Ideas para una geografía de las plantas
más un cuadro de los países tropicales
A. Von Humboldt Y A. Bonpland
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MEMORIA DE CALDAS

SOBRE LA NIVELACION DE LAS PLANTAS QUE SE CULTIVAN

EN LA VECINDAD DEL ECUADOR (1)

En todos los pequeños viajes que he podido verificar dentro del Virreinato de Santa fe, mi primer cuidado ha sido observar la elevación, la calidad y los límites a que está reducido el cultivo de las plantas útiles y de que depende nuestra subsistencia. Desde 1796, en que comencé a ver estas cosas con reflexión, hasta hoy (Abril de 1803), he recogido un número considerable de observaciones y de hechos; los he comparado he ordenado este material, y creo que ya puedo sacar algunas consecuencias generales. No es una obra acabada la que presento:

conozco que estamos muy distantes de la perfección, que nos faltan hechos y que no tenemos el número necesario de observaciones para dar la última mano a la nivelación de las plantas que se cultivan en la vecindad del ecuador. Esta ciencia, de que apenas existe el nombre, debía ser el primer objeto de nuestros viajeros y de los hombres observadores que viven en los diferentes pueblos del Virreinato: la utilidad y las ventajas que sacaría nuestra agricultura de este género de trabajos son conocidas de todos y por tanto no necesito entrar en un pormenor circunstanciado.

La lámina adjunta (2) representa un corte de todo el terreno a que se extienden mis observaciones: comienza desde la 4º 36' de latitud boreal hasta 0º de latitud austral; es decir, desde Santafé hasta Quito. Las distancias horizontales de los diferentes puntos que comprende se hallan disminuidas considerablemente, porque se necesitaría una extensión inmensa para representar doscientas leguas bajo la misma escala que las elevaciones sobre el mar, de las cuales la mayor no excede de 2.400 toesas. Se ha dado mayor extensión a los países cultivadores y se ha estrechado cuanto ha sido posible en aquellos en que se descuidan o no producen las plantas que hacen el objeto de esta Memoria. Así se ven el valle de Neiva y el de Patía sumamente reducidos, y las cercanías de Santafé, Popayán, Pasto Pastos, Ibarra, Quito, ocupando un espacio considerable. De la alteración de las distancias horizontales nace inevitablemente la de la conformación de las montañas; y no se debe esperar en esta parte otra cosa que una imagen imperfecta o una sombra de lo que en realidad existe. Tan libre en disminuir y ensanchar las distancias como escrupuloso en conservar el nivel, presento los pueblos, las montañas y los valles en su verdadera elevación. Supongo con Bouguer y con Humboldt que el mercurio se sostiene en nuestras costas de 28 pulgadas a 28 y 2 líneas; y despreciando las pequeñas fracciones que resultan de los trabajos de estos sabios viajeros, sostengo la de 28 pulgadas justas al nivel de nuestros mares. De pulgada en pulgada barométrica se ve una línea horizontal paralela a la primera, y de este modo represento las diferentes capas de aire o las zonas de que se compone la atmósfera. Estas van aumentando su anchura a proporción que se elevan, en razón y bajo la ley de las diferentes dilataciones del aire. Entre línea y línea se ve un número que expresa las toesas que es necesario subir para que baje una pulgada el mercurio en el barómetro, o lo que es lo mismo, el número de toesas que tiene de altura cada capa del fluido atmosférico.

Bien pudiera haber calculado directamente la elevación de cada punto sobre el mar, valiéndome de la reciente determinación de la altura del mercurio en las costas del Pacífico por Humboldt y de la fórmula perfeccionada por Tralles, de que usa este sabio, y que debo a su bondad; pero he preferido otro camino, que reúne la exactitud suficiente en estas materias a la facilidad. La elevación de Quito nos es bien conocida por los trabajos de los académicos del viaje al ecuador, y sobre ella nada han alterado las indagaciones posteriores de Humboldt he tirado pues una línea de puntos a 1.460 toesas sobre el mar, y he calculado relativamente a ella la altura o depresión de los diferentes puntos que comprende esta nivelación. Me he servido para esto de la fórmula simplísima de Bouguer (3), que da una precisión superior a la que se necesita.

En toda la extensión de terreno que abraza esta nivelación no se cultiva el trigo sino desde las 22 pulgadas del barómetro o desde 1.112 toesas sobre el mar. Desde este nivel hacía abajo no se vuelve a ver en nuestros campos esta preciosa planta. He tirado una línea, compuesta de otras pequeñas inclinadas, para hacerla más notable, y la he llamado línea del término inferior del trigo.

Se cree este término le ha puesto la preocupación de nuestros primeros agricultores, de quienes la hemos recibido y perpetuado sin reflexión; y bajo este concepto se nos aconseja que bajemos el cultivo del trigo hasta las costas, y se nos anuncian grandes ventajas. Pero ¿está fundado este parecer? ¿Tenemos motivo para esperar los bienes que se nos ofrecen? He aquí unas cuestiones que merecen examinarse.

Si solo consultamos a nuestra razón, no hay duda que miraremos este límite inferior del cultivo del trigo como una preocupación generalizada en el Reino. Sabemos que en Europa, de donde fue transportada esta planta por los españoles, se cultiva en unas elevaciones cortísimas y casi sobre la costa; que la vegetación se aumenta y acelera en razón del calor y de la humedad, y que el trigo, lejos de prosperar en el gran frío, se deteriora hasta el punto de ser absolutamente inútil para el sustento del hombre. Los conquistadores lo sembraron, y recogieron cosechas abundantes en los primeros puntos de nuestro Continente, de que tomaron posesión, y no aguardaron a apoderarse de los países elevados de Leiva, Bogotá, Pasto y Quito para cultivarlos. Es pues cierto que Cartagena, Santa Marta, Caracas, como Quito y Bogotá, han producido este precioso grano que hoy vemos reducido a límites bien estrechos; tal vez, como de maíz; recogieron nuestros mayores dos cosechas al año en los climas ardientes, en lugar de la única que conseguimos nosotros en los templados. la historia y la razón de concierto parece que reprueban la práctica presente, y que autorizan el cultivo del trigo en los palo bajos y calorosos. Pero si en lugar de meditar y de leer nos acercamos a esos hombres virtuosos y sencillos, que manejan mejor el arado y la anda que los libros; a esos eternos observadores de la naturaleza, que viéndola constantemente y de cerca, la conocen mejor que los filósofos, que solo miran por intervalos y de lejos, hallaremos que la práctica que observan es la mejor que se puede establecer en nuestros países, que nuestros raciocinios son errados y nuestras reprensiones injustas, y recibiremos esta lección importante y humilladora de nuestros discursos, cuando no están apoyados sobre buenas observaciones: en materia de cultivo más se ha de atender a los hechos que a la filosofía.

El moho o sarro que nosotros conocemos con el nombre de polvillo, esta terrible enfermedad de la más bella de las mieses, es la que ha obligado a nuestros labradores a retirarse de las costas y a elevarse a 1.112 toesas sobre el mar. Los juiciosos Targioni o Fontanoa han hecho ver al mundo sabio que el polvillo no es otra cosa que una planta parásita, semejante al musgo, que multiplicándose prodigiosamente como toda planta microscópica, ataca la caña y la espiga del trigo, le roba los jugos que iban a alimentar el grano, le debilita y le mata. La humedad y el calor, al mismo tiempo que favorecen el aumento y lozanía del trigo, favorecen la vegetación de esta planta invisible y destructora, y una larga experiencia, verificada en todos los lugares, nos enseña que la calma y una atmósfera tranquila son muy favorables a su reproducción. Nosotros sabemos que los lugares bajos de nuestro continente son muy húmedos, ardientes y poco ventilados, y por consiguiente mis favorables a la vegetación del polvillo. Si ganamos algo sobre el trigo en estos países, todo lo perdemos aumentando las fuerzas y el número de sus enemigos. No hace cincuenta años que los campos de los alrededores de Popayán, al nivel de 22 pulgadas 11 líneas del barómetro, o a 940 toesas sobre el mar, estaban cubiertos de trigo de excelente calidad; pero el polvillo obligó a sus habitantes a elevar más sus labores, huyendo de esta planta desoladora de sus cosechas. Lo que ha sucedido en Popayán y lo que precisó a sus labradores a subir un poco sobre su nivel, fue lo que desterró de Neiva, Patía, Cali, Antioquia, Cartagena, etc., el cultivo del trigo. La necesidad, pues, los tristes efectos de un musgo microscópico y no la preocupación, ha establecido y fijado el término inferior del cultivo de esta mies preciosa: seamos más circunspectos en nuestras reprensiones, respetemos las prácticas establecidas, y no nos dejemos arrebatar del furor de filosofar abandonando la experiencia.

A pesar de todo esto, es de desear que en los lugares bajos, en aquellos en que la humedad no es considerable, en que reinan los vientos la mayor parte del alo, en que los bosques se halla retirados, se hiciesen algunas tentativas. Yo creo que en los llanos dilatados de Neiva se hallan reunidas las circunstancias favorables, y que tal vez se conseguirían conchas abundantes de buen trigo.

Si al sarro o polvillo ha establecido el término inferior del cultivo del trigo, la naturaleza ha prescrito el superior: todo terreno cuya elevación exceda de 19 pulgadas 9 líneas del barómetro, o 1.550 toesas sobre el mar, produce un trigo cuyas harinas negras y amargas son casi inútiles para nuestro sustento. He tirado una línea en esta elevación, semejante a la primera, y la llamo término superior del cultivo del trigo.

La espaciosa y elevada llanura de los Pastos, en que existen muchos pueblos de la Gobernación de Popayán y de la Presidencia de Quito, toca con este término, y sus trigos son los peores que se conocen. Los labradores de estos lugares casi han abandonado su cultivo, ateniéndose al de la cebada, que prospera en ellos con la mayor felicidad. En la cordillera a cuyo pie está Popayán, se observa que los trigos de Buenavista, Poblazón, Coconuco, Puracé y Hatofrío, son mejores que los de las partes más elevadas; y que subiendo más vuelve a hallarse el trigo de la calidad del de los Pastos, negro, amargo e incapaz de servir al hombre de alimento. Es verdad que la planta vegeta en alturas más favorables; pero el labrador ve frustradas todas sus esperanzas, y se halla obligado a respetar este limite prescrito por la naturaleza.

Está pues el cultivo del trigo en nuestros países confinado a una zona de 438 toesas de altura; que comienza a 1.112 toesas sobre el mar, y acaba a las 1.550. En esta pequeña zona los vientos son frecuentes, por no decir continuos, la humedad es infinitamente menor y los bosques se disminuyen, circunstancias necesarias para conseguir buen trigo; esta es la pequeña región que hallo favorable en nuestro clima a esta planta, dón el mas precioso que ha hecho el Antiguo Continente a la América. Si queremos salir de estos limites, si la queremos salir de los países afortunados que ha elegido con preferencia, la exponemos a muchas enfermedades y a la muerte; y a nosotros, privados de este alimento principal, a la miseria.

El trigo no vegeta con utilidad en la vecindad del ecuador sino a 1.112 toesas de altura; en España por los 40º de latitud boreal, sobre la costa, y casi a la misma elevación en Chile. ¿Descenderá este término en razón del aumento de la latitud? ¿Formará una curva cuyos extremos estén en la superficie del mar, por 3500400 de latitud, y a 1.112 toesas de altura bajo de la línea? Nuestros conocimientos son muy limitados en esta parte; las observaciones barométricas con relación a los frutos de la tierra apenas existen; mis viajes todavía no exceden de doscientas leguas; jamás he pasado de 4º 36' de latitud; no conozco sino una pequeña parte del pan cuadro; el velo apenas se levanta por un ángulo, dejando en tinieblas lo restante. Puede ser que multiplicándose los viajes y las observaciones en nuestro continente, se llenan los grandes vacíos, estas lagunas inmensas, que al mismo tiempo que nos humillan, reprendan nuestra ignorancia y nos animen a trabajar.

A proporción que nos separamos del término superior hacia abajo, hallamos que los trigos se van mejorando por grados insensibles hasta cierto punto, del cual comienzan a degradarse en calidad hasta que el polvillo arruina absolutamente nuestras conchas en el término inferior. Yo he haIlado con admiración que el nivel de los trigos mis excelentes está casi en el centro de la zona de su cultivo, tan distante del término superior como del inferior; y he tirado una tercera línea, que llamo término de los mejores trigos Los trigos de la explanada de Santafé, Tunjuelo, los de Cuarchú y Pesillo, son buenos; mejores los de Tupigachí, Tabacundo y Cayambe, excelentes los de Chapacual y Pasto; comienzan a deteriorarse por grados insensibles en Otavalo, Buenavista, Poblazón, Coconuco, etc., hasta que en el vado inferior desaparecen por el sino. Es preciso convenir en que esta ley que acabamos de establecer admite muchas modificaciones; que influyen sobre en la humedad, la situación local del terreno, la calidad de este, su proporción para las corrientes de aire, la abundancia o falta de lluvias y demás meteoros, con otras muchas que pudiéramos alegar. Pero cualquiera que viaje con el barómetro en la mano, que observe, que recoja hechos y los compare, convendrá en que hay principios generales inalterables, que hay un plan, una escala universal constante en la bondad de las harinas; y que, si alguna vez se halla alterada la ley, proviene de causas parciales, locales y transitorias.

El trigo me ha merecido el mayor cuidado, aunque no he despreciado los otros frutos que contribuyen a nuestra subsistencia. He tenido ocasiones multiplicadas de observar toda la extensión de la zona del cultivo del trigo, y de pasar sus limites en ambos sentidos; esto me ha puesto en estado de hablar con ml conocimientos de la nivelación de esta planta, que de las demás que siguen.

En donde comienza a prosperar el trigo con utilidad del labrador, acaba la vegetación del plátano (musa).

La especie que conocemos con el nombre de guineo (musa paradisiaca) es la que más se eleva, y toca en el término inferior de la zona del trigo. En los lugares en que vegeta el guineo con la mayor lozanía, apenas se consiguen muy medianos los que llamamos dominicos (musa sapientum). Pero la zona de este fruto delicioso, de este recurso inagotable del hombre dentro de los trópicos, es mucho más extensa, y no conoce otro límite por la parte inferior que las aguas de los mares; él se halla esparcido indistintamente en 1.112 toesas de espacio perpendicular sobre el Atlántico y el Pacífico; su calidad se mejora en razón inversa de la altura, y se deteriora en la directa.

Si el plátano, o el guineo, no se ve en ninguna parte al lado del trigo, la caña de azúcar (saccharum officinarum) pasa el termino inferior del cultivo de aquél. Yo he visto en un mismo terreno estas dos plantas útiles, y bajo de un mismo techo el molino del trigo y el ingenio o trapiche. En Quitumba y Santiago, cerca de Ibarra, se cultiva la caña de azúcar asociada con el trigo. El lugar más elevado en que he hallado esta planta, origen de nuestros placeres inocentes y también de nuestros vicios, está a 1.144 toesas sobre el mar; este es su término superior; y semejante al plátano, extiende hasta el océano su domicilio, y se mejora y deteriora en la misma proporción. La papa o patata. (solanum tuberosum), el dón más precioso, según la expresión de Bomaré, que ha hecho la América al Antiguo Continente, se cría en las fina grandes elevaciones del globo. A todas partes a donde el hombre ha subido su industria, le ha seguido esta planta benéfica. Menos delicada que el trigo, no ha temido los rigores del frió ni los hielos eternos de la Zona Tórrida, y no conocemos hasta dónde llega su resistencia; quién sabe si, como el musgo lichenés y demás criptógamas, producirá con utilidad y lozanía en el término superior de la vegetación de nuestro globo bajo de la línea. Si no conocemos los limites de la región que ama la papa con preferencia, sabemos que el inferior ni pisa de los países medianamente templados: de 24 pulgadas barométricas hacia abajo no se vuelve a ver esta planta preciosa, y está confinada dentro de 747 toesas sobre el mar, y el término de las nieves perpetuas entre los trópicos.

La cebada (ordeum distichu), que en los países elevados representa el papel que el plátano en los templados y ardientes, socorriendo las necesidades del hombre, como este tiene por abajo los limites del trigo; pero el término superior se eleva mucho más, y como la papa, sigue al hombre a las mía grandes elevaciones.

La yuca (jatropha mannioc), fiel compañera del plátano, le sigue a todas partes, mejorará y se deteriorará con él, y tiene los mismos limites su vegetación.

El cacao (Theobroma), el patrimonio de Guayaquil, Cúcuta y Timaná, la planta que suministra el fondo de la bebida más deliciosa, y de que parece aún no ha abusado el hombre, está confinado en los países ardientes y húmedos de nuestro continente. La mayor elevación en que le he hallado es a las 25 pulgadas del barómetro, o 475 toesas sobre el mar; este número expresa la altura de la zona a que está reducido su cultivo, comenzando a contar desde la costa.

El más (zea maíz), el grano mía importante del nuevo mundo, y sin contradicción más útil que el trigo y la cebada, es también la planta cuya vegetación nene limites mía extensos. No teme el frío como el plátano y la caña de azúcar, ni el calor como la papa; se le ve tanto al lado del trigo y la cebada en los pueblos elevados, como al del cacao y yuca en los ardientes; en todos los lugares donde hay hombres hay maíz. Desde Riobamba, la población mía elevada que conocemos, hasta Cartagena y Guayaquil, en todas las temperaturas posibles, en todas las presiones atmosféricas, nos acompaña esta planta preciosa, este recurso de nuestras necesidades, esta fuente inagotable de composiciones deliciosas y variadas. Sobre la costa, en donde el hombre no ha podido connaturalizar el trigo, o mía bien en donde un enemigo poderoso no le permite habitar, produce dos veces al año, y se eleva su caña a cinco o seis Varas; en los países templados no se eleva tanto, y su fruto viene a los ocho meses; en los fríos y elevados apenas sube a una vara, y aún menos, y no viene sino a los doce o trece meses. Es tan constante esta ley, que el maíz puede muy bien indicar por aproximación el grado de temperatura y la elevación del suelo, por el tiempo que dilata en producir y por la altura de su caña.

Este objeto es vasto; un hombre solo no puede poner en él la última mano; se necesita del auxilio de muchos, y una serie de años dilatada para que nos podamos lisonjear de tener una nivelación completa de todos los frutos que cultivamos. ¿Qué diremos de la nivelación de todas las plantas que produce nuestro suelo? Estoy seguro de que pasaran muchas generaciones antes que la Botánica pueda señalar los limites a que está confinado cada vegetal. Yo presento este pequeño ensayo de los principales frutos que sirven para nuestra subsistencia, como un borrón imperfecto que es preciso perfeccionar. tas alturas que establezco como limites de la vegetación de las plantas que nombramos, no son invariables, son solamente los resultados de mis observaciones en la corta extensión de doscientas leguas. Cuando nuevas observaciones y nuevos viajeros nos den m’a luces, tal vez nos veremos precisados a alterar los limites que prescribimos. Entretanto, espero se reciban estos pequeños trabajos con bondad y como el fruto de la aplicación de un hombre que ama a las ciencias y a su Patria.

Quito, abril de 1803

Tabla

De las alturas del barómetro en los principales puntos de esta nivelación, con el número de toesas que cada uno de ellos está bajo o sobre el nivel de Quito; el signo + indica que el lugar excede de elevación a esta ciudad y el - lo contrario.

Ver tabla

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(1) Esta Memoria se publicó en 1896 en los Anales de Ingeniería, y hasta entonces parece que estaba inédita; fue luego reproducida en la Revista de la los Instrucción Pública en 1897. Se halla manuscrita en la Biblioteca Nacional. (E.P.).

(2) La falta de la lámina está suplida en gran parte por la tabla de alturas barométricas y en toesas de los principales puntos de la nivelación, que se encuentra al fin de esta Memoria. (Nota de los Anales de Ingeniería).

(3) Sea:

         (a) La altura del mercurio en Quito.

         (b) La altura del mercurio en un punto cualquiera con (+ ) más, o con (-) menos, según sea                   mayor o menor que la de Quito.

         (d)  La diferencia.

(x)  Número de toesas de más o menos, sobre o bajo Quito.

                                                            d

Log.a-log.b=d;o bien long.b-long.a=d; d - = x toesas

                                                           03.

Ejemplo:

Altura del mercurio en Chinguiltina = 247,31; long. 2.3932

Altura del mercurio en Quito 2431;                 long. 2.3856

Diferencia, toesas                                                       76

76

     = 2 toesas 3.2 pies

30.

76 t. - 2 t. 3.2 p = 73 toesas 2.8 pies. Chinguiltina bajo el nivel de Quito.

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