Ideas para una geografía de las plantas
más un cuadro de los países tropicales
A. Von Humboldt Y A. Bonpland
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Desde el nivel del mar hasta los 5000 metros (2565 toesas) de altura, se realiza esta disminución si se comparan la temperatura media, por las otras leyes que rigen en las grandes alturas; ya que aquellos estratos atmosféricos, en los cuales empieza a encontrarse la nieve perpetua, según diferencias de latitud, se encuentran en diferentes alturas verticales. De manera que se puede concluir, con seguridad, que estratos atmosféricos con igual temperatura media se encuentran en los trópicos en otras alturas, que en la zona templada. Es así que la disminución vertical del calor bajo el Ecuador es conocida (una disminución encontré yo desde el nivel del mar hasta el límite inferior de la nieve perpetua en doscientos metros o ciento dos toesas por un grado del termómetro centígrado); luego, esta observación nos lleva por lógica, a un proceso para determinar la altura de la nieve perpetua para todas las latitudes por cálculo. Sólo se trata de encontrar un estrato atmosférico, cuyo calor medio es de = + 00,4 o sea, una temperatura la cual es más o menos parecida a aquella donde se inicia la región de la nieve perpetua. Siendo 12º, 5 la temperatura media de la llanura sobre 45º latitud norte; así se encuentra el límite inferior de la nieve perpetua en 200 (12º,5-0º,4) = a 2420 metros o 1240 toesas; un resultado que coincida hasta en ochenta o cien metros con las mediciones directas de Saussure y Trallesi. Un país en dirección hacia el Polo Norte y cuya temperatura media a nivel del mar fuera + 4º la nieve perpetua empezaría a la altura de 720 metros (369 toesas). Por lo general se encuentra, según este método, el límite de la nieve perpetua expresado en metros, tomando la temperatura media de la llanura (nivel del mar), expresada por el termómetro en centígrados y multiplicando por doscientos. Una fórmula según la cual el límite de la nieve seria una función de la latitud, pero no muy exacta debido a que el clima físico casi siempre es muy independiente de la posición geográfica del lugar. Sin embargo, el indicado método ofrece la ventaja de encontrar la temperatura media de un país (región) sin observaciones de varios años del límite inferior de la nieve, y encontrarlo por encima de todo, por multiplicaciones.

Pero ahora abandono suposiciones especulativas las cuales no sólo se basan en inducciones incompletas y regreso, fiel a mi plan, hacia aquello que ofrece la observación empírica. El límite inferior de la nieve perpetua en las cercanías de la línea equinoccial, es uno de los fenómenos más terminantes e inmodificables que ofrece la naturaleza, Bouguer fija la altura en 4744 metros (2434 toesas). Un promedio de muchas mediciones me ha dado algo más, o sea cerca de 4800 metros (2462 toesas). Una gran parte de esta diferencia se basa en el descuido de Bouguer de la corrección del calor en la fórmula barométrica; en la suposición de la altura de la columna de mercurio a nivel del mar, y de la altura diferente que damos, Bouguer y yo, de la señal de Caraburú, como lo explico en otro lugar. Ciertamente afirmaron los académicos franceses que en los países ecuatoriales, en los cuales la temperatura del aire es la misma durante todo el año, el límite de la nieve no oscila entre 50 y 60 metros, y que éste forma una línea cortante y clara, sin que la nieve en un punto, por ejemplo en los cañones y valles, bajará más que sobre las más inclinadas vertientes.

Hasta el presente, nos hacen falta todavía mediciones del límite de la nieve sobre el límite septentrional de los trópicos, y era de suponer que la baja de éste desde el Ecuador hasta los 20º de latitud, pudiera ser considerable. Con base en mediciones barométricas y geodésicas realizadas en la Nueva España sobre la Sierra Nevada de Toluca, sobre el Cofre de Perote, sobre el Popocatepetl y sobre el Itzaccihuatl, encontré que cerca del círculo de Cáncer la nieve perpetua apenas empieza en 4600 metros (2360 toesas) de altura. De manera que la diferencia entre esta región y la ecuatorial es apenas de escasos 200 metros (102 toesas). Mientras que, lo que es muy llamativo, las nevadas en la Nueva España, igualmente entre las latitudes 19º y 20º, llegan a descender en 2100 metros (1077 toesas) más bajas que en Quito; prueba suficiente de que el parcial enfrentamiento de ambos países es muy diferente, no obstante que la temperatura media de los dos casi coincide.

Pero como la Nueva España (el propiamente antiguo Anahuac) ya limita con la zona templada, entonces el límite de la nieve también está sujeto a considerables variaciones, y por cierto más de lo que se podría esperar en un país tropical. En el mes de julio encontré este límite de la nieve a 4619 metros (2372 toesas) y en febrero en 3820 metros (1962 toesas) sobre el nivel del mar. La Cordillera de los Andes, hasta donde yo la conozco, no tiene nada lo que se podría llamar propiamente un glaciar. Este maravilloso fenómeno natural, independiente de toda altura, hace falta del todo en los países tropicales, probablemente porque en los mismos nunca cae tanta nieve a la vez, y porque la temperatura en todas las alturas es constante. Pero sobre el Chimborazo, sin embargo, se encuentran por debajo de la actual línea de nieve, enterrado por enormes capas de arena, muy antiguos depósitos de nieve (hielo fósil); qué clase de catástrofes naturales los han llevado a estos lugares, que son indicios de la edad de nuestro planeta, que tal vez asciende más que el discutido Zodiacus de Dendyra! Desgraciadamente, no se conoce a través de mediciones de altura, el límite de la nieve sobre los paralelos de latitud 250 y 300. Pero entre los paralelos de latitud 420 y 460 en Europa, ésta llega a los 2533 metros (1300 toesas). Esta ley, la cual al parecer fija la línea de la nieve la he investigado yo en un disertación especial, que fue presentada en diciembre de 1804 en la primera clase del Instituto Nacional de Francia.

El punto de ebullición del agua hirviendo en diferentes

alturas sobre el nivel del mar

El grado de calor que toman los líquidos antes de entrar en ebullición, depende de su naturaleza química específica y al mismo tiempo del peso de la atmósfera que presiona sobre ella. Tal como cambia este peso con la altura así también cambia el mismo punto de ebullición. La tabla siguiente expresa la ley de este fenómeno:

Como desde la superficie del mar hasta los 1000 metros de altura un grado del punto de ebullición en el termómetro equivale a 357 metros de cambio en altura, y como entre esta misma superficie del mar a los 7000 metros de altura, un grado todavía indica 304 metros; entonces se puede suponer, por lo general, que hasta la altura del Mont Blanc un grado del termómetro corresponde más o menos a diez líneas barométricas, o sean 340 metros (174 toesas) de altura. Durante mi expedición he realizado un gran número de observaciones sobre el punto de ebullición del agua en las cumbres de la alta cordillera de los Andes. Ensayos similares del señor Caldas (un hombre joven de Popayán, quien con un afán sin descanso se dedica a la astronomía y algunos aspectos de la descripción de la naturaleza), voy a dar a conocer en mi descripción de viaje. Este trabajo sin embargo no tiene casi ningún interés para la meteorología; aún la misma teoría de la presión atmosférica necesita poco de él; pero sin embargo, muestra qué grado de exactitud es necesario en las mediciones de altura de las montañas, por medio del termómetro, cuando se pueden indicar con exactitud las pequeñas fracciones de un grado.

Distribución de los animales según la altura de su hábitat

Para completar el cuadro de la naturaleza de las regiones tropicales, he agregado una escala, que indica los diferentes géneros de animales que habitan la empinada vertiente de los Andes. Hasta donde ha avanzado la vegetación sobre el planeta, se ha extendido también la vida animal. En el interior de las minas y de las cuevas viven especies de los Dermestes y otros semejantes insectos, que se alimentan de los hongos subterráneos. Como aquellos, privados de la luz, en lo profundo del mar, rodean los Coriphaenos, el voraz Chactodon e innumerables cuadrillas de gusanos las algas del mar (Fucus), cuyos frutos están envueltos con una mucosidad gelatinosa. Más arriba, entre la superficie del mar y los mil metros (513 toesas) de altura, en la región de las palmas y bananos, se encuentra la culebra gigante (boa), el manatí que se alimenta de hierbas los cocodrilos inmóviles, como estatuas de metal y con las fauces abiertas descansan al pie del Conocarpus. Este, el hábitat del indefenso marrano del río (Cavia capybara), aquel que es alternamente perseguido por el tigre como por el cocodrilo y que busca su salvación tanto en el agua como sobre la tierra firme. Las selvas de esta zona cálida resuenan con el aullido de los alouatos que anuncian la lluvia, del gorjeo semejante al de los pájaros del pequeño mico Sapajón y del gemir quejoso del perezoso, que sube por el tronco de la Cecropia de hojas platinadas. Estas selvas son la patria de los papagayos, el tanagra de plumas multicolor, el majestuoso Hocco (Crax pauxi), el grande pero cobarde león americano el terrible jaguar de piel maravillosamente manchada y el tigre negro del alto Orinoco, que es aún más sanguinario y feroz que el jaguar, ellos son los dueños de estas selvas. Persiguen al pequeño venado indio (equivocadamente llamado Cervus mexicanus), al Sus tajassu y al oso hormiguero, cuya lengua flexible está conectada con su esternón. El aire en esta zona es ardiente, especialmente hasta los 500 metros de altura (tanto en las orillas de los grandes ríos como en la tupida manigua de la selva, o sobre las orillas del mar donde está cubierto por lodo fangoso); en todas partes abundan moscas venenosas y zancudos, cuya cantidad indescriptible hace casi invivible para el hombre una parte tan grande y bella de la tierra. Se asocian todavía con estos mosquitos el Oestrus mutisi quien pone sus huevos con una rapidez increíble en la carne de los músculos del hombre, produciéndole así dolorosos tumores; el Acari que raya paralelamente la piel como un campo arado (aradores);y las arañas venenosas, hormigas y termites (23), cuya actividad temible destruye casi todo el trabajo del hombre. Todas estas plagas de las cuales el indígena sufre menos que los foráneos, amargan el goce de vivir en una maravillosa y bella naturaleza, llena de vida.

Más arriba, en altura mayor, en la región de los helechos arbóreos, entre los 1000 y los 2000 metros (513 y 1026 toesas) de altura, ya no se encuentran cocodrilos, culebras gigantes, manatí y 0505 perezosos. El tigre y los micos se vuelven más escasos; pero en contraste son más abundantes las manadas de tapires y marranos (cafuches) y el pequeño jaguar (Felis pardalk). El hombre los micos y los perros son en esta altura martirizados terriblemente por la pulga (pulex penetrans) que en la tierra caliente es mucho menos frecuente que en la tierra templada. Entre los dos mil y tres mil metros (1026 y 1539 toesas), en la región superior de la Cinchona, ya no hay micos, ningún Cervus mexicanus, pero sí el bonito tigrillo (Felis tigrina), osos y el ciervo grande de los Andes. En esta altura, que es la misma del Gotthard, son muy frecuentes, desgraciadamente los chinches humanos. Entre los tres y cuatro mil metros (1539 y 2052 toesas), en las estepas frías de los Andes vive una especie pequeña de león, al cual llaman los peruanos Puma y cuyas huellas hemos encontrado muchas veces todavía más arriba, hasta en la nieve recién caída; además existen allá mismo pequeños osos de frente blanca y algunos vivérridos (gato montañés). Con sorpresa he encontrado de vez en cuando pequeñas especies de colibríes hasta la altura que tiene el pico de Tenerife. En los pajonales y la región de la Espeletia (frailejón) con sus hojas lanudas, entre los cuatro y cinco mil metros (2052 y 2565 toesas) de altura, habitan los llamados oveja camello (24), la vicuña, el guanaco y la alpaca, andan en manadas separadas entre sí, como animales domésticos, sólo se encuentran las llamas, ya que aquellas que fueron cazadas sobre la vertiente occidental del Chimborazo (según el cuento entre los indios) volvieron a su estado salvaje, después de que el Inca Tupayupangi (Tupac-Yupangui) destruyó la ciudad Lican la vieja residencia del Cocho-candi de Quito. La vicuña prefiere las grandes alturas, donde ya cae de vez en cuando la nieve. No obstante de la persecución a la cual está expuesta desde hace siglos, se ven todavía sobre el lomo de los Andes manadas de 300 a 400 animales, especialmente en las provincias de Pasco (en las cabeceras del río Amazonas), Guailas y Caxatambo, especialmente en la cordillera de Gorgor (25). También en los alrededores de Huancavelica, Cuzco y en la provincia de Cochabamba, donde empieza el valle alto de Cotacagues, en fin, en todas partes donde el lomo de la cordillera se eleva a la altura del Mont-Blanc, allá la vicuña es todavía muy frecuente. Pero llama la atención, el fenómeno en la geografía de los animales, de que la vicuña y de los géneros emparentados con ella (alpaca y guanaco) habitan toda la cordillera de los Andes desde Chile hasta los nueve grados de latitud sur, pero que más al norte, ni en Quito, ni en las cordilleras nevadas de la Nueva Granada, ni tampoco en las de la Nueva España, se descubre una huella de su existencia actual o del pasado. El avestruz de Buenos Aires ofrece un fenómeno semejante: no se encuentra al norte de la Sierra de Chiquitos, donde los bosques (selvas) están interrumpidos por llanuras herbáceas (sabanas) y donde esta ave encontraría clima y alimentación semejantes.

Los animales y plantas raramente pasan más allá del límite de la nieve. Ciertamente, debajo del hielo perpetuo, vegetan todavía algunos líquenes, pero entre las aves, el cóndor es el único que habita estas infinitas soledades. Nosotros lo hemos visto volar en una altura de 6500 metros (3334 toesas). Algunos mosquitos que hemos encontrado todavía en 5652 metros (2900 toesas) de altura nos pareció que fueron llevados involuntariamente por las corrientes atmosféricas verticales ascendentes en estas regiones. Saussure los vio igualmente sobre la cumbre de Mont-Blanc y Ramond a la orilla del lago de la alta montaña sobre el Mont-Perdu. Es curioso que estos insectos fueron observados tantas veces como los hombres se elevaron a estas grandes alturas.

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(23) N. De T. Comején.

(24) Con la misma razón se podían llamar oveja de antílope, ya que se parecen a un mismo tiempo al camello, a la oveja y a la gacela.

(25) Hoy en día no existe ese nombre.10

 

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