Ideas para una geografía de las plantas
más un cuadro de los países tropicales
A. Von Humboldt Y A. Bonpland
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Aun cuando no se descubre ninguna interrelación general entre la naturaleza de la roca y la ubicación del lugar en cuanto a su latitud y altitud; sin embargo no se puede desconocer la influencia local de la altura en las diversas partes de la superficie terrestre. Si se realiza una exacta observación sobre una pequeña parte de una cordillera, entonces se descubre que no solamente la dirección y el buzamiento de los diferentes tipos de las cordilleras siguen un determinado tipo y además de ser caracterizado por un sistema (1) particular de fuerza de atracción (fuera por polaridad magnética o eléctrica), sino que también actúa una ley local en la altitud, hacia la cual se elevan las formaciones antiguas o nuevas por encima del nivel del mar.

Así por ejemplo se observa que en ciertas regiones las cordilleras de rocas sedimentadas no sobrepasan la altura de 3000 metros (1539 toesas); que una caliza densa por encima de los 1800 metros (923 toesas), nunca está cubierta por rocas areniscas; que los esquistos micáceos no suben tanto contra el eje de la cordillera como el neis; que los conglomerados que corresponden a determinada altura, sólo contienen material de ciertas capas de cordilleras primarias, pero no llevan conglutinantes calcáreos. Para una región determinada y no muy extensa se puede descubrir el límite superior del basalto, estratos de caliza o del yeso, tal como se observa el límite superior de los pinos y robles. Estas observaciones nos enseñan que la misma naturaleza no nos permite elaborar una escala de las especies o tipos cordilleranos, ya que fenómenos pequeños o parciales no se pueden convertir en leyes generales.

Las regiones ecuatoriales del nuevo mundo ofrecen a un mismo tiempo las cordilleras más altas y las llanuras bajas más extensas en el mundo; un contraste que parece indicar que la rotación de nuestro planeta no puede ser la causa de que las masas montañosas a tan grande altura estén concentradas aquí. El altiplano tan elevado del Himalaya y Tíbet está ubicado fuera de los trópicos; y sobre 60º latitud norte las cordilleras se elevan a una altura que poco queda atrás al grupo de las montañas colosales de Quito.

La cadena de los Andes (su verdadero nombre es Antis, de Anta, cobre en la lengua quichua) se acerca a ambos polos de la tierra a una distancia casi igual, sus partes extremas se ubican apenas a 29º hasta 30º de éstos. Se les puede seguir desde los islotes graníticos ubicados al sur de la Tierra de Fuego; o desde Diego Ramírez y el Cabo de Hornos hasta el monte Elías (al nor-occidente de Port Mulgrave);esto quiere decir que se extiende desde 56º27' de latitud sur, hasta 60º12' latitud norte. Ella tiene así una longitud de 2500 millas, con una anchura de escasas 30 a 40 millas.

La altura de esta cadena montañosa es mucho más desigual de lo que se piensa generalmente. En el hemisferio sur, entre el Chimborazo y Loja, existen ciertos parajes de Los Andes, donde la cumbre divisoria de aguas, escasamente alcanza la altura del San-Gotthard. En la zona norte, en el estrecho de Panamá y especialmente cerca de Cupica, la tierra firme se eleva apenas a unos 200 metros (102 toesas) sobre el nivel del mar. Pero se abarca la cadena de los Andes en toda su extensión; entonces se observa que ella se hincha cuatro veces a una enorme altura y espesor. Bajo la latitud de 16º Sur en el Perú; bajo la misma línea ecuatorial en el reino de Quito; en la Nueva España sobre 19º latitud norte, y por ende en frente de la Costa Oriental de Asía, sobre los 60º de latitud, en todas partes las cumbres de los Andes son más. altas que el Mont-Blanc; esto quiere decir: ellas alcanzan por lo menos de cinco y hasta seis mil metros (2565 hasta 3078 toesas) de altura.

Pero aún más que por su altura las cordilleras por su volumen y espesor de sus partes masivas altas (especialmente en Quito y México) pueden asombrar nuestra fuerza de imaginación. Sobre el volcán de Antisana, en 4105 metros (2106 toesas) sobre el nivel del mar, es decir más alta que la cumbre cónica del Pico de Teneriffa, encontré una llanura, que tiene doce millas completas de circunferencia. Si se prescinde de los picos aislados, que aquí y allá se elevan en forma semejante a una torre; entonces se puede fijar la altura media del lomo de la cordillera bajo la línea ecuatorial entre 3900 y 4500 metros (2000 hasta 2308 toesas) de la altura, mientras que la altura media de los Alpes y de los Pirineos está entre los 2500 y 2700 metros (1283 hasta 1385 toesas) de altura. Según estos datos la proporción altitudinal es casi igual 7:4. La anchura de los Pirineos y de otras altas cadenas europeas es en promedio apenas de 10 a 12 millas mientras que los Andes en el poderoso sector montañoso de Quito alcanza 21 millas y en la Nueva España y

partes del Perú llega a medir entre 40 y 60 millas. Estas observaciones dan una idea más clara sobre la diferencia de la masa existente entre los Andes, los Alpes y Pirineos, que la comparación de sus cumbres más altas (2) que exactamente tienen 6544 metros (3357 toesas), 4775 metros (2450 toesas) y 3436 metros (1763 toesas) respectivamente.

La parte más alta de los Andes se encuentra casi sobre la línea ecuatorial, propiamente dicha, entre ésta y la latitud 1º45' sur. Sólo aquí, y en ningún otro punto de la tierra conocida hasta hoy, se encuentran montañas que alcanzan y sobrepasan una altura de 6000 metros (3078 toesas). Además, sólo existen tres cumbres tan colosales: el Chimborazo (más alto que puesto el Etna sobre el pico del Canigou: más alto que el San Gotthard puesto sobre la cumbre del Pico de Teneriffa); el Cayambe y el Antisana.

Según una tradición de los indios de Lican, la montaña Altar (el Altar de Los Collanes, o en el idioma Quíchua, Capa Urcu), era antaño más alto que el Chimborazo, pero durante el gobierno de Ouanía-Abomatha, se cayó dentro de sí mismo (durante erupciones volcánicas que produjeron una noche de 8 años de duración). Ciertamente, la cumbre de esta rara montaña no muestra otra cosa que formas de cuernos inclinados y picachos un cuadro de destrucción, el cual produce en los atardeceres, cuando el sol poniente quiebra sus rayos sobre los escombros congelados, una sinfonía de colores.

El Chimborazo, al igual que el Mont-Blanc, está ubicado en la parte sur-occidental de un colosal macizo montañoso. Desde el primero y en dirección sur sobre una distancia de 120 millas, no pasa ninguna cumbre andina el límite inferior de la nieve perpetua. La altura media del lomo de la cordillera oscila aquí entre los 3000 y los 3500 metros (1539 y 1795 toesas) de altura. Pero todavía más al sur, más allá de los 80 latitud, o sea desde la provincia Guamachuco, las cumbres nevadas se vuelven otra vez más frecuentes, especialmente en la cercanía de la ciudad de los Incas. Cuzco, y sobre la altiplanicie de La Paz, donde se elevan las muy conocidas montañas cónicas del Ilimaní y del Cururana. En Chile (3), donde desgraciadamente no se ha determinado la altura por medición ni de una sola montaña y en la periferia sur de este reino se acerca de tal manera la cadena de los Andes al mar, que los islotes del poco conocido archipiélago de Huaytecas, se podrían considerar como escollos o escombros discontinuados de la misma. Aquí alcanza todavía el Cuptana cubierto con nieve perpetua (para la navegación de esta zona lo es el Pico de Teyde), la altura de 3000 metros (1590 toesas). Pero aún más en dirección al Polo Sur, en la cercanía del cabo Pilar, las montañas graníticas bajan, hasta sólo alcanzar 389 metros (200 toesas) de altura, formando una hilera de lomas las cuales, por su relieve, aparecen vistas desde el mar como muy altas.

Al norte del Chimborazo la altura de la cadena de los Andes no es menos desigual. Desde la latitud 1º45' sur hasta 2º latitud norte se sostiene entre 5000 y 5400 metros (2565 y 2770 toesas). La aquí ubicada provincia de Pasto, es una de las estepas de montaña más alta del mundo. Más allá en dirección a Santa Fe la cordillera se divide en tres cadenas: La Oriental no lleva nieve perpetua entre los 4º y 10º de latitud norte, pero en su parte final septentrional, allá, donde se dirige hacía el oriente y empieza a formarse la cordillera de la Costa de Caracas, está ubicado el poderoso macizo montañoso de Santa Marta y de Mérida, el cual se eleva a 4700 hasta 5000 metros (2411 hasta 2565 toesas) sobre el nivel del mar, y en el cual brotan manantiales sulfurosos ardientes por debajo de inmensas masas de nieve. La Cadena Central de la Cordillera de los Andes, la cual está cubierta con hielo perpetuo se extiende entre el Cauca y el Valle del Magdalena a través del Tolima y Herveo (4) hasta las montañas de Guamoco, compuestas de neis y ricas en oro, donde luego bajo 8º10' latitud norte, se disuelve en las lomerías de San Lucas. Y luego y por fin el tercero y más occidental brazo, que con tiene en Barbacoas y Tadó (5) en el cascajo de basalto y de piedras verdes (6) los jabones o arenas platiníferas: corre como una baja cadena montañosa a lo largo de la costa del mar Pacífico; continúa luego a través del Istmo de Cupica y Panamá, hacia la parte septentrional del Nuevo Continente, y empieza a elevarse en altura lentamente en el reino de Guatemala. Desde los 11º hasta los 17º latitud norte, su altura media está entre los 2700 y 3500 metros (1383 y 1795 toesas) de altura. Pero cerca de la ciudad capital de México sobre el paralelo 19º norte, forma un inmenso macizo montañoso, que queda poco atrás a los de Quito y Cuzco. Dos volcanes todavía ardientes, el Popocatepetl y el Pico de Orizava sobrepasan aquí los 5300 metros (2718 toesas).

Pero esta grande altura del lomo de la cordillera, sólo se extiende sobre un trayecto corto. En la parte septentrional de Anahuac, en la provincia Nueva Biscaya, los Andes (aquí llamados Sierra madre, y divididos en muchos ramales), no son más altos que los Pirineos. Sobre los 55º de latitud norte, los viajeros ingleses registraron únicamente una altura de 779 metros (400 toesas) sobre el nivel del mar. Así se podría suponer que hacia el Polo Norte desaparece la Cordillera de los Andes, si no se conociera el cuarto grupo montañoso, cuyas cumbres (el Monte Elías y Montaña del Buen Tiempo) que ya habíamos nombrado arriba. Aquí, y en la península de Analaska (Alaska) parece que los Andes tienen comunicación por debajo del mar, con los todavía ardientes volcanes de la península de Kamchatka. Visto así, las cordilleras de Asia Oriental son apenas una prolongación de la cadena montañosa del nuevo continente. Como sí es probable de que la mayor parte de los habitantes cobrizos de América son de origen mongólico, y existen quizá razones en buscar en el Hindustan septentrional (en el altiplano de Tíbet y Bután) el origen de mitos religiosos ampliamente extendidos, así como también los primeros brotes de sentido artístico del hombre. En fin, hay que buscar aquí el origen de toda cultura humana; entonces sí, es también interesante ver y arrancar desde este punto central las cordilleras montañosas más altas de nuestro planeta.

He intentado aquí describir a grandes rasgos las características de la cadena de Los Andes. De su estructura y tipos de cordilleras que encierra solamente los siguientes párrafos generales caben en un cuadro de la naturaleza.

La región tropical reúne casi todos los tipos de rocas los cuales se han encontrado sobre el resto de nuestra tierra. Unicamente el raro tipo de cordillera, compuesta por Smaragdit y Sade y la cual Buch vio concentrada hasta grandes alturas sobre el Mont Rose, no los encontré en Los Andes; tampoco el oolite cretáceo (Rogenstein) y la rara mezcla de una piedra caliza de grano grueso y la serpentina (verde antico), las cuales en Asia Menor (7) y hacia el Eufrates se dicen bastante comunes. Pero sí existe sobre toda la superficie de la Tierra una identidad en la naturaleza de los tipos montañosos; no obstante es llamativa la coincidencia que hemos observado en las regiones más lejanas en cuanto a su estratificación y ordenamiento y edad de las formaciones. En todas partes, en cuanto a la estructura de los cuerpos celestes como en la construcción de las cordilleras, en la estratificación de las formaciones, como en la textura foliar de algunos fósiles, en todas partes, la naturaleza creadora se ha limitado a leyes sencillas y generales.

El granito se ha estudiado tanto por los físicos en el mundo tropical, como en las demás partes de la superficie terrestre; es la forma rocosa más antigua, sobre la cual, al parecer, descansan todas las demás. Este surge al pie de la cadena de los Andes a la luz del día, como también en la costa del mar del sur (por ejemplo entre Lima y Trujillo) y en las llanuras orientales de los ríos Orinoco y Amazonas. El granito soporta tanto las formaciones de transición de los altos lomos cordilleranos, como los estratos de los sedimentos en los Llanos. Este granito tan rico en cuarzo, que contiene poca mica, pero cristales grandes de feldespato de color rojizo-blanco, parece en los trópicos de una edad mayor que el granito de grano fino con mucha mica, cristalizada en tablas de seis lados. Pronto (y casi siempre) no estratificado, o también en yacimientos separados con rumbo regular y bajo el mismo ángulo, o pronto astillas en columnas irregulares, por la acción de grietas verticales (8), ofrece el granito de Los Andes los mismos fenómenos geognósticos como aquel de la cadena de Los Alpes europeos. Contiene también como éste aquella masa rara y rica en mica (9) que parecen como partes incrustadas de un granito más antiguo, pero seguramente sólo indican concentraciones locales de los compuestos adyacentes. La piedra Spechstein (esteatita) que (como yo lo he visto en la excelente colección de fósiles del señor Rozier en París, recogidos en Egipto y Arabia) que se encuentra en el granito de Siena, como en granito de Suiza,

nunca lo he descubierto en las montañas graníticas del Perú, Nueva Granada, Venezuela, México y sobre el alto Orinoco. De la misma manera tampoco encontré Lepidolita, la cual es parcialmente una mezcla de un granito europeo. En los granitos suramericanos es muy raro encontrar el turmalin de titanita y turmalin en general, pero los primeros, menos que los segundos. En la colección geognóstica que he enviado al gabinete real de minerales en Madrid, se encuentran hasta dendritas de titanita que encontré cerca de Caracas y los cuales analizó el señor Proust químicamente, ya que son muy parecidos a los dendritas de la braunita.

Sobrepuesto sobre el granito, al tipo de cordillera más antiguo que conocemos y a veces alternando con éste, aparece el gneis (neis) en la cordillera de Los Andes. Lentamente se transforma a los esquistos micáceos y luego como éstos en esquistos arcillosos primarios. En los trópicos del nuevo continente, los granates son más típicos del neis que de los esquistos micáceos. También en Africa, cerca de Elefantina es decir cerca del círculo de cáncer, encontró Rozier el granate siempre en el neis. En la parte meridional del Perú, que en la división político-administrativa en la actualidad pertenece al virreinato de Buenos Aires, aparece el granate hasta en el pórfido. Un pórfido así tan rico en granate envuelve la cumbre de pizarra arcillosa, tan rica en plata, en Potosí. Piedra caliza granulada, pizarra clorítica e inicialmente díabas y dioritas, forman frecuentemente en la América del Sur los yacimientos inferiores. La alta cumbre de los Andes, lo mismo como muchas cordilleras alemanas está cubierta casi en todas partes por formaciones de pórfido y de trap (10) (basalto mandelstein piedra de almendra roca volcánica compacta, pizarra porfírica y masas de fonolita casi pura. Estas raras segregaciones de enigmáticas formaciones cordilleranas dan a éstas las formas curiosas de picachos y torres (11), por los cuales son reconocibles desde lejos. El fuego volcánico irrumpe en estas rocas porfídicas de trap y se presenta un problema difícil de resolver para el geognasta, o sea, si ciertos pórfidos vitrificados con feldespato fibroso, los basaltos, las porosas piedras de almendra, y las rocas verdes de perla y obsidiana fueron formadas por el fuego, o si son tipos cordilleranos, creados anteriormente y sobre las cuales las fuerzas volcánicas ejercieron su influencia destructiva y modificadora.

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(1) Así la dirección o rumbo en la cadena de los Andes de la América del Sur como en las montañas de Venezuela y Nueva Andalucía, comúnmente compuestas por neis y esquistos marcan R 3 4/8 de la brújula de minas de Friburgo; esto quiere decir: su línea de rumbo o dirección lleva con el meridiano un ángulo de 52º contado desde el Norte hacia el Oriente. Sobre la cordillera de Fichtel y, corno lo he observado excelentemente con el Freiesleben en los Alpes occidentales de Suiza, es esta dirección, como también el buzamiento de las cordilleras primarias, igualmente muy frecuentes. En el reino de Nueva España predomina el rumbo o dirección R. 7 hasta 8. Una ley general del rumbo, dependiendo de la edad de los tipos de cordillera, el cual suponía yo antaño también, no se puede desarrollar en la parte superior de la corteza terrestre, la cual podemos observar, por el solo hecho de que los pequeños sistemas de fuerzas son desigualmente distribuidos y también en forma desigual se limitan entre sí. Pero de que el rumbo o la dirección y el buzamiento, exceptuando algunas especies de cordilleras más recientes, dependen de los grandes fenómenos cósmicos y no de las formas de las cordilleras; de esto se puede convencer fácilmente cualquier persona que haya estudiado la estructura de las grandes cordilleras en la naturaleza misma.

(2) El Chimborazo, Mont-Blanc y Mont-Perdu.

(3) En la Mámoire sur la limite inférieure de la neige perpétuelle expliqué las razones según las cuales la grande altura del Descabezado es poco probable.

(4) N. de T.: debe leerse "se extiende entre el río Cauca y valle del río Magdalena con los nevados del Tolima y Mesa de Herveo."

(5) En la montañosa provincia del Chocó.

(6) N. de T. Diabasas.

(7) También cerca de Susa, al nor-oeste de Turín) sobrepuesta a los esquistos micáceos, una muy antigua formación) poco estudiada y carente todavía de nombre propio.

(8) N. De T. Diaclasas.

(9) Observé este fenómeno en los Obeliscos y otras obras de arte egipcio que he analizado aquí en Roma. El basalto de los antiguos, del cual hablé en otro lugar (en mis observaciones mineralógicas sobre algunos basaltos del Rhin 1790), en su mayor parte no es otra cosa sino una masa parecida y rica en hornablenda, la cual supieron escoger los escultores egipcios de la sienita de Werner. Esto se reconoce claramente entre los escombros de Feldespato de los leones frente al Capitolio actual. Las enormes estatuas egipcias en el museo del Capitolio, especialmente aquella que lleva en la cabeza un adorno parecido a una torre, a una rama de palma en la mano muestran muy claro la transición del granito y sienita de Werner hacia el basalto de los antiguos. Por cierto, el basalto negro y verde de la roca oscura, por lo mismo y conjuntamente con diabasa fue antiguamente llamado Gruenstein = piedra verde. Trad.) y la sienita, encierran un pórfido hornabléndico, con cristales hornabléndicos pequeños, casi microscópicos, más Lydita y pizarra lydita (roca silícea muy dura. Trad.).

(10) Nombre con que se designaban los mineros suecos desde tiempos antiguos a rocas basálticas y diabas que no son tan cristalinas como el granito. Trad.

(11) Se llaman en el país también Farallones Trad.

 

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