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Verticalmente es el medio ambiente constituido,
hacia el interande, por las alturas paramunas, nevadas y volcánicas de las dos
cordilleras, los altiplanos y terrazas de las tierras medias y las tibias y calientes
hacia el cauce de los ríos Chota y Guáitara. Hacia los flancos exteriores,
por las tierras altas de una y otra cordillera, las pequeñas mesetas medias y las tierras
bajas del piedemonte amazónico y pacífico, respectivamente.
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Grandes zonas ecológico-topográficas
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Dentro de las estructuras mentales comunales, simbólicamente, estas dimensiones se
recrean y representan así: transversalmente, la Amazonia y el Pacífico como el
adentro y los Andes como el afuera. Verticalmente, las tierras
altas como lo frío y las tierras
bajas como el guaico.
Estos espacios
simbólicos convocan una multiplicidad de realidades y significaciones que hacen el
territorio más denso en su extensión y profundidad, no como resultado de ficciones sino
expresando agentes perceptibles en la empiricidad. Recordemos, por ejemplo, que, el adentro
se extiende o está relacionado se aproxima, comunica o constituye con el mundo
salvaje (auca, jambo), de los espíritus, de lo oscuro, del silencio, de los
muertos y de sus entidades sagradas y poderosas o mundo de la riqueza en sus múltiples
connotaciones (oro, saber, poder, etc.). Es decir, también es el mundo de
abajo, subterráneo, extensión de los guaicos, cañones de los ríos,
cuevas y hasta cráteres de los volcanes. El afuera se extiende al mundo de arriba,
de lo alto o mundo de los poderes del cielo: el rayo, el sol, las nubes, los santos y
mamitas. Es de anotar también que, en la realidad espacial de estos Andes,
latitudinalmente el abajo representa al noroccidente y norte y el arriba
al suroriente.
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Siguiendo la dialéctica de la lógica del dual
de estos Andes, podemos reconocer cómo el territorio de los Pastos se constituye
en la síntesis, mediación o producto de la oposición y unidad de las cualidades del adentro
y el afuera, el arriba y el abajo; sea en sus componentes más
substanciales como el fuego y el agua, sea en sus expresiones físico-ecológicas como el
clima, la temperatura, la precipitación, los vientos, etc. Más aún, cuando, siendo de
las partes más altas y volcánicas donde está más cerca el cielo con el fuego, es al
mismo tiempo la más estrecha entre el oriente y el occidente. Es también desde esta
caracterización desde la que la representación como nudo adquiere sin igual
sentido. Y es en este trasfondo esencial que puede dimensionarse aquel abrupto muro de
tierras altas y volcánicas, entre la llanura baja del Pacífico y la selva amazónica,
con una extensión aproximada de 5.000 km cuadrados (Calero:1991). Medio ambiente que
tiene como epicentro el Nudo de los Pastos, donde se juntan las dos cordilleras
paralelas que forman la espina dorsal del sistema montañoso colombiano o ecuatoriano.
Paisaje quebrado, de unos 50 a 60 km de ancho, de cimas altas, faldas empinadas, cañones
de ríos profundos y de valles interandinos bien irrigados (Calero: 1991). Tierras altas
que, repetimos, se asientan o descansan sobre las selvas-llanuras del Pacífico y
Amazonas, a cuyos sistemas fluviales (Patía y Amazonas) vierten sus aguas. Zona de una
variedad ambiental inusitada, pues tal condición cosmológica y geoecológica deviene una
diversidad de la precipitación de la lluvia, de la temperatura, de la calidad de los
suelos, de la pendiente del terreno, de la exposición de la luz, etc. que influyen, a su
vez, en la diversidad de la vida: de plantas, de animales y humanos, de sus patrones de
ocupación y de sus comportamientos.
Con razón Karl
Troll (1931), en su trabajo Las culturas superiores andinas y el medio
geográfico, conjugando una serie de factores del medio ambiete como elevación
sobre el nivel del mar, presión atmosférica, insolación, humedad, capa de nubes,
vientos, variaciones de temperatura, influencia de los dominios Pacífico y Amazonas,
compartiendo con otros geógrafos y ecólogos, pudo afirmar que el área situada entre
Cajamarca (norte del Perú) y Pasto es una zona particular dentro del conjunto andino: por
ser doblemente influidas por los dominios lluviosos del Pacífico y la Amazonia, tener
mayor humedad, salpicada de pequeñas islas de sequedad en las profundidades de sus
encañonados valles, explicables por la orientación topográfica de las cumbres y la
circulación de los vientos, gran nubosidad y humedad del ambiente y una menor insolación
directa; pocas y discontinuas heladas nocturnas en la época seca y menor variación
diurna; valles interandinos estrechos, por la ubicación y orientación de las
cordilleras, dibujando nichos ecológicos diferenciados en distancias muy cortas;
cercanías de estos valles con las cejas de montaña húmeda oriental y occidental con una
vegetación que crece desde los 0 grados hacia los 4200 metros sobre el nivel del mar, con
perfiles montañosos simétricos.
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Por estas
razones es por las que, pocos lugares de la Tierra como el de los Pastos pueden
concentrar en un espacio tan pequeño características físicas y ambientales que se
prolongan desde las condiciones selváticas del Amazonas hasta las del Litoral Pacífico y
desde las alturas nevadas del Chiles y el Cumbal hasta las profundidades
verticales del Guáitara y el Chota, pasando por los altiplanos y
piedemontes, con lo cual se configura un ambiente accidentado y diverso de zonas y
microzonas climáticas, ecológicas, bióticas y de nichos ecológicos que comprenden
desde los bosques, cultivos, etc., tropicales, los de clima medio, hasta los páramos.
Condiciones que les han permitido a sus habitantes producir y tener acceso a una extensa
variedad de productos que incluyen desde los tubérculos andinos como la papa, la quinua,
la oca, el ulluco, posteriormente el haba, la cebada, el trigo y hortalizas, hasta las
frutas tropicales autóctonas y adaptadas. Lo mismo podemos decir de animales y por qué
no de minerales.
En la parte alta
- serrana, e interandina, el sistema fluvial de los ríos Carchí, Guáitara y Chota;
las altas cimas y volcanes como el Chiles, Cumbal y Azufral y el altiplano Túquerres
- Ipiales - son los accidentes geoecológicos más reprsentativos. La meseta de
Túquerres -Ipiales - Carchies la parte más densamente poblada y quizá el
principal escenario de los Pastos. El río Carchi- Guáitara que, corriendo
hacia el noroccidente, corta esta parte de los Andes en una profundidad hasta de 1.000
metros, con lo cual participa de manera definitiva en el desecamiento y la constitución
microclimas y suelos, y, en fin, en la estructuración de la vida, su ordenamiento y
reordenamiento ecohumano microvertical. Con razón, dentro de la cosmología de los Pastos,
es una entidad espacio-temporal axial, umbral del mundo, del oriente y del occidente,
de la vida y la vida después de la vida. Para los habitantes de la margen derecha del
río, el mundo de abajo es el oriente, mientras que para los habitantes de la
margen izquierda es el occidente. Las alturas y volcanes, de Chiles, Cumbal y Azufral
con su elevación, ubicación y erupciones,
comparten la producción de este ambiente territorial y de su vida.
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Ya habíamos
anotado que, en el plano vertical la oposición entre las tierras-montañas altas y los
ríos, valles o tierras bajas, en la realidad simbólica se establece como la pareja de
lo frío (arriba) y el guaico (abajo), masculino y femenino, de cuya
unión complementaria y cópula es posible la vida, una nueva vida. Así mismo, no es una
simple coincidencia que entre lo alto y lo bajo de los volcanes, el fuego y el río Guáitara,
el agua, esté el altiplano de Túquerres, Ipiales, Carchi el centro, la
mediación, la síntesis; como no es una simple coincidencia que sea el altiplano la parte
más densamente poblada y el centro de la cultura, la agricultura.
Semánticamente
el prefijo gua, propio de la lengua Pasto pero común a otras lenguas, es
bien significativo. Con Guáitara ya hemos aludido al papel de este río. Guaitarilla,
como cacique, se cuenta que era un brujo, poderoso, tal vez de toda la comarca, quien
habiendo tenido noticia de la venida de invasores extranjeros, incas o españoles, fue tal
la angustia y el dolor que se paralizó y petrificó, quedando animadas sólo sus
lágrimas que vierten de manera continua y que son, precisamente, las que dieron origen y
siguen alimentando el río que lleva su nombre. Guaitarilla también es un lugar y
una comunidad (hoy establecidos como municipio y cabecera municipal); que traduce, según
el saber comunitario, el sitio de las flores; se encuentra hacia abajo del
territorio y es un guaico importante.
Guaicos
Son
todos los intersticios templados de la sierra, hacia lo interandino, por ejemplo, todos
los lugares alrededor de la parte media del río Guáitara, aquellos que se
encuentran alrededor de la mitad del río entre su nacimiento, frío - alto, y su
desembocadura en el Patía, espacio plano, bajo y caliente; entonces, guaico es toda la
zona templada correspondiente a las comunidades, hoy municipios, de Consacá, Sandoná
Guaitarilla, Ancuyá, Linares, Samaniego y el Tambo y guaicosos son todos los
habitantes de ella.
Guaico,
así
mismo, es el nombre con el cual se designa la parte media del hombre (masculino y
femenino), precisamente aquella donde están ubicados los órganos genitales.
Hasta ahora no
tenemos los argumentos etnográficos necesarios sobre los Pastos del Ecuador, hoy
comprendidos, en la provincia del Carchi; sin embargo, la perspectiva ecosimbólica
basada en los accidentes de los volcanes, la planicie y río Guáitara, se
reproduce. El río Chota también nace en el Nudo de los Pastos, como en la
dualidad de espejo, al otro lado, a la inversa del Guáitara, en dirección
sur-oriental, pero corre hacia el Mira, la selva, llanura y mar del Pacífico. Igualmente,
en su parte media, constituye una zona climática, con una ecología humana similar a la
parte media del Guáitara.
Siguiendo la
dualidad, si la parte media del Guáitara, el guaico de abajo, de los de
abajo, la parte media del Chota es el guaico de arriba, de los de
arriba. No por casualidad, las relaciones sociales, económicas y parentales, entre serranos
y guaicosos, hacia el Chota y el Guáitara son idénticas desde antes de
las invasiones y por encima o por debajo de todo tipo de limitaciones territoriales
impositivamente establecidas.
Ahora bien, la
presencia en distintas dimensiones y direcciones, hasta lo microespacial, de estos
accidentes geoecológicos sustanciales (volcanes, altiplanos y río Guáitara), a
través de medianos y pequeños montículos, terrazas, quebrádas y riachuelos, permite al
imaginario y la vida reproducir el orden paradigmático-simbólico de la territorialidad
en distintos lugares de la geografía; o, incluso, extenderlo hasta en aquellos donde la
diferencia geoecológica no existe; pues, la simbólica se reproduce para organizar el
espacio, la territorialidad, lo social, y esto es la realidad.
En fin, son
ordenamientos y reordenamientos espaciales que implican las correspondientes formas de
organización social, política, económica o cultural, precisamente, para asegurar a la
población el beneficio de los múltiples recursos esparcidos por toda la gama de
fisioecologías, a través de la explotación complementaria y la distribución
interregional. Unos pueblos, que con su asiento básico en la sierra, acceden directa y/o
indirectamente, de forma continua y/o discontinua, a los valles cálidos, la selva y el
mar de los dos costados, y viceversa; pudiendo hacerlo como totalidad o por familias, o
utilizando aquellas que ocupan las orillas de los territorios específicos. También a
través de mindalas y tiangueses, o ubicando poblamientos estratégicos en
el enclave de la sierra y de la selva, a uno u otro costado, para facilitarse a sí mismos
y facilitar a los demás, serranos y selváticos, el acceso a los recursos de que no
disponían.
Es una fluida
relación conjugando el acceso a los diversos pisos y nichos ecológicos a través de la
microverticalidad, sistema propio de los Andes del sur, y el intercambio, propio de
mesoamerica. Igualmente una gran necesidad y posibilidad de coexistencia de grupos
étnicos diferenciados, de relaciones que comparten o establecen y la gran identidad en
diversas manifestaciones culturales.
Al igual que
para otras áreas de los Andes, entonces, un paso decisivo en la comprensión de la
territorialidad de los Pastos es entender el descubrimiento y recreación que esta
cultura ha logrado de la estructuración transversal y vertical del bloque montañoso, de
las ecologías y sus múltiples recursos que se distribuyen desde la selva Amazónica
hasta el mar Pacífico y desde los nevados hasta los guaicos. En otros términos,
la ecología humana y su historia en estos Andes muestra cómo la relación costa, sierra
y selva, tierras altas y tierras bajas fue organizada por las socioculturas mediante
grandes franjas transversales y pequeñas verticales.
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los Pastos
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