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Ideas
para una geografía de las plantas
más un cuadro de los países tropicales
A. Von Humboldt Y A. Bonpland
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Reservados de Autor
CUADRO DE LA
NATURALEZA
DE LOS PAISES TROPICALES
Según
observaciones y mediciones que se realizaron entre los 10º de latitud norte y 10º de
latitud sur durante los años de 1799 hasta 1803.
Cuando se asciende del
nivel del mar a las cumbres de las altas cordilleras, cambia poco a poco la fisonomía de
la superficie y los fenómenos físicos del círculo atmosférico. La vegetación de la
llanura se pierde bajo las plantas alpinas de variada formación. A los árboles altos de
los bosques siguen arbustos bajos con ramas torcidas; a éstos siguen hierbas olorosas,
cuya superficie suavemente lanuda está ocupada por tubos de succión articulada. Más
arriba, en alturas con escaso aire, crecen en sociedad los pajonales y luego con las
praderas o pajonales monótonos, linda la región de las plantas criptógamas. Especies de
líquenes están enterradas aquí solitariamente bajo la nieve perpetua, e indican el
límite superior de las creaciones orgánicas. Con esta visión del manto vegetal cambian
también las formas de los animales. Distintos son los que viven en los altos y umbrosos
bosques de las llanuras bajas, otros en las llanuras herbáceas de los Alpes, a las cuales
perpetuamente riega la nieve que se derrite, abundante en oxígeno
(1).
Aún la roca la masa no
orgánica del cuerpo terrestre cambia su naturaleza, mientras más se eleva por encima de
la superficie del mar.
Frecuentemente se
encuentran las tardías formaciones que cubren el granito sólo hasta cierta altura, y la
cumbre está compuesta de la misma roca primaria, sobre la cual al parecer descansan todas
las demás especies de cordilleras; por lo menos, hasta la profundidad que han alcanzado a
penetrar los hombres hasta el presente. Frecuentemente, aún sobre el mismo alto dorso de
la cordillera, está el granito escondido bajo nuevas formaciones. En rocas elevadas
cuatro mil metros sobre el actual nivel del mar (2053 toesas), se encierra un mundo
de conchas pelágicas y corales petrificados. Cúpulas basálticas perlita, obsidiana y
rocas porfíricas pizarrosas de formas grotescas, se encuentran aquí y allá dispersas
sobre la cumbre de la Cordillera. Su existencia presenta a la geognóstica problemas
difíciles para resolver. Pero no solamente las plantas, los animales y las rocas; aún el
mismo circulo atmosférico, la mezcla de líquidos en estado gaseoso que envuelven la
tierra y cuyo límite superior nos es desconocido, aún esta misma envoltura atmosférica,
ofrece diferencias llamativas, según y como se vaya uno alejando de las llanuras bajas.
El calor y la presión disminuyen mientras que la sequía y la tensión eléctrica
aumentan. El color azul del cielo se torna más profundo y oscuro mientras más se gana en
altura. La altura del lugar de ubicación modifica a un mismo tiempo la disminución del
peso, el grado de calor del agua hirviendo, la intensidad de los rayos solares y su
refracción. Aun tan inmensamente pequeña comparada con el diámetro de la tierra, como
es la dimensión cortísima al alejarnos del epicentro del esferoide sin embargo esta
distancia ya es suficiente para transportamos al ambiente de una nueva creación y hacemos
experimentar diferencias mayores en los productos naturales y en el clima, de lo que
pudiera ofrecernos un cambio considerable entre latitudes geográficas.
Estas diferencias son
ciertamente propias de todas las zonas donde la naturaleza ha formado altas cadenas
montañosas; sin embargo están menos destacadas en las regiones templadas, que bajo el
Ecuador donde el lomo de las cordilleras se eleva de cinco hasta seis mil metros (2565 hasta
3078 toesas) sobre la superficie del océano y donde cada altura tiene su propia e
inmodificable temperatura. Ciertamente se encuentran en la cercanía del Polo Norte
montañas cuya altura puede ser poco menor que la de los colosos montañosos del reino de
Quito, y cuya existencia parece a primera vista desfavorable a la creencia de que la
rotación de nuestro planeta tuvo influencia en la concentración de las masas montañosas
en los trópicos. El monte Elias sobre la costa Nortste de Norte América sobre 60º21'
latitud norte se eleva a una altura de 5441 metros (2792 toesas), el Pico de Buen Tiempo
-Mount Fairweather- 4663 m. alcanza allá la misma altura de 4448 metros (2504 toesas). En
nuestras latitudes medias sobre 450 el Mont-Blanc tiene 4750 metros (2440 toesas) y yo
creo que se debe considerar como el pico más alto del viejo continente, hasta cuando no
sean medidas las montañas de Pue-Koachim
(2)
(quiere decir la tierra nevada septentrional, Tibet) y las cordilleras nor-occidentales de
la China, las cuales, según los mitos, son más altas que el Chimborazo.
Pero sobre los 45º y
47º, latitud norte en la zona templada, baja el límite inferior de la nieve perpetua,
que al mismo tiempo es también casi el límite de toda la vida orgánica, hasta los 2530
metros (1300 toesas). Para poder desarrollar aquí la naturaleza, la abundan da de las
diferentes formas de los animales y de las plantas y la diversidad de los fenómenos
meteorológicos, le queda en nuestras regiones templadas sobre las vertientes de las
montañas apenas la mitad del espacio, que ofrecen los trópicos, en donde en las
cordilleras la vegetación apenas desaparece a una altura de 4790 metros (2460 toesas). En
las cordilleras de las regiones nórdicas, durante el verano la dirección oblicua de los
rayos solares, más la desigual duración del día
(3)
hace subir de tal manera la temperatura del círculo atmosférico, que la diferencia del
calor en la llanura y en la altura de 1500 metros (750 toesas) frecuentemente es
insensible: por lo mismo se encuentran muchas plantas que crecen al pie de nuestros Alpes
también sobre las cumbres de los mismos; las noches frías del otoño no destruyen su
organización. A la misma disminución de temperatura también estarían expuestas estas
plantas unos meses más tarde en la llanura baja. Algunas plantas de montaña de los
Pirineos y de la Cordillera Nevada del Sur de España (Sierra Nevada de Granada) inmigran
hasta muy abajo en los valles de esta. Allá encuentran su calor, el cual también
hubieran experimentado aun por tiempo más corto, en lugares más altos.
Pero bajo los círculos
tropicales en contraste, en una altura vertical de 4800 metros (2400 toesas) sobre sus
vastas tierras montañosas, que se extienden desde la aglomeración de plátanos en la
llanura a nivel del mar hasta la nieve perpetua, siguen los diferentes climas como
estratos el uno sobre el otro. En cualquier altura el calor del aire sólo experimenta
cambios sin ninguna importancia. El peso de la atmósfera, su carga eléctrica, su
humedad, todo está sujeto a cambios regulares y periódicos, cuyas leyes no modificables
son más fáciles de descubrir,
ya que todos estos
fenómenos no son tan complicados y son menos ocultos en sus perturbaciones. De esta
situación se deduce que en los trópicos, cada altura tiene sus propias condiciones y que
estas condiciones determinan una tan gran variedad de formas orgánicas, donde en los
Andes peruanos, por ejemplo, una vertiente de 1000 metros ofrece una mayor variedad de
productos naturales, que una superficie cuatro veces más grande en la zona templada.
Yo me atreví a
bosquejar un cuadro físico de los países equinocciales. He intentado ordenar todos los
fenómenos que abarca la superficie terrestre y del círculo atmosférico desde las costas
del océano Pacífico hasta las cumbres de la Cordillera.
Este mismo cuadro
abarca:
Vegetación;
Animales;
Situación
geognóstica;
Agricultura;
Calor del aire;
Límite de la nieve
perpetua;
Tensión eléctrica de
la atmósfera;
Disminución de la
gravitación;
Densidad del aire;
Intensidad del color
azul del cielo;
Debilitamiento de la
luz a su paso por los estratos del aire
Quiebra o refracción
de los rayos sobre el horizonte y el grado de
calor de la ebullición
del agua en las diferentes alturas sobre el nivel
del mar.
Para poder comparar los
fenómenos de los países tropicales con aquellos de la zona templada, se deben tomar en
cuenta todavía otras situaciones, como por ejemplo:
Altura de las montañas
en diferentes regiones del mundo, más las distancias bajo las cuales serían visibles sin
la quiebra terrestre de los rayos (refracción).
Este cuadro de la
naturaleza abarca, pues, todos los fenómenos de los cuales me he ocupado durante mi
expedición durante cinco años en los países tropicales. Contiene los resultados
principales de mis trabajos, los cuales voy a desarrollar más detalladamente en los tomos
que publicaré más adelante. Una descripción de la naturaleza así de esta manera, de
los climas ardientes, no me parece solamente interesante en sí, para el físico
empírico, sino que me estoy lisonjeando al pensar que podría volverse especialmente
instructiva y fértil por las ideas que podría despertar en los espíritus de aquellos
que tuvieran sentido para las ciencias naturales generales y que busquen las
interrelaciones de las fuerzas. En el gran entrelazamiento de causas y consecuencias,
nunca se debe analizar ningún frusterio aisladamente. El equilibrio, que reina dentro de
las perturbaciones de los elementos aparentemente opuestos entre sí, éste equilibrio es
el resultado del juego libre de las fuerzas dinámicas; y una visión completa del objeto
final de todos los estudios físicos, sólo puede lograrse no descuidando ninguna fuerza,
ninguna creación de formas, y así preparando un campo amplio y promisorio para la filosofía
de la naturaleza.
Si tengo la esperanza
por un lado de que mi cuadro de la naturaleza pueda despertar ideas no sospechadas
en aquellos que no temen el esfuerzo de estudiar la ordenación de muchos hechos; creo
también por otro lado, que mi ensayo sería capaz de activar la fuerza de la imaginación
y suministrar a ésta un goce que resulta de la observación de una naturaleza tan
maravillosamente grande, muchas veces espantosa, pero siempre benévola. Esta abundancia
de las formas orgánicas, distribuidas por familias sobre la áspera vertiente de la
cordillera, este paso del vigoroso crecimiento de los bosques de las palmas y de las
heliconias, rebosantes de la savia vital, hacia la vegetación escasa de los pajonales
siempre cubiertos por las nevadas; estas formas de animales y plantas determinados en cada
altura de las montañas por el clima y la presión atmosférica; este manto brillante de
la nieve el cual fija al organismo fronteras no franqueables, pero este límite está
opuesto bajo el Ecuador unos 2200 metros (1100 toesas) más arriba que en la zona
templada; el fuego subterráneo alimentado por fuerzas y materias desconocidas, de pronto
irrumpe en pequeñas llamas como en el Vesubio; de pronto en volcanes cinco veces más
altos como en la cumbre cónica del Cotopaxi; aquellas conchas marinas que admira el
habitante de las montañas muchos miles de metros por encima del nivel del mar y las
cuales le recuerdan las catástrofes del mundo antiguo, y por fin aquellas solitarias
regiones atmosféricas hacia las cuales induce al aeronauta
(4)
el valor atrevido y el noble deseo del saber; todos estos
objetos que están reunidos en el "Cuadro de la naturaleza", sin duda son
capaces de ocupar en forma múltiple la fantasía y formar en ella nuevos conceptos y
conclusiones. Visto de este modo, podría provocar a un mismo tiempo una descripción de
la naturaleza de los trópicos, el deseo del saber y la fuerza de la
imaginación, e
incitar, aun aquellas para el estudio de la física, a los cuales hasta entonces había
sido cerrado este manantial del rico goce intelectual.
En cuanto estoy
desarrollando estas ideas no hablo tanto del trabajo que ofrezco en esta obra, sino más
bien de las probabilidades del desarrollo que veo posible para un cuadro de la naturaleza
de los países equinocciales. El presente ensayo necesita de la benevolencia del público,
y esto mucho más si se consideran las ocupaciones heterogénicas bajo las cuales fue
elaborado. Si los nuevos ensayos, para los cuales me estoy preparando y que requieren
ambiente y tranquilidad, pueden realizarse, entonces espero poder dar a este "cuadro
de la naturaleza" una mayor integridad; ya que los mapas botánicos van a tener el
destino de las llamadas geográficas y acercándose a la perfección lentamente, con base
en el aumento del número de observaciones y mediciones exactas.
El primer bosquejo de
este trabajo lo desarrollé sobre la costa del mar del sur, en el puerto de Guayaquil en
el mes de febrero de 1803, cuando regresé de Lima, preparando mi navegación hacia
Acapulco. En seguida envié una copia de este bosquejo al señor Mutis en Santa Fe de
Bogotá. Este excelente botánico con el cual he vivido en las relaciones más amistosas,
hubiera sido capaz, más que cualquier otra persona, de corregir mis observaciones y
ampliarlas con las suyas propias. Durante 40 años ha viajado este científico por el
reino de la Nueva Granada, examinando las plantas tropicales en todas las alturas, en las
secas y arenosas llanuras de Cartagena, sobre las bellas orillas del río Magdalena, así
como sobre las lomas de Turbaco donde la Gustavia augusta, la Nectandra
sanguinea y los troncos enormes del Anacardium caracolí, forman una densa
espesura. Durante muchos años vivió el señor Mutis en las altas llanuras de la
Cordillera de Pamplona y Mariquita, otros, al pie de la vertiente oriental de la
Cordillera Central, cerca de la pequeña ciudad de Ibagué, un lugar que también a mí me
es inolvidable por su aire suave, abundante vegetación y por las pintorescas vertientes
de las montañas. Ningún otro botánico tuvo más oportunidades de hacer importantes
observaciones sobre la geografía de las plantas, ya que durante la recolección de éstas
siempre efectuó mediciones altimétricas y que ha escalado muchas veces las altas cumbres
de las cordilleras; cumbres sobre las cuales la Escallonia myrtilloides, Wintera
granatensk, y la siempre floreciente Befaria, la rosa de los alpes del mundo
tropical, cubre la roca desnuda.
También el señor
Haenke, quien acompañó al desgraciado Alessandro Malaspina en su navegación, debe tener
muchos materiales para un trabajo como el mío. Durante diez años ya, recorre con afán
incansable la cordillera andina de Cochabamba, un ramal, que une las cordilleras de
Potosí con las montañas del Brasil. Observaciones no menos importantes para la
geografía de las plantas recolectaron seguramente los señores Sesse y Mociño, los
cuales acaban de regresar a Europa desde la Nueva España, cargados con tesoros vegetales.
Ellos trabajaron en su país donde la vegetación se eleva de las costas ardientes de
Vera-Cruz y Yucatán hasta la nieve perpetua de los volcanes, el Sitialtepeti (pico de
Orizaba) y al Popocatepeti. Pero desgraciadamente mi estadía en México y en los Estados
Libres de América del Norte, me impidieron entrar en contacto con estos sabios botánicos
y aprovechar sus consejos en la elaboración del cuadro de la naturaleza.
_______
(1) Sur I'analyse et
l'air atmosphérique, par Hurnboldt et Gay Lussac, p. 34. E aire que se desarrolla
hirviendo el agua obtenida de la nieve, es más rico en oxígeno que el aire atmosférico,
pero no que el aire del agua lluvia y de los nos.
(2) Relación del viaje
por Galetas, Sutil y Mexicana en el año 1 792 para reconocer el Estrecho de Fuca (por Don
Dionisio Galeano y Don Cayetano Valdés) pág. 122.
(3) N. de J. Sol sobre
el horizonte.
(4) El ensayo del
señor Gay-Lussac en septiembre de 1804.
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