Ideas para una geografía de las plantas
más un cuadro de los países tropicales
A. Von Humboldt Y A. Bonpland
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En las llanuras europeas nunca encontré una sequía del aire por debajo de 460 Sauss. y con temperatura 150. En el Valle de México, con altura de 2259 metros (1177 toesas) sobre el nivel del mar, baja el mismo higrómetro de Saussure hasta 420 y 440 ¿Dónde quedan entonces las evaporaciones que producen diariamente las cinco lagunas que bordean la ciudad? La gran cantidad de carbonatos y el carbonato de soda, que cubren la altiplanicie como con copitos de nieve, seguramente no los absorben Esta enorme sequía del aire mexicano que influye en forma desfavorable sobre la salud de sus habitantes y sobre el cultivo de huertas y campos, aumenta diariamente, por causa del desecamiento de los lagos por medio de canales de drenaje, y además durante los últimos 15 años, la cantidad de lluvias en la Nueva España (como en las Islas antillanas), ha disminuido considerablemente. ¿Esta disminución es periódica? ¿O depende de grandes cambios cósmicos? Lo que transforma la industria del hombre en la superficie de la tierra es demasiado insignificante en regiones tan extensas, a la que se podría culpar a estos cambios artificiales, por ejemplo la destrucción de los bosques de la América del Norte, la disminución de las lluvias, el escaseamiento de los huracanes; las grandes explosiones eléctricas y hasta la del mismo viento del Norte entre Veracruz y la desembocadura del Mississipi. (Qué tan grande tiene que ser por ende la sequía del aire en Persia, donde según el informe de Chardin, se edifica en la provincia de Kerman casas con sal de gema!

¿Pero cuándo será que en estas regiones penetren higrómetros?

El vapor de agua contenido en la atmósfera prontamente, y por causa de la disminución de la temperatura y otras todavía no exploradas, se concentra en pequeñas burbujas cuya agrupación denominamos como nubes. La altura inferior de éstas que he medido frecuentemente parece muy constante en los Trópicos. Ella se encuentra en todas las épocas del año cerca de los 1200 metros (615 toesas) sobre el nivel del mar, y en esta altura se debe buscar sin duda la causa por la cual sobre las vertientes cordilleranas en sus regiones de clima suave de la tierra media de Xalapa y Guaduas (7), uno está casi siempre envuelto en espesa niebla. La altura mayor de esta espesa nubosidad cerca del Ecuador me parece que está entre los 3300 hasta 3600 metros (1693 hasta 1846 toesas).

Pero las nubes raras de pequeños copos que llaman los campesinos ovejitas, y cuya distribución regular en forma de cinturones indica una polaridad general que con toda seguridad se elevan a 8000 metros (4104 toesas) sobre el nivel del mar. En la cúspide del volcán Antisana todavía hemos visto estas ovejitas muy por encima de nosotros. El señor Gay-Lussac también las menciona en la descripción de su segundo viaje aerostático. Cómo de livianas tienen que ser estas burbujas de vapor de agua, para que se puedan sostener volando en regiones de tan escasa densidad del aire! En Europa, según mediciones de Biot y Gay-Lussac durante el verano la altura del estrato inferior de las nubes se encuentra en 1169 metros (600 toesas), es decir a igual altura como las nubes tropicales más bajas. En las llanuras occidentales del Perú, el vapor de agua en la atmósfera nunca se transforma en lluvias. Durante todo un siglo apenas se tiene allá el ejemplo de unas lluvias de un cuarto de hora. También, y debido a la forma de construir las casas allá las lluvias son tan temidas como los terremotos. ¿Está la causa de este fenómeno, en lo que se llama la atracción de la cadena de montañas de los Andes sobre las nubes; en la corriente vertical ascendente del aire, que provoca la calentada arena granítica de la llanura?

La sequía mayor, que jamás ha observado el hombre en los altos estratos de la atmósfera, es aquella que encontró también el señor Gay-Lussac en una altura de 5267 metros (2700 toesas); con una temperatura de 4º, el higrómetro de Saussure bajó hasta 27.5º. Sí se reduce este valor sobre la temperatura de 25.3º, la que reina durante el verano en las llanuras bajas, entonces se obtiene una sequía del aire de 21.5º en el higrómetro de Saussure.

La cantidad media de lluvia que se precipita durante un año en las regiones ecuatoriales, es de 1.89 metros (70 pulgadas). En regiones muy húmedas, como por ejemplo en Huayaquil (Guayaquil) y Cumanacoa, caen hasta 2,43 metros (90 pulgadas). En Europa se observa en promedio una precipitación de 0,69 metros (22 pulgadas). Pero cerca de la cadena de los Alpes, por ejemplo en los alrededores de Ginebra, se encontró un valor promedio anual (8) (según un promedio de nueve anos) de 0.87 metros (32 pulgadas, 7 líneas, o sea 31 pulgadas 6 líneas de lluvia y 1 pulgada, 1 línea de agua de nieve). Rara vez se observa en Europa, durante una hora de lluvia un volumen de 0,009 metros (4 líneas); en Guayaquil he visto caer 0,035 metros (1-3/10 de pulgada).

El estado eléctrico de la atmósfera

A medida que se asciende hacia las cumbres de la Cordillera de los Andes, se observa cómo la tensión eléctrica en la atmósfera aumenta en proporción, tanto así como disminuyen el calor y la humedad. Los resultados que contiene la escala electrométrica en el cuadro de la naturaleza se basan en los ensayos que he realizado en ambos hemisferios, en diferentes alturas, con un electrómetro, cuyo conductor de 1,4 metros de largo, fue por recomendación de Volta, equipado con esponja ardiente. Los estratos bajos de la atmósfera en los trópicos, por lo general desde el nivel del mar hasta una altura de 2000 metros (1026 toesas), muestran por lo común sólo una carga eléctrica baja. Después de las 10 de la mañana, sólo rara vez y con dificultad pude observar algunos movimientos en el sensible electrómetro de Bennet. Pero parece que toda electricidad está concentrada en las nubes y es precisamente esta falta de equilibrio entre los estratos altos y bajos de la atmósfera que provocan violentas explosiones eléctricas, las cuales son periódicas y se realizan por lo general en la llanura baja dos horas después de la culminación del sol, es decir durante el máximo del calor del día. Pero en los valles fluviales, sobre el río Magdalena y río Guainía al cual los europeos lo llaman Río Negro, y sobre el Casiquiare, las tempestades, acompañadas de violentos aguaceros, se presentan siempre durante la noche, o a la una de la madrugada, una situación poco agradable para el viajero que está obligado a dormir bajo cielo abierto. En la altura media, entre los 1800 metros y 2000 metros (923 y 1026 toesas) las explosiones eléctricas son las más ruidosas. Las regiones de altiplanos de Caloto y Popayán, son especialmente conocidas por la frecuencia y fuerza de los estruendosos truenos. Más hacia arriba sobre la vertiente de la cordillera de los Andes, por encima de los 2000 metros (1026 toesas) de altura las tempestades son más raras y menos periódicas. Pero aquí y especialmente a los 3000 metros de altura (1539 toesas), se forma frecuentemente granizo; mientras sucede esto y por mucho tiempo, la atmósfera tiene carga negativa. Esta electricidad negativa es excepcionalmente rara en regiones bajas que sobrepasan los 1000 metros (513 toesas) de altura sobre el nivel del mar, y escasamente se observa durante algunos momentos. Por encima de los 3500 metros (1775 toesas), las explosiones eléctricas son cada vez m‡s raras. Allá arriba el granizo cae sin ser acompañado por tempestades y en una altura mayor de 3900 metros (2000 toesas), el granizo se precipita mezclado con la nieve y, lo que más llama la atención también durante la noche. Los estratos atmosféricos cerca de los altos picos de los Andes, siempre llevan una tensión eléctrica la cual expresa el electrómetro de Saussure con una variación entre las esferas de 4 ó 5 líneas. La grande sequía del aire, la formación de nubes, la formación y desaparición de burbujas de vapor de agua, ciertamente dan vida al juego de la electricidad en estas grandes alturas. Esta, sobre el borde de los cráteres de los volcanes, pasa frecuentemente y en forma rápida del lado positivo al negativo. A esto se agrega que más allá del límite inferior de la nieve perpetua, desde los altiplanos más elevados, muy por encima de uno mismo, se ven frecuentemente fenómenos luminosos y silenciosos.

La gran cantidad llamativa de estrellas fugaces, las que bajan especialmente en la parte volcánica de la cordillera y su mayor frecuencia en los países cálidos, permite pensar que estos meteoros pertenecen a nuestra envoltura atmosférica, si su enorme altura y otras observaciones no pusieran en duda estas condiciones.

El azul del cielo

Cuando el habitante de la llanura se eleva unos 3 a 4000 metros (1795 toesas) sobre la vertiente de la cordillera, lo va a sorprender la visión de un cielo de un color azul más oscuro, de cierto modo más profundo. La intensidad de este color aumenta a medida que se acentúa la disminución de la densidad del aire, y la menor cantidad de vapor de agua en la atmósfera a través del cual nos alcanza el rayo solar. La difusión de la luz que provocan las burbujas de vapor que nadan en la atmósfera, hacen que el azul del cielo poco a poco desaparezca y lo transforme en un color lechoso, gris blancuzco. Mientras menos densa y carente de vapor de agua es la atmósfera a través de la cual recibimos la luz solar, más se acerca el color de la esfera celeste al negro absoluto, que podríamos observar si pudiéramos llegar a la superficie del océano del aire (9), o si no se produjera la dispersión lateral de la luz durante su paso a través de la atmósfera.

El cianómetro, el cual utilicé duramente mi expedición (más un éboulloir y un magnetómetro, fue construido por Paul en Ginebra y comparado por Pictet muy cuidadosamente, con aquel que utilizó Saussure sobre el Mont-Blanc; y todas las observaciones se hicieron en el cenit con cielo totalmente despejado. Me pareció que en las regiones ecuatoriales, el azul del aire es mas oscuro y enérgico que en la misma altura en la zona templada. El valor promedio de la intensidad del azul del cielo es en París (con un calor de verano de 25ºC) es de 16º y 17º en el cianómetro de Saussure, pero en los trópicos, igualmente en las llanuras bajas, lo es de 23º. Una diferencia que tiene su origen seguramente en la más equitativa difusión y distribución de vapor de agua en las regiones ecuatoriales. Tampoco se pueden comparar las lindas noches de verano de España e Italia con la tranquila majestad de las noches tropicales. En la cercanía de la línea equinoccial, todos los astros brillan con su luz planetaria tranquila. El titilar de la luz (scintilla) casi no se nota sobre el horizonte. Los telescopios más débiles que se han llevado de Europa a las dos Indias, parece que hubieran aumentado en fuerza; así tan grande, permanente y diáfano es el aire tropical.

En la cumbre de Mont-Blanc de 4775 metros (2450 toesas) lo vio Saussure marcando su cianómetro 39º. Sobre el Pico de Teneriffa, al borde del cráter, observé el azul del cielo en 41º. La excepcional sequía del clima africano aumenta allá la intensidad del color; ya que el Pico de Teneriffa tiene 1070 metros (549 toesas), menos de altura que él Mont-Blanc. En los Andes suramericanos, en casi 5800 metros (2975 toesas) de altura, observé 46º con el cianómetro. Fue este color oscuro que llamó la atención a Gay-Lussac durante su primer gran viaje aéreo. "En la altura de 7016 metros (3600 toesas) me llamó la atención" (dice este físico en su informe al Instituto Nacional) "de ver esta vez nubes por encima de mí y esto en una considerable altura; muy distinto eran las mismas ubicadas durante mi primer viaje aéreo. En aquella vez, las mismas alcanzaron con sus estratos más altos apenas 1169 metros (600 toesas) y por encima de mí, el cielo estaba de mayor limpieza. En el cenit parecía su color de la mayor intensidad tan oscuro como el azul berlinés".

Debilitamiento de la luz a su paso por la atmósfera

La luz del sol y de los astros se debilita lentamente a su paso a través de la atmósfera. Este debilitamiento, aquel morir parcial de la luz, el cual está en intima relación causal con la producción del calor de la tierra, aumenta con la densidad de las capas atmosféricas. Es más débil sobre las cumbres de las altas montañas y más fuerte en las llanuras a nivel del mar. En la tabla que se agrega al cuadro de la naturaleza se ha calculado la disminución de la luz de tal manera como ocurriría en una atmósfera totalmente diáfana y libre de vapor de agua (compárese Laplace en Exposition du système du Monde, vol. 1, pág. 117).

La indescriptible pureza del aire tropical es la causa de que en un lugar de la misma altura sobre el nivel del mar, la luz sea más viva y fuerte que en Europa. Cómo brilla tan intensa y cansa a la vez la luz del día en las Indias Occidentales, aún allá, donde no se produce un reflejo! Y ciertamente los europeos tratan aquí de guardarse aún más que del calor fuerte, de la luz cegadora debilitante de los nervios. Ellos reúnen aquí, unificando en cierto modo sus sentimientos, lo que en sus efectos está dividido y sin embargo sale de la misma fuente que jamás se agota.

Este menor debilitamiento de la luz del día en los trópicos y sobre lo cual sería importante aplicar algunos ensayos con el fotómetro de Leslie, se presenta muy marcadamente durante un fenómeno astronómico:

la luz de color rojizo que recibe la luna opacada durante un eclipse, como consecuencia de una inflexión de los rayos solares a través de la atmósfera de la tierra, y que luego es irradiada por ésta, es tan débil en la zona templada, que hace desaparecer del todo el disco lunar. En contraste con esta situación he visto el disco lunar oscurecido bajo la latitud de 10º norte, donde el aire es tan excesivamente limpio y diáfano con casi la misma intensidad de luz como la luna llena cuando sale rojiza por encima del horizonte en nuestros climas.

Llama la atención la influencia de la luz solar sobre las funciones vitales de las plantas sobre su respiración, su coloración y según Berthollet sobre la fijación del nitrógeno en la fécula. Estas observaciones comprueban las suposiciones de que esta luz no debilitada, a la cual están expuestas especialmente las plantas alpinas en la cordillera de los Andes, contribuyen a su carácter resinoso y aromático.

En el segundo tomo de mi escrito sobre la fibra del muslo y nervio irritado, he mencionado unos ensayos, que insinúan la influencia de la luz Solar sobre los órganos animales, la cual no puede adscribirse únicamente al calor (10) del mismo.

Si aquella debilidad de la cual se quejan los habitantes de Quito o México, cuando están expuestos a los rayos solares, en una altura de 3000 a 4000 metros (1800 toesas) en la cual queman especialmente fuerte (una debilidad y cansancio, que no se puede adjudicar únicamente a los movimientos musculares, o de aumento de la respiración cotidiana, como consecuencia de la menor densidad del aire en esta región), no indican más bien una irritación de los nervios por causa de la luz solar no debilitada? ciertamente no conozco nada más debilitante y agotador que esta luz solar, en la alta y fría cordillera de los Andes; será posible que esta luz todavía no debilitada, cuando choca contra los cuerpos compactos por primera vez, provoca, en cierto modo en la alta montaña, más calor que en las bajas llanuras con aire denso?

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(7) Xalapa al occidente de Veracruz; Guaduas en el Reino de la Nueva Granada, una pequea ciudad de la montaña, en la cual descansaban los virreyes después de su llegada de España, para no pasar demasiado rápido del calor ardiente del río Magdalena, al clima helado de Santa Fe.

(8) Pictet, Bibl. Britan. 1805, No. 223, p. 152.

(9) Si fuera posible imaginarse así un constante limite.

(10) Me sirvo de la Fiction inofensiva de hablar del calor y de la luz como de dos materias diferentes, no obstante que me parece muy probable que calor es luz fijada, o la luz puede ser calor liberado. Pero no obstante la Identidad de la materia, uno está siempre considerando dos estados diferentes. Shelling. Ideen zu einer Philosophie der Natur (ideas para una filosofía de la naturaleza), Tomo l, pág. 111-113.

 

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