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Ideas
para una geografía de las plantas
más un cuadro de los países tropicales
A. Von Humboldt Y A. Bonpland
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Reservados de Autor
LA FILOSOFIA DE
ALEJANDRO DE HUMBOLDT
POR:
ADOLF MEYER.ABICH
Existen en América
ocho ciudades, tres distritos, un golfo y una corriente de mar, un río, dos cumbres, una
montaña y cuatro parques naturales, que llevan el nombre de Humboldt. Antes y después de
él, ha habido muchos excelentes exploradores e investigadores científicos del Nuevo
Mundo, y sin embargo ninguno de ellos ha sido considerado digno de este singular aprecio.
¿Cuál es la razón de que únicamente en Alejandro de Humboldt recayese distinción tan
extraordinaria? Considero que han concurrido tres motivos diferentes para atribuirle su
posición sobresaliente en la historia cultural y espiritual de las Américas. En primer
lugar, el encanto que se desprende de su distinguida y noble personalidad, suma de
auténtica aristocracia y universal sabiduría que raras veces se ha dado en la historia
de las ciencias. En segundo lugar, el haberse realizado en Humboldt una vez más lo que se
llama "una hora astral" de la historia, es decir, la aparición del hombre del
momento en su correspondiente coyuntura histórica, "al cumplirse el tiempo",
como dice la Biblia. Humboldt llegó a América en el preciso instante en que este nuevo
mundo se abría para ser investigado científicamente, y así vino a ser "el segundo
descubridor", no sólo de Cuba
(1)
,
sino de toda la América equinoccial. Sin embargo, estos dos motivos no son suficientes
para explicar el alto prestigio de Humboldt. Más importante para justificarlo me parece
el hecho, único en nuestro campo de estudios, de que sus investigaciones científicas
estuvieran siempre presididas por una filosofía cósmica del globo terrestre. Conocer
esta filosofía de Humboldt significa, por consiguiente, un mejor entendimiento de toda su
obra científica en la América tropical.
Si podemos resolver
problemas científicos bajo la dirección de ideas filosóficas universales que satisfacen
nuestros supremos ideales de conocimiento, obtendremos resultados bien fundados y
sistemáticamente demostrados. Ciencia sin filosofía no es nada más que emprimo crudo
sin supremo valor científico. Un buen ejemplo de lo dicho nos lo da la geografía misma,
que antes de Humboldt no era más que una colección de datos sobre hechos más o menos
curiosos e interesantes sin ninguna columna vertebral lógica, sin la más mínima
calificación axiomática de sus problemas. La geografía científica moderna empieza con
las famosas monografías de Humboldt sobre México y Cuba. Aquí encontramos por primera
vez una sistematización bien considerada de los problemas geográficos llevada a cabo por
una congenial filosofía geográfica.
Esta idea de una
filosofía geográfica acompañó a Humboldt a lo largo de toda su vida y se realizó en
cada una de sus numerosas y tan diversas obras científicas. Cuando sólo contaba
veintisiete años, más de dos antes de emprender su gran viaje americano, definió el fin
supremo de su actividad científica en una carta dirigida a su amigo Pictet, diciendo:
"Je concus l'idée d'une physique du monde"; y también antes de partir hacia
América, en una carta de despedida, escrita en 1799 desde Madrid a su amigo, el barón de
Mol, caracterizaba su "física del mundo" con las siguientes palabras:
"Voy a considerar siempre la correlación e interacción de las fuerzas, la
influencia de la creación no viva en el mundo animal y vegetal; en esta armonía se
fijarán para siempre mis ojos." Lo que él entendía por esta "física del
mundo", fue puntualizándolo durante su larga vida, a través de sus sucesivas obras.
Humboldt regresó en 1804 y pocos años después (1808) decía en "Aspectos de la
Naturaleza" ("Ansichten der Natur"), su primer libro basado totalmente en
las maravillosas experiencias del viaje, que alcanzó diferentes ediciones en vida del
autor y fue siempre su obra predilecta: "Síntesis de la Naturaleza como totalidad,
demostración de la acción mutua de sus fuerzas, ... de eso se trata aquí". Y
al final de su vida activa, en "El libro de mi vida", que no casualmente
apareció bajo el título filosófico de "Cosmos" (1845 - 62, en seis tomos),
señaló como su siempre perseguido fin supremo: "El principio básico de esta obra
comprende la tendencia a entender todos los fenómenos del universo como un entero, una
totalidad". En tal sentido nos presenta el "Cosmos" "la consideración
cognoscitiva de los fenómenos empíricos como una totalidad de la Naturaleza". No
cabe duda, pues, que se trata de una filosofía cósmica dedicada en particular a una
geografía universal nueva, que presidió durante toda su vida la actividad creadora de
Humboldt inspirando cada una de sus obras científicas, desde el gran viaje americano del
joven investigador hasta el olímpico Cosmos de la madura y noble ancianidad del sabio.
*
* *
Consideremos
primeramente con más detención las ideas básicas de la filosofía geográfica de
Humboldt. En la búsqueda de ellas habrá que distinguir entre las ideas filosóficas de
carácter general, no originales de nuestro sabio, y las aplicaciones que de ellas hizo en
el campo de la geografía vegetal, que representan su verdadera propiedad espiritual.
Aun cuando Humboldt
demostró siempre la mejor aptitud para el manejo de los conceptos filosóficos, nunca
pretendió ser propiamente un filósofo creador. Los conceptos subrayados más arriba en
nuestras citas revelan los orígenes de su pensamiento filosófico general. Hablar de
"armonía", de "totalidad" o de un "entero" denota siempre
en la historia de la filosofía una filiación platónica y aristotélica. Humboldt, como
todos sus contemporáneos de la gran era cosmopolita de Goethe, fue un humanista erudito
en la literatura clásica de la alta antigüedad. Muchas citas de los "Aspectos de la
Naturaleza" y todos los capítulos del "Cosmos" particularmente la famosa
exposición sobre la historia de las ciencias naturales y geográficas lo demuestran
claramente. Sin embargo, a pesar de que Humboldt conocía bien los diálogos de Platón y
los ensayos de Aristóteles y de los demás filósofos antiguos, su platonismo y su
aristotelismo se nos presentan en la síntesis moderna efectuada por Schelling, maestro en
filosofía no sólo de Goethe y de Humboldt sino de muchos otros naturalistas
contemporáneos como Carus, Oken, von Baer, Juan Mueller, Oerstedt, Ritter etc. Veamos,
pues, la forma en la cual la filosofía de la Naturaleza de Schelling aparece en la
filosofía geográfica de Humboldt.
Escrito precisamente en
el mismo año que la antes citada carta a su amigo Pictet, tenernos un magnífico ensayo
filosófico de Humboldt, el único de esta índole que publicó: "Der Rhodische
Genius" ("El Genio de Rodas"). Apareció por primera vez en el periódico
poético "Die Horen" ("Las Horas") editado por Schiller, y por esta
razón tiene más bien la forma de una alegoría poética que de un ensayo metafísico.
Algunos biógrafos han opinado que la filosofía del "Genio de Rodas" es
vitalista y que, por ello, sólo podía ser característica del joven Humboldt, pues
nuestro sabio, en su madurez, profesó el mecanicismo. Pero tal opinión no corresponde a
la verdad. Si Humboldt en su edad madura hubiese sido mecanicista, no tendría
explicación el hecho de que, precisamente a los cincuenta y siete años, incluyese el
"Genio de Rodas" en la segunda edición de su libro predilecto, los
"Aspectos de la Naturaleza", y mantuviese dicho texto en todas las ediciones
posteriores. Esta circunstancia prueba necesariamente que la filosofía expuesta en el
"Genio de Rodas" fue profesada por Humboldt durante toda su vida; y ello es
cierto porque, como veremos seguidamente, Humboldt no fue nunca ni vitalista ni
mecanicista, sino, como sus amigos Schelling y Goethe, lo que hoy, con Smuts, denominamos
holista.
Ahora bien; si queremos
comprender mejor la verdadera filosofía de Humboldt y, con ella, la totalidad de su obra
exploradora y científica, tenemos que conocer primero la idea básica del Holismo. El
problema fundamental cuya solución metafísica buscan el vitalismo, el mecanismo y el
holismo, comprende la relación mutua de la naturaleza viva con la no viva o, como dice
Schelling, con la anórgica. Cada una de estas tres filosofías de la Naturaleza nos da
una solución muy fundada y distinta de muestro problema, aun cuando, como ocurre siempre
en materia filosófica, ninguna de ellas puede proveemos de la verdad absoluta. Cada uno
de nuestros sistemas metafísicos tiene su razón de ser dentro de las totalidades
históricas del conocimiento filosófico. A los profanos no les agrada este carácter
"complementario" del conocimiento metafísico, y exigen de la filosofía
soluciones únicas y definitivas como las que, con razón, esperan de las ciencias exactas
y matemáticas. Pero ésta es una exigencia injusta. Todas las ciencias especiales tratan
de realidades bien distintas y muy particulares, la física - por ejemplo - de la
gravitación o la fisiología de la respiración, y son por eso capaces de proporcionar
soluciones definitivas, al menos para ciertas épocas, de sus respectivos problemas. Pero
la filosofía trata siempre y exclusivamente de realidades totales o "absolutas"
de lo físico, de lo orgánico y de lo psíquico y por ello sólo puede dar soluciones
complementarias para cada uno de sus problemas. Estas soluciones de problemas metafísicos
las denominamos, desde Platón, "ideas" e ideologías. A partir de Fichte,
Schelling y Hegel, la "complementariedad" de las ideologías metafísicas se
presenta en una triada de ideas, en la famosa operación dialéctica que comprende
"tesis", "antítesis" y "sintesis". Pues bien, respecto al
problema filosófico de las relaciones mutuas entre lo físico y lo orgánico, la idea
mecanicista representa la tesis, la vitalista la antítesis y la holista la síntesis. El
concepto de la "complementariedad" que aquí se introduce en la filosofía es
idéntico al principio de la complementariedad que Bohr y Heisenberg han establecido en la
física actual de los cuantos para definir la complementariedad de onda y corpúsculo.
Volviendo a la
filosofía de la Naturaleza de Humboldt, subrayemos una vez más que éste, como su amigo
Goethe y muchos otros cientistas contemporáneos, es un representante sobresaliente del holismo
de Schelling. En el mencionado "Genio de Rodas" resuelve Humboldt el
problema metafísico de las relaciones que existen entre las realidades totales físicas y
orgánicas en las siguientes frases:
"En la materia
inorgánica hay una calma perezosa; por lo menos mientras existe afinidad química y
ninguna tercera substancia entra para unirse con las anteriores, no se produce la más
mínima perturbación. Y aun en el caso de que tal perturbación se produzca, renace
pronto la calma infértil . . . Pero completamente distinta es la mezcla de iguales
substancias dentro del cuerpo vegetal y animal. Aquí domina siempre la fuerza vital; ella
no hace caso de la democrática amistad y hostilidad de los átomos; ella reúne
constantemente substancias que en la Naturaleza no viva eternamente se rehuyen y separa lo
que en ésta perpetuamente se busca."
Del uso de la
expresión "fuerza vital" en esta cita deriva la tesis del joven Humboldt como
representante del vitalismo. Es verdad que el Humboldt maduro dijo que tal vez no fuera
necesario "atribuir a una fuerza propia algo que acaso se produce exclusivamente por
la interacción y colaboración mutua de fuerzas materiales, que, en particular, son ya
bien conocidas desde hace tiempo".
Ciertos biógrafos de
Humboldt han creído que el viejo mecanicista intentó desautorizar, con esta frase, al
joven vitalista. Pero tal opinión no corresponde a la verdad histórica, porque Humboldt
no fue nunca vitalista ni mecanicista sino siempre un holista consecuente. En vez de usar
la expresión "fuerza vital" habla Humboldt en sus obras posteriores muy a
menudo de la "profunda fuerza de la organización" para caracterizar la misma
"interacción y colaboración mutua" que distingue esencialmente un organismo de
cualquier sistema físico-químico. La doctrina holista de la época Goethe-Humboldt no
puede expresarse mejor que con las propias palabras de Schelling, su fundador:
"¿Qué significa
aquel mecanismo del que os asustáis como de un fantasma? ¿Es algo que existe
autónomamente por si mismo o al contrario, algo que representa sólo la negación? ¿No
tendría que existir necesariamente el organismo (como holismo) antes del mecanismo, lo
positivo antes de lo negativo? Si en general lo negativo presupone lo positivo y no al
revés, nuestra filosofía no puede partir del mecanismo (lo negativo) sino que tiene que
partir del organismo (lo positivo); y por eso no es posible explicar el organismo por el
mecanismo, sino que sólo lo absolutamente contrario puede ser correcto. Por consiguiente,
no podemos decir: donde no hay mecanismo hay organismo, sino al revés: donde no existe
organismo sólo queda mecanismo."
Esta es, pues, la
correcta doctrina del holismo de Schelling, Goethe y Humboldt, diferente, por igual, tanto
del mecanicismo como del vitalismo. Dentro de la filosofía holista los principios
causales del mecanismo y del holismo ("organismo" de Schelling) representan
sólo polos opuestos del mismo proceso cognoscitivo. Por eso dice Schelling, con razón,
"que un mismo principio rige la naturaleza anorgánica y la orgánica". Esto
sería imposible para las doctrinas mecanicistas y vitalistas que representan filosofías
completamente contrarias y que, por ello, se excluyen de modo absoluto. Se comprende ahora
fácilmente que la filosofía holista no necesita de ninguna "fuerza vital" o
principio semejante, indispensable en cambio a todo vitalista para diferenciar
esencialmente lo orgánico de lo anorgánico. Dentro de la doctrina holista mecanismo y
holismo representan también principios causales antagónicos, pero a la vez correlativos.
Entonces sólo sería posible, como pide el holismo actual de Meyer-Abich, Haldane y
Smuts, "simplificar holísticamente" un holismo causal en un mecanismo causal,
mientras el recíproco proceso cognoscitivo nunca podría realizarse. O, como ya en 1907
lo expresó J. S. Haldane:
"No cabe duda que
un día se reunirán la física y la biología en una única ciencia total. Pero cuando
suceda esto y una de dichas ciencias deje de existir como ciencia autónoma, no será
ésta, seguramente, la biología"
Ya en los propios
tiempos de Humboldt el bien conocido fundador de la embriología moderna, K. E. von Baer,
expresó la misma idea holista con las siguientes frases:
"Así como
actualmente el fisiólogo se inclina a explicar los sumamente complicados fenómenos de la
vida orgánica por los mucho más simples fenómenos fisicoquímicos, de manera inversa en
el futuro se compararán estos fenómenos fisicoquímicos con sus correspondientes, pero
mucho más complicados, fenómenos en los organismos vivos, con el fin de llegar, por
medio de este método recíproco, a una mejor comprensión de ellos. Pronto desaparecerá
entonces, probablemente, la oscuridad que reina en torno a los fenómenos vitales, de la
que tanto se habla hoy día."
Nos hemos extendido en
estas consideraciones para dar una idea clara de la filosofía de la Naturaleza de
Humboldt, en general. En ella radica una correspondiente filosofía particular, que
vincula la filosofía holista general con las creaciones científicas particulares de
nuestro sabio: la geografía total como ciencia exacta y la geografía particular de las
plantas. La geografía vegetal representa, especialmente, la creación científica
más importante y original de Humboldt. Se funda por completo en los principios
filosóficos de la morfología de Goethe y en los de la fisiología de Albrecht von Haller
y Juan Mueller. Estos principios son, para la morfología, el tipo, y, para la
fisiología, la energía específica. El tipo se deriva filosóficamente de la idea
platónica, mientras la energía específica encuentra su origen metafísico en la
entelequia aristotélica con sus dos atributos complementarios de la potencia y la
energía. Estas ideas comprenden la filosofía particular de la cual se originan los
principios y teoremas puramente científicos de la geografía vegetal de Humboldt, en sus
dos aspectos de morfología idealista en el sentido de Goethe, y de fisiología
causal-moderna en el sentido de Harvey, Haller y Juan Mueller. Estos otros principios
científicos son, en la morfología, el tipo dinámico y la compensación, y, en la
fisiología, el holismo causal y la irritabilidad de las energías específicas. Pero
antes de tratar de estos fundamentos teóricos de la geografía vegetal de Humboldt hay
que considerar la filosofía particular del tipo y de la energía específica.
*
* *
El tipo morfológico
nació metafísicamente en la doctrina de las ideas de Platón, que no es necesario
considerar aquí en todos sus diferentes aspectos filosóficos. Para nuestros fines es
completamente suficiente estudiar las ideas platónicas en su aplicación a la geometría
euclidiana, que representa la creación científicas más importante y magnífica de la
Academia Platónica y que bajo nuestro punto de vista actual puede caracterizarse como la
morfología de los fenómenos espaciales. En tal sentido cada figura de la geometría de
Euclides representa la idea platónica de su correspondiente grupo de reales fenómenos
espaciales. En la realidad del espacio físico existen muchos fenómenos circulares, cada
uno de ellos más o menos diferente, en su individualidad, de los otros. Ninguno de ellos
alcanza la perfección ideal del círculo definido por la geometría euclidiana Este
corresponde exactamente a la idea platónica del círculo, que, como tal idea, representa
siempre la forma única e ideal de un grupo de fenómenos semejantes que, por ser reales,
nunca son capaces de obtener la perfección de la idea, a la cual pueden acercarse sólo
aproximadamente. Así todas las figuras geométricas de Euclides son ideas platónicas de
los fenómenos espaciales o, con otras palabras, los tipos estáticos del espacio
real. La geometría euclidiana puede definirse en este sentido como la tipología del
espacio real, es decir, como su morfología. Esta afirmación no es en modo alguno
exagerada. La conocida arquitectura lógica que simboliza la geometría euclidiana, su
jerarquía sistemática y armónica de axiomas. definiciones y teoremas exactamente
demostrados, ha provisto a la morfología del más equivalente paradigma para su propia
estructura lógica. Los tipos morfológicos son ideas platónicas al igual que las figuras
espaciales de la geometría clásica.
Sin embargo existe
aquí también una diferencia, pero no esencial sino sólo funcional. Los tipos de la
geometría euclidiana son tipos estáticos, mientras los tipos morfológicos
modernos son tipos dinámicos. Esta mutación de tipos estáticos en dinámicos es
un resumen de la evolución histórica del concepto de tipo. La realidad
"verdadera" que buscaban los filósofos e investigadores científicos de la
antigüedad, se caracterizó siempre por ser una realidad estática, al menos desde la
escuela eleática. En la doctrina de las ideas de Platón y de las entelequias de
Aristóteles se fijó definitivamente esta metafísica como el ideal de conocimiento
científico universalmente válido. Para la antigüedad, el movimiento sólo existe en el
mundo de los fenómenos de la "doxa", como dice Parménides; en la
"realidad verdadera" nada hay tan absurdo como el movimiento. Por eso la
morfología comparada de Aristóteles y de su gran alumno, el botánico Teofrasto, es una
morfología absolutamente estática, cuyos tipos son sólo tipos estáticos. Estos
conceptos se mantienen durante toda la Edad Media. El pensamiento dinámico moderno, que
había creado ya la física dinámica de Galileo y Newton, no se introduce con
anterioridad a Lineé en la morfología biológica.
Linné mismo todavía
continuaba considerando que los tipos estáticos eran los verdaderos, haciendo su famosa
distinción entre las "especies buenas", que representan exclusivamente tipos
estáticos, y las "especies malas", que manifestaron por primera vez en la
morfología caracteres verdaderamente dinámicos. Caracterizar las especies estáticas
como "buenas" corresponde exactamente al espíritu de la alta antigüedad; para
Platón, e igualmente para Aristóteles, lo bueno está exclusivamente unido a lo
verdadero, porque sólo las ideas y entelequias representan la única "verdadera
realidad".
El tipo dinámico moderno
fue establecido definitivamente como teoría general por Goethe en su morfología
idealista, y aplicado especialmente por Cuvier a la zoología y la anatomía comparada y
por Decandolle a la botánica. Para nuestros fines todo esto es de suma importancia,
porque Humboldt fundó su nueva geografía vegetal en los mismos principios de la
morfología idealista de Goethe, cuya axioma básico es el tipo dinámico. Podemos
ilustrar este tipo dinámico en su correlación con el tipo estático clásico por medio
de los siguientes diagramas:
Diagrama
tipo dinámico
El círculo de la
izquierda simboliza el tipo estático. Este mismo tipo, como idea estática, invariable e
ideal de su grupo de formas reales, está representado por el pequeño círculo central.
Las formas reales del grupo, de las cuales cada una es un poco diferente de las demás y
por esta razón nunca puede alcanzar la absoluta idealidad del tipo central, se
representan por la multitud de rayitas existentes entre el círculo central y la
periferia. El carácter estático de este tipo se reconoce fácilmente por el hecho de
que, para cada anomalía positiva en cualquier dirección morfológica, existe otra
negativa equivalente en la dirección opuesta, como lo demuestra el correspondiente
diámetro del círculo. Así, todas las formas reales de un tipo estático anulan sus
divergencias y se concentran en su forma central, que por eso es estable, invariable y
estática. Muy diferente es la reacción de un tipo dinámico, que representamos en
el diagrama de la derecha. En nuestro e tenemos tres grupos de formas reales (a, b, c),
cada uno de ellos bien definido por su forma central e ideal, del mismo modo que en un
tipo estático. Pero los tres grupos se encuentran conectados, a con b y b con c, por
formas transitorias (a/b y b/c) a una configuración superior. Las formas transitorias a/b
pertenecen igualmente al grupo a y al grupo b, representando en a sus formas superiores y
en b sus formas inferiores; y lo mismo vale para las formas transitorias b/c, significando
b las formas superiores y c las inferiores. Resulta pues que nuestro tipo dinámico posee
también en su configuración total una forma central e ideal, pero ésta no es invariable
como la forma central de un tipo estático, sino por el contrario, sumamente variable,
desarrollándose en una dirección bien definida. O con otras palabras: el tipo central e
ideal de un tipo dinámico está simbolizado por una flecha en movimiento, no por un punto
estable y en reposo. Que nuestra configuración abc representa un verdadero tipo dinámico
resulta de una simple consideración. Si fuese sólo un tipo estático, la forma central
de b tendría que funcionar también como forma ideal, invariable y estática de dicho
tipo. Pero entonces el círculo cubriría un gran espacio alrededor de ella, es decir, no
sólo los tres círculos pequeños a, b y c, sino un espacio mucho mayor, que, fuera de a,
b y c, no comprendería ninguna de las formas morfológicas propuestas sino que estaría
completamente vacío.
Pero como dentro de un
tipo estático no debe existir ningún espacio vacío de formas correspondientes, resulta
que nuestro diagrama B simboliza un tipo verdaderamente dinámico. En este mismo sentido
los "tipos fisionómicos" de la geografía vegetal de Humboldt son también
verdaderos tipos dinámicos, como pronto veremos. Los tipos dinámicos representan además
holismos causales, porque no podemos derivar lógicamente ningún tipo dinámico partiendo
de un tipo estático como base de nuestra deducción, pero sí podemos simplificar
holísticamente un tipo dinámico dado, en uno o más tipos estáticos. El tipo dinámico
representado en nuestro diagrama puede simplificarse en tres tipos estáticos eliminando
simplemente sus formas transitorias. Con la pérdida sucesiva de éstas, que naturalmente,
son las menos estables, el tipo dinámico va estabilizándose, y si dichas formas
desaparecen por completo, o si, como dice Linné, "especies malas" se
transforman en "especies buenas", se opera entonces la simplificación de un
tipo dinámico en un tipo estático. Así sucede siempre en la relación mutua de algo
dinámico con su correspondiente estático. Este algo dinámico puede simplificarse y
estabilizarse siempre en sus correlativos conceptos estáticos, mientras el procedimiento
lógico inverso nunca es posible; nunca puede derivarse algo dinámico de su correlativo
estático.
Antes de concluir este
apartado, hay que considerar la segunda idea básica de la filosofía particular de
Humboldt, que también es sumamente importante para entender bien la creación científica
que supone su geografía vegetal. Esta idea, que constituye para la parte fisiológica de
dicha geografía lo que la idea del tipo para su aspecto morfológico, tiene también su
origen en la filosofía de la alta antigüedad. La energía específica representa
la forma moderna, y por eso también dinámica, del concepto clásico aristotélico de la
"energía" que, como ya hemos constatado más arriba, es, junto con el concepto
de la potencia, uno de los aspectos complementarios de la entelequia aristotélica. Un
organismo vivo y cada uno de sus órganos deben ser investigados bajo dos aspectos
complementarios: en primer lugar como forma pura o idea platónica es decir, como tipo
morfológico, y en segundo lugar como forma funcional o entelequia aristotélica, es
decir, como tipo funcional o fisiológico. El organismo adulto se encuentra
en su plena y definitiva función, y tal estado es el que describe Aristóteles con su
concepto de energía. Naturalmente también el organismo embrionario presenta en todos sus
estados transitorios estos dos mismos aspectos morfológico y fisiológico, que se
consideran como tipos potenciales morfológicos o fisiológicos. Aquí sólo nos interesa
el tipo fisiológico en general, es decir, como energía. Del mismo modo que la idea en
Platón, la energía enteléquica significa en Aristóteles algo absolutamente estático.
Las energías
aristotélicas son puramente cinéticas, pero nunca dinámicas. En un movimiento cinético
lo verdaderamente real son exclusivamente sus estados transitorios considerados como
estáticos e invariables, pero la transición de uno a otro es irreal, lo mismo que en una
película cinematográfica. En el movimiento dinámico esta relación es diametralmente
opuesta. El movimiento transitorio como tal es lo que significa en él lo real, mientras
los estados fijos representan lo irreal. Por eso debe transformarse en dinámico el
concepto de la energía cinética de Aristóteles para hacerla capaz de servir a las
necesidades cognoscitivas de la fisiología dinámica moderna, a la cual pertenece la
parte fisiológica de la geografía vegetal de Humboldt.
Desde el famoso
fisiólogo alemán Juan Mueller, la forma dinámica de la energía estática
aristotélica se llama energía específica". Para dinamizar la energía clásica
necesitamos un concepto dinámico al igual que en el orden morfológico. Tal concepto lo
tenemos en la idea típicamente moderna de la irritabilidad. Fue Albrecht von
Haller, algo más joven que Newton y de la misma edad que Linné, quien creó el concepto
de la irritabilidad y fundo en él la fisiología moderna dinámica y causal. Según
Haller la irritabilidad es lo que distingue fundamentalmente a los seres vivos de los
cuerpos inorgánicos. En la relación mutua entre un sujeto y su ambiente, los organismos
vivos manifiestan un comportamiento absolutamente distinto al de un cuerpo no vivo, un
mineral, por ejemplo, o un cadáver. Si exponemos pongamos por caso, un mineral a la
combustión, se transforma, por el proceso químico que denominamos oxidación, en una
nueva unión química completamente diferente del mineral original.
Muy distinta es la
reacción de un organismo vivo. Sometido a una combustión, el organismo reacciona ante
ella como frente a un "estímulo", que le "irrita" y que
inmediatamente causa un proceso curativo. El cutis vivo no se transforma en otra
substancia química, sino que produce tan sólo una inflamación que provoca el proceso
curativo con el fin de restablecer por completo el cutis normal. Tal reacción existe
sólo en los organismos vivos, sólo en ellos hay estímulos, irritabilidad y
autorrestablecimiento. Se comprende bien, por consiguiente, que la irritación representa
una facultad dinámica, pues origina siempre procesos, y la palabra proceso es un término
perteneciente a lo dinámico. Por establecer una constante y activa interacción mutua
entre el organismo vivo y su particular ambiente, se define la irritabilidad como un
proceso de movimiento fisiológico, como una adaptación ininterrumpida al ambiente en
constante mutación, al objeto de mantener la armonía con él; como un proceso dinámico,
en suma. El pensamiento fisiológico de la antigüedad no conoció el concepto de la
irritabilidad, ni pudo conocerlo por su carácter puramente estático. Fue la creación de
dicho concepto por Haller lo que hizo posible la introducción de la idea del proceso
dinámico en el terreno biológico. Así, de la biología estática antigua de
Aristóteles, nació la biología dinámica moderna de Paracelso, Vesalio y Harvey,
continuada en la morfología por Goethe y Cuvier con la idea del tipo dinámico, en la
fisiología por Haller y Juan Mueller con la idea de la irritabilidad dinámica, y
sintetizada por primera vez en la geografía vegetal de Humboldt, quien aplicó a su
estudio ambas ideas dinámicas modernas. El cambio trascendental que para el pensamiento
biológico supone la transformación de la energía estática en energía específica
dinámica, encontró su expresión más perfecta y definitiva en la teoría universal de
las "energías específicas" de Juan Mueller, bien conocido aún hoy por su ley
de la "energía específica de las sensaciones". Pero según él la energía
específica no es sólo un carácter particular de las sensaciones, sino que todas las
células, tejidos histológicos, órganos, sistemas de órganos y organismos vivos
completos ejercen su siempre particular "energía específica". Es esencial
reproducir aquí las propias palabras de Juan Mueller porque, como veremos seguidamente,
Humboldt contribuyó mucho a esta doctrina. Más joven que Haller y mayor que Mueller,
ocupa Humboldt una posición intermedia en el desarrollo histórico de la doctrina de la
irritabilidad y de la energía específica.
Juan Mueller define su
"energía específica" dinámica en las siguientes frases, que todavía hoy
serían válidas para servir de espléndida introducción a cualquier tratado de
fisiología general o especial:
"Las actividades
de los seres orgánicos se distinguen de los demás procesos naturales de una manera tan
clara y evidente, que nadie que haya comprendido bien esta diferencia, preferirá en lo
futuro, a un verdadero conocimiento de la vida orgánica, las explicaciones físico
químicas aplicadas a la misma. Las causas externas actúan en los organismos
exclusivamente en forma de irritaciones, y todos aquellos efectos cuya causa actúa tan
sólo como irritación pueden calificarse de orgánicos. Por cualquier motivo que el
músculo se irrite, ya sea por galvanismo, por agentes químicos, por irritación
mecánica o por irritación interna refleja, reacciona moviéndose, significando este
movimiento la afección y a la vez la energía específica del músculo. No importa la
causa por la cual se irrita el ojo. Ante causas tan diferentes como el traumatismo, la
galvanización o la irritación refleja, la retina reacciona exclusivamente con
sensaciones visuales. La índole especial de la irritación representa algo absolutamente
indiferente con respecto a la visión misma, que sólo sabe distinguir el carácter visual
de las diferentes irritaciones. Así la retina distingue como fenómenos visuales (es
decir, corno sus "energías específicas") sólo la luz y el color. Lo mismo
puede decirse siempre de todas las reacciones orgánicas." Siempre hay que
"tomar en debida consideración las únicamente esenciales energías especificas de
los órganos."
Pasemos ahora a
Humboldt. El único de sus libros importantes no relacionado con asuntos geográficos,
publicado en 1797, antes del gran viaje americano, cuando Humboldt era un joven
investigador, lleva por título: "Versuche über die gereizte Muskel- und Ner-
venfaser nebst Vermuthungen über den chemischen Process des Lebens in der Thier- und
Pflanzenwelt" ("Experimentos sobre la irritación de la fibra muscular y
nerviosa acompañados de consideraciones acerca del proceso químico de la vida animal y
vegetal"). Respecto al fin perseguido en esta obra, dice su autor:
"He intentado
resumir en este libro todo lo que hasta hoy pude observar sobre la irritación e
irritabilidad de las fibras sensibles e irritables." Wilhelm Wundt, el biógrafo de
las investigaciones fisiológicas de Humboldt, comenta sus resultados con las siguientes
frases:
"Empezando con la
investigación de las plantas irritables nos da Humboldt en este libro un resumen amplio y
detenido de los fenómenos de irritación en toda la Naturaleza viva. Gusanos, moluscos,
insectos, peces, anfibios, aves y mamíferos son estudiados con los métodos de la
vivisección, con la irritación galvánica y mecánica. Convencido de que existe una
concordancia común a todo el mundo orgánico, opina que los movimientos de la mimosa y
demás plantas, aun cuando no pueden ser irritadas por el galvanismo, obedecen a la misma
causa que las contracciones de la fibra muscular animal.
Humboldt descubre con
perfecta claridad, mediante sus experimentos, lo que significa la esencia de la energía
específica, a saber: la actividad libre y responsable del organismo vivo y de sus
órganos en su reacción frente a las irritaciones externas e internas, en la cual actúa
siempre cada uno de ellos con sus energías específicas, es decir, en la forma más
adecuada para mantener su actividad armónica. Humboldt mismo caracteriza la energía
específica con las siguientes palabras: "Comienzo con el galvanismo, porque mis
experimentos demuestran aquí con absoluta clan dad, que el estímulo en estos
maravillosos fenómenos está fundado principalmente en los mismos órganos vivos y que
éstos no se comportan aquí sólo pasivamente, como por ejemplo las substancias
electroscópicas".
Hemos estudiado hasta
ahora la filosofía general de la Naturaleza de Humboldt, que hemos definido como holismo
en el sentido universal de Goethe, Schelling y los grandes naturalistas de esta
época, que culmina sin duda alguna en el "Cosmos" de nuestro sabio.
Hemos estudiado además
las ideas básicas y filosóficas que sirvieron en dicha época para establecer los
ideales de conocimiento que habían de conducir a la creación de nuevas ciencias. Hemos
visto cómo, en el ámbito de las ciencias de la Naturaleza, especialmente de la
Naturaleza viva, los conceptos filosóficos más importantes a tal respecto son las ideas
del tipo dinámico, por lo que se refiere a las ciencias morfológicas, y de h energía
específica, en lo que atañe a las ciencias fisiológicas. Hemos dicho, por último
que la ciencia nueva y más original que Humboldt ha creado en este sentido es la Geografía
Vegetal. No nos queda, pues, sino hacer un breve resumen de los principios básicos de
esta nueva ciencia humboldtiana para justificar y aplicar lo que hemos esbozado en torno a
la filosofía general y particular de Humboldt. Pues la verdad y la originalidad existe en
la filosofía en tanto en cuanto ésta nos ayuda a crear nuevas y fértiles ciencias.
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El "Essai sur la
Geographie des Plantes; accompagné dun tableau physique des régions
équinoctiales", publicado en 1805 en París, representa indudablemente la obra de
especialización científica más original e importante de Humboldt. Es además el primer
fruto de su gran viaje americano. La edición alemana traducida por Humboldt mismo
apareció en 1807 en Tuebingen y estaba dedicada a su amigo Goethe. El gran poeta y
naturalista se entusiasmó tanto con el libro, que dibujé inmediatamente la tabla
ilustrativa del mismo, la cual faltaba todavía en el ejemplar que recibió, dedicándola
a Humboldt. Esta simpatía tenía su fundamento, más que en la amistad personal que unía
a los dos grandes hombres, en su afinidad científica. El libro modelo, al cual
corresponde sumamente el ensayo de Humboldt en su estructura cognoscitiva y literaria, es
el "Versuch, die Metamorphose der Pflanzen zu erklären" ("Ensayo para
explicar la metamorfosis de las plantas") de Goethe, que apareció en 1790. La
morfología de las vegetaciones terrestres de Humboldt se funda en los mismos principios
que la morfología de las metamorfosis de las hojas vegetales de Goethe. Ambos libros
tienen también un origen semejante, pues uno y otro aparecieron después de un largo y
decisivo viaje de sus autores. La "Metamorfosis" de Goethe fue el primer
producto literario de su viaje italiano y la "Geografía Vegetal" de Humboldt
fue la primera publicación de este último después del regreso de su gran viaje por
América. La afinidad científica entre Goethe y Humboldt puede además documentarse
históricamente. Ambos se encontraron en Jena y Weimar durante los últimos aos
anteriores al viaje de Humboldt. El primer encuentro tuvo lugar en 1794. A raíz de esta
primera visita de Humboldt escribió Goethe en su diario: "Alejandro de Humboldt, a
quien esperaba desde hace tiempo, me ha sugerido que le explicase mis ideas más generales
acerca de la Naturaleza. He expuesto entonces los problemas referentes a mi concepto del
tipo tan eficazmente, que me ha pedido que me resuelva por fin a publicar lo que tan vivo
tengo en mi mente." Y Goethe lo hizo. Ya en el año siguiente publicó su
"Erster Versuch einer allgemeinen Einleitung in die vergleichende Anatomie, ausgehend
von der Osteologie" ("Primer ensayo de una introducción general a la Anatomía
comparada, partiendo de la Osteología"), que representa el más importante ensayo
teórico escrito por Goethe sobre asuntos biológicos. En él interpreta los conceptos
fundamentales de toda su morfología, que son el tipo en el sentido más arriba indicado,
la analogía, la compensación y la metamorfosis. Precisamente en los mismos principios
está basada la geografía vegetal de Humboldt, y él mismo lo reconocía al escribir
desde los bosques del Amazonas a sus amigos de Alemania:
"Tanto en los
bosques del Amazonas como en las altas cordilleras de los Andes he comprendido que entre
los polos del globo existe una única vida común en las piedras, las plantas. los
animales, y en el hombre mismo. En cada una de las regiones que he visitado, experimentaba
siempre de nuevo el sentimiento de que Goethe me ha llevado a un conocimiento superior de
la Naturaleza y de que me ha provisto de nuevos órganos para entenderla."
El primer y más
impresionante resultado de esta comunidad espiritual entre Humboldt y Goethe es la
geografía vegetal en la forma en que Humboldt la creó.
Consideremos a través
de algunas frases esta identidad del pensamiento de Humboldt y de Goethe en orden a la
morfología. En la mencionada introducción a la anatomía general define Goethe su tipo
dinámico con las siguientes palabras:
"Por eso hago
aquí la proposición de un tipo anatómico, de una imagen general. que comprende en sí
potencialmente las formas de todos los animales y en que cada animal se desarrolla en un
orden distinto. Este tipo tiene que ser por eso fisiológico ("lo que aquí significa
dinámico"). Ya de la idea general del tipo se deriva, que ningún animal individual
puede servirnos como tal modelo general; ningún individuo particular puede ser la muestra
del todo. Hay, pues, que dominar este todo y representar la imagen general de una manera
genérica."
Lo que aquí se dice
del tipo anatómico de los animales es igualmente correcto para el tipo vegetal que Goethe
denomina la "planta originaria", de la cual afirma:
"Con tal modelo
estamos en condiciones de idear una infinidad de plantas nuevas, que tienen que ser
consecuentes, pues, aunque no existan, podrían existir y nunca serian meras
construcciones ficticias sino que tendrían cierta verdad y necesidad internas. La misma
ley ha de aplicarse a todos los demás seres vivos."
Los tipos dinámicos de
Goethe se refieren a los planes constructivos de las formas animales y vegetales. En su
geografía de las vegetaciones de nuestra tierra Humboldt tenía que tratar de un tipo
superior extremadamente dinámico-fisiológico. Su objeto no era estudiar animales o
plantas individuales, sino grupos o, como decimos hoy, "sociedades" o
"comunidades" de plantas. También estos grupos vegetales representan tipos
dinámicos, que reúnen caracteres morfológicos y fisiológicos en unidades inseparables,
que representan verdaderos holismos y forman juntas el sistema armónico y jerárquico de
las comunidades vegetales. Humboldt habla en este sentido de "tipos
fisionómicos" y de las "formas de la vegetación" La jerarquía de
estos tipos fisionómicos obedece a una ley fundamental que Humboldt ha descubierto y que
se refiere a las relaciones mutuas entre clima y vegetación y establece una relación
distinta entre las extensiones verticales y horizontales de la vegetación terrestre. Dice
esta ley: climas medios equivalentes producen fisionómicamente análogas formas de
vegetación; la altura ascendente de la cordillera, así como el progresivo acercamiento
geográfico a los polos terrestres, produce además una disminución paulatina del tamaño
del tronco de los árboles y del tallo de las demás plantas. A base de esta ley de
Humboldt podemos comprender bien sus tipos fisionómicos definidos en las siguientes
citas:
"La profunda
fuerza de la organización viva impone a toda formación animal y vegetal tipos fijos y
eternamente repetidos, aun cuando existe cierta libertad en el desarrollo anormal de
determinados órganos." Por esto es tarea de la geografía vegetal investigar
"si hay entre las innumerables plantas ciertas formas primarias -tipos originarios- o
si es posible interpretar la diferencia específica entre ellas como efecto de una
especificación y, por tanto, como la variación de un único prototipo".
Es claro que Humboldt,
al igual que Goethe con su concepto de la planta originaria, no piensa aquí en una
evolución moderna filogenética. En tales frases, ambos autores tratan solamente de
desarrollar ideales tipológicos. Esto se comprueba inmediatamente leyendo la siguiente
cita de Humboldt:
"La forma pequeña
y esbelta de nuestra lagartija se extiende en el Sur al cuerpo colosal y acorazado de
terribles cocodrilos. En los gatos gigantes del Africa y de la América, en el tigre, el
león y el jaguar, se repite, a mucho mayor tamaño, la forma de uno de nuestros más
pequeños animales domésticos."
Como el tipo
encontramos también los demás principios fundamentales de la morfología idealista de
Goethe en la geografía de las plantas de Humboldt. Estos conceptos son la
"analogía", la "metamorfosis" y la "compensación". Hay que
distinguir entre las analogías puramente funcionales y fisiológicas de los tipos
fisionómicos y sus homologías morfológicas en sentido restringido. Tipos fisionómicos
como los grandes desiertos en Africa, Asia y América son análogos sólo
fisiológicamente, es decir, ejercen las mismas "energías especificas". Igual
carácter tienen las analogías entre tipos fisionómicos como las selvas vírgenes del
Amazonas y del Congo. Existen homologías fisionómicas entre vegetaciones que
corresponden las unas a las otras en equivalentes regiones climáticas definidas como
tales según la ley fundamental de la geografía vegetal de Humboldt. Ejemplo de ello son
las tundras de las zonas árticas y los páramos de las altas cordilleras tropicales. Se
advierte, pues, la diferencia: los tipos sólo fisionómicamente análogos se encuentran
exclusivamente en zonas climáticas idénticas, mientras que los tipos fisionómicamente
homólogos existen sólo en climas geográficamente diferentes. Respecto de las
metamorfosis, puede decirse que existen en ambos grupos de analogías y homologías de los
tipos fisionómicos. No es necesario tratar aquí más de ellas porque la parte más
extensa del "Essai" de Humboldt, el "Tableau Physique des Régions
Equinoctiales", trata casi exclusivamente de las metamorfosis" que existen entre
los tipos fisionómicos análogos y homólogos. Esta parte del libro de Humboldt
corresponde por completo, en su aspecto cognoscitivo, a la metamorfosis de las plantas de
Goethe.
Falta decir todavía
algo sobre el principio de la "compensación". También aquí tenemos una
correspondencia exacta entre Goethe y Humboldt. Bastará ilustrarla con dos citas de ambos
autores. Goethe habla de la compensación dentro de los órganos del mismo tipo
anatómico, mientras Humboldt se refiere a compensaciones entre tipos fisionómicos. Dice
Goethe:
"Ningún órgano
especial es capaz de complicarse y perfeccionarse sin que el organismo a que pertenece
simplifique la estructura de otros órganos. Considerando bajo este punto de vista la
totalidad de órganos que integran un ser vivo, podemos constatar que la diversidad
morfológica existente entre los mismos se debe al hecho de que éste o aquél predominan
sobre los demás. Así por ejemplo, en la jirafa predominan el cuello y las extremidades a
costa del cuerpo, mientras que en el topo ocurre exactamente lo contrario. La fuerza
creadora gobierna un reino limitado, pero bien ordenado. Los capítulos del presupuesto
con arreglo al cual debe distribuir sus gastos, están perfectamente determinados, pero
dispone de cierta libertad en cuanto a las cantidades a invertir en cada capitulo. Si
quiere gastar más para las atenciones de un órgano, puede hacerlo; pero entonces viene
obligada a realizar las correspondientes economías en otros órganos. Así la Naturaleza
nunca puede empeñarse ni caer en bancarrota."
La misma ley de
compensación rige también dentro de los tipos fisionómicos de Humboldt. Dice Humboldt
acerca de estas relaciones compensativas:
"En las
formaciones vegetales se manifiesta la unidad de la Naturaleza de manera tal, que sus
formas particulares se excluyen y compensan según leyes invariables y todavía
desconocidas. Si se sabe en cualquier punto del globo el número existente de especies de
una gran familia, por ejemplo de las Gramíneas o de las Compuestas, es posible tasar
aproximadamente, con probabilidades de acierto, la cantidad total de fanerógamas así
como también la de cierto número de especies que componen los demás grupos
fanerogámicos.
Las últimas
consideraciones sobre la compensación en los tipos fisionómicos traspasan los límites
de la morfología idealista de Goethe y nos llevan al terreno de la fisiología causal
moderna, en el cual Goethe no penetró. Humboldt, en cambio, aprecio bien el incomparable
significado histórico de esta idea moderna de la ciencia exacta y matematizada, que tiene
su símbolo en la física clásica de Galileo y Newton. La energía específica, de la
cual hemos tratado antes, definiéndola como el tipo dinámico fisiológico, complemento
del tipo dinámico puramente morfológico, ya no es suficiente para cubrir todo el campo
de la fisiología causal-moderna. La energía específica de Haller y Juan Mueller define
los objetos fisiológicos, pero todavía no los explica causalmente. Así también, las
antes mencionadas energías específicas de las analogías y homologías de los tipos
fisionómicos desiertos, tundras, etc. definen estos tipos como objetos de la parte
fisiológica de la geografía vegetal, pero no explican causalmente los fenómenos
fisiológicos correspondientes. Para hacerlo tenemos que medirlos y, de este modo,
matematizarlos. Tal procedimiento causal fue introducido en la fisiología moderna por
Harvey, quien por este camino vino a crearla al estudiar los procesos de la circulación
de la sangre. Humboldt introdujo los mismos métodos exactos y causales en su geografía
vegetal, siguiendo en este aspecto al famoso botánico inglés Robert Brown, que había
empezado a tratar problemas taxonómicos por medio de cálculos estadísticos, Humboldt
escribió un ensayo particular sobre estos problemas bajo el título de Botánica
Aritmética, Los resultados alcanzados por Brown y Humboldt no fueron muy
espectaculares porque en aquella época no se conocían suficientes especies y demás
grupos taxonómicos para obtener conocimientos decisivos. Por eso no vale la pena que nos
detengamos en el examen de esta materia, respecto a la cual nos limitaremos a subrayar
que, sobre los fundamentos construidos por Brown y Humboldt, se ha creado hoy día una
nueva y muy importante ciencia.
Hemos llegado al final
de nuestras consideraciones. Nuestro propósito ha sido investigar cómo la filosofía
holista de Humboldt nos ha provisto de un nuevo ideal de conocimiento sumamente fértil y
capaz de crear nuevas e importantes ciencias exactas. Los frutos más perfectos y
sugestivos de la grandiosa filosofía goethiana fueron el "Cosmos" y los
"Aspectos de la Naturaleza" de Humboldt, que no sólo pertenecen para siempre a
las grandes obras clásicas de la ciencia moderna, sino que todavía nos suministran una
infinidad de nuevas sugerencias para la futura investigación filosófica y científica de
la Naturaleza.
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(1) Así dice el lema de la Universidad de La Habana en el monumento
erigido a Humboldt frente a la Universidad de Berlín.
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