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LOS PASTOS
Doumer Mamián Guzmán
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INTRODUCCIÓN
Las comunidades
indígenas totalizadas desde la colonia temprana bajo el nombre de Pastos y que tienen su
asiento en el interland del norte de Ecuador y el suroccidente de Colombia son de
las más ignoradas o postergadas por la conciencia y el imaginario social y académico
nacional, cuando no relegadas al más remoto pasado. Más cuando las apariencias de los
hoy habitantes de tales comarcas no insinúan tras de sí ninguna esencia distinta al
común del nariñense o carchense nacional colombiano o ecuatoriano, o porque la evidencia
de una u otra autenticidad o identidad como el idioma y el vestido le fueron arrasados tan
pronto como le inventaron el nombre de Pastos.
Esta
desaparición se consolida porque la sobreposición e imposición de vidas extrañas
segregacionistas e integracionistas impuestas por las constituciones imperiales y
nacionales pareciera haber borrado cualquier huella de la autoctonía y autonomía de
estos pueblos.
Su negación o
enajenación ha sido tal, que hasta para sí mismos, como indígenas eran irreconocibles.
Sin embargo, cuando todo estaba consumado por
los nuevos tiempos, de la nada, de los escombros, de los páramos y
frailejones, y por entre los dedos olas fisuras de la mano opresora, renacen con
fuerza. Habían estado allí. De manera que hoy, ya por más de una década, interceptan a
los demás y se interceptan a sí mismos, participando del Movimiento de Autoridades
Indígenas del Suroccidente Colombiano.
Para muchas identidades regionales y nacionales
hoy se reconoce que esos otros relegados al pasado, al atraso y al olvido han estado entre
nosotros.
En los últimos
tiempos el Movimiento de Autoridades Indígenas del Suroccidente Colombiano, en su lucha
por recuperar y consolidar su identidad y autonomía territorial gubernamental, social,
económica y cultural, entre otros obstáculos, fue chocando con mayor evidencia y
radicalidad con las estructuras jurídicopolíticas y administrativas del Estado nacional.
Más aún, cuando mientras el pensamiento y el movimiento indígena está reclamando
autonomía, el Gobierno Nacional, a mediados de la década del ochenta, responde
negándola ostensiblemente al emitir la ley de descentralización administrativa y reforma
municipal. Esta situación implicó un cambio de estrategia: la lucha nacional o en los
espacios nacionales para legitimar los derechos y legalizarlos dentro de la estructura
jurídica y política estatal; lo que significaba, desde luego, la lucha por cambiar
aspectos fundamentales del orden existente. En tal dirección, se realiza una marcha de
gobernadores indígenas a Bogotá planteando su rechazo a las implicaciones negativas de
la reforma municipal en los municipios con resguardos o asentamientos indígenas y la
necesidad de hacer reformas constitucionales que creasen condiciones para el
reconocimiento de las diferencias étnicas y culturales en pie de igualdad.
Sabemos que al
mismo tiempo, otras fuerzas sociales y políticas buscan cambios constitucionales contra
el centralismo estatal. Y que al gobierno vigente también le interesaba para acondicionar
su política de modernización del Estado.
Se llega la
Constituyente, la que se acepta y en la que se participa con un proyecto de reforma
constitucional relativo a los grupos étnicos; proyecto que en algunos aspectos fue
aprobado para la nueva Constitución, particularmente al considerar a Colombia como
multiétnica y pluricultural, y al constituir las entidades territoriales indígenas y sus
respectivos consejos como componentes legítimos del orden político-administrativo
estatal nacional. Sin embargo, quedó pendiente el desarrollo de estos principios
constitucionales y su correspondiente reglamentación, tarea que le compete sacar adelante
al Legislativo.
El movimiento
indígena, en consecuencia, tiene el reto de lograr que, como ha sido su propósito, la
nueva legislación, particularmente la relativa al reordenamiento territorial, corresponda
a favor de sus identidades y autonomías. Con este propósito se han elegido voceros en el
Congreso y constituido comisiones para la investigación y formulación de propuestas y se
viene movilizando el pensamiento reflexivo entre dirigentes, autoridades y comunidades.
En Nariño, las
comunidades ligadas al Movimiento de Autoridades Indígenas y sus propósitos actuales
tienen también el desafío de elaborar el mejor pensamiento sobre su territorialidad y la
más conveniente propuesta sobre la entidad territorial de la que participarían.
En estas
comunidades, aunque la cuestión de la territorialidad viene planteándose desde buen
tiempo atrás, muy ligada al problema de la tierra y de la autonomía, la precisión sobre
su territorialidad y la relación ahora con la entidad territorial indígena estatal, no
ha llegado a conceptualizarse en una propuesta definitiva. Haciendo una descripción
sumaria las matizaciones van desde concebir la territorialidad como la mera tierramedio de
producción, como el resguardo o la suma de resguardos linderados en la Colonia o como el
espacio geográfico ocupado por los asentamientos precolombinos según la crónica de
Cieza de León. En uno y en otro caso concibiéndola, generalmente, como la simple
delimitación de una superficie político-administrativa. Ligado a lo anterior se
presentan discrepancias entre quienes las entienden como la legitimación y legalización
absoluta de la autonomía étnica y quienes consideran que se trata sólo de instancias
administrativas ajustadas a la política de descentralización del Estado; y que, de
acuerdo con la interpretación y ejercicio que de ellas se haga, pueden o no favorecer la
autonomía.
Es importante
observar, así mismo, que esta discusión sobre el reordenamiento territorial estatal y la
correspondiente constitución de las entidades territoriales indígenas ha generado entre
los Pastos una fuerte reflexión sobre su propio reordenamiento interno, bajo el lema de
que primero hay que comenzar por arreglar la propia casa antes de ver su encuadre en las
estructuras macroestatales, lo cual ha sido significativo, pues esta reflexión se
convierte en una relectura y reinvención de su historia.
Con el presente
trabajo entonces, se pretende inteligir panorámicamente esta identidad emergente de los
pastos; motivado y justificado por los antecedentes y preocupaciones de la coyuntura
sociopolítica que atraviesan. Particularmente se trata de recoger, profundizar y
sistematizar las intelecciones que ha venido realizando la Comisión de Reordenamiento
Territorial Indígena de los Pastos. De ahí que el contenido medular tiene como eje
argumentos interpretativos sobre lo que puede ser la concepción y el manejo dentro de
estas comunidades de la territorialidad, desde luego, ligándola y alternándola con los
otros componentes de la totalidad histórica y estructural: lo social, lo político, lo
económico, etc.; ligazón como totalidad dialéctica y no de meras sumas o adherencias,
pues teórica y metodológicamente la suponemos fundamento del pensamiento y de la vida,
característico de estas culturas andinas. Como un modelo creador, recreado y lo
suficientemente versátil para regirlo todo. Modelo reproducido y recreado en todas las
andanzas, y contenido básicamente en la memoria mítica y ritual. Es por ello, también,
que, a nivel de la exposición lo planteamos y lo sistematizamos en primer lugar.
Finalmente, aunque se logra expresar aspectos
fundamentales sobre el pensamiento y la vida de los Pastos, quedan otros pendientes que
cierta premura no permite tratar, sobre todo quizá lo referente a la relación
conflictiva y de redefinición entre las estructuras y dinámicas indígenas y no
indígenas.
1. IDENTIFICACIÓN
El gentilicio pastos
ha sido motivo de muchas acepciones sin que hasta el presente haya un acuerdo definitivo
entre los escasos estudios que existen sobre este pueblo aborigen.
González
Suárez (1902) dice que es un gentilicio propio de la lengua castellana, relativo a la
fertilidad herbácea de las tierras que ocupaba esta población. Jijón y Caamaño (1952)
asegura que viene del idioma cuayquer, relativo a pattstan, que significa
alacrán, con lo cual, con alguna connotación totémica, resultarían los Pastos como el
pueblo de los alacranes. Con cierta similitud se manifiesta a su vez que este gentilicio
estaría ligado al nombre del principal río que recorre estas comarcas: el Guáitara,
río que antes era conocido con el nombre de Pastarán, es decir: alacrán.
(Mejía 1934). El profesor Aquiles Pérez (1958) liga la palabra Pastos al concepto
dieciséis, y familia antigua; dieciséis, por la voz cayapa: pasto y familia
antigua de acuerdo con la lengua páez, considerando que en páez pas significaría
tribu o familia y tax: raíz. Al respecto, Eduardo Martínez (1977) considera que
en tal sentido no traduciría Pastos sino pastas. Pastas es uno de los
apellidos más tradicionales hasta la actualidad y el nombre ancestral de una de las
comunidades que persisten como indígenas Pastos; además, tanto en esta comunidad
como en Muellamués, Pastás es el apellido del cacique primordial que vino de arriba,
como del Ecuador, para casarse con la cacica y constituir la primera humanidad de
estas micro sociedades. No es superfluo anotar también que hacia el oriente del Ecuador
existió una población ancestral de nombre Pastan, nombre utilizado para designar
el espacio político-administrativo de la Provincia de Pastaza.
Aquiles Pérez (1958) sustenta el origen páez y
cayapa bajo el supuesto de que este territorio reconocido como de los Pastos fue
corredor y asiento de gentes que hablaron distintos idiomas como los ya mencionados,
además del cuayquer el Muellamués y el colorado.
La primera y principal fuente de información
escrita sobre los Pastos es la Crónica del Perú, escrita por el
cronista Pedro Cieza de León, quien pasó por la región en la mitad del siglo XVI; en
dicha crónica menciona varios grupos indígenas, haciendo referencia a sus caciques y
pueblos. Dice en la parte respectiva:
También
comarcan con éstos, otros pueblos cuyos nombres son: Ascual, Mallama, Tucurres Zapuis,
Iles, Cualmatan, Funes, Chapal, Males Ypiales, Pupiales, Turca, Cumba. Todos estos
pueblos tenían y tienen por nombre Pastos y por ellos tomó el nombre la Villa de
Pasto, que quiere decir población hecha en tierra de pasto. (Cieza de León 1962:
111).
De esta fuente de información ponderada como
tan minuciosa en contar todo (Ortiz, 1965), tan noticiosa y tan conocedora de la
gobernación de Popayán y de sus descubridores (Romoli, 1962), la fuente más autorizada
para la etnohistoria de nuestros pueblos y de este gentilicio con el cual se denominó a
tales comarcanos (Martínez, 1977), se sirvieron posteriormente los españoles para todo
tipo de tratos. También lo han hecho todo tipo de investigadores hasta hoy.
José Rafael Sañudo (1938) confronta las
diversas y hasta especulativas versiones y siendo más pragmático dice:
Creemos que los españoles llamaron estos
lugares (Pasto y la Provincia de los Pastos) así, porque hicieron pie en voces
indígenas parecidas a esos vocablos. En efecto, según el inteligente padre Mejía, el
río que pasa por Las Lajas era llamado Pastarán, y Cieza nana que había un pueblo cerca
de la Cocha, Pastoco, y es cierto que en Obando existe Pastás: lo que hace probable
nuestro aserto de nombrarlas Pasto, por esa semejanza autofónica y después los Pastos,
una vez que ya se fundó Pasto en el valle de Yacuanquer y después en el de
Atriz... (Sañudo 1938:10).
Sobre la
localización y ubicación ecogeográfica también hay las más variadas versiones, sobre
todo cuando se trata de hacer delimitaciones precisas.
Cieza de León
(1953) sólo menciona algunos pueblos, pero no la delimitación del espacio que ocupaban.
Juan López de Velasco (1984), cosmógrafo y cronista de Indias, quien escribió en 1574,
enumera los repartimientos y pueblos de indios del hoy sur de Colombia, sin
seleccionar o identificar cuáles pertenecen a los Pastos y cuáles a los otros
(Groot de Maecha/ Hooykaas, 1991). Juan de Velasco (1936), jesuita quiteño que escribió
en 1789, incluye entre los Pastos al pueblo de Yacuanquer identificado por
otros como de los Quillacingas, lo mismo hace con el pueblo de Cuaiquer. González
Suárez (1902) dice que fueron los Quillacingas los que poblaron las comarcas de Carchi,
Ipiales y Túquerres. Rivet y Verneau (1912) establecen ciertos mojones generales
así: al norte, hasta el suroeste de la actual ciudad de Pasto, al sur ocupando todo el
valle interandino situado al norte del Chota, al oeste, en contacto con los Barbacoas
del río Mira y el Alto Patía, y al este colindando con los Quillacingas y las
poblaciones amazónicas del Alto Aguarico conocidas con el nombre de Cofanes. Jijón
y Caamaño (1945) indica el territorio de los antiguos Pastos en términos
generales, señalando que, en la parte serrana, ocupaban las actuales provincias de Obando
y Túquerres (Colombia) y la Provincia del Carchi (Ecuador); más una vasta
extensión hacia los costados oriental, sobre todo, hacia el Pacífico; veamos:
Se había
extendido, desde parte del San Juan, en la costa, hasta la bahía de San Mateo, a lo largo
del mar, comprendiendo todo el Valle del Patía y la parte baja del Mayo, la ribera
occidental del Guáitara, hasta la confluencia del Téllez, o del Guapuscal, para remontar
por uno de éstos hasta las cumbres de la cordillera por el este, las que servían de
límites hasta las fuentes del Pisquer, afluente del Chota; estos dos ríos eran el
lindero que separa a los Pastos de los Caranquis, en el callejón interandino. Ya en la
costa ocupaban buena parte de las dos orillas del Mira y tenían una colonia, resto de una
expansión antigua, en el Alto Daule y su afluente, el Colima. (Jijón y Caamaño,
1945: 72 Salomón, 1980: 300.
Siempre ha
habido una tendencia entre los investigadores de identificar a los Cuaiqueres y Pastos.
Eva María
Hooykaas (1991) tratando de delimitar el área de los Pastos
desde los aportes de
la lingüística, considera que la terminación quer de los toponímicos y
antroponímicos pasto, encontrada hasta la actualidad, coincide con el área
sugerida por Cieza de León, pero con extensiones: dos pequeñas hacia Yacuanquer y
Tapialquer del territorio definido como Quillacinga y Pueranquer en
territorio de los Abades, y dos considerables hacia las cuencas de los ríos Mayazquer
San Juan y Güisa, del territorio definido como Cuaiquer. Romoli (1979)y
Groot de Maecha (1991),con el aporte de datos y fuentes documentales del siglo XVI,
complementan y precisan lo expresado por Cieza de León. Dice Groot de Maecha:
Los Pastos
ocupaban la mayor parte de la región interandina comprendida entre el tajo del río Chota,
en el Ecuador, hasta la población de Ancuyá en la banda izquierda del río Guáitara;
en sentido este y oeste sus límites los constituían las cimas de las cordilleras,
con excepción de una extensión que tenía hacia el occidente por el valle del río Guabo
y por las estribaciones del nevado volcán Cumbal. (Groot de Maecha/ Hooykaas
1991:73-74).
Luis Fernando
Calero (1991), en uno de los últimos estudios sobre los Pastos del siglo XVI,
está de acuerdo en que poblaron el altiplano rectangular de la meseta Túquerres -
Ipiales Carchi entre los ríos Guáitara y Chota, y que los
limites orientales y occidentales eran las cimas de las cordilleras de ambos lados, pero
que también existían dos extensiones más allá de la cordillera, hacia el Pacífico, en
las hoyas altas de los ríos Mayasquer,
Salado
y Guabo.
Desde la
arqueología si bien se ha confirmado la presencia de una tradición étnica en el espacio
vislumbrado por Cieza como de los Pastos, hay dos situaciones que no permiten su
delimitación precisa: la presencia en este territorio de un estilo (Francisco 1969) o
complejo cerámico (Uribe 1979), el Capulí, que correspondería a una etnia diferente de
la de los Pastos (Uribe, 1979) y la presencia de los estilos o complejos
cerámicos Piartal y Tuza, considerados Pastos, más allá del área
legitimada como tal, por ejemplo, en los alrededores de la hoy ciudad de Pasto, Buesaco
y Consacá regiones consideradas dentro del área Quillacinga.
Como se ve, hay
unanimidad hacia el centro, las divergencias se presentan hacia los costados oriental y
occidental.
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Es importante
anotar que, como generalmente sucede con estos nombres impuestos por el dominador y reproducidos
por la ideología y el conocimiento de sus descendientes, para las propias
comunidades el nombre de Pasto y su gentilicio Pastos no existe ni en la
memoria oral, ni en la documentación sobre litigios o testimonios diversos. Igual cosa
sucede en cuanto a limites espaciales, generales, precisos. Seguramente otras estructuras,
otras lógicas y otras denominaciones estaban y siguen estando presentes;
pues lo cierto es que durante el período colonial y republicano fue sometido (y
aún se sigue) a cuadraturas impositivas de toda índole. Basta destacar por ahora, la
fragmentación que desde la temprana colonia se realizó desde el Carchi hacia el
norte y hacia el sur. Buena parte del trabajo que hoy realizan dentro del marco de la
reorganización socioterritorial permitirá clarificar un poco tal alteridad mental. Y
este trabajo monográfico pretende hacer algunos aportes.
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