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Ideas
para una geografía de las plantas
más un cuadro de los países tropicales
A. Von Humboldt Y A. Bonpland
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Reservados de Autor
IDEAS
PARA UNA
GEOGRAFIA DE LAS PLANTAS
Las investigaciones
de los naturalistas por lo general se limitan a objetos que por lo común abarcan sólo
una muy pequeña parte de la botánica; se ocupan casi exclusivamente en la búsqueda de
nuevas especies, con las descripciones de las formas externas de las mismas, y con sus
características, según las cuales la semejanza permite unirlas en clases o familias.
Estos estudios
fisionómicos de las criaturas orgánicas son sin duda el fundamento más importante de
todas las descripciones de la naturaleza. Sin esta base ni siquiera podrían prosperar
aquellas partes de la botánica que tienen una influencia directa más o menos grande
sobre el bienestar de la humanidad, como la investigación sobre las fuerzas curativas de
las plantas, de su cultivo y sus usos técnicos. Tan deseable como es que muchos
botánicos se dediquen exclusivamente a estos estudios tan amplios, tanto más cuanto que
esta concatenación de las formas sea susceptible de un tratamiento filosófico: no es sin
embargo menos importante al elaborar la geografía de las plantas, una disciplina de la
cual apenas existe el nombre, y que sin embargo contiene los más interesantes materiales
para la historia de nuestro planeta.
Ella -la geografía de
las plantas- las observa según la proporción de su distribución en los diferentes
climas. Casi ilimitada, tal como el objeto que investiga, descubre ante nuestros ojos el
infinito manto vegetal, el cual tejido más denso o abierto, ha puesto la naturaleza,
fuente de toda la vida, sobre el desnudo planeta. Ella sigue a la vegetación desde las
alturas escasas en aire donde están los glaciares perpetuos hasta las profundidades del
mar o al interior de las rocas, donde habitan en cuevas subterráneas las criptógamas,
que todavía son tan desconocidas como los gusanos que ellas alimentan.
El borde superior de
este manto vegetal se encuentra al igual como el de la nieve perpetua, más alto o más
bajo, de acuerdo con la latitud del lugar o de la inclinación de los rayos solares
calientes. Pero el límite interior de la vegetación nos es totalmente desconocido, ya
que observaciones exactas sobre las plantas subterráneas en ambos hemisferios, nos
enseñan que el interior de la tierra está con vida en todas partes, donde gérmenes
orgánicos, encontraron espacio para su desarrollo, y un líquido con oxígeno, para su
alimentación. Aquellos riscos pendientes y congelados que se alzan muy por encima de las
capas de nubes, están cubiertos por musgos y líquenes. Parecidos a estos son las
criptógamas que extienden una vez en multicolor y otra vez inmaculadamente blancas, su
textura blanda y fibrosa sobre las paredes de estalactitas en las cuevas subterráneas y
sobre la madera húmeda de los socavones en las minas. Así se acercan al parecer los
límites periféricos de la vegetación, y producen formas cuyas estructuras simples son
poco estudiadas por los fisiólogos.
Pero la geografía de
las plantas no solamente ordena éstas según la diferencia de los climas y altura de las
montañas, donde se encuentran observa a éstas no únicamente según la cambiante
presión atmosférica, de la temperatura, de la humedad ambiental y de la tensión
eléctrica bajo los cuales se desarrollan; ella, la geografía de las plantas, distingue
entre las innumerables plantas del planeta, lo mismo que entre los animales, dos clases
(1), las cuales en sus relaciones
(es decir en sus formas de vida) se encuentran en lugares muy opuestos.
Algunas crecen
solitarias y dispersas. Así en la zona templada en Europa, Solanum dulcamara, Lychnis
dioica, Polygonum bistorta, Anthericum liliago, Crataegus aria, Weissia paludosa,
Polytrichum piliferum, Fucus saccharinus, Clavaria pistillaris y Agaricus procerus; y así
bajo los círculos tropicales en el nuevo continente, Theophrasta americana, Lysianthus
longifolius, Hevea, la mayoría de las especies Cinchona, Vallea stipularis, Anacardium
caracoli, Quassia simaruba, Spondias mombin, Manettia reclinata, y Gentiana aphylla.
Otras plantas, unidas
socialmente como las hormigas y las abejas cubren extensas regiones donde excluyen todas
las demás plantas diferentes a ellas. A éstas pertenecen el brezo (Erica vulgaris), la
fresa (Fragaria vesca), Vaccinium myrtillus, Polygonum aviculare, Cyperus fuscus, Aira
canescens, Pinus sylvestris, Sesuvium portulacastrum, Rhizophora mangle, Croton argenteum,
Convolvulus brasiliensis, Brathys juniperina, Escallonia myrtilloides, Bromelia karatas,
Sphagnum palustre, Polytrichum commune, Fucus natans, Sphaeria digitata, Lichen
baematomma, Cladonia paschalis y Thaelaephora hirsuta.
No obstante que
enumeré entre estas plantas sociables algunas suramericanas, sinembargo su presencia en
el conjunto es menos frecuente en los países tropicales que en la zona templada, donde su
abundancia produce una visión de la vegetación más monótona y menos pintoresca
(2).
Desde las orillas del
Orinoco hasta las del río Amazonas y las del Ucayali, en una llanura de más de 300
millas, está cubierta por un denso bosque ininterrumpido. Si no fuera por el obstáculo
separador de los ríos, entonces los micos, que son casi los únicos habitantes de estas
soledades podrían pasar sin tocar la tierra, del hemisferio Norte al hemisferio Sur,
lanzándose de una rama a la otra del inmenso bosque. Pero estas interminables selvas no
ofrecen al ojo del explorador la visión cansona de las plantas sociables. Cada parte
está adornada con formas distintas. Aquí están estrechamente agrupadas las Psychotria,
Mimosas con hojas parecidas de la Haya, y Melastoma siempre en flor, allá las
ramas altas ocultan las Cesalpinias, árboles de la higuera envueltos por la vainilla,
especies de Lecythis, y las Heveas abundantes en leche
(3). Ninguna planta ejerce aquí un dominio desplazante sobre las
demás.
Muy distintas son las
plantas en las tierras tropicales que limitan con Nuevo-México y Louisiana. Entre las
latitudes 17º y 22º Norte hay una altiplanicie de 2000 metros (6000 pies) sobre el nivel
del mar, (los nativos la llaman a esta tierra Anahuac), densamente cubierta por
robles y una especie de abetos, parecido al Pinus strobus, Arboles de ámbar
(4)
, Arbutus madronno y otras
plantas sociables cubren los valles amables de Xalapa en la vertiente oriental de la
cordillera mexicana. Tanto el suelo, clima, plantas y formas, y en conjunto toda la
fisionomía de la región adquiere aquí un carácter que parece pertenecer a la zona
templada, y el cual en las mismas latitudes dentro de los círculos tropicales y en la
misma altura de las montañas no se observa en la América del Sur. La causa de este raro
fenómeno quizás está principalmente en la figura del nuevo continente, que crece
desproporcionadamente de anchura hacía el Polo Norte, lo cual, provoca que el clima de
Anahuac se torne más frío de lo que debería estar de acuerdo con su ubicación y
altura. Así es como plantas del Canadá se trasladaron lentamente hacía el Sur; y ahora
se observan cerca del círculo del Trópico de Cáncer, y en las faldas de los volcanes
activos de México, los mismos abetos que son característicos de las fuentes de Gila y
Missury.
En Europa la gran
catástrofe del crecimiento de las aguas continentales que provocaron primero la apertura
de los Dardanelos y más tarde la ruptura de las columnas de Hércules, para excavar el
ancho valle del mar Mediterráneo, ha sido adversa al paso de las plantas africanas.
Solamente unas pocas plantas que se encuentran en Nápoles, en Sicilia y en el sur de
Francia llegaron aquí como tal vez los micos de Gibraltar, antes de estas rupturas. El
frío en los pasos de las montañas pireneicas demuestra que las plantas vinieron
directamente del Sur de la tierra de los bereberes y no desde el Suroeste a través de
España. Durante los siguientes milenios de años, el mar Mediterráneo, separador de los
países, pero para la navegación y el tráfico, y cultura intelectual de la especie
humana tan importante, hizo imposible la inmigración de plantas, y por lo mismo contrasta
la vegetación de la Europa del Sur con aquella del bajo Egipto y de las costas del
Atlántico del Norte. No es así la distribución de las plantas entre el Canadá y el
mismo istmo mexicano. Aquí ambos países parecen haber intercambiado mutuamente sus
plantas, y las lomas que limitan el valle del Tenochtitlan están cubiertas casi con los
mismos árboles que aquellas que crecen sobre el paralelo de 45º
latitud algo al
norte de la Cordillera de las Grullas y el Salar de Tipanogoa. Si unos artistas visitaran
esta parte de la región tropical americana para estudiar el carácter de la vegetación,
buscarían sin éxito el esplendor y la grande variedad de las plantas equinocciales.
Encontrarían sobre el paralelo de los bosques de las Indias Occidentales robles y abetos,
así como cipreses de dos fibras, bosques que ofrecen la monotonía cansona de las plantas
sociales del Canadá Asia del Norte y Europa.
Sería un trabajo
interesante el indicar en mapas botánicos especiales las regiones de la tierra que ocupan
estas integraciones sociales de plantas uniformes. Ellas se presentarían en largas fajas,
que ocasionando esterilidad, desplazan toda cultura y ora aparecen como landa, ora como
llanuras herbáceas infinitas (estepas, sabanas), ora como selvas impenetrables,
ofreciendo a las comunicaciones de la especie humana, obstáculos casi mas grandes que las
montañas y el mar. Así empieza la tierra de las landas con esta agrupación de la Erica
vulgaris, Erica tetralix de los Lichen icmadophila y Lichen haematomma (líquenes),
desde la punta septentrional de Jutlandia, que se extiende a través de Holstein y
Lueneburg
(5), hasta más
allá del paralelo 52º. Desde allá se orienta hacia el occidente, y alcanza a través de
las llanuras graníticas de Munster y Breda, las costas del océano inglés. Desde hace
muchos siglos dominan estas plantas en los países nórdicos. La industria de los
habitantes luchando contra este dominio absoluto de estas plantas, poco es el espacio que
les han ganado. Pero estos campos agrícolas recién arados, esta conquista de la
diligente aplicación, las únicas benéficas para la humanidad forman islas de un verde
fresco en las landas y yermas. Recuerdan ellos a aquellos oasis que guardan en sí
el germen de la vida vegetal en los muertos desiertos de las arenas de Libia.
Un musgo, Sphagnum
palustre, igualmente típico en los trópicos como en los climas templados ocupaba
antaño una considerable parte de Alemania. Los frecuentes pantanos de turba en las
regiones bálticas y de Alemania Occidental, atestiguan la gran expansión que tuvo
antaño aquella planta sociable: los pantanos más recientes deben su origen a dos
criptógamas de pantano, el Sphagnum y Minium serpillifolium, mientras que
la turba de las formaciones más antiguas se formó de las acumulaciones de ulvas
marítimas
(6)
y especies de
fucus con contenido de sal y por lo mismo descansa frecuentemente sobre un lecho de
pequeñas conchas marítimas. Debido a la destrucción de los bosques, los pueblos
agrícolas disminuyeron la humedad del clima. Poco a poco los pantanos se secaron y el sphagnum
que hizo inservibles a los nómadas de la vieja Germania grandes regiones de ella, fue
desplazado por plantas útiles para el hombre,
No obstante que el
fenómeno de que las plantas sociables pertenecen casi exclusivamente a la zona templada,
también los países tropicales suministran algunos ejemplos: el largo dorso de la cadena
de los Andes en una altura de 3000 m.s.m. (casi 9300 pies), está cubierto de modo
uniforme por el Chite (Brathys juniperina) de flores amarillas, Chitimani (Brathys
ovata), Jarava, una especie herbácea emparentada con el Papporophorum, la Escallonia
con hojas de forma de mirto, varias especies de hierbas molinia y de la Tourrettia cuya
médula nutritiva la disputa, por necesidad, el indio al oso. En las ardientes llanuras
entre el Chinchipe y el río Amazonas crecen las sociables Croton con las hoja plateadas,
más Godoya y las Bougainvillea cubierta con coloridas brácteas. En las sabanas del bajo
Orinoco crecen Kyllingia, y allá donde brota un manantial, la palma moriche de tipo
abanico y frutos de colar purpúreo y de forma cónica. De la misma manera encontramos en
el virreinato de la Nueva Granada, entre Turbaco y Mahates, sobre el río Magdalena, y
sobre la vertiente occidental de los Andes -nevados del Quindio-, bosques ininterrumpidos
de junco de bambú y Heliconias con hojas de formas de plátano. Pero estos grupos de
plantas sociables siempre ocupan extensiones menores y también son menos frecuentes entre
los círculos tropicales que en la zona templada y fría de la parte septentrional de la
tierra.
Para opinar sobre la
antigua continuidad entre continentes cercanos, se basa el geognosta en la parecida
estructura de las costas, de los estratos y ubicación de los tipos de cordilleras, de las
mismas razas humanas y de animales que las habitan, y de los mares costaneros poco
profundos. La geografía de las plantas puede suministrar materiales no menos útiles para
esta clase de investigaciones. Eh observa las plantas que tiene Asia-oriental en común
con la California y México. Ella sugiere la probabilidad de que América del Sur y Africa
se separaron antes del desarrollo de gérmenes orgánicos sobre la superficie terrestre y
de que ambos continentes con sus costas orientales y occidentales estuvieran unidos en
dirección hacia el Polo Norte; guiado por ella -la geografía de las plantas- se puede
penetrar en la oscuridad que envuelve el pasado de nuestro planeta para determinar si
después de las caóticas mareas de agua, las partes secas de la corteza terrestre estaban
en muchos lugares y a un mismo tiempo cubiertas de diferentes especies de plantas, o de lo
contrario (según los mitos muy antiguos de muchos pueblos) todos los gérmenes vegetales
se desarrollaron en una sola región, desde donde, por caminos difíciles de determinar, y
afrontando diferentes climas, se han expandido en toda las direcciones sobre el globo.
La geografía de las
plantas investiga si se pueden encontrar entre las innumerables planta de la tierra, y si
se puede detectar entre ellas ciertas formas primaria, y si se puede considerar o no las
diferencias específicas como consecuencia de la degeneración o cambio, como desviación
de un prototipo.
Resuelve ella, o no, el problema tan discutido de si existen plantas que pertenecen a
todos los climas, todas las alturas y a toda las regiones de la tierra?
_______
(1) Ya mencioné esta diferencia y llamé la atención sobre otros
aspectos de la geografía de las plantas en mi flora Fribergensis (1703).
(2) Nota del traductor: Ciertamente Humboldt no alcanzó a conocer
detalladamente todas las regiones fitogeográficas de los trópicos, y por los
páramos pasó demasiado rápido e impresionado por el tiempo reinante, por haber podido
observar el predominio de unas pocas plantas en grandes cantidades, produciendo una
fisionomía paisajista uniforme, pero nada monótona y muy variable durante el ciclo
diurno de luz, y muy pintoresca también.
(3) Caucho, por absorción del oxígeno atmosférico, expulsado en leche.
(4)
N. de T. Liquidambar styracflua.
(5) Casi hasta los 52071'
(6)
N. de J. Ulva lactuca.
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