Tomo IV  -  Volumen I
Geografía Humana de Colombia 

Región Andina Central
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El desplazamiento espacial hacia arriba o hacia abajo, hacia adentro o hacia afuera, encima o debajo o inversión periódica, implica turno en el poder o no poder, en el poseer o el carecer. Así la ubicación de la cara de las perdices definió quién quedaba petrificada o quién quedaba con el poder: la riqueza. Por eso los comuneros son enfáticos en su sensibilidad y en el relato: “como la perdiz voló para allá, por eso la riqueza se fue para allá”. O cuando con gran pesar afirman: “si la perdiz negra hubiera voltiado la cara para acá, entonces, qué ricos fuéramos”. (Mamián, 1990). 

Ciertas versiones del encuentro de las dos perdices poderosas diferencian entre la que más podía y la que menos podía, las cuales se turnaban el lanzamiento de “hipótesis”; dónde quedaba mejor o dónde estaba ubicado el centro para fundar la meca del mundo: si en Pipalpa, si en Pueblo Viejo o si en Mallama. O en el mismo acto creativo, turnábanse las ideas: “tonces dezque dijo l’una”, “‘tonces que dezque dijo l’otra, hasta aquí voy ganando yo”. Mamián, 1990). 

Desde un aspecto en la perspectiva histórica, ideológica y politica este turno de los poderes, los espacios y los tiempos, ésta, su inversión o desplazamiento, los relacionan en la memoria comunera con la dominación de los blancos, a quienes les correspondía dominar el mundo - espacio - tiempo - poder de arriba, mientras que a los indígenas les tocó internarse o enterrarse con todo en el mundo de abajo, por algunos lugares especiales (centros encantados), tales como Guel, Mundo Nuevo, Pueblo Viejo, ubicados en lugares liminales de las alturas o de las quebradas y los guaicos. Son los lugares ricos en tesoros donde los infieles se enterraron vivos. Tesoros e infieles que surgirán de nuevo al final de estos tiempos, dicen que en el año dos mil. 

Aparejada al turno, está la alternancia que se expresa y se concretiza como el desplazamiento permanente, en cortas y largas duraciones, de los contrarios; desplazamiento a las posiciones opuestas como inversión periódica. En la dimensión cosmológica, total, los cerros y las montañas que estaban debajo pasaron a esta superficie y las llanuras que estaban encima ahora pertenecen al subsuelo, “porque este mundo antes era plano”. Recordemos un comentario alusivo al Pueblo Principal de Males, de lo que le sucedió cuando el encanto del Chispas y el Guamgas: antes del encanto el Resguardo era plano, la población y la iglesia estaban en el centro de la llanura y en su plaza fluía sin descanso el oro por las bocas de la culebra de las siete cabezas; con el encanto, se hundió el Pueblo con su llanura y su riqueza y en su reemplazo aparecieron las montañas y la tierra pobre; por eso es así hasta que se desencante. (Mamián, 1990).  

Desde la estructura topográfica vertical, es la alternancia entre lo alto y lo bajo: las alturas andinas que toman el puesto de las llanuras amazónico-pacíficas y éstas el puesto de las alturas; has serranías que pasan a los guaicos y éstos a las serranías, etc., con sus respectivas ecologías.  

Desde el plano transversal, de la superficie marítima y terrestre, lo que estaba al oriente: el mar, la selva-llanura, lo cálido, las riquezas auríferas, los jambos, naturalitos y la raza negra, pasó al poniente, y la tierra, las montañas y altiplanos andinos, lo frío, la agricultura y la raza india y blanca pasaron al oriente. Tomamos los puntos cardinales como estáticos para evidenciar el contraste. En Muellamués, Guachucal y Colimba aún permanecen muestras del agua salada y caliente del mar, cuando estaba para acá su nicho, la arena, las conchas de caracoles. Hasta hace poco, en la Hacienda de la Iglesia o de la Comunidad de Muellamués permanecía la puerta de agujas que fue labrada con un guayacán de la antigua selvamar. Y el Curipollo y la Nariz del Diablo son zanjas y túneles por donde los poderosos lanzaron el mar para abajo. Cuando se desencante, todo volverá a ser como antes. Y luego vendrá, un nuevo encanto, porque así es el ritmo del mundo.  

Así llegamos a la alternancia del tiempo: mientras el presente va hacia el pasado-futuro, el futuro-pasado viene hacia el presente; donde termina el presente comienza el pasado-futuro y donde termina el futuro-pasado comienza el presente; ese fin y comienzo es el centro donde se encuentran, donde se generan el caos, el cataclismo, el encanto o el desencanto, en el que un tiempo toma la posición del otro y viceversa. Por ejemplo, con el encantamiento los antepasados indígenas, su identidad, pasó al mundo de abajo, de los muertos: son el pasado, y los blancos pasaron a dominar el mundo de arriba, el presente; cuando se desencante los auténticos indígenas que se enterraron vivos renacerán, serán presente y los blancos irán al otro espacio-tiempo.  

Esta alternancia, estas vueltas y revueltas, estos cambios, este paso de un estado, posición, momento, a otro puede definir una alternativa de periodización: la periodización sintetizada en el ritmo del encanto y desencanto.  

En cuanto a la complementariedad, ésta se expresa y concretiza con la relación entre el carecer y el poseer, en el sentido de que uno u otro opuesto da de lo que tiene y recibe de lo que carece, en cualidades, propiedades o capacidades. También se entiende como un aportar con las diferencias en la conformación y la armonía del mundo, las cosas, la vida social, etc., diversidad de cualidades morfológicas, ecológicas, climáticas, sociales, culturales, individuales, de los diversos agentes, espacios y tiempos que conforman este universo.  

De acuerdo con el pensamiento de estos Andes, como lo expresan las leyendas, el mundo sólo fue posible hacerlo y organizarlo, complementando los poderes, cualidades de las entidades, que por tal motivo se comportan como mitades: el adentro se complementa con el afuera, el arriba con el abajo, el agua con el fuego, lo claro con lo oscuro, el día con la noche, lo vivo con lo muerto, el izquierdo con el derecho, lo masculino con lo femenino, lo frío con lo cálido, etc. El modelo real y simbólico más expresivo de la complementariedad es el matrimonio, cuya unidad es el resultado de valores y carencias de lo masculino y femenino, aun en condiciones asimétricas.  

Finalmente, si retomamos las leyendas, y otras narraciones, se detecta sin esfuerzo la unión de los opuestos y la creación del mundo con el apoyo del poder de la mediación.  

Directamente aparecen mediando entidades o procesos, en principio misteriosos y hasta inverosímiles como el tambor, el canasto, los jazmines, la escupa, la perdiz y el gallo; o el número tres; o espacios, donde es posible el encantamiento y desde donde es posible ver, prever, crear y recrear el mundo y la vida; o estados-tiempos apropiados como la fiesta, bailando, bailando. 

Lo importante es que las mediaciones de una u otra característica son poderes en los que se anulan, terminan, no comienzan o se atenúan; es decir, no hacen presencia directa los poderes, espacios y tiempos contrastados. Son espacios, tiempos o poderes de tránsito, en trance, umbrales, límites o si se quiere no tiempos, espacios ni poderes; sueños que cuando se despierta todo está suscitado, definido, sucedido.  

Ilustremos con la narración apartes de estas mediaciones misteriosas: 

Llegando las alturas de Colimba (“monte sagrado”) o al Gualcalá (“Dedo de Dios”): 

“la que menos podía dezque dijo: aquí va a ser el punto que llame Pipalpa, centro de Tumaco con Piedrancha”. (Mamián, 1990: 147). 

Pero no siendo la mejor alternativa, la más céntrica de las céntricas, entonces bajaron al guaico, pues: 

“...habiendo hecho el intento arriba, donde no llegaba el agua de la quebrada Quetambud, bajaron, descendieron, porque es un descendiente hondo. Encontraron allí una quebrada que baja de allá y otra de acá y se forma una mesa y una nariz. La una dezque dijo: ahí tenemos que trabajar y la otra que no debía ser allí. Se pusieron en trabajo, total que... abrieron cimientos, pusieron las primeras piedras que nosotros llamamos pilares unas piedras lindísimas, son más o menos de dos metros, como basas, que existen. Las cuatro piedras las bian comenzado a’carriar- como sería el trayecto, de abajo, de bien abajo hacia arriba. Una se “bia quedado en camino, en el potrero estaba la piedra, en forma de basa, bien redonda, pero altota, puntuda, acarriada del rio”. (Mamián, 1990: 148).  

Sin embargo, era necesaria una tercera opción, porque los intentos, los lances, se los hace tres veces; como si entre una y otra opción, extremas, estuviera la media o como si sólo así se logrará hacer las cosas bien, por eso subieron a un lugar donde se juntan lo alto y lo bajo: 

...se treparon a la planada y una dezque dijo: aquí va a ser la iglesia, que aquí va a llamar Mallamués o Mallama, no me acuerdo, y de aquí vemos para dónde queda la temperatura”. (Mamián, 1990: 148).  

Fue allí donde, para mayor seguridad, hicieron la prueba del gallo y la perdiz pelados, porque: 

“Bueno, en esa ya’cercándose a la media noche dezque dijo la que más podía: no, esto no debe ser aquí; hagamos una prueba: vamos a pelar un gallo y una perdiz, y una mesa; lo ponimos el gallo preparado en la mesa y si el gallo ya preparado canta en la mesa y la perdiz da vueltas al ruedo de la mesa chillando y se entierra por un gueco, allí, a la costilla del gueco haremos la capilla -conversaba mi papá-. Eso él, cada cuando conversaba esa historia  (Mamián, 1990: 143).  

La historia continúa manifestando que habiendo hecho la prueba en un lugar, indicó que allí no era; pero en el tercer intento ya resultó: 

“Entonces pusieron la mesa allí, se subió el gallo allí y que cantó tres veces en la mesa, mientras eso la perdiz, ‘taba dando vueltas al medio de la mesa. Cuando terminó de cantar las tres veces el gallo, la perdiz se hundió por el güeco, un tremendo túnel que hizo la perdiz al hundirse, y luego que más allá, hasta ahora existe la quebrada, pues, se internó por allí a la quebrada, la perdiz. Entonces dezque dijo: aquí sigamos trabajando, aquí sí, aquí tenemos que trabajar”. (Mamián: 144).  

Allí fundaron el centro, allí donde la perdiz se internó haciendo un gran túnel, túnel por donde: 

“dezque metiéndose por ahí es como ir por la barriga de una culebra enroscada. Lo habían dejado dibujando en unas piedras. Son los caracoles. Se ve el principio pero no se ve el fin”. (Mamián, 1990).

 

2.2 El Territorio 

Tratando de dar una delimitación precisa, hemos anotado páginas atrás que el territorio tradicional de los Pastos limitaba hacia el sur con los Caranquis hacia el oriente con los Cofanes, hacia el norte con los Quillacingas y Abades y hacia el occidente con diversos grupos selváticos genéricamente denominados “Barbacoas” como los Masteles, Puises, Nulpes, Tangalaes. 

Cronistas como Cieza de León, visitadores como Tomás López o García de Valverde e investigadores como Eduardo Martínez, Alice Francisco, María Victoria Uribe o Luis Fernando Calero, etc., coinciden en identificar a los Pastos como una nación, pueblo o etnia que ocupó y ocupa esta franja transversal del sur de Colombia y norte del Ecuador y que tiene como centro el nudo de Huaca o de los Pastos. 

Aunque muchas otras estructuras espacio-temporales, poblaciones y culturas han hecho presencia y sobrepuesto impositivamente sobre los Pastos, esta extensión y ocupación territorial no ha cambiado sustancialmente. Del lado colombiano persiste ocupado e identificado como de comunidades indígenas de Resguardo y Cabildo o sin estas instituciones pero con formas de vida y organización andino indígena subrepticias; de lado del Ecuador aparentando identificaciones nacionales y mestizas.  

Aparentemente, los limites orientales y occidentales de los Pastos son las cimas de las cordilleras de ambos lados; sin embargo, la ocupación práctica, el saber comunal y los estudios de académicos muestran la presencia de un espacio territorial más allá de estos accidentes, hacia el Piedemonte y las selvas tanto del Pacífico como del Amazonas, siguiendo las hoyas de los ríos Chota, Plata, Mayasquer, Guiza, Mira, Telembí y Pacual al occidente y el Guamuez y Sucumbios al oriente; cosmológicamente, entendido por los comuneros como el mundo de la oscuridad, del silencio, de la sabiduría y la riqueza. 

Geofísicamente podemos decir que el territorio de los Pastos está constituido, en su oposición y convergencia, por una estructuración transversal y vertical. 

Transversalmente es un medio ambiente formado por las, empíricamente, llamadas tres regiones naturales de las tierras bajas, calientes, húmedas y selváticas de la hoya amazónica, las tierras altas, frías y abiertas de los Andes y las tierras, también bajas, calientes, húmedas y selváticas del Pacífico. 

 

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