fantasía de los poetas y artistas
encuentran los europeos una compensación satisfactoria, El milagro de las artes
imitadoras los lleva a las regiones más lejanas de la tierra. Aquellos cuyos sentimientos
son sensibles para estos milagros y cuyos espíritus sean suficientemente cultos, para
comprender la naturaleza en todas sus manifestaciones, aquél se crea, ciertamente, aún
en la región más monótona, su propio mundo interior; él se adueña de lo que el
atrevimiento del naturalista, atravesando mares y aires, descubre sobre los picos
glaciares o en las cuevas del interior de la tierra. Aquí hemos llegado al punto donde
las culturas de los pueblos y la ciencia, sin duda influyen sobre la felicidad individual.
Gracias a ella vivimos a un mismo tiempo tanto en el siglo pasado como en el presente.
Concentrando alrededor de nosotros lo que ha producido el ingenio del hombre en la tierra
más lejana del planeta, podemos estar al mismo tiempo cercanos a todos. Ciertamente el
conocimiento del juego interno y misterioso de las fuerzas de la naturaleza, nos permite
en muchos casos el atrevimiento de sacar conclusiones para el futuro y de determinar de
antemano la repetición de grandes acontecimientos. Así nos produce el conocimiento y
visión del organismo del mundo, un goce espiritual, una libertad interior que aun bajo
los golpes del destino no puede ser destruida por ninguna fuerza exterior.
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(16) Ambos se encuentran en el Museo de Historia Natural en
París, expuestos el uno al lado del otro.
(17) En el Kaptsachak asiático en la región de Orenburg
(18) O escauda, una variedad de trigo. Sobre una montaña, a cuatro días
de camino desde Hamadan, encontró Michaux el spelt silvestre. El supone que Triticurn
hybernum y Triticum aestivum en Persia también se encontrarían alguna vez en
estado silvestre.
(19) Me refiero a Carica papaya; ya que creo que he visto con
frecuencia en su estado natural a Carica posoposa.
(20) Schelling "Sistemas del Idealismo trascendental", pág.
413.
(21) Esta denominación -no así la forma biológica- a la cual se
refiere el autor, está en la actualidad fuera de uso. Pothos = su raíz es latina: Potus
bebida. Hace referencia a plantas que necesitan abundantes cantidades de agua. Ejemplo:
los anturios (Aráceas - familia del anturio y de las hojas del corazón), véase: E.
Pérez Arbeláez. Plantas Utiles de Colombia pág. 192. N. T.
(22) N. de T. Proteaceae.
(23) Abetos, Ciprés y Juniperus son tres géneros que se
encuentran en cantidades en la zona tropical septentrional, p.e. en la Nueva España;
mientras que en la zona meridional, tropical, en la zona de la Cordillera igualmente fría
son muy raros. En la alta cordillera de Andes de Santa Fe, Popayán y Quito no encontré
otra conífera que unos troncos de la especie Cupressus, en los bosques del Quindio y
cerca de Loja.
(24) Los indios toman con frecuencia de esta figura parecida al pájaro
de la Epidendera los nombres específicos.
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