Tomo IV  -  Volumen I
Geografía Humana de Colombia 

Región Andina Central
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Otro de los componentes inciertos de los Pastos es su lengua. Si se exceptúa la hipótesis de que el Cuaiquer es el idioma o uno de los dialectos de los Pastos, hoy no existe ninguna expresión significativa más que algunos topónimos y antropónimos. Sí se tienen noticias de que a la llegada de los españoles e inmediatamente después estos pueblos hablaban idiomas peculiares, por ejemplo, durante el sínodo de la Iglesia de 1593 el obispo de Quito Luis López de Solís pidió que el catecismo fuera traducido a las lenguas Pasto y Quihacinga, y hasta comisionó a los sacerdotes Andrés Moreno y Diego Bermúdez para dicha traducción. (Calero, 1991:49) 

Loukotka (1968) ubica el idioma Pasto en el grupo Barbacoa de la familia Chibcha, junto a otros que según González Suárez (1902), estuvieron presentes entre los Pastos como el Cuaiquer, el Muellamués, el Páez, el Colorado y el Cayapa. Martínez (1977) acepta que el Cuaiquer y el Muellamués fueran dialectos del Pasto prehistórico. Otros, no muy lejos de los anteriores, conciben estas lenguas locales de filiación macro-Chibcha y Arawak (Caribe y Tupi), llegadas por la vía de las lenguas serranas y costeras con cuyos pueblos se desarrolló una fuerte comunicación, intercambio y comercio. (Ramón, 1990; Forero 1974; Hartaman, 1979). 

Entre los Pastos, es un hecho también la presencia del idioma Quechua, pero no hay acuerdo entre los investigadores cómo, cuándo y de dónde llegó. Una hipótesis considera que llegó primero desde el suroriente unos seis mil años antes de la era cristiana y posteriormente, con la expansión incásica (Stark, 1973; Ramón, 1990). Hasta ahora la mayoría está de acuerdo en que llegó a través de la invasión incásica, con Yanaconas y Mitimaes, y a través de la colonización española que lo estableció como lengua franca para la cristianización ante la dificultad de entender y manejar los diversos y complejos idiomas y dialectos. Sin embargo, nuevas investigaciones (Ramírez de Jara 1992) fortalecen la hipótesis de Stark, en el sentido de que mucho antes ya se hablaba no sólo por influencia, sino porque muchos grupos o pueblos de habla Quichua entraron a formar parte de la identidad étnica, la organización y la vida de estas comarcas. 

Se discute además si el Quechua hablado entre los Pastos y otros pueblos del sur de Colombia es el original (Quichua) o un dialecto (Quechua). Romoli (1962 -1973), diferencia el Quechua propio de una provincia del noroeste del Cuzco, llamado por los españoles “Lengua del Inga”, “Lengua General” o “Lengua Cortesana” y el dialecto ecuatoriano o “Lengua de Quito”. (Ramírez de Jara 1992). La tendencia se inclina por aceptar que la mayor influencia viene del Quichua por la presencia de grupos y pueblos desde el Perú y Bolivia por la vía del sur-oriente, desde tiempos muy remotos. 

De todas maneras, hoy, sí se descarta la posibilidad que el Cuaiquer sea el idioma de los Pastos, con algunas excepciones lexicales, todas las comunidades han sido castellanizadas.

 

2. EL ESPACIO Y EL TIEMPO

 

2.1 Cosmovisiones, mitos y creencias

Entre los Pastos, en su memoria y en la vida cotidiana, viven muchas leyendas como saberes que rigen y orientan al mundo y a los hombres. Los comuneros las conciben como historias, porque dicen la verdad de su existencia; diferentes de los cuentos, que son inventos para pasar un rato sabroso. 

Una de estas historias dice que en tiempos remotos hubo dos viejas indias poderosas, como brujas, que eran pájaros, que eran perdices. Que la una era blanca y la otra era negra. Los relatos aseguran que la una venía del Ecuador y la otra de Barbacoas. Hay quienes generalizan diciendo que venían la una del oriente y la otra del occidente. Buscaban el centro del espacio y el tiempo para crear o recrear el mundo, el territorio; para decidir sobre el espacio y el tiempo: para dónde queda el adentro, el arriba, el abajo; lo alto, lo bajo; esta vida y la vida antes y después de la vida. Espacios y tiempos esenciales que llevan dentro de sí todas las cualidades cosmológicas. Era para decidir entonces para dónde quedaban el mar, la selva, Tumaco, Barbacoas, las minas de oro, lo caliente, el occidente, etc. y para dónde quedaban la tierra, la agricultura, las Provincias de Ipiales y Túquerres, las montañas, lo frío, la sociedad civilizada. Para dónde quedaba el mundo de los muertos, del pasado y del futuro, y este mundo, el mundo de los vivos, el mundo presente. También indicarían el ritmo de los cambios.

Para tal propósito decidieron hacer una apuesta que consistía en juntar las caras, cerrar los ojos, lanzar una escupa o una flor al aire y salir bailando, bailando, volteando las caras -cabezas hacia allá y hacia acá, hacia el oriente y hacia el occidente; con un ritmo y una ubicación del cuerpo simétricamente opuestos; es decir, mientras la una volteaba la cara hacia el oriente (de acuerdo con la orientación de hoy), la otra lo haría hacia el occidente. Hay versiones que dicen que bailando juntas en el mismo sitio, colocándose la una, la blanca, hacia arriba y la otra, la negra, hacia abajo. En un ritmo tal que, juntando al principio las caras por sus costados opuestos, tirar la flor y bailar trastocando paulatinamente las caras; de tal manera que, mientras en un momento se juntaban quedando la cabeza de una hacia el occidente o hacia abajo, la otra pasaría hacia el oriente o hacia arriba, y a la inversa en el siguiente paso; así, hasta la caída de la flor o de la escupa lanzada al aire. En ese momento se paralizarían el baile, la acción, el trabajo. Entonces, de acuerdo para dónde quedasen mirando las caras, en el primer caso, o para dónde quedase la cabeza, en el segundo, así quedaría ordenado el mundo. Si la blanca quedase mirando, o con la cabeza, hacia el oriente, entonces el mar, la selva, la riqueza, etc. quedarían hacia el oriente; en consecuencia, la tierra, la agricultura, lo civilizado, etc. quedarían hacia el occidente, porque en tal dirección se colocaría la cara o la mirada de la negra. Pero también podía suceder a la inversa.  

Se aclara que estas perdices podían crear el mundo o reorganizarlo, porque ellas eran el mundo, ellas eran o contenían las cualidades esenciales o primordiales, en su oposición dual y en sus posibles principios de unidad.  

Ellas, en su poder “no contaminado por el tufo de la civilización”, tenían los arquetipos ideales para su realización. 

Dicen que la negra, lo negro, representa las cualidades, es el poder, del adentro, del abajo, de lo que está debajo, el norte y el occidente o el noroccidente, el mar, el fuego, el oro y la riqueza, la selva, lo oscuro, el peligro, la belleza, lo fantástico, el mundo de los muertos, la vida después de la vida, lo espiritual, los auca o jambos (salvajes: indios y negros), la selva del Pacífico, Tumaco, Barbacoas, lo femenino, lo plano, el infierno, etc. Y que la blanca las cualidades-poderes del afuera, arriba, encima, el sur y el oriente o el suroriente, la tierra, la agricultura, la pampa, lo claro, la luz, la tranquilidad, lo natural-normal, esta vida o mundo de los vivos, lo material, la sociedad-civilización (indios - mestizos - blancos), los Andes, la provincia (Ipiales y Túquerres), lo frío, lo masculino, los cerros, las nubes, el Sol, el cielo y, hasta los santos y mamitas. (Mamián, 1990).  

Pero antes de hacer la apuesta o para hacerla y poder obtener los resultados: el saber, había que ubicar y ubicarse en el sitio y en el momento propicios, hemos dicho, en el centro: el centro del espacio y el tiempo, quizá, donde no existen o donde nacen y mueren; es decir, entre el oriente y el occidente, el norte y el sur, el arriba y el abajo, el adentro y el afuera, el día y la noche, quizá también, entre el pasado y el futuro, las largas duraciones y las duraciones fugaces, etc. Hicieron tres intentos, primero llegaron a Pipalta, luego a Pueblo Viejo y finalmente a Mallama. En Pipalta falló el tiempo, pues las cogió el cantar de los gallos. En Pueblo Viejo falló el espacio, ya que se habían ubicado muy abajo, muy adentra. En Mallama sí resultó, fueron el momento y el lugar más propicios. Sin embargo, había que hacer una prueba que les permitiera identificar el tiempo - lugar propicio; consistió la prueba en colocar un gallo y una perdiz pelados a dar vueltas sobre una mesa y que, a las tres vueltas, por donde se hundiera, chillando, la perdiz, ése seria el centro. Así lo hicieron y así resultó ser Mallama el centro por donde se hundió la perdiz. Allí fue la competencia, ahí bailaron y organizaron el mundo.  

En la apuesta, unos dicen que ganó la perdiz negra, por eso la riqueza y el saber quedaron para Abajo, para adentro, para Barbacoas, y la pobreza para la Provincia. Otros dicen que ganó la blanca por lo cual quedó encima, arriba, con todas sus cualidades, que mató a la negra, o la petrificó conviertiéndola en piedra, en cerro: el Gualcalá.  

Otros no enfatizan si ganó la una o la otra, sino en la posición en que quedaron: quién quedó en posición o mirando para allá y quién quedó en posición o mirando para acá; puesto que cada una representaba o traía consigo la mitad del mundo y de las cosas. 

Escuchemos apartes de uno de los relatos: 

“Que en cierto tiempo vivían dos viejas indias de esas poderosas. Esas dos mujeres se hicieron pájaros y apostaron bailando; bailando fueron apostando. Apostaron dónde quedará Tumaco, para dónde voltea la temperatura, para dónde corría el oro, para dónde vuela la riqueza... Sabía decir mi papá que dezque allí se pusieron, pues, verá. No me acuerdo si es el viejo o la vieja, se pusieron allí y dijeron dónde quería quedar. Que tire el jazmín, que escupa. Que si el uno volteaba la cara para acá o la negra voltiaba la cara para acá, quedaba Tumaco para acá y que si el blanco volteaba la cara para abajo que quedaba esto, como decir esto de aquí de Muellamués, para abajo Pero entonces allí como quesque fue de que la... vieja voltió la cara para abajo y el hombre voltió la cara para aca. Cuando desque pues cerraron los ojos y se pegaron entre sí. Bueno.., ya! Cuando la vieja, pues, se confundió y se dio cuenta que, pues, ella voltió la cara para abajo. Ella no se dio cuenta, sino es que se dio cuenta cuando la cara voltió para abajo, cuando dijeron ya! dijeron entreambos. Entonces, cuando el uno la cara para acá y el otro quedó la cara para abajo. Entonces que dijo que el que voltiara la cara para acá se volvería negro y se llenaría esto mar de agua si voltea la mujer la cara para acá, y que no voltió la cara para acá; la mujer voltió la cara para abajo, se hizo para abajo el mar y se hizo Tinaco, se voltió ella la cara negra; ella. Por eso es que quedó la cara para abajo mirando para abajo, y el otro como quedó la cara para acá, él sí salió para acá, porque para acá no había agua. En cambio la que quedó para abajo, la vieja esa, ya no pudo pasar porque se llenó el mar de agua... Y en realidad, yendo del lado de abajo se la ve la cara, se la ve la boca, la boca grande se la ve; la nariz se la ve; el sombrero grande, faldudo, copetón para arriba, y la faldota se ve. De acá es que no se ve mucho pero de abajo sí se ve bonito eso...”. (Mamián, 1990:113). 

 

Junto a esta leyenda de las “perdices poderosas”, hay otros arquetípicamente similares con la del Chispas y el Guamgas. Estos eran, también, dos brujos poderosos que llegaron a estos Andes: el primero por el camino de Guamuez, el río Guamuez y el segundo por el camino de Barbacoas, río Telembí y que encontrándose en el centro de los Andes, unos dicen que por Males, otros que por Guachucal, se enfrentaron apostando el que ganare a pelear. Para tal efecto, se metieron en un canasto y se volvieron tigres. Se enfrentaron tocando el tambor. 

Al igual que las “perdices poderosas”, el Chispas y el Guamgas eran dos esencias que contenían, como mitades, las principales cualidades del mundo, de las cosas, del hombre; de cuya relación conflictiva resulta el orden del cosmos con todos sus encantos.  

Algunos relatos los tratan como encantadores que en tiempos no muy remotos trastocaron el mundo, que por su poder en el enfrentamiento lo removieron todo: lo que era para acá quedo para allá y lo que era para allá quedó para acá; lo que era para arriba quedó para abajo y lo que era para abajo quedó para arriba; lo que era para adentro quedó para afuera y lo que era para afuera quedo para adentro; lo que era delante quedó atrás y lo que era atrás quedó delante, lo que era pasado futuro quedó ahora y lo que era presente quedé pasado y futuro; lo que era oscuro quedó claro y lo que era claro quedó oscuro; lo que era bueno quedó malo y lo que era malo quedó bueno, y así sucesivamente. Por eso dicen que fue un cataclismo, con el que el mundo se volteé al revés, estamos en el tiempo del revés. Pero de igual manera, por obra de estos poderosos, cuando los dos vuelvan a encontrarse o cuando el Guamgas despierte del desmayo, de la petrificación, entonces, el mundo se desencantará, volverá a ser como antes, al derecho. 

“Ese es el encanto del Chispas con el Guamgas... Porque ha habido un encanto, del uno y del otro. Ha habido un encanto de allá y de acá. Porque la tradición es que los encantadores venían hasta aquí... Que en ese tiempo el río ha volteado la creciente de piedras de la planada de Guachucal para acá, porque ha estado ganando el Chispas trayendo el río por acá por Guamuez. Pero que entonces, el Guamgas que venia de allá de Mallama que había estado para voltear el río. Entonces que salió el uno y el otro tocando el tambor. El uno golpió el tambor de allá y el otro le contesta. Metidos en un canasto vuelto tigres. Así lucharon, pero no se sabe que cuál es que ganó; eso si, la tierra dezque se arrebozaba como terremoto. Y como así había sido el compromiso de ellos, que se cambiara todo. Porque antes, lo que había sido para abajo, Barbacoas, había sido para acá. Por eso ha sido la riqueza que ha quedado para allá. Qué ricos fuéramos si se hubiera volteado para acá lo que conforme es Barbacoas...”. (Mamián, 1990, 111).  

En estos relatos-textos, parecen estar contenidos los fundamentos de la geografía y la historia, del espacio y el tiempo, y en fin, de la vida en sus múltiples dimensiones.  

Una primera traducción o interpretación de tal pensamiento dentro de nuestros parámetros descriptivos y analíticos nos enseña que el mundo es un universo cambiante que transita entre la oposición y la unidad, el caos y el cosmos, resultantes de la presencia contradictoria simétrica o asimétrica, manifiesta y latente de dos esencias mitades simbolizadas como “dos perdices poderosas” o por “El Chispas y el Guamgas”.  Oposición y unidad que se dan, se expresan y se resuelven como conflicto antagónico, como alternancia, como turno, como complementariedad o como mediación. (Montes, 1986; Mamián, 1990).  

Siempre dos poderes duales o dos esencias mitades. Siempre en oposición, hasta el antagonismo, pero siempre buscando el equilibrio, la armonía, la unidad. 

Simétricamente en tanto que siendo los mismos o con el mismo poder, equilibrados, son opuestos. Como en el espejo (Platt 1976 - Lévi - Strauss 1986), el mismo pero al revés, o diferenciados por su ubicación, por ejemplo, de acuerdo con las coordenadas del cuerpo: izquierdo-derecho, o por la procedencia: el uno viene de arriba; el otro de abajo, o por los colores: blanco y negro. 

Asimétricamente, en tanto que, evidenciándose la oposición por el género, la ubicación, las cualidades (masculino-femenino, adentro-afuera, blanco-negro, izquierdo-derecho), implica desequilibrio en el poder; de estar más y menos favorecido. 

Las dos viejas perdices o el Chispas y el Guamgas, como das brujas o brujos poderosos, como perdices y como tigres son contrarios simétricos, de igual poder; diferenciados por la procedencia, la ubicación en el baile o la pelea, o por los colores. Sin embargo, otros relatos o en algunos apartes suelen aparecer asimétricos: La asimetría más evidente por las connotaciones simbólicas es la de género: en la pelea lo femenino aparece más débil que lo masculino; también por la edad: el hermano mayor parece más favorecido que el menor; o por la estatura: el más grande frente al más pequeño. Un color en determinadas condiciones puede ser simbólicamente, más poderoso que otro. En estas comunidades andinas, por ejemplo, lo negro tiende a ser más poderoso que lo blanco, más peligroso; el mundo de las tinieblas es más peligroso que el mundo de la luz; en los cultivos la helada negra es más dañina que la helada blanca; el granizo morado es fatal, no así el blanco; la nube negra y no la blanca es sinónimo de tempestad; lo mismo sucede con la quinua morada, el jiwa negro, el cueche negro, el perro negro, la chonta, etc. Cosa similar podemos decir sobre la ubicación: el que está debajo o a la izquierda es más poderoso o menos poderoso. Pero en uno y otro caso siempre se encuentra la posibilidad de unidad o de equilibrio: 

Porque a partir de estas características de la oposición, la armonización o la unidad se logran, hemos dicho, a través de alternativas como el turno, la alternancia, la complementariedad o la mediación. 

El turno, en el sentido de que, mientras en un lance, un tiempo o un período (efímero o de larga duración) domina uno de los contrarios, en otro momento le corresponde al otro. Desde el conflicto antagónico, se resuelve, simbólicamente, con la muerte de uno de los contrarios, el más débil o por el ardid del más astuto; de ahí que, en ciertos relatos, dicen que la perdiz blanca mató a la negra o que el Chispas mató al Guamgas por intermedio de su guardaespaldas. Sin embargo, se trata de una muerte relativa, es más bien pasar a otro estado, a otra dimensión, o la eliminación de sus potencialidades en un espacio-tiempo; de ahí que la muerte o la eliminación aparezcan expresadas como petrificación; dicen por eso que la perdiz negra es el cerro Gualcalá, allí está convertida en piedra, con la cara para allá; que mirando el cerro del lado de abajo se le ven la cara, la boca, la nariz, el sombrero copetón y la faldota de la vieja bruja. Lo mismo sucede con el Guamgas, es el cerro llamado por eso Tigre. En tales circunstancias, como estado de petrificación es una muerte o una anulación temporal, llegará el momento que se reanime, se reviva, y entonces le tocará el turno de ganar: el tigre-Cerro (San Francisco), la perdiz­ Piedra (Gualcalá) volverán a animarse al final de estos tiempos del encanto; vendrán los tiempos del desencanto. 

Así mismo, una de las leyendas insinúa la disputa entre el Chispas y el Guamgas por el río de la sal y en otros relatos se habla del río del oro o río Telembí; turnándose, unas veces ha ganado el Chispas, otras el Guamgas. Cuando ha ganado el Chispas, tan extraordinario río ha corrido por su territorio, por el Guamuez, el rio ha corrido para arriba. Cuando ha ganado el Guamgas, entonces ha corrido para abajo. Como por último ha ganado el Guamgas, por eso el Telembí corre por su territorio, para adentro, para Barbacoas. Así se han turnado el poder de la riqueza y los espacios-tiempos de pobreza y de riqueza, “por eso somos pobres y ellos son ricos, los de Barbacoas”. (Mamián, 1990).

 

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