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El
desplazamiento espacial hacia arriba o hacia abajo, hacia adentro o
hacia afuera, encima o debajo o inversión periódica, implica turno en el poder o
no poder, en el poseer o
el carecer. Así la ubicación de la cara de las perdices
definió quién quedaba petrificada o quién quedaba con el poder: la riqueza. Por eso los
comuneros son enfáticos en su sensibilidad y en el relato: como la perdiz voló
para allá, por eso la riqueza se fue para allá. O cuando con gran pesar afirman:
si la perdiz negra hubiera voltiado la cara para acá, entonces, qué ricos
fuéramos. (Mamián, 1990).
Ciertas
versiones del encuentro de las dos perdices poderosas diferencian entre la que más podía
y la que menos podía, las cuales se turnaban el lanzamiento de hipótesis;
dónde quedaba mejor o dónde estaba ubicado el centro para fundar la meca del mundo: si
en Pipalpa, si en Pueblo Viejo o si en Mallama. O en el mismo acto creativo,
turnábanse las ideas: tonces dezque dijo luna, tonces que
dezque dijo lotra, hasta aquí voy ganando yo. Mamián, 1990).
Desde un aspecto en la perspectiva histórica,
ideológica y politica este turno de los poderes, los espacios y los tiempos, ésta, su
inversión o desplazamiento, los relacionan en la memoria comunera con la dominación de
los blancos, a quienes les correspondía dominar el mundo - espacio - tiempo -
poder de arriba, mientras que a los indígenas les tocó internarse o enterrarse
con todo en el mundo de abajo, por algunos lugares especiales (centros encantados),
tales como Guel, Mundo Nuevo, Pueblo Viejo, ubicados en lugares liminales de las
alturas o de las quebradas y los guaicos. Son los lugares ricos en tesoros donde
los infieles se enterraron vivos. Tesoros e infieles que surgirán de nuevo al final de
estos tiempos, dicen que en el año dos mil.
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Aparejada al
turno, está la alternancia que se expresa y se concretiza como el desplazamiento
permanente, en cortas y largas duraciones, de los contrarios; desplazamiento a las
posiciones opuestas como inversión periódica. En la dimensión cosmológica, total, los
cerros y las montañas que estaban debajo pasaron a esta superficie y las llanuras que
estaban encima ahora pertenecen al subsuelo, porque este mundo antes era
plano. Recordemos un comentario alusivo al Pueblo Principal de Males, de lo
que le sucedió cuando el encanto del Chispas y el Guamgas: antes del
encanto el Resguardo era plano, la población y la iglesia estaban en el centro de
la llanura y en su plaza fluía sin descanso el oro por las bocas de la culebra de las
siete cabezas; con el encanto, se hundió el Pueblo con su llanura y su riqueza y en su
reemplazo aparecieron las montañas y la tierra pobre; por eso es así hasta que se
desencante. (Mamián, 1990).
Desde la
estructura topográfica vertical, es la alternancia entre lo alto y lo bajo: las alturas
andinas que toman el puesto de las llanuras amazónico-pacíficas y éstas el puesto de
las alturas; has serranías que pasan a los guaicos y éstos a las serranías,
etc., con sus respectivas ecologías.
Desde el plano
transversal, de la superficie marítima y terrestre, lo que estaba al oriente: el mar, la
selva-llanura, lo cálido, las riquezas auríferas, los jambos, naturalitos y la raza
negra, pasó al poniente, y la tierra, las montañas y altiplanos andinos, lo frío, la
agricultura y la raza india y blanca pasaron al oriente. Tomamos los puntos cardinales
como estáticos para evidenciar el contraste. En Muellamués, Guachucal y Colimba
aún permanecen muestras del agua salada y caliente del mar, cuando estaba para acá
su nicho, la arena, las conchas de caracoles. Hasta hace poco, en la Hacienda de la
Iglesia o de la Comunidad de Muellamués permanecía la puerta de agujas que
fue labrada con un guayacán de la antigua selvamar. Y el Curipollo y la Nariz del
Diablo son zanjas y túneles por donde los poderosos lanzaron el mar para abajo. Cuando
se desencante, todo volverá a ser como antes. Y luego vendrá, un nuevo encanto, porque
así es el ritmo del mundo.
Así llegamos a
la alternancia del tiempo: mientras el presente va hacia el pasado-futuro, el
futuro-pasado viene hacia el presente; donde termina el presente comienza el pasado-futuro
y donde termina el futuro-pasado comienza el presente; ese fin y comienzo es el centro
donde se encuentran, donde se generan el caos, el cataclismo, el encanto o el desencanto,
en el que un tiempo toma la posición del otro y viceversa. Por ejemplo, con el
encantamiento los antepasados indígenas, su identidad, pasó al mundo de abajo, de
los muertos: son el pasado, y los blancos pasaron a dominar el mundo de arriba, el
presente; cuando se desencante los auténticos indígenas que se enterraron vivos
renacerán, serán presente y los blancos irán al otro espacio-tiempo.
Esta
alternancia, estas vueltas y revueltas, estos cambios, este paso de un estado, posición,
momento, a otro puede definir una alternativa de periodización: la periodización
sintetizada en el ritmo del encanto y desencanto.
En cuanto a la
complementariedad, ésta se expresa y concretiza con la relación entre el carecer y el
poseer, en el sentido de que uno u otro opuesto da de lo que tiene y recibe de lo que
carece, en cualidades, propiedades o capacidades. También se entiende como un aportar con
las diferencias en la conformación y la armonía del mundo, las cosas, la vida social,
etc., diversidad de cualidades morfológicas, ecológicas, climáticas, sociales,
culturales, individuales, de los diversos agentes, espacios y tiempos que conforman este
universo.
De acuerdo con
el pensamiento de estos Andes, como lo expresan las leyendas, el mundo sólo fue posible
hacerlo y organizarlo, complementando los poderes, cualidades de las entidades, que por
tal motivo se comportan como mitades: el adentro se complementa con el afuera, el
arriba con el abajo, el agua con el fuego, lo claro con lo oscuro, el día
con la noche, lo vivo con lo muerto, el izquierdo con el derecho, lo masculino con lo
femenino, lo frío con lo cálido, etc. El modelo real y simbólico más expresivo de la
complementariedad es el matrimonio, cuya unidad es el resultado de valores y carencias de
lo masculino y femenino, aun en condiciones asimétricas.
Finalmente, si
retomamos las leyendas, y otras narraciones, se detecta sin esfuerzo la unión de los
opuestos y la creación del mundo con el apoyo del poder de la mediación.
Directamente aparecen mediando entidades o
procesos, en principio misteriosos y hasta inverosímiles como el tambor, el canasto, los
jazmines, la escupa, la perdiz y el gallo; o el número tres; o espacios, donde es posible
el encantamiento y desde donde es posible ver, prever, crear y recrear el mundo y la vida;
o estados-tiempos apropiados como la fiesta, bailando, bailando.
Lo importante es
que las mediaciones de una u otra característica son poderes en los que se anulan,
terminan, no comienzan o se atenúan; es decir, no hacen presencia directa los poderes,
espacios y tiempos contrastados. Son espacios, tiempos o poderes de tránsito, en trance,
umbrales, límites o si se quiere no tiempos, espacios ni poderes; sueños que cuando se
despierta todo está suscitado, definido, sucedido.
Ilustremos con la narración apartes de estas
mediaciones misteriosas:
Llegando las alturas de Colimba (monte
sagrado) o
al Gualcalá (Dedo de Dios):
la que
menos podía dezque dijo: aquí va a ser el punto que llame Pipalpa, centro de Tumaco con
Piedrancha. (Mamián, 1990: 147).
Pero no siendo la mejor alternativa, la más
céntrica de las céntricas, entonces bajaron al guaico, pues:
...habiendo
hecho el intento arriba, donde no llegaba el agua de la quebrada Quetambud, bajaron,
descendieron, porque es un descendiente hondo. Encontraron allí una quebrada que baja de
allá y otra de acá y se forma una mesa y una nariz. La una dezque dijo: ahí tenemos
que trabajar y la otra que no debía ser allí. Se pusieron en trabajo, total que...
abrieron cimientos, pusieron las primeras piedras que nosotros llamamos pilares unas
piedras lindísimas, son más o menos de dos metros, como basas, que existen. Las cuatro
piedras las bian comenzado acarriar- como sería el trayecto, de abajo, de
bien abajo hacia arriba. Una se bia quedado en camino, en el potrero
estaba la piedra, en forma de basa, bien redonda, pero altota, puntuda, acarriada del
rio. (Mamián, 1990: 148).
Sin embargo, era necesaria una tercera opción,
porque los intentos, los lances, se los hace tres veces; como si entre una y otra opción,
extremas, estuviera la media o como si sólo así se logrará hacer las cosas bien, por
eso subieron a un lugar donde se juntan lo alto y lo bajo:
...se treparon a
la planada y una dezque dijo: aquí va a ser la iglesia, que aquí va a llamar Mallamués
o Mallama, no me acuerdo, y de aquí vemos para dónde queda la
temperatura. (Mamián, 1990: 148).
Fue allí donde, para mayor seguridad, hicieron
la prueba del gallo y la perdiz pelados, porque:
Bueno, en
esa yacercándose a la media noche dezque dijo la que más podía: no, esto no debe
ser aquí; hagamos una prueba: vamos a pelar un gallo y una perdiz, y una mesa; lo ponimos
el gallo preparado en la mesa y si el gallo ya preparado canta en la mesa y la perdiz da
vueltas al ruedo de la mesa chillando y se entierra por un gueco, allí, a la costilla del
gueco haremos la capilla -conversaba mi papá-. Eso él, cada cuando conversaba esa
historia (Mamián, 1990: 143).
La historia continúa manifestando que habiendo
hecho la prueba en un lugar, indicó que allí no era; pero en el tercer intento ya
resultó:
Entonces
pusieron la mesa allí, se subió el gallo allí y que cantó tres veces en la mesa,
mientras eso la perdiz, taba dando vueltas al medio de la mesa. Cuando terminó de
cantar las tres veces el gallo, la perdiz se hundió por el güeco, un tremendo túnel que
hizo la perdiz al hundirse, y luego que más allá, hasta ahora existe la quebrada, pues,
se internó por allí a la quebrada, la perdiz. Entonces dezque dijo: aquí sigamos
trabajando, aquí sí, aquí tenemos que trabajar. (Mamián: 144).
Allí fundaron el centro, allí donde la perdiz
se internó haciendo un gran túnel, túnel por donde:
dezque
metiéndose por ahí es como ir por la barriga de una culebra enroscada. Lo habían dejado
dibujando en unas piedras. Son los caracoles. Se ve el principio pero no se ve el
fin. (Mamián, 1990).
2.2 El
Territorio
Tratando de dar una delimitación precisa, hemos
anotado páginas atrás que el territorio tradicional de los Pastos limitaba hacia
el sur con los Caranquis hacia el oriente con los Cofanes, hacia el norte
con los Quillacingas y Abades y hacia el occidente con diversos grupos selváticos
genéricamente denominados Barbacoas como los Masteles, Puises,
Nulpes, Tangalaes.
Cronistas como Cieza de León, visitadores como
Tomás López o García de Valverde e investigadores como Eduardo Martínez, Alice
Francisco, María Victoria Uribe o Luis Fernando Calero, etc., coinciden en
identificar a los Pastos como una nación, pueblo o etnia que ocupó y ocupa esta franja
transversal del sur de Colombia y norte del Ecuador y que tiene como centro el nudo de Huaca
o de los Pastos.
Aunque muchas
otras estructuras espacio-temporales, poblaciones y culturas han hecho presencia y
sobrepuesto impositivamente sobre los Pastos, esta extensión y ocupación
territorial no ha cambiado sustancialmente. Del lado colombiano persiste ocupado e
identificado como de comunidades indígenas de Resguardo y Cabildo o sin
estas instituciones pero con formas de vida y organización andino indígena subrepticias;
de lado del Ecuador aparentando identificaciones nacionales y mestizas.
Aparentemente,
los limites orientales y occidentales de los Pastos son las cimas de las
cordilleras de ambos lados; sin embargo, la ocupación práctica, el saber comunal y los
estudios de académicos muestran la presencia de un espacio territorial más allá de
estos accidentes, hacia el Piedemonte y las selvas tanto del Pacífico como del Amazonas,
siguiendo las hoyas de los ríos Chota, Plata, Mayasquer, Guiza, Mira, Telembí
y Pacual al occidente y el Guamuez y Sucumbios al oriente; cosmológicamente,
entendido por los comuneros como el mundo de la oscuridad, del silencio, de la sabiduría
y la riqueza.
Geofísicamente podemos decir que el territorio
de los Pastos está constituido, en su oposición y convergencia, por una
estructuración transversal y vertical.
Transversalmente es un medio ambiente formado
por las, empíricamente, llamadas tres regiones naturales de las tierras bajas, calientes,
húmedas y selváticas de la hoya amazónica, las tierras altas, frías y abiertas de los
Andes y las tierras, también bajas, calientes, húmedas y selváticas del
Pacífico.
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los Pastos
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