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Ideas
para una geografía de las plantas
más un cuadro de los países tropicales
A. Von Humboldt Y A. Bonpland
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Reservados de Autor
El dibujo el cual yo
mismo bosquejé en Guayaquil, fue continuado en París por un gran artista, el señor
Schoenberger. Para dar a este trabajo aquella perfección indispensable para ser grabado
en cobre, dio el señor Turpin los últimos toques. Pero un cuadro que está sujeto a las
escalas laterales que lleva en su mareo, para apreciar el perfil que representa, no puede
lograr de por sí una gran expresión artística-pintoresca; porque todo lo que exige
exactitud geométrica es contrario a este efecto. Se pensaba que la vegetación sólo
debería aparecer como masa y por lo mismo, como en los planos militares, apenas indicada.
Pero sin embargo he creído que no podría permitir destacar en la llanura (al mismo
tiempo como primer plano), la espesura de los plátanos con sus hojas suaves y los troncos
altos de las palmas más concretamente. Se ve luego cómo los plantíos de plátano y las
palmas de abanico se pierden lentamente entre árboles de follaje pequeño; éstos a su
vez en un rastrojo más pequeño todavía y el rastrojo por fin se pierde en los
pajonales. Las hierbas llegan hasta donde la no compacta cubierta del suelo, cada vez más
delgada, se extiende sobre las cumbres. Los musgos distribuidos en formas de islas sobre
las rocas pendientes, líquenes de hojarasca y Psorias multicolores determinan en forma
tenue el manto superior de la vegetación. Seguramente hubiera sido de mejor gusto para el
conjunto del cuadro, sí no se hubiera escrito ningún número, ni ninguna observación
alrededor de los contornos de los Andes. Pero en esta presentación geográfica se
pretendía presentar a un mismo tiempo dos condiciones, frecuentemente excluyentes entre
sí: exactitud y efecto pintoresco. Hasta dónde lo hemos logrado, lo resolverá el
público.
El cuadro de la
naturaleza de los países tropicales abarca todos los fenómenos físicos, que ofrece la
superficie de la tierra y el círculo atmosférico desde 100 de latitud norte hasta 100
latitud sur. Las formas de las plantas y de los animales, y en especial los fenómenos
meteorológicos adquieren en la parte del Nuevo Mundo desde el paralelo 10 hasta la
latitud de 230, un carácter en nada parecido al de la región ecuatorial, de manera que
no hubiera sido correcto extender a éste hasta los círculos tropicales. Según las
mediciones que he hecho en el reino de la Nueva España, el límite inferior de la nieve
sobre los 190 de latitud norte se encuentra todavía por debajo de los 4600 metros (2360
toesas), lo que quiere decir que la nieve perpetua empieza allá sólo 200 metros (104
toesas) más bajo que sobre el Ecuador. Pero en contraste, la cercanía de la zona
templada, la corrientes en la regiones atmosféricas altas, la influencia que ejerce en
cada hemisferio el polo más cercano, sobre la desviación de los vientos alisios y otras
causas que dependen de la configuración de los continentes, dan a los países ubicados
entre los paralelos de 20º y 25º de latitud, un clima y un carácter a la vegetación
que mi no se sospechaba en los trópicos. En la tierra Anahuac (en la actual Nueva
España) crecen abetos (Pinus) hasta los 3934 metros (2019 toesas) sobre el nivel
del mar; y apena 650 metros por debajo del limite inferior de la nieve (332 toesas);
todavía encontré troncos de un diámetro de nueve decímetros (3 pies), mientras que
más al sur bajo 5º y 6º latitud, los árboles grandes apenas crecen sobre las montañas
hasta los 3500 metros (1795 toesas).
En la isla de Cuba baja
el termómetro a veces durante el invierno hasta el punto del hielo
(5)
sobre la costa. Durante varios días se
sostiene en 7 grados, mientras que en la costa de Veracruz y Santo Domingo, con una
latitud menos meridional, nuca baja de los 17 grados. En la Nueva España hay nieve en la
calles de la ciudad capital, México; en el reino de Michoadn cayó nieve, lo mismo en
Valladolid, no obstante que ambas ciudades sólo se encuentran a 2284 metros (1174 toesa)
y 1870 metros (959 toesas) sobre el nivel del mar. Entre el Ecuador y los 40 latitud, en
contrate, nunca se ha visto nevar por debajo de los 4000 metros (2052 toesas). Toda
estas diferencia muestran hasta la saciedad que un
cuadro de la naturaleza de los
países cercanos al Ecuador, no puede abarcar a u mismo tiempo toda le zona tórrida.
Mi cuadro de la
naturaleza representa un perfil vertical sobre una superficie que está orientada
por sobre el dorso de la cadena de los Andes desde el oriente hacia el Occidente. Se
distingue en el dibujo hacia el Occidente de la costa del mar del sur, un océano que en
esta región con razón merece el nombre del pacifico o tranquilo; ya que desde los 12º
latitud sur hasta los 5º latitud norte, pero no por fuera de esta zona, su superficie no
es alterada por temporales. Entre la orilla del mar y la alta cordillera se encuentra el
valle curioso de Cuntisuyu
(6)
(la parte occidental del reino del Perú), el cual se extiende largamente del sur al
norte, pero escasamente tiene un ancho de hasta 30 millas marinas. Este valle
longitudinal, mejor dicho llanura costanera, desde los 4º50' latitud sur en
dirección hacia Quito o Chinchasuyu, está ocupado por una vigorosa vegetación; pero
más al sur de aquel paralelo se encuentra un desierto arenoso, triste y yermo. Desde las
lomas de Amotape hasta cerca de Coquimbo, los habitantes de esta estepa no conocen ni la
lluvia ni los truenos, mientras que al otro lado de aquellas montañas hacia el norte,
caen durante muchos meses las aguas ruidosamente del oscuro firmamento bajo explosiones
eléctricas en forma de aguacero.
Yo hice pasar el perfil
de la cordillera de los Andes a su cumbre más alta, el Chimborazo que está ubicado sobre
1º27' latitud sur y 0º17' al occidente del meridiano de Quito. La altura de este coloso
fue medida tres veces en el año de 1741 por astrónomos franceses y españoles
(7)
y en el año de 1802 por mí
mismo. Estas medidas son en parte geodésicas y en parte barométricas; ya que mientras
más grandes deben resultar los ángulos de altura un tanto más alta tiene que ser la
llanura, sobre la cual se mide la línea básica entre las señales de ubicación. Como
probablemente se usaron para el cálculo de estas alturas considerables, muy diferentes
fórmulas barométricas y de refracción; entonces no debe sorprenderse que las alturas
dadas al Chimborazo resulten con tan grandes diferencias. La Condamine la determina en
6274 metros (3220 toesas). Don Jorge Juan, un profundo geodesta y pensador español le da 6586
metros (3380 toesas). Seguramente las causas de esta diferencia no están en la
medición geodésica sino en la determinación barométrica de la altura sobre el nivel
del mar, en la cual está ubicada la línea básica para la medición. Las llanuras más
cercanas al Chimborazo están a una altura de 2900 metros (1488 toesas). Si se calcula la
altura de esta región según la fórmula barométrica de Bourguer, entonces resulta ésta
con 130 a 140 metros (67-72 toesas) menos, que calculándola según la fórmula de la
corrección de la temperatura de Le Laplace y Shuckburg. La altura para el Chimborazo que
dan La Condamine y Don Jorge Juan se apoya seguramente con base en la altura de la ciudad
de Quito; la cual el primero determina en 2845 metros (1460 toesas) y el segundo en 2955
metros (1517 toesa). La fórmula de Laplace da a esta dudad una altura de 2935 metros
(1506 toesas). A este resultado, producto de las alturas del barómetro, dad- por el
propio Condamine, no se puede enfrentar la llamada operación geodésica de Bourguer de
cerca de Niguas
(8)
ya que
ésta, como vamos a explicar en otro lugar, se basa en datos muy pocos seguros. Si así
altura de Quito fue dada por la Condamine, probablemente en 86 metros (46 toesas) por
debajo de la verdadera, cual no sería la otra modificación que ha debido sufrir la
medición del Chimborazo por la referencia de una señal a la otra, y la refracción de
los rayos considerados demasiado fuertes. Ya que los cálculos de La Condamine y Don Jorge
Juan, en cuanto a la altura de Caraburú, sólo se diferencian en 80 metros (41 toesas) y
en aquella de Quito, por 110 metros (57 toesas), pero en la altura del Chimborazo se
distancia en 310 metros (160 toesa), lo cual quiere decir en 1/21 del total
(9)
no obstante que ambos astrónomos
trabajaron con instrumentos de casi igual calidad.
Durante mi permanencia
en la nueva dudad de Riobamba determiné la cumbre más alta del Chimborazo por medio de
una medida de triangudación en la llanura de piedra pómez de Tapia y suponiendo una
refracción de 1/14 en 3640 metros (1867 toesas) sobre dicha llanura. Ahora bien, mi
observación barométrica de Tapia, calculada mediante la fórmula de Laplace por el
señor Gouilly, da para ésta una altura de 2896 metros (1485 toesas) sobre el nivel del
mar. Según esta altura la total del Chimborazo sería de 6536 metros (3354 toesas). Pero
si se aplica la nueva fórmula de refracción de Laplace a mis ángulos de altura,
entonces encuentro una altura para el Chimborazo de 6544 metros (3357 toesas), un
resultado que está entre los datos más antiguos, y que se acercan más la medición del
astrónomo Don Jorge Juan
(10).la
longitud de la línea básica, medida por mí, es de 1702 metros
(875 toesas), la naturaleza de los ángulos y la cualidad de mi sextante Ramsden, me hacen
suponer que mis cálculos de la altura del Chimborazo no se diferencian mucho de la
verdad.
La cumbre de esta
cordillera colosal tiene, no obstante la diferencia de la roca, algún parecido con la
fisonomía del Mont-Blanc. Constituye un gran segmento de esfera; una forma que en el
perfil adjunto y debido a la escasa distancia no se ha podido expresar. Un cuadro de
paisaje que está destinado para mi descripción del viaje, lo va a representar
artísticamente en su verdadera figura.
Detrás del Chimborazo
se levanta en el dibujo una montaña volcánica de forma cónica y de 5752 metros (2952
toesas), el Cotopaxi (más el Tungurahua y el Sangay), actualmente el más devastador
de todas las montañas de Quito que brotan fuego por sus cráteres. Es casi cinco veces
más alto que el Vesubio, una loma que apenas alcanza 1197 metros (615 toesas). Sin
embargo, el Cotopaxi tampoco es el volcán más alto de nuestro planeta: ya que queda en
altura atrás al Antisana, cuya cumbre, gruesamente cubierta de hielo, se eleva a 5832 metros
(2993 toesas) sobre el nivel del mar, y que tiene varios pequeños cráteres, de los
cuales vi echando humo a algunos en marzo de 1802. En verdad el Cotopaxi es más distante
del Chimborazo de lo que aparece dibujado en el perfil; si en el mismo perfil se hubieran
dado las verdaderas distancias horizontales, indicando (como lo hace mi atlas
geognóstico) las desigualdades del suelo, fielmente, de una determinada región, entonces
hubiera debido representarse en vez del Cotopaxi el volcán Carihuairazo, cercano al
Chimborazo. Pero además de que éste, en la espantosa noche del 19 de julio de 1698 casi
se derrumbó dentro de sí mismo, y que en los escombros de su antiguo tamaño poco
interés ofrece, me inclinaron además otras razones para dar la preferencia al Cotopaxi.
El Cotopaxi fue el volcán cuyos truenos estruendosos y subterráneos percibí casi cada
minuto en el Puerto de Guayaquil, mientras estaba trabajando en el proyecto de mi cuadro
de la naturaleza de los trópicos. Sin considerar que el cráter
(11)
del Cotopaxi estaba 42 millas marinas
distante de nosotros, oímos su estruendoso ruido (los bramidos del Cotopaxi como dicen
los habitantes) como los truenos de un pesado cañón. En el año de 1744 se oyó el mismo
a una distancia de 220 millas marinas, hasta en Honda y Mompós sobre el río Magdalena.
Si el Vesubio tuviera la misma intensidad del fuego volcánico o comunicaciones
subterráneas semejantes, entonces y con base en la analogía, se debería sentir un
estruendoso ruido hasta Praga o Dijon.
La altura que alcanza
en el perfil el humo del Cotopaxi en la atmósfera; no se dibujó al azar, sino que se
basa en mediciones exactas. La obra de La Condamine que es difícil superarla en su
exactitud, encontró que la llama en el año de 1738 se elevó más de 900 metros (casi
2800 pies) por encima del borde superior del cráter. Durante la explosión, el Cotopaxi
arrojó, como todos los volcanes del reino de Quito, una inmensa cantidad de agua dulce
cargada frecuentemente con hidrógeno sulfuroso y letten (arcilla magra) compenetrado de
carbono y peces
(12), que
casi no fueron desfigurados por el calor y que pertenecen al género Pimelodes.
Quizá no es necesario
mencionar que la proyección de las cordilleras sólo está sujeta a una escala de altura
vertical y que la misma escala no puede ser válida para las distancias horizontales. Las
más altas montañas de la tierra son tan insignificantes comparándolas con los valores
de las distancias, que el Chimborazo por ejemplo, en un plano, en la escala del atlas más
grande, que representaría una distancia de doscientas millas, sin embargo no alcanzaría
una altura ni siquiera de 4 milímetros (2 líneas), utilizando la misma es caía para las
ordenadas y abscisas. Si por el otro lado se quisiera proyectar, según la escala de
altura vertical de mi perfil, y digo no toda la América del Sur sino sólo la estrecha
faja de tierra entre el mar del sur y la vertiente occidental de la Cordillera, entonces
sería casi 40 veces más largo que el formato de esta obra. De manera que si se quiere
presentar una parte considerable de la superficie de la tierra en perfiles, para aclarar
la construcción de las cordilleras, entonces se debe abandonar la idea de dar a las
dimensiones de altura y distancia una misma escala, circunstancia que tiene sin embargo la
desventaja de que con la forzosa reducción de las latitudes las vertientes de las
cordilleras resultarían demasiado pendientes. Pero de una desfiguración tan absurda en
apariencia de los contornos, no se puede aplicar ni a los perfiles de los distintos
países, como tampoco a la geográfica proyección de Mercator, ya que en esta clase de
trabajos se trata de la exacta aplicación de reglas fijas, y no del parecido artístico
estético.
En otro lugar de mi
ensayo doy alguna pasigrafía geognóstica y también en mi atlas físico voy a tener la
oportunidad de explicar más detalladamente la naturaleza de los perfiles.
El dibujo muestra la
vertiente oriental de la cordillera, algo más suave que la vertiente occidental. Esta
diferencia existe en aquella parte a través de la cual yo tracé el perfil. Sin embargo,
estoy por creer que no toda la Cordillera de los Andes muestra en todas partes su
vertiente occidental más pendiente, tal como suponen Buffon y otros destacados físicos.
Aquellos que conocen el país saben que uno no se puede permitir el juzgar a la poco
conocida y visitada vertiente occidental, y cuán fácil es confundir algunas ramas
cordilleranas y otras montañosas con el alto lomo de la cordillera, que divide ilimitadas
llanuras selváticas y abundantes en ríos, como el Beni, Puruz y Ucayali, de la estrecha
faja costanera. Cruzando la cordillera -una vez desde el occidente hacia el oriente- desde
el helado páramo de Guamaní, donde se observan en 3300 metros de altura (1704 toesas)
ruinas de un palacio incaico, parecidas a la construcción ciclópea, hacia abajo contra
los ríos Chinchipe y Amazonas; y la otra vez desde el oriente hacia el occidente desde
Jaen de Bracamorros vía Micuipampa contra el mar del sur, -he observado claramente que
debajo de los paralelos 3º y 6º latitud sur, la vertiente oriental de los Andes es menos
suave que la vertiente occidental. El señor Haenke, un observador exacto y agudo,
aseguró lo dicho
(13)
en
cuanto a los valles fértiles de Chiquitos y Cochabamba. En el reino de la Nueva Granada,
no lejos de la ciudad capital Santa Fe de Bogotá, la vertiente de la Cordillera es tan
pendiente, que ningún indio ha podido llegar desde las montañas de Chingaza a las
llanuras herbáceas del Casanare.
La abertura abismática
que indico en mi perfil sobre la vertiente oriental de la cadena de los Andes, hace
recordar al observar a aquellos estrechos y horripilantes valles, que seguramente deben su
origen a terremotos y explosiones volcánicas. Algunos de éstos están tan profundamente
excavados que colocados dentro de ellos, el Vesubio, la Schneekoppe
(14), y el Puy -de- Dóme, no llegarían con sus cumbres al borde
superior de las vertientes. El valle de Chota, conocido ampliamente por su espantoso
calor, no lejos de la ciudad de Quito, tiene una profundidad de 1566 metros (4824
pies); el valle del río Cutacú en el Perú, más de 1400 metros (4200 pies), sin
considerar aquí que la suela de estos valles se encuentra todavía a un número parecido
de pies por encima del nivel del mar. La anchura de estos valles frecuentemente no pasa de
los 800 metros (411 toesas), y para el geognosta ofrecen la visión de inmensos filones
huecos. En Europa, uno de los valles más profundos es sin duda aquel de Ordesa sobre el
Mont Perdu en los Pirineos, el cual, según Ramond tiene una profundidad media de 896
metros (459 toesas).
Sobre el final oriental
de mi perfil está indicada la costa del océano Atlántico. Para indicar qué tan larga
tenía que ser esta parte del dibujo, se presenta la llanura inmensa que limitan los ríos
Amazonas y Guainía (Río Negro), en forma interrumpida.
_______
(5) Donde no se Indica expresamente lo contrario se determina en este
escrito el calor conforme al termómetro de mercurio de centésimos (Réaumur). Bajo
millas entiendo millas marítimas, veinte sobre un grado, cada una de 5555 metros (2850
toesas).
(6)
Idéntico con el país occidental en la división política de los países de los Incas.
Garcilasso; Comentarios reales T I, p. 47.
(7)
Sobre un mapa del Depósito hidrográfico de Madrid se le ha dado al Chimborazo la cifra
de 7496 varas. Como esta cifra coincide exactamente con las 3217 toesas de Bouguer,
entonces pienso que la expedición de Malaspina no ha medido el Chimborazo, 1 toesa =
23.316 varas
(8)
Bruguer, Figure de la terre, pág. 166.
(9) En las medidas mas recientes de Mechain y Delambre se encuentran
inclusive diferencias aún más fuertes con las mediciones antiguas: Puy-Marie, según
Cassini, 1048 Toesas; según Delambre, 968 toesas. Pic du Midi, según Mechain, 1470
toesas; según Vidal, 1506 toesas: Mont-BIanc, según Deluc 2391 toesas; según Pictet,
2426 toesas; según Saussure, 2450 toesas.
(10) Viaje a la América Merid. pag. 98 (Ed. Franc.) T. II, pag. 114.
(11) El cráter de Cotopaxi lo encontré de unos 930 metros de diámetro
(478 toesas); el del Rucupichincha (igual al Pichincha-Padre el viejo, en contraste de
Guagua o del Pichincha joven) 1463 metros (751 toesas). El Vesubio tuvo en el año de 1801
una anchura en su cráter de cerca de 606 metros /312 Toesas).
(12)
Pimelodes cycIopurn. Véase el primer cuadro de mis
observaciones de zoología y anatomía comparativa.
(13) En un manuscrito (estadística de Cochabamba), que me facilitó el
sabio monje Cisneros en Lima.
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