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Ideas
para una geografía de las plantas
más un cuadro de los países tropicales
A. Von Humboldt Y A. Bonpland
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Si me atrevo a sacar
conclusiones generales de lo que he visto en pequeñas partes de ambos hemisferios,
entonces puedo suponer, que alguna planta criptógamas son las únicas, que produce la
naturaleza en todas partes
(7).
Dicranum scoparium, Polytrichum commune, Verrucaria sanguinea y Verrucaria
limitata Scopoli, crecen en todas las latitudes, tanto en Europa como bajo la línea
equinoccial, sobre el lomo de altas cordilleras como en la orilla del mar, en todas
partes, pues, donde encuentran sombra y humedad.
En la orilla del río
Magdalena, entre Honda y la Aegyptiaca, en una llanura donde el termómetro marca sin
interrupción 25º a 28º, encontramos al pie de la Ochroma
(8)
y del Macrocemum de hojas
grandes, también mantos de musgos, tan estrechamente tejidos y de un verde tan fresco,
tal como se observan en los bosques de Suecia y de Alemania del Norte. Si otros viajeros
aseguran que los musgos y otras Criptógamas por lo general son escasos en la zona
cálida, entonces la causa de esta afirmación consiste en que ellos no han penetrado lo
suficiente al interior de estas selvas, sino que únicamente visitaron costas secas o
islas cultivadas. De los líquenes inclusive se encuentran muchos de una misma especie en
todas las latitudes de las zonas Norte y Sur. Parecen casi independientes de la influencia
del clima, como también del tipo de cordillera sobre las cuales crecen, y de las cuales
casi ninguna pertenece exclusivamente a una sola parte de la tierra.
Entre las plantas
fanerogámicas no conozco ninguna cuyos órganos sean suficientemente flexibles para
adaptarse a todas las zonas y a todas las alturas de un lugar. Equivocadamente se
adjudicaron estas características de flexibilidad a tres plantas, a la Alsine media, a
la Fragaria vesca, y al Solanum nigrum, pero esta flexibilidad sólo al
hombre le es dada, y a algunos animales domésticos que lo rodean. Así no más, las,
fresas de Pensilvania y del Canadá ya son diferentes, a las de las huertas europeas. De
esta última creíamos nosotros -Bonpland y yo- haber encontrado algunas plantas en
Suramérica cuando cruzamos a pie la cordillera nevada del Quindio desde el valle del río
Magdalena hasta el valle del río Cauca. La indolente naturaleza de esta parte de la
cadena de los Andes, la soledad de aquellos bosques de palma de cera, el olor del styrax y
de las Passifloras arbóreas más la falta de cultura en las tierras adyacentes, parecen
excluir la posibilidad de que los pájaros o quizá la mano del hombre hubiera casualmente
regado estas semillas
(9).
¿Pero fue en verdad la -Fragaria vesca- la que encontramos? La flor, si la
hubiéramos visto, no nos mostraría diferencias entre la Fragaria andina y
europea, ya que como tantas otras especies de este género, se diferencian entre si por
variedades muy pequeñas. Varias plantas alemanas y suecas que se creía haber visto sobre
riscos graníticos en la Tierra del Fuego, Islas de los Estados y sobre las costas del
Estrecho de Magallanes, resultaron una vez examinadas sus características por Decandolle,
Willdenow
(10)
y
Desfontaines, como especies análogas, pero diferentes de las europeas.
Me es permitido afirmar
con optimismo que durante los cuatro años en que herboricé en la América del Sur en
ambos hemisferios, jamás vi una planta silvestre de origen europeo en el nuevo
continente. De muchas plantas, por ejemplo Alsine media, Solanum nigrum, Sonchus
oleraceus, Apium graveolens y Portulacd oleracea, únicamente se puede afirmar
que estas plantas, como los pueblos de la raza caucasiana, están dispersos sobre
considerables extensiones de las regiones septentrionales de la tierra. Si ellas también
existen en los países meridionales, donde hasta la fecha no se han encontrado, es una
pregunta que tampoco hoy se puede contestar. Hasta el presente los naturalistas han
penetrado tan poco en el interior de los continentes africanos, suramericanos y
neo-holandeses, que poco es lo que podemos lisonjeamos de conocer completamente la flora
de estos países, mientras que en Europa se descubren todavía diariamente, plantas
parecidas y hierbas aún no descritas, y en la tan visitada Pensilvania hasta árboles
(11), desconocidos o apenas
descubiertos, de manera que es aconsejable abstenerse en este punto de todos los reclamos
apodícticos, ya que de lo contrario el botánico caería en el mismo mal de muchos
geognostas, que construyen todo el cuerpo terrestre con base en el modelo de la loma
(12)
más cercana.
Para poder hablar
definitivamente sobre el gran problema de las migraciones de los vegetales, la geografía
de las plantas penetra al interior de la tierra para consultar allí los testigos
monumentales del pasado, como madera petrificada, huellas de plantas, estratos de turba,
carbón mineral, otros estratos sedimentarios y antiguos aluviones; los cuales fueron la
tumba de la vegetación primaria de nuestro planeta. Sorprendida encuentra ella frutas del
sur de la India, troncos de palma, helechos arbóreos, hojas de banano y el bambú de los
países tropicales enterrados en estratos del frío norte de la tierra. Ella, la
geografía de las plantas, investiga si estas plantas de los climas cálidos como también
los colmillos de los elefantes y esqueletos de tapires, cocodrilos y didelfos que
recientemente encontramos en Europa, fueron arrastrados por la fuerza de las corrientes
marinas durante el tiempo de la inundación general de la tierra, desde las zonas
ecuatoriales, y depositadas en las zonas templadas, o si alguna vez estos climas nórdicos
de hoy produjeron antaño en sus tierras estas mismas plantas de plátanos, y elefantes,
cocodrilos y bambusas arbóreas en otros climas
(13).
La tranquilidad y el
orden en los cuales se descubren aquellos productos, frecuentemente estratificado en un
orden familiar, parecen ser opuestos a la tesis primera, y por razones astronómicas a la
segunda. Pero quizás son posibles grandes cambios climáticos sin violentos cambios en la
posición del eje terrestre, y sin buscar explicaciones en otras perturbaciones, las
cuales parecen poco probables dada la situación actual de la astronomía física.
Si todos los fenómenos
geognósticos comprueban que la corteza de nuestro planeta no fue hasta tardíamente
compacta, y si se puede deducir con base en la naturaleza y ubicación de los tipos
distintos de cordilleras, que la formación y el endurecimiento de las rocas no se
realizaron a un mismo tiempo sobre toda la superficie de la tierra; entonces se comprende
cómo durante el cambio de la materia del estado líquido al compacto y cómo durante el
endurecimiento y la colocación de las cordilleras alrededor de un núcleo común, fue
liberada una inmensa cantidad de materia de calor, y cómo esta liberación local, por lo
menos durante algún tiempo, pudo elevar la temperatura de algunas regiones,
independientemente de la altura del sol. ¿Pero un aumento temporal de temperatura
tendría la duración necesaria que requeriría la naturaleza para crear los fenómenos
explicados?
Los cambios en la
intensidad de la fuerza de la luz de algunas estrellas que se han observado durante varios
siglos, favorecen la hipótesis de que el sol, que constituye el epicentro de nuestro
sistema, también puede estar sujeto a modificaciones similares de tiempo en tiempo.
¿Habría sido posible que una intensidad aumentada de los rayos solares hubiera antaño
distribuido calor tropical sobre los países cercanos al Polo Norte?
Aquellos cambios que
transforman las regiones tropicales en desiertos y hacen vivible la Laponia para las
plantas tropicales, elefantes y cocodrilos, ¿son periódicos o son ellos los efectos de
las perturbaciones pasajeras en nuestro sistema planetario?
Todas estas
investigaciones conectan la geografía de las plantas con la geognosia. Regar luz sobre la
más antigua historia de la Tierra ofrece a la fantasía del hombre un amplio campo
todavía aún desconocido.
Las plantas tan
parecidas a los animales en cuanto a la sensibilidad de los órganos, y de las fuerzas
provocadoras de la naturaleza sin embargo se distinguen considerablemente de los animales
por la época de sus migraciones. Ellos los animales, poco móviles en su temprana
juventud, sólo abandonan su tierra de origen cuando se han vuelto adultos; éstas,
enraizadas en el suelo después de su desarrollo, empiezan su viaje todavía en el grano
de semilla, parecido como al huevo, y es despachada por medio de corona de plumas, fuelle
del aire, arranque de alas y cadenas elásticas (Elater o Catenula de la
Morchantina) por el aire y el agua. Los vientos del otoño las corrientes marinas y las
aves favorecen estas migraciones; pero su influencia por más grande que sea desaparece
frente a la influencia que ejerce el hombre en cuanto a la distribución de las plantas
sobre la superficie terrestre.
Cuando el nómada,
desplazado por la manada que la sigue llevado hasta el brazo del mar, o que fuera obligado
por otros obstáculos naturales insalvables a terminar por fin su vida errante, entonces
empezarla en seguida a concentrar alrededor de si algunas plantas y animales que le fueran
útiles para su alimentación y vestimenta. Estas son las primeras huellas de la
agricultura. Entre los pueblos nórdicos se realiza lentamente este paso desde el estado
de cacería hacia el cultivo de las plantas; más temprano se efectúa este proceso del
asentamiento entre los pueblos del trópico. En este mundo selvático rico en nos, entre
el Orinoco y el Marañón, la abundante vegetación dificulta al salvaje el alimentarse
exclusivamente de la cacería. La profundidad de los ríos y la fuerza de su corriente
más las inundaciones lo sanguinario del cocodrilo la y la culebra de tigre (Boa) determinan
que la pesca sea tan difícil como peligrosa. La naturaleza obliga aquí al hombre al
cultivo de las plantas; obligado por la necesidad reúne unos vástagos de plátano, Carica
papaya, Jatropha y Arum alimenticios, alrededor de su rancho. Este campo agrícola, si
es permitido llamar así la reunión de algunas plantas, reemplaza al indio, por muchos
meses, lo que le niegan la caza y la pesca y los árboles frutales silvestres de la selva.
Así modifican el clima y el suelo, más que su origen, la ubicación y las costumbres de
los salvajes. Ellos determinan la diferencia entre los pueblos pastores de los beduinos y
los pelayos en los bosques de robles de la Grecia Antigua, así como con los cazadores
nómadas sobre el Mississipi.
Algunas plantas que son
objeto de las horti y agricultura acompañaron a las especies humanas migratorias desde
los siglos más lejanos de una región a otra de la tierra. Así siguió en Europa la vida
los griegos, los cereales a los romanos el algodón a los árabes. En el nuevo continente
los Tultecos, viniendo de países nórdicos desconocidos y aprovechando para la invasión
la corriente Gila, expandieron el maíz sobre México y las regiones meridionales. La papa
y la quinoa se encuentran en todas partes donde los habitantes de la montaña del viejo
"Kondinamarca
(14)
habían pasado. De las migraciones de estas plantas comestibles no cabe duda, pero su
primera y verdadera patria sigue siendo un enigma, lo mismo que la patria de las
diferentes razas humanas, que ya encontramos en las más lejanas épocas sobre toda la
tierra, las cuales cantan los mitos más antiguos de los pueblos. Al sur y oriente del mar
Caspio, sobre las orillas del Oxus, y en los valles de Curdistan cuyas montañas están
cubiertas por las nieves perpetuas se encuentran abundantes arbustos de limones, granadas
y árboles de peras y cerezas.
Todas las frutas que
adornan nuestros jardines, allá parecen desarrollarse silvestres. Yo digo parecen, ya
que si esta fue su patria primaria, o aquí fueron alguna vez cultivadas y luego tomaron
nuevamente el estado primitivo, queda más que dudoso, ya que en esta región, desde
tiempos antiquísimos, reina la cultura de la especie humana, y por lo mismo también la
horticultura.
Pero por lo menos la
historia nos enseña que aquellas campiñas fértiles entre el Eufrates y el Hindú, entre
el Mar Caspio y el Golfo Pérsico suministraron a Europa los más valiosos productos
vegetales.
Persia nos suministró
el árbol de la nuez y los melocotones; Armenia (el naikia de hoy) los albaricoques; Asia
Menor el árbol de la cereza dulce y la castaña; Siria nos regaló el higuero, la granada
y los árboles de olivo y morera. En los tiempos de Catón, los romanos no conocieron ni
cerezas dulces, ni melocotones, ni árboles de morera. Pero Hesíodo y Homero ya
mencionaron el olivo, que se cultivó en Grecia y en las islas del Mar Egeo. Bajo Tarquino
el antiguo no existió ni un solo palo de estas plantas, ni en Italia ni en España y
tampoco en Africa. Bajo el consulado de Apio Claudio el aceite era todavía muy caro en
Roma; pero en los tiempos de Plinio, el olivo ya era cultivado en Francia y España.
La vid que cultivamos
ahora, parece que era extraña en Europa. Ella crece silvestre en las costas del Mar
Caspio, en Armenia y Karamama. Desde el Asia se pasó a Grecia y desde allí a Sicilia.
Los Foceaos llevaron la vid a Francia meridional, y los romanos la cultivaron en las
orillas de los ríos Rhin y Danubio. También las especies de Vitis que se encuentran
silvestres en Nuevo México y Canadá y los cuales dieron el nombre de Vinland a la parte
de América descubierta por los Vikingos, son diferentes, específicamente, de la especie
Vitis vinífera, hoy extendida a Pensilvania México, Perú y Chile.
Un árbol de cereza,
cargado de frutas maduras, adornó el triunfo de Luciolo. Fue entonces cuando por primera
vez los habitantes de Italia conocieron este producto asiático, traído por el dictador
desde el Ponto donde tuvo una victoria sobre Mitrídates. Y ya un siglo más tarde la
cereza era común en Francia, Inglaterra y Alemania
(15).
Así cambia el hombre
de acuerdo con sus deseos la distribución natural de las plantas, y reúne alrededor de
él los productos de los climas más lejanos. En las Indias Orientales y Occidentales, en
las plantaciones de los europeos, ofrece un espacio estrecho a un mismo tiempo el café
del Yemen, la caña de azúcar de la China el índigo de Africa y muchas otras plantas que
pertenecen a ambos hemisferios. Una visión que es todavía más interesante cuando
despierta en la fantasía del observador los recuerdos de una cadena de maravillosos
acontecimientos que ha realizado el género humano a través de mares y tierras por todas
las regiones de la tierra.
_______
(7) También el señor Schwarz encontró musgos europeos Fumaria
hygrometrica, Dicranum glaucum y Bryum serpillifolium en las montañas azules
de Jamaica cuyas alturas llegan a dos mil doscientos dieciséis metros (11 38
Toesas).
(8) N.deT.Balso.
(9) Por recomendación de Mutis fueron traídas desde España, semillas de
fresas de la Nueva Granada en la segunda mitad del siglo XVIII.
(10) Véase la parte excelentemente desarrollada. Historia de las
plantas, en la obra de Willdenow: Conocimientos básicos de las hierbas (Grundr.
der Kraeuterkund) 1802, pág. 504.
(11) Den Olnussbaum, Pyrolaria, Michaux.
(12) El Brocken, el Montmartre, el Vesubio, el Penk de Derbyshire, el
Saleve y Heinberg.
(13) Véase la inteligente disertación de Steffen en la Revista para
física especulativa de Schelling.
(14) Das Kônigrcich Neu-Granada.
(15) Algunos botánicos sostienen que la pequeña variedad de Prunus
avium existe silvestre en Alemania. De las ciruelas y peras los romanos trajeron desde
Siria solamente las más grandes y bonitas.
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